lunes, 2 de septiembre de 2013

[SSS] Capítulo 13: Pax Nekra

Capítulo 13: Pax Nekra

Otra mañana más en el instituto masculino Torikamiya.
Esa cruz alada tiene que significar algo.-dijo Priscille mientras jugueteaba con su melena, apoyado en una pared al lado de una ventana del pasillo.
Se supone que hoy tenemos que ir al Hiwamori, ¿no?-recordó Alice, que estaba acuclillado debajo de la misma ventana.
¿Quién va a haber allí?-se preguntó Michelle en voz alta-¿Quién podrá resolver este entuerto?
Vamos a ir, ¿verdad?-dijo Myo con seriedad.
Se hizo el silencio.
Vayamos después de las clases.-insistió Myo-Podríamos ir con los uniformes puestos y decir que vamos de visita para recoger a unos amigos con los que hemos quedado para tomar café después de clase…o cualquier otra excusa. Además, Priscille, así podrás acompañar a tu hermano a casa.
Ren…-susurró Priscile-…la verdad es que últimamente está muy raro…me gustaría ver cómo está…
¡Decidido!-Myo respondió con una sonrisa-¡Vamos! Y preguntamos de qué va todo ese rollo de la cruz, ¿de acuerdo?
Eso podría ser interesante…-dijo Alice.
Entonces…-dijo Michelle-¿nos animamos?
Desde luego.-respondió Myo con valentía.
Vayamos, pues…-dijo Priscille-…si permanecemos juntos, como hasta ahora, no nos podrán echar por tierra…no después de todo lo que hemos hecho.
¡Ése es el espíritu, Einstein!-respondió Michelle-Si os animáis, yo no voy a ser menos, ¡faltaría más!
De…-susurró Alice-acuerdo…
De pronto, se empezó a alborotar todo el pasillo. La hora del recreo todavía no había acabado, pero el revuelo era considerable.
¡SAKURAI-TAICHO!-gritó un chico del club de baloncesto.
¡KIRISAME-SENPAI!-exclamó un practicante de Karate de los más jóvenes.
¿Qué está pasando?-preguntó Michelle mientras sujetaba a su compañero por los hombros para calmarlo.
Priscille se acercó al chico que lo estaba llamando. Era un kohai de los más pequeños, por lo que le recordaba en cierto modo a su hermano y sentía la necesidad de protegerlo.
¿Sucede algo malo, Kurono-kun?-preguntó mientras se ajustaba las gafas.
Los dos chicos comenzaron a hablar a la vez.
¡Todos los capitanes de equipo y líderes de club debéis dirigiros al gimnasio mayor del centro inmediatamente, órdenes del director!-gritó el niño del club de Karate-¡Donde se hace halterofilia!
¡Parece que se va a retransmitir un mensaje muy importante!-añadió el chico de baloncesto-¡Tenemos miedo! A juzgar por las caras del director y sus asociados, parece ser que son muy malas noticias, y nos tememos lo peor…tal vez es algo relacionado con las chicas del Hiwamori…
Priscille y Michelle se miraron y asintieron. Echaron a correr en dirección al gimnasio. El pasillo estaba abarrotado de gente corriendo, chillando y metiéndose prisa unos a otros.
Myo le hizo una señal a Alice para que se levantara y echó a correr tras sus dos amigos.
¡Alto!-dijo el compañero de Michelle-Vosotros no sois capitanes ni líderes, el director no quiere que vayáis en este momento.
¡Son nuestros amigos!-exclamó Myo-¡Nuestros más importantes tesoros, nuestros más cercanos y queridos hermanos! ¿Crees que no vamos a seguirles hasta el fin del mundo en un momento tan aparentemente crítico como éste? ¡Vámonos, Alice!
Myo apartó al chico del club de baloncesto con un empujón lo más suave y educado que pudo, tras lo que echó a correr hacia el gimnasio. Alice lo siguió de cerca con la cabeza agachada y andando rápido.
¡Y no intentéis detenernos!-añadió Myo sin girarse-¡NADIE!
Myo y Alice llegaron a las enormes puertas del gimnasio, donde pudieron oír voces familiares.
¡Señor director!-exclamó Priscille-¡Priscille Kirisame, capitán de Karate, Judo y Aikido y líder del club científico!
¡Michelle Sakurai, capitán de lacrosse y baloncesto, líder del club de halterofilia!-secundó Michelle.
¿Para qué nos requiere?-preguntó Priscille educadamente-Los alumnos se hallan asustados.
No es para menos.-oyeron la grave voz del director-Los profesores de Informática han conectado un equipo a esta pantalla, nos está llegando señal en directo, están grabando en el Hiwamori, ¡ha ocurrido lo que todos temíamos!
¡Señor!-exclamó Michelle con el corazón en un puño-Ayudaremos en lo que haga falta.
El festival cultural de este año, como sabéis, planeado para dentro de una semana y media, podría anularse.-dijo el director con un micrófono ante todos los líderes y capitanes-El Hiwamori era un importante colaborador y competidor en interescolares y, tras el duro golpe que ha recibido, podrían no asistir, por lo que cancelaríamos todo evento. Podrían retirarnos la subvención por aumentar la prioridad para la misma del instituto Hiwamori tras lo que acaba de pasar, por lo que podríamos sufrir graves perjuicios y vernos obligados a cortar las clases en el siguiente trimestre. Estamos en crisis. No el instituto masculino Torikamiya, sino toda la red de institutos de Tokyo y, probablemente, la ciudad entera.
Pero, ¿qué ha pasado?-preguntó el líder del club de fotografía, que llevaba una cámara de última generación colgando del cuello.
¡Reunid a los alumnos y que vengan aquí! Que se sienten por toda la extensión y que vean lo que van a retransmitirnos. ¡Rápido!-ordenó el director.
¡Sí, director!-exclamaron, diligentes, los capitanes y líderes.
Corrieron hacia la salida del gimnasio, tras el cual se dispersaron para llamar a todo el mundo.
¡Asami-san!-oyeron Myo y Alice a Michelle-¡De deportista a deportista: te intentaré conseguir una joya para tu club si logras que terminemos esto rápido!
El joven, de pelo negro, largo y lacio hasta los codos, se quedó mirándolo.
Michelle-san…-dijo-…¡de acuerdo, no nos demoremos!
¿Se llaman por su nombre de pila?-preguntó Myo a Alice-Sí que tienen confianza, ¿no?
El deporte debe de unir mucho…-dijo Alice-…o eso dicen.
¡Eh, eh, Priscille!-exclamó Myo-¡Aquí!
Priscille se giró y vio a sus dos amigos en el pasillo oscuro, escondidos de la marabunta de líderes y capitanes.
¡Lo hemos oído todo!-dijo Myo-¡Vamos a la sala del club de radio y acabemos con esto rápido!
Lo dejo en vuestras manos.-dijo Priscille-Los líderes de literatura, go y shogi se vienen conmigo a cubrir un ala.
Myo y Alice se escabulleron por entre los pasillos. Sabían que el club de radio no solía cerrar con llave entre horas.
¡Bingo!-dijo Myo cuando llegaron a la oficina-¡Vamos a avisarlos a todos!
Myo pulsó un par de botones para activar la megafonía.
¡Atención!-exclamó el chico-¿Funciona?-susurró a Alice.
Alice le hizo una señal de aprobación cuando vio en el portátil del escritorio que los sistemas de sonido estaban marchando de manera óptima.
Myo Shimazu, un compañero de instituto, al habla.-dijo-No soy un miembro del club de radio, así que pido disculpas por usar sus pertenencias, pero esto es importante. Dirigíos TODOS inmediatamente al gimnasio mayor, algo grave ha pasado. ¡Que no cunda el pánico! Tranquilizad a los kohai más pequeños y seguid al líder o capitán más cercano que tengáis.
Todos los ruidos del instituto se empezaron a focalizar. Parecía que todos se dirigían con diligencia al gimnasio.
¿Qué hacéis aquí?-el líder del club de radio, un chico alto y corpulento, con algunos kilos de más, entró en la sala.
¡Lo siento, lo siento, lo siento!-exclamó Myo entre reverencias-Escuchamos al director por casualidad mientras hablaba a los líderes y sentimos la necesidad de ayudaros a resolver esto lo antes posible…¡te compensaré como sea necesario!
No pasa nada por esta vez.-dijo con no muy buen humor el chico-Gracias por ayudarnos, pero no es de buena educación colarse en salas ajenas.
Lo sentimos mucho.-Myo se disculpó por última vez y salió corriendo de la sala con Alice siguiéndolo de cerca.
Vaya mala leche…-susurró Myo mientras corría con Alice hasta el gimnasio.
Unos minutos después, todo el alumnado se encontró apretujado en el enorme gimnasio. Los líderes y capitanes en primera fila, y todos los demás detrás. Los profesores se encontraban en una tarima improvisada. Uno de ellos activó el equipo y comenzó la retransmisión.
¡Estamos en directo!-dijo una mujer muy agobiada-¡Soy Sayoko Misujima, profesora de Biología del instituto mixto Hiwamori! Dos de las cuatro alumnas que enloquecieron y abandonaron el centro han sido halladas muertas en un área de la periferia industrial. Las otras dos continúan en paradero desconocido. Los médicos han identificado sus heridas como cortes de una katana. Al parecer, un asesino en serie anda suelto. Podría estar relacionado con la amenaza que asola a las mujeres de Tokyo en la última temporada. El instituto se encuentra en crisis. Hemos recibido denuncias en masa por permitir la fuga de las cuatro chicas y no sabemos quién podría ser la siguiente víctima. Asimismo, los padres han acudido en masa a llevarse a sus hijos a sus hogares y nos estamos quedando cada vez más solos…la policía amenaza con acordonarnos y poner el centro en cuarentena, por lo que… ¡ARGHHH!
En la pantalla se vio cómo un impulso eléctrico claramente visible recorrió a la profesora, electrocutándola y causándole la muerte súbita. Mientras caía desplomada al suelo, algo se ceñía sobre el objetivo de la cámara que grababa…una bandera blanca se descolgó, tapando toda imagen. Esa bandera tenía dibujada una cruz con alas.
Priscille y Michelle se miraron.
¡REN!-gritó Priscille-¡Oh, no, mi hermano! ¡Podría estar en peligro!
¡Es ese símbolo!-gritó Michelle-Tenemos que ir al Hiwamori ya.
¿Cómo vamos a entrar?-dijo Priscille desesperado mientras intentaban irse de la hilera de líderes y capitanes.
Por la fuerza.-dijo Michelle mientras hacía saltar chispas con su mano, asegurándose de que nadie lo viera.
Michelle cogió a Priscille, lo cargó a su espalda y dio un salto. Tras dispersar a varios alumnos, se abrió paso hasta la salida.
¡NO!-gritó el director-¡NO PODÉIS ABANDONAR EL CENTRO! ¿NO ENTENDÉIS LA GRAVEDAD DE LA SITUACIÓN?
Los profesores de Educación Física, fuertes y ágiles, echaron a correr hacia los dos chicos para alcanzarlos.
Profesores…-susurró Alice.
Myo y Alice los alcanzaron con sigilo. Los profesores no podían seguir corriendo, algo los frenaba.
…son ustedes los que no entienden bien lo que pasa.-terminó de decir Alice mientras los cuatro abandonaban el gimnasio.
Un charco de hielo frenaba a los profesores. Tan fino y tan endeble que se fundió tras los pocos segundos que necesitaron los chicos para salir, sin que nadie reparase en su generación espontánea.
Debéis ir ahora.-dijo una voz tras los cuatro chicos cuando estaban a punto de alcanzar la salida.
Se giraron. El mismo hombre de la noche anterior.
Id al Hiwamori.-les dijo-Vuestra intervención, según lo rápida que sea, determinará el futuro de Tokyo.
Tras estas últimas palabras, el jorobado y menudo hombre se escabulló y se esfumó.
¡Vamos, corred!-apremió Myo-¡Esto es serio!
Oh, Ren…-dijo Priscille mientras corría.
Mientras avanzaban, notaron que toda la gente de la calle, estudiantes o no, se alejaba de la manzana del Hiwamori. De una manera o de otra, parecían saber lo que había pasado.
Cuando les quedaba poco para llegar, se sorprendieron de lo vacías que estaban las calles cercanas.
¿Y la policía?-preguntó Michelle-¿Y los padres desesperados? ¿Qué está pasando aquí?
Esto me huele a…-dijo Alice.
Trampa.-escucharon una voz que nunca habían oído desde una posición que no podían determinar.
Varios golpes fuertes y desde la distancia, varios tirones y empujones y…acabaron los cuatro revolcados en la tierra del jardín de entrada del Hiwamori.
La pesada puerta doble metálica se cerró tras ellos. El pesadísimo candado estaba echado. Cuando se incorporaron y se sacudieron la polvareda de sus uniformes, miraron a todos los lados y vieron a tres personas frente a ellos, dos chicos y una chica. Parecía que, detrás de ellos, se escondía una cuarta, bastante más baja. Todos llevaban el uniforme del Hiwamori con la ya más que vista cruz alada.
Miraron el panorama. Había una cámara de vídeo frente a una bandera que colgaba. Un taburete vacío y…el cuerpo de la profesora desplomado en el suelo. Los tres individuos miraban a los cuatro amigos con sorna. Uno era un chico delgado, no muy alto, pero tampoco bajo, de cabello azul y corto y ojos marrones claros.  El otro chico, un poco más alto que el anterior, era bastante corpulento. Tenía el cabello castaño y lacio, un poco largo, tapándole casi todo el cuello, y un flequillo de medio lado que le tapaba casi la mitad derecha de la cara, pero sin eclipsar el metálico brillo de sus ojos de color azul cobalto. La más alta era la chica, de cuerpo delgado y muy atlético, constitución marcada, unos senos muy grandes, una larga melena ondulada de color rubio cenizo que le llegaba hasta la cintura, ojos marrones oscuros y, en lugar de los zapatos del uniforme, tacones de aguja negros muy altos con plataforma que acentuaban aún más su tremenda estatura.
Sed humildemente bienvenidos…-dijo el chico de cabello azul con tono amenazador-…a la sede de la Pax Nekra.
¿La qué?-preguntó Michelle.
Mi nombre es Albert.-prosiguió el chico mientras una sonrisa sádica se dibujaba en su cara-Maximilianne.-dijo mientras su robusto compañero les dirigía una mirada a los cuatro amigos-Y Angelica.-la chica dedicó una gélida expresión a sus invitados, resaltando su amenazadora belleza.
No has contestado a mi pregunta, Albert, o como te llames.-dijo Michelle muy tenso-¿Qué demonios es eso de la Pax Nekra?
Cierra la boca.-dijo muy seria e inquisitivamente Albert-No han terminado las presentaciones. Qué poca educación…
…-Priscille se temía que iban a tener que luchar.
Permitidme que os presente al más reciente y flamante miembro de la Pax Nekra.-prosiguió el chico-Con todos vosotros…
Los tres alumnos del aparentemente vacío y solitario Hiwamori se apartaron y revelaron a la persona que había detrás. Era un niño, y también llevaba la cruz alada en el cuello marinero del uniforme. Un niño bastante, bastante familiar…
…Ren Kirisame.-terminó Albert, sin poder reprimir una sádica sonrisa tras la cual comenzó a carcajear como una hiena.

[SSS] Capítulo 12: Atando cabos

Capítulo 12: Atando cabos

¿Hola?-dijo Myo dando un paso al frente-¿Qué haces aquí sola? ¿Te has perdido? ¿Podemos ayudarte?
La chica se giró. Su rostro estaba céreo, y sus ojos habían perdido su brillo. Parecía aislada del mundo. Se rió.
Va a mutar.-dijo Priscille-Está claro…
Oyeron pasos. De detrás del depósito apareció otra chica, también con el uniforme del instituto Hiwamori. Su cabello era verde y estaba recogido en una coleta baja. Sus ojos, de color verde muy oscuro, parecidos a los de la otra chica, también carecían de brillo.
¿Y si pedimos ayuda?-preguntó Alice-Podemos llamar a la dirección del centro y que vengan a por ellas…
¿A la una y media de la madrugada?-preguntó Michelle-Me parece que vamos a tener que luchar…
Se oyó una especie de tirón muy fuerte. Cuando se quisieron dar cuenta, de la chica de pelo verde sólo quedaba frente a ellos la ropa. Cayó en medio del grupo, dando un fuerte golpe. Ya no era ella. Estaba completamente desnuda, su cabello se había vuelto negro y ralo, se había hecho más alta y musculosa y carecía casi totalmente de piel. Su cuerpo sangraba y tenía un aspecto putrefacto: era una mujer zombie.
Antes de que ninguno de los cuatro chicos pudiera reaccionar, la chica volvió a saltar y se colgó de una barandilla. Miró a los cuatro amigos y vomitó sobre ellos.
¡Dispersaos!-gritó Myo.
Los cuatro chicos se alejaron y se distribuyeron por los vértices de la planta. El chorro de vómito cayó sobre el suelo, produciendo vapores y un sonido de quemaduras.
Son demasiados videojuegos ya…-dijo Myo-…como para no saber que el vómito de los zombies suele ser altamente corrosivo.
¡Muy sagaz!-lo elogió Priscille.
¿Os habéis parado a pensar en el golpe que supondrá esto para el instituto Hiwamori?-preguntó Alice sin perder de vista a la zombie.
No tenemos la culpa, Alice…-dijo Myo-…estas chicas han sido asesinadas. Es mejor pensarlo así…
Fueron asesinadas en el momento en que el destino las eligió para acabar así.-concluyó Priscille.
Vamos a acabar con esto antes de que pase a mayores…-dijo Michelle amargamente.
La chica que no había mutado, hasta ese momento quieta, empezó a hacerse grande y musculosa hasta reventar su ropa. Su cuerpo se tornó verdoso, su pelo, parduzco y sus dientes comenzaron a crecer.
¿Qué es eso?-preguntó Alice asustado.
¿Un orco?-preguntó Priscille ajustándose las gafas y poniéndose en guardia.
Sea lo que sea…-dijo Myo-¡tenemos que salir vivos de esta emboscada!
La zombie saltó y aterrizó al lado de la orco, que era considerablemente más alta y robusta.
Sin mediar palabra, los chicos invocaron a sus armas y rodearon a ambas mujeres mutantes.
Quien lanzó el primer ataque fue la zombie, intentando saltar hacia Myo. Alice reaccionó rápidamente y ató los pies de la criatura con su cinta, haciéndola caer de bruces al suelo y congelando sus tobillos gradualmente. Priscille corrió hacia la mujer y, sin darle tiempo a levantarse, la encerró en un prisma de luz muy apretado para evitar que pudiera dar golpes.
¡La mantendré encerrada el tiempo que necesitéis!-apremió Priscille-¡Encargaos de la otra!
Myo, Michelle y Alice se giraron hacia la orco, la cual, para sorpresa de todos, arrancó una tubería y amenazó con golpear a los chicos con ella.
Tenemos suerte de que haya arrancado una tubería vacía…-dijo Michelle mirando los circuitos hidráulicos-…si hubiera llegado a coger una de las gordas, nos habría arrastrado el agua hasta matarnos…
La orco soltó  un bramido y se lanzó a por los chicos con un fuerte mandoble de tubería. Los tres intentaron esquivarla, pero Myo fue demasiado lento y fue aplastado por la tubería.
¡MYO!-gritaron Alice y Michelle, a la vez que Priscille, que lo había visto.
¡Maldita!-gritó Michelle-¡Lamentarás esto!
El joven pelirrojo lanzó un chorro de fuego contra el musculoso y cuadriculado abdomen de la orco, cuya dureza era suficiente como para aguantar las llamas.
¿Cómo?-se extrañó Michelle-¿No le ha hecho nada?
La orco levantó la tubería para golpear a Michelle. Myo rodó por el suelo y se incorporó.
¡Haced algo, por favor!-exclamó Priscille-¡Este monstruo no para de patalear!
La zombie golpeaba las paredes del prisma enloquecidamente, intentando salir.
Escucharon un fuerte golpe. La tubería chocó contra el bastón de Michelle, doblándose ampliamente.
Eso no te lo esperabas, ¿verdad?-sonrió Michelle con sorna.
Alice dio un suave golpe de muñeca y su cinta voló hacia la orco, atándola por varias zonas, reduciendo su movilidad y comenzando una lenta congelación. Michelle aprovechó el momento para golpear con su bastón fuertemente a la criatura en sus dentudas fauces.
¡AAAAAAAAAHHHHHH!-gritó Myo con una mezcla de dolor y fuerza.
Giró sobre sí mismo y le clavó una daga a la orco en las costillas, haciendo que se hincara de rodillas y chillase. En medio de su enfurecimiento, la criatura lanzó por los aires a Myo de un puñetazo y, con un potente movimiento de su grande y pesada pierna, propulsó también a Michelle y a Alice, cuya cinta cayó al suelo, deshaciéndose las ataduras.
Todavía con la daga clavada, la orco caminó hacia Alice y Michelle, que habían caído cerca el uno del otro, y los agarró con sus grandes manos. Dando una fuerte palmada, chocó sus cuerpos entre sí. El robusto y pesado cuerpo de Michelle colisionó con el débil y delgado cuerpo de Alice, causándole mucho más dolor a este último.
No obstante, algo se activó en Alice. Al entrar en contacto con el caliente cuerpo de su amigo, su visión se aclaró. Puso su mano en el fuerte brazo que lo agarraba. Una hilera de hielo comenzó a propagarse por el mismo, por lo que la orco no tuvo más opción que soltar a Alice, que cayó al suelo extenuado y dolorido. Siguiendo el ejemplo de su amigo, Michelle se concentró, apretó los puños, cerró los ojos y…la orco chilló mientras lo soltaba con violencia. La palma de su mano estaba bastante quemada.
Alice cogió la cinta del suelo y se preparó para un nuevo movimiento. Le había gustado mucho comenzar a practicar gimnasia por su cuenta y quería estar a la altura de sus amigos. Mientras cruzaba las piernas, tiró su cinta como si de una caña de pescar se tratase, envolviendo a la orco a la altura del pecho, pegando sus brazos a su cuerpo. Michelle hizo un círculo de fuego alrededor de sus pies para impedir que se moviera, tras lo que lanzó una gran burbuja ígnea con la palma de su mano derecha, provocando una explosión de fuego de pequeño radio.
Aprovechando el desequilibrio de la criatura, Alice tiró de la cinta y consiguió dejarla postrada en el suelo. La desató, dejando ver un aro de hielo sellando su cintura escapular.
¡AHORA!-gritó Myo mientras lanzaba la daga que le quedaba desesperadamente.
El arma se clavó entre dos de los prominentes fascículos abdominales de la criatura, provocando el afloramiento de un caudaloso chorro de sangre.
Ignorando el dolor del golpe producido por el impacto de tan pesada tubería, Myo corrió hacia la sometida criatura, le arrancó las dos dagas tirando de ellas con todas sus fuerzas y, en un ramalazo de coraje, creó una pequeña burbuja de aire a sus pies que lo elevó levemente. La hizo explotar mientras echaba el peso de su cuerpo hacia atrás, lo que resultó en una ascensión circular con una patada con voltereta que liberó una onda de viento que abatió a la orco y provocó su desintegración.
¡Guau!-dijo Michelle-¡Vaya truquito te has marcado!
Esas patadas son muy típicas en muchos héroes de videojuego…-dijo Myo-…me siento infantil diciéndolo, pero siempre he querido imitar ese movimiento…y ahora lo he logrado.
Nada mal tú tampoco, canijo.-Michelle agarró a Alice de un hombro-Al final vas a ser un gran gimnasta, ya lo verás…
¡La voy a soltar!-interrumpió Priscille-¡A por ella!
Priscille soltó sus músculos, deshaciendo el prisma de luz. Como accionada por un resorte, la zombie saltó y, en una exhibición de profunda locura, comenzó a espurrear vómito mientras saltaba de un lado para otro.
¡Lluvia ácida!-dijo Michelle-¡Todos a cubierto!
Priscille alzó las manos. La parte más alta de lo que podría ser una bóveda se dibujó en el firmamento, deteniendo los chorros de vómito.
¡Todo sería más fácil si esa loca dejase de moverse!-se quejó Michelle.
Podría intentar congelarla, pero no tengo puntería y es demasiado ágil para mí…-dijo Alice mientras tensaba levemente su cinta.
Tranquilo, Alice.-dijo Michelle-Myo no es el único que entiende de videojuegos. Los zombies prenden fácilmente, ¿verdad?
Myo adivinó lo que Michelle quería hacer y le sonrió mientras asentía con la cabeza.
¡QUE APROVECHE, MADEMOISELLE!-gritó Michelle mientras agitaba su bastón.
De la enjoyada punta del arma brotó un chorro de una hermosa luz roja que interceptó a la zombie en pleno vuelo, haciéndola estallar en llamas. Cayó pesadamente al suelo: a lo largo de la caída se había podido apreciar la disminución de su masa. Cuando el fuego se disipó, lo acompañaron unas partículas negras…
¡Misión cumplida!-exclamó Michelle, satisfecho.
Un gran trabajo.-dijo una voz familiar.
Se giraron. El hombre jorobado, de baja estatura y encapuchado estaba frente a ellos.
¿Quién es usted?-preguntó Priscille mientras hacía ademán de avanzar hacia aquella figura.
Alguien que conoce vuestros poderes, vuestra causa, lo que estáis haciendo y sabe cómo ayudaros.-dijo el hombre-No necesitáis saber más. Hace mucho tiempo, yo también fui tocado por la varita mágica del destino y adquirí ese poder…ahora ya soy demasiado viejo para actuar, pero puedo explicaros cómo funciona el poder.
Ninguno de los cuatro le respondió.
A cada portador nos corresponde un elemento y un arma.-explicó el anciano-Asimismo, aunque no están relacionados los elementos con las corrientes del alma, cada portador está caracterizado por un rasgo distintivo que marca su personalidad prácticamente desde que nace, aunque viva y muera ajeno al poder. Tú, Myo, estás infundido por la valentía, por el valor, por la abnegación. Tú, Alice, por el poder mágico. Tú, Michelle, por la fuerza. Finalmente, tú, Priscille, eres la más viva imagen del intelecto, del conocimiento, de la inteligencia.
¿Cómo…-preguntó Michelle-…cómo sabe nuestros nombres?
Os he estado observando.-explicó el hombre-Como antiguo portador del poder del que ahora hacéis gala, mi deber es cuidaros desde la distancia y guiaros. En el instituto Hiwamori encontraréis cobijo…y respuestas. Id mañana.
La figura se evaporó.
¿Adónde ha ido?-preguntó Myo.
¡Mirad!-dijo Alice-¡Está saltando en esa dirección!
Sigámoslo…-dijo Priscille mientras se daba la vuelta hacia las escaleras.
Alice y Myo bajaron todo lo rápido que pudieron. Haciendo alarde de su fuerza muscular y de su inusual agilidad respectivamente, Michelle y Priscille saltaron cada tramo de escaleras, logrando bajar en pocos saltos. Corrieron hacia la dirección en la que habían visto alejarse al hombre.
Sigue habiendo muchas cosas mal.-dijo Priscille mientras avanzaban-Del Hiwamori se fueron  cuatro chicas. Faltan dos en paradero desconocido. Además…ese hombre… ¿qué pretende? ¿Mañana en el  Hiwamori? Supongo que no perdemos nada pasándonos después de clase…y así puedo ver a Ren…
Las calles se iban haciendo cada vez más largas y estrechas, pero estaban todas bien iluminadas.
¡Por cierto!-siguió Priscille-¿Os habéis fijado en que ambas chicas…
Se pararon en seco y se giraron. Habían dejado atrás un cuerpo. Otra chica del Hiwamori. Parecía inconsciente…y estaba muy magullada. Tan pronto como se intentaron acercar, el cuerpo explotó en partículas negras.
¡Mirad!-dijo Priscille, que se había girado a observar el panorama.
Había otra chica un poco más adelante. Les estaba dando la espalda, por lo que no podían ver qué era lo que tenía en las manos que brillaba tanto…una luz plateada rodeaba su cuerpo…intentaron acercarse a ella para interrogarla, pero también se desvaneció, cesando así el brillo plateado.
¿Os habéis fijado?-preguntó Priscille antes de que sus compañeros pudiesen mediar palabra.
¿A qué te refieres?-preguntó Myo-¿En qué nos teníamos que haber fijado?
Las cuatro chicas…-dijo Priscille-…no llevaban el uniforme ordinario del Hiwamori.
¿No?-preguntó Michelle-Yo suelo ver pasar a un grupo todas las mañanas por la calle cuando voy hacia nuestro instituto y, si mal no recuerdo, el uniforme de las chicas del Hiwamori es exactamente así…
Sí…-dijo Priscille-…pero no. Hay un pequeño detalle diferenciador.
¿Cuál?-preguntó Alice.
Tal vez sea demasiado pequeño como para prestarle atención…-dijo Priscille-…pero no puedo evitar fijarme en todo. Los cuellos marineros de las chicas del Hiwamori NO tienen una cruz negra con alas dibujada entre las clavículas ni entre los hombros…como estas cuatro pobres víctimas sí tenían.
Alice, Michelle y Myo miraron a Priscille con extrañeza. ¿Una cruz con unas alas?

Priscille señaló el uniforme de la última chica en desvanecerse. Se acercaron a mirarlo. Una cruz alada estaba cuidadamente bordada en el cuello del uniforme. No era demasiado grande, pero se podía ver con un simple golpe de vista.

[SSS] Capítulo 11: Dispersión

Capítulo 11: Dispersión

¡No, por favor, no!-gritó, desesperado, el detective.
¡NO HAY ESCAPATORIA!-gritó la mujer.
La mujer iba vestida y peinada al estilo rococó y llevaba tacones muy altos. Se trataba de una actriz de teatro que había sucumbido a la mutación en plena actuación. Aquel detective había sido contratado para investigarla y ahora estaba pagando las consecuencias…
No me obligue a…-dijo el detective mientras sacaba una pistola y apuntaba a la actriz.
Aquella dama, que no sólo era alta, sino también robusta, era morena, de cabello muy largo. Su vestido también era negro y su corte tenía reminiscencias del Barroco europeo. Era más alta que el detective, y más aún con los tacones. Con un manotazo, le saltó la pistola al asustado hombre. Estaban en la azotea de un edificio…
¡CAE!-gritó la mujer tras desarmar al detective.
Le dio una patada en el pecho con su enorme zapato y lo tiró de espaldas al vacío. En medio de un grito, el hombre caía. La actriz saltó hacia él en picado mientras sufría espasmos.
¡AHORA!-gritó Michelle con el corazón en un puño.
De detrás de un andamio salió Myo. Agitó sus manos y creó una burbuja de aire que acolchó la caída del hombre, quien ya se había desmayado del susto.
La zona de detrás del teatro estaba en obras, llena de andamios, vigas y pilas de ladrillos. Justo cuando la mujer  estaba a punto de aterrizar entre sus espasmos, Alice se dejó ver desde detrás de un gran montón de vigas metálicas. Materializó su cinta y la lanzó grácilmente contra la peligrosa actriz, amortiguando su caída y obligándola a retractarse para caer de pie sin golpear el suelo ni al detective.
¡Corre, Priscille!-dijo Michelle mientras salía de detrás de una columna y corría hacia la actriz.
Priscille apareció detrás de la mujer y corrió hacia ella. Antes de que ésta pudiera reaccionar, fue golpeada por el yo-yo del chico y cayó al suelo. Tras ello, intentó dar rienda suelta a su mutación, pero Michelle irrumpió en el destartalado escenario y disparó un chorro de llamas contra ella, haciendo que se evaporase en partículas negras.
Dejaron de lado al detective.
Sigo sin creerme que estemos haciendo esta locura por las noches…-dijo Alice muy nervioso.
Hemos salvado la vida de ese hombre.-dijo Michelle-Podemos sentirnos orgullosos de lo que hemos hecho. De eso se trataba, ¿no? De utilizar nuestro don para el bien…
Ahora que ya lo hemos hecho…-dijo Myo-…vemos que no es imposible. Podemos hacer algo.
…-Priscille miraba hacia los lados: se sentía observado.
Bien hecho…-dijo una voz masculina-…chicos.
Se giraron hacia el origen de la voz. Distinguieron una figura jorobada de poca estatura y envuelta en una capa grisácea con capucha. Tan pronto la vieron, dejaron de verla, pues había saltado y desaparecido.
¿Quién era ése?-preguntó Alice asustado.
¡Mierda!-se quejó Myo-¡Nos han visto en acción!
Ya hay otra cosa de la que preocuparnos.-dijo Priscille-El día que apareció la gárgola en el instituto, cuando fui al Hiwamori, estaba cerrado a cal y canto…y mi hermano estaba en casa. Ahora nos ha visto un hombre en plena calle y…los ataques no dejan de producirse. Es más, las alumnas del Hiwamori desaparecidas siguen sin dar señales de vida. Hay algo en torno a esa escuela que no cuadra…creo que hay gato encerrado…
¡POR FAVOR, NO!-se oyó gritar a un hombre.
¡Maldita sea!-gritó Michelle mientras corría hacia el origen del grito mientras materializaba su bastón.
¡Michelle, espera!-le dijo Myo-¡No te vayas sin nosotros!
Priscille y Alice se miraron. Ambos asintieron y echaron a correr.
Entre rincones oscuros y callejones, los cuatro chicos saltaban entre cubos de basura, motos aparcadas y cableado mal distribuido. Era la zona menos cuidada de la ciudad, y les faltaban varios metros para llegar a una calle principal…
¡NO!-gritó el hombre mientras se arrastraba por el suelo.
Lo vieron. Nada más salir de los callejones, al llegar a una carretera de las más amplias de la ciudad, iluminados por una de las pocas farolas que quedaban y que marcaban la muerte del extrarradio, una araña gigantesca con un cuerpo de mujer de cintura para arriba, completamente desnuda, y un hombre intentando alejarse de ella.
¿Qué demonios está pasando esta noche en Tokyo?-se enrabietó Michelle.
Se lanzó a por la araña. Intentó darle un golpe en la cabeza mientras agarraba su bastón como si fuera un bate, pero ésta se apartó su cabellera de color negro azulado, mostrando sus duros y anchos senos a la vez que escupía un chorro de un fluido blanco y pegajoso que embistió al chico y lo dejó colgando de una farola. Era una resistente telaraña muy condensada, o eso parecía…
¡Cuidado, chicos!-gritó Michelle-¡Escupe a presión! Si no me ha contusionado el esternón, poco le ha faltado…qué dolor…
¡AYUDADME!-gritó el hombre, incapaz de levantarse-¡NO QUIERO MORIR!
¡MÁS COMIDA!-gritó la enloquecida mujer araña-¡MÁS PRESAS! ¡CINCO HOMBRES! ¡VUESTRO SEMEN, ESCLAVOS!
¡Cierra la boca, bruja!-le gritó Myo-¡Lamentarás haber infundido el terror en un ciudadano inocente y el haber golpeado a quien es un hermano para mí!
Myo lanzó un golpe al aire con la palma de su mano. Un chorro de viento iluminado con luz verdosa impactó en el pecho de la criatura, revolviéndole la melena y haciendo que sus pechos bamboleasen.
Materializó las dagas. Intentó correr hacia ella, pero, con una de sus ocho patas, la mujer araña lo golpeó y lo lanzó lejos de ella.
¡Maldita seas!-gritó Michelle.
Quemó los hilos que lo sujetaban y cayó en picado hacia la criatura. Ésta se dio cuenta y comenzó a escupir hilos de aquella sustancia pegajosa, pero Michelle los fue interceptando con brillantes proyectiles de luz roja que les prendieron fuego. La araña decidió cambiar de objetivo y cogió al atormentado hombre con una mano mientras con la otra lo desnudaba de cintura para abajo. Cuando finalmente descubrió su pene, se lo acercó, abrió la parte del exoesqueleto arácnido que la cubría debajo del ombligo y mostró una profunda, espiralizada y goteante vagina.
¡Lo va a matar!-dijo Myo mientras se reponía-¡Hay que hacer algo!
Alice lanzó su cinta mientras Priscille hacía lo propio con el yo-yo. La cinta envolvió el cuerpo y algunas patas de la araña, mientras que el yo-yo se le enroscó alrededor del cuello. La mezcla de tracciones la obligó a soltar al atormentado ciudadano justo en el instante en el que Michelle terminaba de caer, golpeando a su enemiga fuertemente con el bastón y haciendo que se tambalease entre chillidos.
¡OS MATARÉ!-chilló.
Dio un enorme salto, librándose de sus ataduras, lo que hizo que Alice y Priscille cayeran al suelo rodando. Cayó de nuevo sobre el hombre, lo agarró y lo colocó entre sus senos.
¡DELÉITATE CON MI CUERPOOOOOOOOOOOOO!-gritó con su desfigurada voz.
Mientras lo inmovilizaba entre sus pechos, lo bañaba con su tela y lo ataba fuertemente, obligando a la sangre de la pobre víctima a moverse hacia donde ella quería, terminando por causarle una erección. Su pene estaba muy rojo, como el resto de su cuerpo.
¡NO!-dijo Myo mientras corría con las dagas en la mano-¡NOOOOOO!
La mujer araña introdujo el pene de aquella víctima en su vagina. Se escuchó una fuerte succión, tras lo cual el hombre empezó a gritar de dolor.
¡OH, SÍ!-gemía la araña-¡SÍ! ¡SÍ! ¡SÍ! ¡CÓRRETE DENTRO DE MÍ! ¡HAZME MADRE! ¡JAJAJAJA!
Entre los hilos, se observaba sangre brotar del cuerpo del hombre, así como lágrimas en sus ojos.
¡Suéltalo!-gritó Michelle mientras golpeaba con su bastón la coraza de aquel monstruo.
La mujer agarró con una mano a Michelle y con la otra a Myo mientras violaba mecánicamente al hombre al que había fijado como primer objetivo. Sin poder reaccionar, Priscille y Alice se vieron envueltos en una telaraña.
¡Es demasiado fuerte!-exclamó Alice con lágrimas en los ojos.
El hombre profirió un grito desgarrador. Entre risotadas diabólicas y gemidos de placer, la araña tiró a los dos chicos contra la red, dejándolos inmovilizados. Arrancó entonces al hombre de su vagina y lo cogió del cuello con una mano. Su cuerpo estaba magullado, lleno de surcos de ataduras, heridas ensangrentadas y moratones. Su pene estaba muy enrojecido, totalmente flácido, con el glande al descubierto y goteando semen y una extraña sustancia parecida a la saliva, probablemente el fluido vaginal del monstruo. Con una sonrisa de triunfo, la araña despedazó a aquel hombre con sus manos y patas, esparciendo su sangre y sus entrañas por el suelo. Los cuatro chicos empezaron a llorar, a gritar y a convulsionarse del asco y del miedo.
Finalmente, la araña se giró hacia los cuatro chicos, que estaban atrapados en su red.
¿POR CUÁL DE VOSOTROS EMPIEZO?-gritó mientras masticaba los intestinos del hombre con una sonrisa diabólica de la que chorreaba sangre.
La implacable y gigantesca criatura levantó una de sus ocho punzantes patas para clavarla sobre alguno de los chicos al azar, pero se encontró un impedimento: una pantalla de luz.
Por…-dijo Priscille-…por ninguno…
La araña volvió a golpear la pantalla con su pata, haciendo presión para intentar romperla.
Admirado ante el instinto protector de Priscille, Alice se concentró y congeló los hilos que lo rodeaban. Con sólo hacer un poco de fuerza para caminar, rompió la telaraña. Los hilos que envolvían a Myo también se habían congelado parcialmente, por lo que éste, que tenía más fuerza que Alice, pudo romperlos también.
Lenta y torpemente, el joven de cabello azul caminó hacia Priscille y puso la mano en los hilos que lo envolvían. Comenzaron a congelarse poco a poco mientras Myo cortaba los hilos que ataban a Michelle con sus dagas. Una vez estuvo libre, Michelle se acercó a sus amigos, cerró su enorme puño y lo estampó en el hielo, liberando a Priscille.
No podré aguantar la pantalla mucho más…-dijo Priscille mientras se hincaba de rodillas en el suelo.
Ya lo creo que podrás.-lo animó Michelle-No estás solo. Vamos a acabar juntos con esta cosa.
Acaba de matar a una persona…-dijo Alice mientras pensaba en lo que acababa de ver…
No matará a ninguna más.-dijo Myo-¡Vamos, Michelle! ¡Démosle su merecido!
Michelle asintió y apuntó, desde la seguridad de la pantalla de Priscille, al monstruo con la palma de su mano. La pata salió ardiendo, por lo que tuvo que retirarla y retractarse, dándole a Priscille una oportunidad para deshacer la pantalla y descansar. El joven pelirrojo siguió agitando sus manos y enviando chorros y bolas de fuego que explotaban en brillantes llamas contra la araña y lo que la rodeaba. Myo dio una fuerte palmada al aire, liberando una corriente de viento que arrastró levemente el cuerpo de la criatura e hizo que las llamas se propagasen y se avivasen.
…-Priscille jadeaba.
Alice sostenía débilmente a Priscille para que no se cayera al suelo de la extenuación. Ambos estaban cansados y se sentían muy mal después de lo sucedido. Pasó un instante. Sin que nadie se lo explicase, Priscille se levantó y, mientras liberaba un grito mucho más grave de lo que normalmente hablaba, lanzó un chorro de oscuridad contra la araña, cortándola en pedazos y causando su explosión en partículas negras.
¿Priscille?-preguntó Alice-¿Estás bien?
Esa cosa…-dijo Priscille-…podría haber sido una de las alumnas enloquecidas del Hiwamori…cosas como ésa podrían estar amenazando a Ren… ¡no lo permitiré!
Escucharon un aplauso. Miraron hacia todas las direcciones y, entre las pocas farolas que había, distinguieron a la figura de antes saltando entre ellas.
¿Qué demonios…-preguntó Michelle.
Priscille hizo un acopio más de fuerzas.
¿Qué haces?-preguntó Myo preocupado.
Un pilar de luz bañó a Priscille durante unos segundos. Cuando se desvaneció, el chico estaba completamente erguido, sin temblores ni magulladuras.
Curarme.-dijo Priscille-Habiéndome repuesto, gozo de fuerzas renovadas para curaros a todos sobradamente.
El joven curó a sus amigos, tras lo cual comenzó a jadear levemente.
Ni en casos tan extremos dejas de usar tu metódica inteligencia, ¿eh, Einstein?-dijo Michelle a modo de elogio y agradecimiento.
Tenemos que ser fuertes…-dijo Priscille-…lo que hemos visto ha sido repulsivo, horripilante y aterrorizaría a cualquiera…pero tenemos que impedir que vuelva a suceder.
Estoy de acuerdo.-dijo Michelle con solemnidad.
Espero…-dijo Myo-…espero estar a la altura.
Yo…-dijo Alice-…intentaré no tener miedo a vuestro lado…
¿Y si seguimos a ese ser?-preguntó Michelle-Ya es la segunda vez que lo vemos.
Era un hombre, ¿verdad?-preguntó Alice.
Podría ser una mujer.-dijo Myo-Tal vez es una de esas criaturas con poderes…tal vez pueda transformarse y nos quiera tender una trampa…
En tal caso…-dijo Michelle-…¡vamos a seguirla antes de que llegue a su objetivo y se salga con la suya!
Es muy arriesgado.-dijo Priscille-No obstante, aún es muy pronto para volver a casa esta noche…y se han disparado los ataques desde hace tres noches.
¿Y si es más fuerte que la que acabamos de derrotar?-preguntó Alice con miedo.
Podremos con ella.-afirmó Michelle-Si hemos podido con esa cosa, podremos con lo que nos espera.
Los cuatro se miraron y asintieron. Corrieron hacia el camino que dibujaban las farolas. Iban hacia el núcleo urbano, por suerte para los chicos. Cuando ya estaban en la mitad del extrarradio, vieron cómo una sombra cortaba el aire ante ellos. Miraron hacia arriba y vieron un depósito de agua muy grande montado en una torre con unas escaleras accesibles.
Algo me dice que ahí arriba hay algo o alguien que nos espera…-conjeturó Priscille.
Sin mediar palabra, corrieron escaleras arriba. Entre jadeos y quejidos de cansancio, llegaron arriba del todo. En el centro de la planta de la alta torre aguardaba, de espaldas, una chica de cabello rubio cenizo y ondulado con dos coletas altas sujetadas con lazos negros en ambos lados de la cabeza y el resto de la melena suelta. No podían ver su cara ni ningún rasgo distintivo de ella…salvo la ropa que llevaba. Era un uniforme femenino del instituto mixto Hiwamori.

domingo, 1 de septiembre de 2013

[SSS] Capítulo 10: Control

Capítulo 10: Control

Cuando Priscille despertó, notó el cálido y desnudo cuerpo de Myo pegado y abrazado al suyo. Se giró y lo miró: estaba tan cerca de él…
Ambos estaban desnudos y, a pesar de que el suelo no estaba caliente, los dos estaban sudando. Entre el despliegue hormonal que habían tenido, el aumento de temperatura corporal que ello conlleva y el haber dormido tan pegados los había empapado en sudor. Su amigo seguía dormido y, al parecer, estaba teniendo un sueño relajante y reparador, pues su pene estaba completamente erecto y pegado a su pierna.
Myo se estremeció levemente y acercó su rostro al de Priscille. Empezó a lamerle el cuello.
My…Myo…-susurró Priscille entre escalofríos.
El joven abrió los ojos. Ascendió con su lengua, buscando los labios de Priscille. Introdujo la lengua en los indecisos labios de su amigo, tras lo cual comenzó a bajar y a lamerle el tronco. Siguió bajando hasta llegar al abdomen. Priscille tenía el abdomen duro, tal vez muy duro para lo delgado que estaba. Tantos años de acondicionamiento físico en sus clases de artes marciales lo habían endurecido un poco. Myo intentó entonces bajar para hacerle otra felación a Priscille, pero se encontró con que su pene no estaba erecto. Sin pensárselo, se lo introdujo en la boca y comenzó, sonrojado, a estimularlo. El cuerpo de Priscille temblaba.
Te has despertado con alegría, ¿eh, Myo?-dijo Priscille entre sudores mientras notaba la lengua de Myo girando dentro de su prepucio.
Su pene se estaba endureciendo cada vez más. Cuando ya estaba completamente erecto, Myo paró y se incorporó un poco, quedando de rodillas, con las piernas un poco abiertas y mirando a Priscille. Le tendió una mano para ayudarlo a levantarse. Éste la tomó y, entonces, Myo se dejó caer hacia atrás de tal manera que quedó boca arriba tendido en el suelo y Priscille encima de él, con la cabeza en su cadera.
Priscille captó la indirecta y, sonrojado, comenzó a lamer el pene de su amigo. Todavía no se acostumbraba a la textura, a la sensación, a los escalofríos, etc. de tener un pene en la boca. Tras estar un rato ocupado con la felación, Priscille se dejó hacer: Myo le quitó el pene de la boca y lo abrazó. Acabaron enzarzados en otro beso con lengua, esta vez más húmedo y caliente, pues ambos estaban sudando más y habían aumentado la salivación por el intercambio de sexo oral.
Hagámoslo…-susurró Myo.
Pero…-dijo Priscille.
No te preocupes, no pasará nada…-dijo Myo-…nos lo haremos el uno al otro…Alice lo disfrutó…y mira que tuvo que ser duro con Michelle…
¿Eh?-preguntó Priscille algo asustado.
El pene de Michelle…-explicó Myo-…es enorme. Cuesta una barbaridad hasta masturbarlo, menos mal para él que tiene unas manos gigantes…
Yo no haré tanta presión, no tengo el pene tan grande.-prosiguió Myo-Vamos, anímate, ¿quieres?
Priscille, que solía ser muy neutral en su vida sexual, decidió complacer a su amigo y probar nuevos placeres.
Está…-dijo-…está bien.
Myo agarró a Priscille de la cintura y se pegó a su espalda. Comenzó a encaramarse lentamente, buscando su ano con su glande. En el momento en el que lo encontró, comenzó a penetrar a su amigo lenta y delicadamente. Notó cómo se estremecía.
Si te duele, paro inmediatamente.-dijo Myo susurrándole al oído.
No…-dijo Priscille-…no me duele, puedes seguir…
Myo siguió penetrándolo, cada vez con mayor ritmo. Entre gemidos y cuchicheos, la temperatura en la sala aumentaba. El vaporoso velo de sudor y hormonas envolvía a los dos chicos mientras hacían el amor con la máxima delicadeza y dulzura.
¡Ahhhhhhhhhhhh!-gritó Myo en el momento del orgasmo mientras apartaba a Priscille.
El chorro de semen regó la espalda de su amigo, que se pudo apartar el pelo a tiempo.
…-Priscille jadeaba de placer y extenuación.
Notó, antes de intentar levantarse, cómo la cálida lengua de Myo lamía el amplio reguero de semen de su espalda.
Vamos…-dijo Myo-…házmelo…te gustará.  Yo lo he disfrutado mucho…
Priscille se levantó y se giró hacia Myo, que estaba aún tendido en el suelo. Al ver que la erección de su amigo amenazaba con bajar, le agarró el pene y comenzó a movérselo con suavidad, con ambas manos. A esto, Priscille reaccionó con presteza y volvió a estar erecto completamente. Myo se levantó y le dio la espalda a su amigo, quien lo cogió con ambos brazos, acariciando su pecho lampiño. Pegó su cuerpo al de su amigo. El pene de Priscille estaba justo debajo del de Myo y se rozaban y juntaban como si fuese por inercia. Al ver esto, Myo comenzó a ladear la cadera para frotar su pene contra el de Priscille, que se estremeció de nuevo y profirió un leve gemido.
Allá voy…-dijo Priscille susurrando al oído de su amigo.
Inició una lenta y torpe penetración. La primera vez que introdujo su pene dentro de su amigo sintió un placer indescriptible y desmedido, tanto que no pudo reprimir un suave gemido. Al sacarlo, ese placentero espasmo se repitió. Una vez realizada la prueba, comenzó a hacerle el amor a su amigo con lentitud, incrementando la velocidad gradual y pacientemente.
Sí…-dijo Myo-…lo haces muy bien…ahhhh…
Ante el halago de su amigo, Priscille se excitó aún más y sintió que su pene iba a explotar.
¡Voy a eyacular!-gritó Priscille.
Myo se apartó, se dio la vuelta y se dejó regar por el semen de su amigo. Priscille se agachó hacia su amigo, con los ojos fijos en su hombro izquierdo, en el que había un reguero de semen. Lo lamió y notó cómo Myo temblaba.
¿Me dejarías ducharme en tu casa?-preguntó Priscille al ver cómo lo habían puesto todo.
¡Claro!-dijo Myo sonriente-Duchémonos juntos. Me imagino que querrás irte a estudiar lo que queda de día…no te preocupes, ya limpiaré yo todo el semen del suelo…
. . .
Lunes de nuevo. En la entrada del instituto privado masculino Torikamiya, grandes cantidades de chicos esperaban la hora de pasar mientras conversaban con energía. Priscille estaba en la puerta, esperando a sus tres amigos.
¡Hola, Einstein!-saludó Michelle-¿Llevas mucho esperando?
Buenos días, Michelle.-saludó Priscille con una sonrisa-No, acabo de llegar, es que esta mañana me he despertado con mucha energía, he puesto el turbo y he estudiado el doble de lo normal…
Vaya, vaya…-dijo Michelle impresionado-¿Y eso?
Tú también lo habrías hecho en mis circunstancias. -Priscille le guiñó un ojo a través de sus gafas.
Eh…-dijo Michelle-…creo que yo habría entrenado el doble…pero bueno, en cualquier caso, ¿por qué has acelerado tanto esta mañana?
Ayer fue un día especial…-dijo Priscille.
¡Muy especial!-dijo Myo desde detrás de Priscille poniéndole una mano en el hombro.
Se sonrieron. Michelle comenzó a atar cabos.
¡No!-comenzó a reírse-¿Vosotros…
Alice llegó y saludó.
¡Buenos días, chicos!-dijo con alegría-¿Qué me estaba perdiendo?
Que Myo y Priscille…-se sonreía Michelle-… ¡qué guay!
Sí…-dijo Priscille-¿para qué esperarnos al recreo para hablarlo? Ya soy un hombre.
Yo…-Myo estaba radiante-…también.
¡Qué tres hombrecitos tan adorables tengo por amigos!-Michelle apretó a sus tres amigos contra sí.
Era necesario.-dijo Priscille-Le pedí el poder a Myo. Necesito tener fuerza para proteger a mi hermano…mis padres están lejos y tengo que cuidar de él. Nunca me lo perdonaría si le pasara algo. Además…ya que vosotros tres podíais defenderos…no quería que estuvieseis pendientes de mí…nunca ha sido mi rol ser un lastre para nadie. Quiero estar a vuestra altura.
Pues ya estamos los cuatro en igualdad de condiciones, ¿no es así?-preguntó Alice-Diría que siento curiosidad por saber cómo será tu poder, pero sería muy egoísta…más bien desearía que no tuvieses que utilizarlo nunca y que todo esto cesara…
Ya…-Priscille agachó la cabeza-…me imagino que, como todo, tendrá un fin…
No pongáis esas caras tan largas.-dijo Myo-Tenemos poder para frenar esto. ¿Qué os parece si, ahora que los cuatro tenemos capacidad, salimos algunas noches a impedir ataques?
No sé si admirarte por tu valentía…-dijo Michelle-…o aporrearte por tu temeridad. Pero, ¿qué demonios? ¡Me encanta la idea!
Ayer empecé a practicar en casa con el tema de la gimnasia…-dijo Alice-…me gustan bastante los vídeos, me produce cierta satisfacción seguirlos…supongo que, tan pronto, una evaluación de ello sería muy temeraria, pero…si vamos todos juntos…
Ahora que lo decís…-dijo Priscille ajustándose las gafas-…he estado haciendo un estudio de la periodicidad y el contexto de aparición de las mujeres que mutan. Las conclusiones se resumen, básicamente, en que tienen una percepción sensorial súper-desarrollada para la captación de hormonas masculinas. Cuando un hombre está muy excitado sexualmente, se convierte en un foco de atracción. Cuando un hombre tiene sexo, ha tenido o va a tenerlo recientemente, se convierte en un foco de atracción. En cuanto las hormonas se rebelan, el varón se convierte en un peligroso imán. Si os habéis fijado, vuestros ataques se produjeron un día después de haber tenido sexo, a excepción del caso de Myo, el cual se justifica mejor por los desajustes hormonales propios de las dudas sobre su sexualidad. Esto me hace temer que hoy se va a producir un ataque...hacia mí, concretamente.
Y, ¿por qué no hacia mí?-preguntó Myo.
Porque tú siempre has sido una persona más cercana al sexo que yo.-explicó Priscille-Por mucho que hayamos disfrutado los dos por igual, el proceso que han seguido tus hormonas no es igual que el que han hecho las mías: el mío ha requerido más energía.
¿Por qué no las atraigo yo a todas si me masturbo de manera sistemática?-preguntó Michelle.
Mis pesquisas me llevan a aducir que es porque tu cuerpo está acostumbrado a la masturbación y, aunque la disfrutes, por mucho que te diviertas haciéndolo y por fuerte que pueda ser tu orgasmo, las hormonas de tu cuerpo están…digamos que “acostumbradas” y no realizan los ciclos que atraen a las criaturas.-explicó Priscille.
Entonces…-dijo Alice preocupado.
Sí.-respondió Priscille-Hoy seré atacado. Pero no tengo miedo…he estado estudiando la fenomenología de vuestros poderes, cada uno de los picos que han experimentado y las causas de ello…y creo que sé cómo controlar medianamente sus impulsos. Además, sé artes marciales, mucha gente las subestima, pero son un gran mecanismo de defensa, incluso tan letales como cualquier pistola.
¿De verdad que no tienes miedo?-preguntó Myo.
Ahora digo que no…-dijo Priscille-…pero seguro que no me alegraré de ver la desagradable sorpresa que el destino me tiene preparada.
¿Estás seguro de que vas a poder controlar el poder?-Michelle estaba preocupado.
Casi.-respondió un nervioso Priscille-En el peor de los casos, si no lo controlo, podré dejarme llevar como hicisteis vosotros…
Parecía que el chico estaba esperando que lo atacasen de un momento a otro…
De pronto, se oyó un golpe estruendoso. Varios chicos salieron corriendo hacia la entrada del instituto.
¡CORRED!-gritó uno de ellos-¡ESA TÍA ESTÁ LOCA!
Los cuatro amigos vieron el origen del golpe: una chica morena, de cabello ondulado y no muy largo, estaba dando golpes con un bate de béisbol. Se acercaba a paso lento a los chicos. Llevaba un uniforme escolar que constaba de una chaqueta verde con ribetes negros, puños blancos y un cuello de tela hasta los hombros de color blanco con ribetes negros, una falda de tablas de color blanco, larga hasta la mitad de los muslos, medias negras que tapaban toda la pierna y zapatos marrones planos. Sus ojos eran rojizos, muy inyectados en sangre.
¡Os lo dije!-dijo Priscille-¡Y esto corrobora mi última hipótesis! ¡Creo que existe algún tipo de atracción telepática entre un hombre cuyas hormonas se han activado recientemente y piensa en un ataque y estas mujeres!
¡FUERA DE MI VISTA!-gritó la chica mientras corría bate en mano.
Priscille se puso en guardia. Myo se puso delante para protegerlo, pero Michelle fue más rápido y los adelantó a los dos. Un pequeño amago de fuego se dibujó en su mano izquierda, pero fue brutalmente golpeado por el bate en la cabeza y cayó al suelo.
¡Michelle!-gritaron sus tres amigos a coro.
Myo se lanzó a por la chica para proteger a sus dos amigos que seguían en pie. Por un momento vio destellear sus dagas en las manos, pero fue golpeado con el bate hacia arriba en la barbilla y también salió expelido.
¡Myo!-se sorprendió Priscille mientras reforzaba su guardia.
¡TÚ SERÁS EL SIGUIENTE!-gritó la chica mientras señalaba a Alice con su bate.
Corrió como una loca hacia el joven de cabello azul…
¡Ya basta!-dijo Priscille-¡He tardado demasiado en reaccionar, pero no te dejaré más oportunidades! ¡Toma ésta!
Priscille apuntó con la palma de su mano izquierda hacia la chica. Un prisma de radiante luz blanquecina y dorada envolvió a Alice, en cuyo regazo había apoyado a Michelle, de tal manera que el bate se partió al golpear la pared de dicho prisma.
¡Una barrera!-dijo Alice aliviado.
Intuyo que mi poder es el de la luz…-dijo Priscille-… ¡bienvenido sea!
Sin bajar su brazo izquierdo, hizo un movimiento con el derecho y apuntó a Myo, quien se vio bañado por una luz que curó los daños del golpe.
Dicen las mitologías que el poder de la luz puede sanar todo tipo de heridas…-Priscille demostraba su amplia cultura-… ¡curaré a mis amigos para eliminar el daño que has hecho!
El estudioso joven repitió la maniobra y curó a Michelle, quien se levantó de golpe.
Esto no quiere decir que vaya a perdonarte el haber herido a mis amigos en mi presencia…-dijo Priscille en un arrebato de valentía-¡sé cómo funciona el poder, tengo ventaja!
El chico alzó la mano derecha, creando un resplandor cegador que hizo que la chica se echase hacia atrás. Agitó el brazo y canalizó el brillo en un chorro de luz que impactó contra el pecho de su enemiga, estampándola en un árbol.
¡ME HAS ENFURECIDO!-gritó la chica mientras sus músculos temblaban-¡PREPÁRATE PARA MORIR!
Se le empezó a caer el pelo mientras su musculatura aumentaba, rasgando su ropa. Su piel se tornaba roja y escamosa y le crecían unas grandes alas membranosas a la espalda. Mientras sus senos se endurecían, sus manos y pies se convertían en garras.
¿Qué es eso?-preguntó Michelle.
Creo que es una gárgola…-respondió Alice.
¡No te dejaré que ataques!-exclamó Priscille-¡Despídete!
Priscille agitó de nuevo el brazo. Esta vez, un chorro negro salió del suelo, rasgándolo mientras avanzaba hacia la gárgola, que acabó sufriendo el impacto y cayendo de rodillas con un corte entre ambos senos.
¿No tenía el poder de la luz?-preguntó Priscille-Tal vez…tal vez mi poder sea la variación entre luz y oscuridad…de todos modos, lo único que quiero es poner fin al tormento que esta criatura está causando…
El chico volvió a hacer un movimiento con el brazo. Un rayo negro impactó contra la gárgola, retractándola.
¡Es increíble!-dijo Myo mientras se agarraba a un árbol para no salir expelido por las ondas expansivas de los espectaculares ataques de su amigo-¡Está controlando el poder como si fuera un experto!
¡No hay duda!-corroboró Michelle-¡Este chico sabe cómo hacer las cosas! ¡ÁNIMO, PRISCILLE, MACHÁCALA!
Me deja sin palabras…-comentó Alice-… ¿cuán profundo y potente es el intelecto de Priscille? Sabe hacer perfectamente algo que nunca ha hecho, que es dificilísimo de controlar y en cuya existencia nadie creería…
Este acto es por mis amigos…-dijo Priscille-…por todo lo que han hecho por mí, por su apoyo, por su cariño, por su amor, por su presencia…por todo…¡les doy las gracias salvándoles de ti aquí y ahora!
Priscille se agitó enérgicamente mientras movía las manos. Dos chorros, uno blanco y otro negro, confluyeron entre sus manos, conformando, sin duda alguna por su parte, lo que sería el arma. Estaba seguro de que ésta se manifestaría si pensaba en sus amigos con decisión.
De pronto, el joven se vio con un disco negro y otro blanco, del mismo diámetro, muy pegados el uno del otro y, a la vez, a la palma de su mano derecha. Ambos brillaban intensamente.
¿Qué arma es ésa?-preguntó Michelle extrañado, aún con el amparo de la barrera.
Un yo-yo.-respondió Priscille al verse con un fino anillo plateado en un dedo-Curioso…de pequeño, solía jugar mucho con ellos…
Con decisión, Priscille tiró el yo-yo, golpeando a la gárgola en la cara. Ésta se enfureció y, entre chillidos, alzó el vuelo para tirarse en picado en una patada doble contra el joven, sin dejar, mientras, de sangrar por el pecho.
¡Craso error!-exclamó Priscille, quien aún estaba afectado por la rabia de haber visto a sus amigos ser golpeados-¡Si mis indagaciones son correctas, la cuerda de este yo-yo tiene una longitud que, como la de la cinta de Alice, varía a placer! ¡Puedo cazarte en el aire! Es más, ¡VOY A HACERLO!
Cruzando las piernas sin darse cuenta, Priscille se irguió, estremeció todo su cuerpo en un movimiento lleno de fuerza y furia y agitó el brazo, liberando el yo-yo, que describió una voluta perfecta hasta impactar de lleno contra la gárgola, produciendo un estallido luminoso que acabó con la desintegración de la misma.
El yo-yo se desvaneció a la vez que la barrera se deshacía. Priscille seguía de pie, con los puños apretados, y mirando al cielo. Se giró a sus amigos y se ajustó las gafas.
Ese uniforme era del Hiwamori.-dijo Priscille-Ren…
Un chico salió al patio.
¡Nos acaban de dejar asomarnos a las ventanas!-dijo-No hemos visto qué ha pasado, pero temíamos por vosotros. Sólo veíamos destellos de vez en cuando. ¿Qué ha ocurrido?
Estamos bien…-dijo Michelle-…sólo era una chica que estaba borracha…la hemos conseguido echar pacíficamente…
¿Y las luces?-preguntó el chico.
Iba…-dijo Myo-…como loca haciendo fotos con una cámara muy potente. La bebida la había trastornado…
Michelle le levantó el pulgar a Myo sin que el chaval se diera cuenta.
Los profesores han decidido cortar las clases.-informó el joven que acababa de salir-Han recibido una llamada del Hiwamori: cuatro alumnas han enloquecido. Se ha acordado cerrar todos los institutos por hoy y tenemos órdenes expresas de irnos a casa. Tememos que lo de las alumnas tenga que ver con los ataques que salen en las noticias…
Priscille echó a correr.
¡Myo, Alice, Michelle, ya sabéis adónde voy!-gritó mientras se alejaba-¡Quedaos en casa!
Los tres se miraron: Priscille iba al instituto Hiwamori a buscar a su hermano.

[SSS] Capítulo 9: Aceleración

Capítulo 9: Aceleración

Cuando Alice abrió los ojos, su cabeza estaba a punto de estallar. Cientos de imágenes, palabras, recuerdos, momentos, visiones y sonidos circulaban por su memoria de manera frenética. Hacía bastante frío en otoño a la orilla del lago, pero a él no le afectaba. Recapituló. El poder del hielo despertó en él y derrotó a una forzuda y sádica nereida en un terreno favorable para ella. Se armó con una cinta de longitud variable y…acabó desmayándose. Movió un poco su mano. Dentro del bolsillo, tenía el móvil bien agarrado. Alice era más listo de lo que parecía: se dejó caer con el móvil en la mano para luego acordarse de llamar de inmediato a sus amigos. Sabía que los tres estaban ocupados en algo, y se imaginaba en qué cada uno. No obstante, sintió que Priscille tenía que ser el primero en saberlo. Marcó el número y se pegó el terminal al oído. Esperó pacientemente a que su amigo respondiese.
¡Hola, Alice!-respondió Priscille con su dulce voz-¿Qué tal? ¿Puedo echarte una mano?
Priscille.-dijo Alice nervioso-Ha ocurrido.
¿A qué te refieres?-preguntó Priscille preocupado-¿Estás bien? ¿Voy a tu casa?
No.-respondió Alice de manera tajante-Me refiero a que ha ocurrido lo que intentamos probar. Llevabas razón, Priscille. Tus indagaciones han sido un éxito.
Se oyó un golpe al otro lado del hilo. Seguramente se le habían caído los libros del espasmo al sorprendido Priscille.
¿Cómo dices?-preguntó el estudioso joven-Entonces, ¿te han atacado? ¿Cómo estás? ¿Necesitas ayuda? ¿Llamo a una ambulancia?
Me han atacado.-respondió Alice-Una niña pequeña se ha convertido en la nereida más sádica que el hombre ha podido imaginar. Pensé que iba a matarme…pero la he vencido. Quería avisarte a ti el primero para felicitarte por tu investigación.
Gracias, Alice, me alegra tu consideración.-respondió Priscille-Llamo a los demás y los reúno. ¿Dónde quieres que quedemos?
Estoy falto de fuerzas ahora mismo…-respondió Alice mientras adquiría conciencia de su pesadez muscular en esos momentos-… ¿podéis venir al parque que vosotros sabéis? Estoy en la orilla del lago. Llamaré a Myo para que no tengas que llamar tú a los dos…
Está bien, Alice, estaremos allí antes de que te des cuenta, ¡aguanta!-dijo Priscille antes de colgar.
Myo…-dijo dificultosamente Alice tras marcar el número de su amigo y esperar a que contestara.
¡Alice!-dijo Myo contento-¡Qué alegría escucharte! Estaba ya cansado de estudiar y hacer ejercicio en mi cuarto, tenía pensado llamaros para…
Myo…-repitió Alice-…ven al parque que ya sabes, por favor. Es importante. Me encontrarás en la orilla del lago. Priscille y Michelle deben de estar en camino…no puedo hablar mucho más…
¡ALICE!-gritó Myo-¡No sé qué ha pasado, pero aguanta! ¡Voy de camino!
Alice oyó cómo Myo cogía algo metálico, posiblemente las llaves. Escuchó un portazo y pasos acelerados.
¡Voy corriendo!-dijo Myo preocupado-¡Te veo en breve!
Myo colgó. Alice se tumbó en el césped y respiró entrecortadamente. Realmente era muy destructivo para el cuerpo y la mente el despertar de un poder tan grande en el interior de uno. Creyó oír las voces de sus amigos…
“¿Dónde estará?”
“¡Ahí!”
Alice rodó levemente y miró hacia el origen de las voces que creía oír para comprobar, agradecido, que no eran imaginaciones.
Michelle comenzó a correr enardecidamente. Al pasar por debajo de un cierto árbol, Priscille, que se había encaramado para buscar a Alice desde lo alto, cayó encima de él. Con su amigo en brazos, Michelle siguió corriendo todo lo rápido que pudo, atravesando el parque en menos de medio minuto.
¡Alice!-exclamó Michelle mientras levantaba el cuerpo de su amigo-¡Alice!
Lo zarandeó levemente. Priscille se agachó para estar más cerca de él y le cogió una mano.
Vamos, Alice, ya estás bien.-le dijo-Nada ni nadie impedirá que te pongas bien.
¡EEEEH!-gritó Myo desde lo alto.
Iba por la acera, justo encima de las escaleras que bajaban al parque. Intentando imitar a sus amigos, saltó para intentar caer justo a su lado, pero terminó rodando por el suelo antes de terminar la caída. Tras chocarse con un árbol, se levantó sin mediar palabra y corrió de nuevo hacia los chicos.
¿Qué ha pasado?-preguntó Myo horrorizado al ver lo débil que estaba Alice.
Alice tiene algo que contarnos.-dijo Priscille seriamente ajustándose las gafas.
Eh…-dijo Michelle-…conozco esta situación…
Ahora que lo dices…-dijo Myo.
En…-tartamudeó Alice-…en efecto. Tengo…el poder…
Lo ha atacado una nereida, al parecer.-dijo Michelle-Cuando tenía algo más de fuerza, me ha llamado para decirme que mi teoría era cierta. El poder está en el semen.
Myo y Michelle se quedaron anonadados.
Yo…-intentó explicar Alice-…he podido…manipular…el hielo…
¡Bravo, Alice!-dijo Michelle dándole una palmada en el hombro-Has derrotado a quien intentaba hacerte daño, eres todo un hombre. Estoy orgulloso de ti, amigo mío. Que nadie ose decir nunca más que eres débil…o podrás darle tú una paliza antes de que se la dé yo.
Alice esbozó una media sonrisa mientras tiritaba febrilmente entre los brazos de Michelle.
¡Felicidades, Alice, lo has logrado!-elogió Myo-Has sido muy valiente,  me alegro de que lo hayas conseguido. Además, el hielo te hace justicia…
Gra…-tartamudeó Alice-…cias…
Y gracias a ti, Priscille, por tu brillante trabajo.-dijo Myo agarrándolo del hombro-Sin ti, esto no habría sido posible.
Si no hubiera podido transmitirle el poder a nuestro amigo…-dijo Michelle mientras le agarraba el otro hombro a Priscille-…podría haber sucedido una tragedia…
Yo…-dijo Priscille-…no ha sido para tanto…
Alice se sintió un poco más fortalecido que antes, por lo que pudo incorporarse apoyándose en los grandes hombros de Michelle.
Me has salvado la vida.-dijo Alice en tono solemne-Gracias a tu trabajo desinteresado, hemos descubierto cómo defendernos de la amenaza que se cierne sobre Tokyo. Gracias a ti he podido librarme hoy de lo que, en cualquier otra circunstancia, habría supuesto mi violación y muerte...-las lágrimas afloraron de sus ojos-…tu poder va mucho más allá del que tenemos nosotros. Eres un genio.
Orgulloso y emocionado, Priscille se quitó las gafas y les limpió las lágrimas que había depositado sobre ellas.
No pensé que esto fuera a dar para tanto…-dijo Priscille-…de verdad…me alegro tanto…
Los cuatro se cogieron de las manos y respiraron en silencio unos segundos, lo suficiente como para que Alice y Priscille dejaran de llorar.
¡Está bien!-exclamó Priscille mientras se levantaba-Esto va a ser una mezcla entre celebración y necesidad urgente. Llevemos a Alice a mi casa. No podemos ir a otro sitio, me he dejado a mi hermano solo y no me gusta hacer eso.
Michelle y Myo asintieron. El forzudo cogió a Alice en brazos y echó a andar junto a los otros dos.
Es una pena interrumpir así este momento tan mágico, pero…-reparó Priscille por el camino-…ha habido más ataques. Tres hombres han muerto esta semana, y dos el fin de semana anterior. De esos cinco ataques, cuatro se han producido cerca del instituto mixto Hiwamori, al que va mi hermano menor. Tengo miedo por él…
. . .
¡Ya estoy en casa, Ren!-saludó Priscille-¡Han venido mis amigos!
Michelle, pon a Alice de pie.-susurró-No quiero preocupar a Ren.
Hola.-saludó fríamente el niño desde el salón, sin salir a saludar.
Pasad, por favor.-dijo Priscille con una sonrisa de disculpa mientras cerraba la puerta.
Myo, Michelle y Alice (caminando torpemente agarrado a Michelle) entraron al salón. Había un chico que ya conocían de anteriores visitas. Era Ren, el hermano menor de Priscille. De piel pálida y brillante como su hermano, cabello blanco y ojos rosados, Ren era la viva imagen de Priscille. Era mucho más bajo que él, tenía aún el cuerpo sin desarrollar y, aunque estaba delgado, su cuello, sus brazos y sus piernas tenían un aspecto redondeado y rollizo, propios de un niño que aún no ha terminado de formar sus músculos. Sus facciones eran muy dulces y redondeadas, y tenía  un rostro muy hermoso. Su cabello estaba cortado a cazo por detrás a ras de la nuca, y por delante le caía hasta los pectorales en dos mechones que llevaba atados con hilo negro. Tenía un flequillo recto de faraona lacio y largo hasta las cejas.
¡Buenas tardes, Ren-chan!-saludó Myo amablemente.
¡Hola, hermanito!-dijo Michelle con su habitual cariño.
Buenas…-intentó saludar Alice-…buenas tardes, Ren.
Buenas tardes.-dijo Ren apáticamente sin apenas girarse a mirarlos.
Priscille, ¿podemos ir a tu cuarto?-preguntó Myo-No sería cordial por nuestra parte molestar a Ren-chan mientras ve la televisión.
Claro…-respondió Priscille apesadumbrado-…vamos.
Al llegar a la habitación, Priscille cerró la puerta. Michelle dejó a Alice en la cama y se sentó en el suelo al lado de Myo.
No sé qué hacer con él…-dijo Priscille apenado mientras se sentaba-…quiero volver al amor que nos teníamos. Comenzó a tratarme tan fríamente cuando empecé a estudiar duro…a veces siento que me odia…
No seas tan duro contigo mismo…-dijo Myo-…está creciendo, esta volubilidad es normal a esas edades. Todo mejorará a su debido tiempo, así que no te desanimes.
Llevas razón…-Priscille asintió con pesadez-… ¿te encuentras mejor, Alice?
Sí…-dijo mientras se incorporaba para hablar-…eso creo.
Voy a traeros algo para merendar, vengo ahora mismo.-dijo Priscille mientras se ausentaba rápidamente.
. . .
¡Ren!-exclamó Priscille-¿No puedes ser un poco más amable?
No me gustan tus amigos.-respondió Ren sin girarse-Creí habértelo dicho ya.
¿Por qué?-preguntó Priscille desesperado-¿Por qué estás siendo así? ¿Qué he hecho mal?
Déjame en paz, Priscille.-respondió fríamente el pequeño.
Priscille cogió la bandeja de la merienda y volvió a su cuarto sin mediar palabra.
Que aproveche, chicos.-dijo, dejando la bandeja en el suelo.
Había un plato lleno de taiyaki y refrescos envasados de chocolate con leche de coco. Alice se bajó de la cama y se sentó torpemente. Cogió un bote de refresco y tomó un trago.  Un pequeño reguero se le salió por la comisura de los labios dada la torpeza que tenía encima en esos momentos.
¡Cuidado!-exclamó Michelle al verlo, tras lo cual lamió el chorro de refresco-No es un plato de gusto mancharse la ropa…
Oh, Michelle…-Alice se sonrojó.
Oye, Alice…-dijo Myo tras las risas por el gesto de Michelle-… ¿qué forma tiene tu arma?
Mi arma…-dijo Alice-…es lo peor de todo. Es una cinta.
¿Una cinta?-Michelle se extrañó.
Cuando apareció, pensé que era un látigo, pero no.-dijo Alice-Es una cinta de gimnasia rítmica. No es muy operativa que digamos…no tiene suficiente masa como para usarla de látigo, es muy grácil para eso…aunque parece que tiene cierta autonomía, puede variar su longitud y congelar lo que envuelva…
¡Eso es genial!-exclamó Myo-¿No decías siempre que soñabas con hacer gimnasia? ¡Es tu oportunidad, ya tienes excusa! Si aprendes a hacer gimnasia rítmica, no sólo cumplirás tu sueño, sino que aprenderás a manejar la cinta…
No quiero rodearme de desconocidos.-dijo Alice de manera tajante.
Entonces…-dijo Michelle, experto en métodos de entrenamiento de andar por casa-…entrena por tu cuenta. En casa, en tus ratos libres, tú solo. Busca material: libros, vídeos, etc. que te ayuden a practicar los movimientos. Yo puedo enseñarte a hacer todo tipo de estiramientos –le guiñó un ojo haciendo referencia a algo que ambos sabían- para mejorar tu flexibilidad en todo el cuerpo. Además, mi padre era gimnasta. Tengo sus trofeos en una vitrina, junto con los de mi madre en fútbol y natación. Puedo buscar sus grabaciones, hacía muchas actuaciones escolares cuando tenía nuestra edad.
Además…-añadió Michelle-…no tendrás que comprarte una cinta: ya tienes una. Y, si la ven tus padres, puedes decir que la has comprado para practicar en casa. No verán las propiedades que tiene.
Puedo intentarlo…-dijo Alice, quien estaba dispuesto a intentarlo para no defraudar a sus amigos-…ya os contaré mis progresos.
Priscille cambió su expresión facial de manera súbita y miró a sus tres amigos. Había tomado una decisión.
Me preocupa mi hermano.-dijo de nuevo-Ya no es sólo el hecho de que nuestra relación fraternal esté fría, sino que en el barrio donde está su instituto ha habido varios ataques. Además, en el Hiwamori hay chicas, no es exclusivo masculino como el nuestro. ¿Quién sabe si…
Ren no está solo, ¿vale?-dijo Michelle con una sonrisa tranquilizadora-Sus compañeros y compañeras de clase estarán con él y lo acompañarán por el camino, digo yo…
Sí, pero son muy pequeños…-dijo Priscille-…dudo que puedan defenderse.
Hay gente de hasta 18 años.-reparó Myo-Y, según tengo entendido, les enseñan a ser muy protectores y fraternales con los kohai. Forman verdaderas piñas.
Tranquilízate, Priscille.-dijo Alice-Tu hermano todavía no se ha terminado de desarrollar como un hombre, dudo que sea el objetivo de una de esas cosas si hay cerca de él hombres formados.
Priscille quería darles la razón. Entre conversaciones de un tema y otro, llegó la noche y cada uno se fue a su casa…
. . .
Domingo por la mañana. Eran aproximadamente las once y cuarto. Myo había estado desde las nueve estudiando. Estaba tan contento por lo claro que le había quedado un tema que se había puesto a jugar a un videojuego para celebrarlo. Un rato de descanso siempre tiene buen sabor.
Sonó su móvil. Pulsó el botón de pausa y lo cogió. Vio que era Priscille, por lo que descolgó rápidamente.
Buenos días, Priscille.-saludó Myo.
¿Myo?-preguntó Priscille entrecortadamente-Buenos días. ¿Puedo pasarme por tu casa un rato? Quiero que me pases el poder.
¡Claro!-dijo Myo sin reparar en la segunda parte de su petición-Espera… ¿qué?
Me sabe mal pedírselo a Alice por su convalecencia…-explicó Priscille-…y tampoco quiero agotar a Michelle con todo el entrenamiento que tiene encima... ¿podríamos hacer juntos…lo que fuere que hiciste con Michelle?
Está bien.-dijo Myo-Haré lo que sea para ayudarte, pero, ¿estás seguro?
No quiero tener que depender de vosotros si algún día corro la misma suerte.-dijo Priscille-No quiero ser una carga. Y quiero un aval que me garantice que puedo luchar por Ren. Además, vamos a disfrutar con ello, ¿verdad? Bueno, nunca lo he probado y ya sabes que mantengo una postura totalmente demisexual, pero…no me importa si es contigo.
Bien pues.-dijo Myo-Me alegra que tengas las ideas claras. Ven cuando quieras, te espero aquí…e intentaré que lo pasemos lo mejor posible.
Lo mismo digo.-respondió Priscille nervioso-Bueno, nos vemos ahora, ¿vale?
¡De acuerdo!-dijo Myo con ánimo.
Colgaron el teléfono. Myo no necesitaba tener una vista de lince para leer la fuerte erección que se dibujaba en sus negros pantalones. Continuó jugando hasta que escuchó el timbre de la puerta. Volvió a pausar el juego y se levantó para abrir. Como esperaba, era Priscille, que sonreía nerviosamente.
Hola, Myo…-saludó Priscille.
¡Hola!-saludó Myo con una sonrisa de confianza para intentar calmar a su amigo-¡Pasa, vamos!
Con permiso…-se excusó Priscille mientras entraba y cerraba la puerta tras de sí.
Ninguno de los dos supo qué decir.
Sé lo que he venido a hacer aquí…-se aventuró Priscille-…y creo que no me retracto, pero…no sé…cómo empezar.
Priscille veía claras complicaciones. Tanto Myo como Alice lo habían hecho con Michelle, quien no tenía tapujos ni problemas a la hora de abordar el sexo, pero él era diferente…y Myo era lanzado a su manera, aunque no tanto como Michelle. No obstante, su amigo Myo era abiertamente gay, por lo que confiaba en que supiera encauzar la situación.
Tranquilo, Priscille…-Myo le puso una mano en el hombro. Cada día estaba más orgulloso de haber dicho en voz alta que era homosexual-…no estés tenso. Te digo, desde la voz de la experiencia, que no te arrepentirás…
Sin aguardar una respuesta, Myo besó a Priscille en la boca con mucha delicadeza y lentitud. Mientras jugaba con su lengua, lo abrazaba y acariciaba su cuerpo, más grande que el suyo propio.
…-Priscille no sabía si quería decir algo o no, aunque no tenía más opción que callar, pues la lengua de Myo estaba en contacto con la suya.
Finalmente, Priscille se apoyó en los brazos de Myo y se separó de él. Un reguero de saliva pendía de su boca, y tenía las gafas descolocadas. Con una sonrisa, Myo se las quitó.
¿Ves bien?-le preguntó.
Sí…-respondió Priscille de manera mecánica-…mi miopía es leve.
Me alegro.-respondió Myo mientras alargaba su brazo hacia el vientre de Priscille.
El chico empezó a sentir escalofríos conforme Myo lo tocaba. Sin darle tiempo a reaccionar, su algo más experto que él amigo comenzó a quitarle la ropa. Una vez lo hubo dejado desnudo de cintura para arriba, se quitó la bufanda y la camiseta. Acto seguido, se desabrochó los pantalones y se bajó la cremallera. Tras ello, se agachó y comenzó a quitarle, con lentitud, las estilizadas botas a su amigo. Después, le quitó el pantalón poco a poco y terminó por quitarle los calcetines. Priscille se encontraba en ropa interior delante de Myo. Sus bóxers eran negros con un pentáculo rosa dibujado en el centro. No notaba ningún indicio de excitación.
¿Tienes frío?-preguntó Myo amablemente-¿Enciendo la calefacción?
No, gracias…-respondió Priscille-…estoy bien.
¿Para qué encender la calefacción cuando va a desplazarse un gran calor en breves instantes?-pensó Priscille entre su cohibición.
Myo se sentó en una silla y comenzó a desatar los cordones de sus enormes zapatillas. Cuando las dejó en el suelo, colocó sus calcetines encima de ellas y, finalmente, se quitó los pantalones, quedando también en ropa interior.
Ya estamos listos, ¿no?-preguntó Priscille.
Myo asintió y se acercó a su amigo con suavidad. No le daba ningún pudor que Priscille viera su erección. Ya sabían todos que era gay y, lo que era más, le iba a mostrar el pene en breves instantes, así que, ¿para qué preocuparse o avergonzarse? Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para notar el calor corporal de Priscille, alargó su brazo y acarició, por encima de la ropa interior, la entrepierna de éste, que emitió un leve gemido y se puso tenso.
Relájate…-dijo Myo-…no soy tan bueno como Michelle para estas cosas, pero te prometo que estarás bien conmigo. Pararemos si así lo quieres.
No…-dijo Priscille-…adelante, sigamos. Tengo que hacerlo por el bien de todos, y… ¿quién sabe? Podría acabar…gustándome…
Pruébalo entonces.-dijo Myo con dulzura.
Le cogió una mano a Priscille y la llevó hasta su endurecida entrepierna. Al contacto de su mano con el pene de Myo, aunque hubiese tela de por medio, Priscille se estremeció. Comenzó a mover la mano con suavidad, concentrándose en pensar lo que haría si se estuviera masturbando él solo. Tras un torpe incio, Myo se quitó los bóxers, mostrando su erecto pene.
Yo…-dijo Priscille sonrojado.
No te preocupes…-dijo Myo en tono amable mientras se retiraba el prepucio-…no pasa nada, de verdad. Estamos entre hermanos, podría decirse.
Priscille dudó.
Venga, te echaré una mano. -Myo seguía sonriendo para calmar a su amigo.
Le quitó la ropa interior y observó su pene, aún flácido. Por un lado era una ventaja que no fuera tan enorme como el de Michelle, ya que eso lo haría más manejable, pero, por otro lado, le preocupaba que su amigo no estuviese disfrutando, por lo que lo empezó a masturbar con suavidad y apretando poco con la mano.
…-Priscille suspiraba.
¿Te encuentras bien?-preguntó Myo-¿No quieres que sigamos?
Adelante.-dijo Priscille-Por mucho que me veas dudar o retractarme, tengo que tener el poder. Lo necesito para proteger lo que me importa. Y no quiero dejarte a medias tampoco…ya no hay vuelta atrás. Aunque me veas flaquear, hazme lo que tengas que hacerme.
¿Siempre tardas tanto en llegar a la erección?-preguntó Myo mientras observaba el pene de Priscille, aún sin endurecer, aunque un poco más caliente.
Es normal en mí…-dijo Priscille-…no suelo ser tan abierto sexualmente como los demás, y no suelo masturbarme con mucha frecuencia.
No te preocupes…-dijo Myo-…tenemos todo el día.
Oye…-dijo Priscille-…tampoco quiero hacerte perder el tiempo, y tú sí que estás excitado. Para llegar al poder sólo tengo que beber de tu semen, así que, ¿por qué no lo hacemos directamente y te olvidas de mí?
No seas tonto, anda. -Myo sonrió-Tienes que disfrutar. Lo disfrutarás, como que me llamo Myo Shimazu.
Le levantó el pulgar a su amigo, tras lo cual lo agarró de los hombros y lo llevó al suelo con él.
¡Tengo una idea!-respondió Myo-Seguro que Michelle conoce esto sobradamente…aunque yo también lo he visto bastantes veces.
¿Qué…-preguntó Priscille mientras su amigo lo tumbaba.
Esto te excitará, ya lo verás.-dijo Myo mientras se cambiaba de orientación y, en vez de quedarse frente a frente con Priscille, se quedó mirando su pene y acercando el suyo propio al rostro de éste.
Volvió a agarrarle el pene. Seguía estando blando y suave, pero se notaba un poco más rígido que antes.
Ya entiendo…-dijo Priscille notando cómo entraba en calor.
Tímida y torpemente, cogió el pene de Myo con sus manos y comenzó a acariciarlo. Estaba un poco húmedo, lo que significaba que el chaval estaba muy excitado.
Poco a poco, ¿de acuerdo?-Myo animaba a Priscille-No tienes por qué ir al mismo ritmo que yo, hazlo como puedas, ¿de acuerdo?
Sin mediar más palabras, retiró, sin dificultades, el prepucio de Priscille e introdujo su pene en su boca. Era la segunda vez que hacía una felación, y era todo lo contrario a la primera. Un pene enorme y duro como un obelisco frente a uno de tamaño promedio y flácido. La sensación de tenerlo flácido dentro de su boca era distinta y, en cierto modo, excitante. Notó algo de humedad entre sus piernas.  Priscille había comenzado también a lamer su pene, haciendo movimientos con la lengua como él pensaría que sería placentero. Mientras tanto, Myo realizaba todo tipo de maniobras con su lengua a la vez que notaba calor en su boca: se iba formando la erección en Priscille. Cuando el pene de su amigo estuvo completamente erecto, se lo sacó de la boca para hablar.
¡Guau!-dijo Myo-¡Ya está!
Priscille miró a Myo sin soltarle el pene con una mano.
¡Míralo!-exclamó Myo contento-¡Se ha hecho mucho más grande! ¡Ahora podremos disfrutar!
El pene de Priscille había crecido todo lo que podía. Era un poco más largo que el de Myo y aproximadamente del mismo diámetro. Entusiasmado, Myo volvió a introducirse en la boca el pene de su amigo, determinado a hacerlo disfrutar. Priscille intentó hacer lo propio, no sin dejar de temer atragantarse. Era la primera vez que tenía un pene en la boca y se lo había introducido por completo. La textura, la temperatura, la humedad, el sabor…era un cúmulo de nuevas sensaciones que, al contrario de lo que él temía, no le estaban resultando desagradables ni mermaban sus ganas de continuar. Mientras se concentraba en las nuevas sensaciones que experimentaba, se retorcía de placer. También era la primera vez que le hacían una felación. Sentía un calor, una excitación, un placer, unos ramalazos de morbosidad que sacudían su cuerpo…impulsos nerviosos de gran intensidad elevándolo al séptimo cielo.
¡Ahhhh!-Priscille profirió un grito agudo.
Su pene se convulsionaba una y otra vez. En cada convulsión, notaba cómo soltaba un cálido chorro de semen a presión cuyo roce le estimulaba el glande sobremanera. Incapaz de contenerse, terminó soltándolo todo en la boca de su amigo, que derramó un poco por el suelo por no poder tragarlo todo. Rápidamente, su erección comenzó a bajar. Myo se sacó el pene de la boca y comenzó a jugar con él con sus manos. Estaba caliente, húmedo, impregnado en semen y ya muy blando y suave.
¿Lo has disfrutado?-Myo, a quien le chorreaba un poco de semen y de saliva por los labios, le guiñó un ojo a su amigo.
Priscille miró al techo mientras sentía el tenue y agradable placer de las manos de Myo jugueteando con su pene.
Sí…mucho…-Priscille sonrió como si hubiera descubierto un nuevo mundo-…ahora me toca compensarte. Espero que te guste…
Priscille engulló el pene de su amigo e intentó imitar, de memoria, los movimientos de lengua de Myo, cuyas caderas temblaban. Giró los ojos para mirar su cara, en aquellos momentos de éxtasis. Mientras Priscille le hacía aquella dulce felación, el joven de pelo verde movía hacia atrás y hacia delante el prepucio de su amigo, haciéndole cosquillas en los bordes laterales del glande y en la zona del frenillo. Tras unos minutos, Myo estaba colorado y no podía concentrarse ni en jugar con el pene de Priscille…hasta que eyaculó con fuerza mientras se deshacía en un estridente gemido.
…-Priscille notaba cómo su boca se inundaba y sintió la necesidad de gemir, pero no podía abrir la boca o derramaba el semen de su amigo, precisamente lo que había ido a buscar.
No era el momento de dudar. Se lo tragó todo. Estaba bastante caliente y le dejó la boca muy húmeda. Tenía un sabor muy peculiar, pero no lo desagradó. Tras sacarse el pene de Myo de su boca, Priscille habló.
Ya está…-dijo-…podré luchar…por mi hermano…y por…vosotros…
Intentó estimular un poco el pene de su amigo con las manos, pero éste se apartó levemente.
No te preocupes, ya es suficiente.-dijo Myo-Descansa…
¿Te importa…-preguntó Priscille-…si me quedo aquí un rato? Necesito quedarme tumbado…me encuentro exhausto.
Adelante, como en tu casa.-dijo Myo.
Priscille asintió y se quedó en el suelo. Se sentía tan cálido, tan satisfecho, tan a gusto y tan feliz con su amigo…que se quedó dormido allí, desnudo, en medio del suelo. Myo no dudó en tumbarse a su lado y acostarse junto a él, abrazado a su cuerpo, para que no se enfriase.