lunes, 8 de febrero de 2016

[TY] Episodio 76: Con tacones y a patadas

TAIMANIN YAMIYUKI
Episodio 76: Con tacones y a patadas

En el feroz intercambio de golpes y amenazas en el que se había convertido aquella noche, Hagane y Émile se habían separado de sus respectivos grupos, quedándose solos y frente a frente.

Parece que esta noche es la definitiva.-comentó Émile-¡Es la noche de cazar Taimanin!

¿Seguro que no es la noche de cerrar bocas de soldados fanfarrones y pomposos?-preguntó Hagane.

Veamos si te queda algo de filo en esa lengua tan puntiaguda cuando acabe contigo esta noche.-insistió el soldado-¡El Reino de Tokyo es demasiado pequeño para dos divas!

Sólo una persona puede llamarme así, princesita.-Hagane se mostró amenazador-Y no eres tú.

¡Oh!-se sorprendió el soldado-¿He tocado una fibra sensible?

En absoluto.-respondió el ninja-Sólo has utilizado una palabra con la que únicamente me designa una persona que significa mucho más para mí de lo que tú podrías llegar a comprender.

El chico recordó la gran cantidad de veces que Kuroageha lo había llamado “diva”. Para él, el ser llamado así le recordaba a los grandes momentos de felicidad que había compartido con sus amigos, y también le hacía pensar en todos los que les quedaba por vivir, unidos como siempre habían estado. No quería bajo ningún concepto que un enemigo como Émile manchara esa palabra.

Hmmm…-murmuró Émile mientras jugueteaba con su larga melena-… te llamaré como me dé la gana. Al fin y al cabo, esta noche vas a oler la fragancia de tu derrota.

Émile se mantenía erguido y orgulloso frente a su contendiente. Más que estar en guardia, se estaba exhibiendo. Se mostraba provocativo: con una mano jugaba con su melena y la otra la tenía apoyada en la cadera. Cruzaba su pierna izquierda por delante de la derecha, apoyando sólo la punta del pie, dejando ver sus tacones, así como los bazookas que tenía a ambos lados de la pierna. En las manos se veían sus frascos de perfume bien llenos y reluciendo con la luz de la Luna.

¿Seguro?-lo provocó Hagane mientras abría sus abanicos y se colocaba en guardia.

¡Totalmente!-respondió Émile-¡Prepárate para combatir!

Con la pierna que tenía adelantada, el soldado lanzó una patada alta al aire, elevando su extremidad hasta rozarla con el extremo de su nariz. Esto levantó una gran cantidad de polvo hacia el Taimanin, quien no tardó en disiparlo con los abanicos.

Jugando sucio desde el principio, ¿eh?-el Taimanin hablaba con tono provocativo.

¡Voy a pelear como un hombre!-respondió el militar-¡Nada de jugar sucio!

Mientras Hagane alejaba el polvo para evitar que le entrara en los ojos y en la garganta, Émile lanzó una hermosa y brutal patada giratoria aérea. El Taimanin se dio cuenta y la paró golpeando con la parte roma de un abanico el pie que amenazaba con impactar contra él.

Mi Taekwondo no es moco de pavo.-advirtió Émile-No creo que tus enclenques brazos puedan parar mi fuerza mucho más tiempo.

Habló el campeón de culturismo.-respondió Hagane con sorna-No tienes un gramo de músculo, sólo te vales de la elevada masa de las armas que llevas ceñidas a las piernas.

El resultado final es el que yo quiero de una manera o de otra, ¿no es así?-insistió el soldado mientras trataba de saltarle a Hagane el abanico con el que lo estaba bloqueando.

No si yo puedo hacer algo para impedirlo.-lo rebatió el Taimanin-¡HAAAAAAAH!

El ninja empujó con su abanico y, finalmente, logró alejar a Émile de él. Éste, sin rendirse, trató de acertarle con otra patada, pero recibió otro bloqueo, esta vez con una patada: los dos jóvenes chocaban sus piernas como espadachines que cruzan aceros.

Bonitos tacones.-comentó Émile haciendo un breve gesto con el mentón hacia el pie que Hagane tenía levantado-¿Dónde te los has comprado?

Forman parte de mi uniforme de combate y no se venden a particulares.-respondió Hagane-Tus botas tampoco están nada mal… ¿o es que quieres hacer un intercambio? ¿Cuánto calzas, reina?

¿De pie?-preguntó el soldado con una sonrisa lasciva-¿O de…

Lo siento, no me interesa ese rollo.-respondió Hagane muy cortante-¡Piérdete!

Hagane se agachó, retiró su pierna, giró sobre sí mismo y lanzó un barrido con la otra pierna, golpeando el tobillo del pie que Émile tenía apoyado y logrando que cayera al suelo.

¡Craso error!-exclamó el soldado-¡Voy a remodelar ese maquillaje que llevas! Jambes Explosives!
(¡Piernas explosivas!)

Émile levantó las dos piernas y disparó los cuatro bazookas a la vez. Rápidamente, Hagane se apartó con dos volteretas hacia atrás, observando la trayectoria de los proyectiles explosivos hacia el cielo.

Me gusta mucho mi maquillaje, gracias.-dijo Hagane-No invierto mi tiempo cada mañana para nada.

No habría sido para nada.-comentó Émile levantándose-¡Habrías estado muy guapo para recibir a la muerte!

El que penséis que podéis derrotarnos niega tajantemente la edad que tenéis.-respondió el Taimanin-¡Ni a un crío se le ocurrirían semejantes ideas descabelladas!

Ya lo veremos. La noche es joven y aún queda mucha por delante. En garde!-el soldado contestó con energía.
(¡En guardia!)

Levantó sensualmente una pierna y apuntó a Hagane con ella. Volvió a lanzar su ataque Jambes Explosives, esta vez agitando ferozmente la pierna como si lanzara una sarta rápida de patadas al aire. Decenas de proyectiles explosivos de gran tamaño volaron hacia el Taimanin amenazadoramente.

Ninpô – Fuuton no Jutsu! Kamaitachi!-exclamó el Taimanin.
(¡Arte ninja del viento! ¡Viento Cortante!)

El chico dejó salir una corriente de aire afilado que cortó los proyectiles que disparó su contendiente, haciendo que explotaran en el aire. Las  ondas expansivas de las explosiones empujaron fuerte y dolorosamente a ambos.

Al menos me he ahorrado una muerte segura.-pensó Hagane.

¡Mierda!-bramó Émile-¡Tengo que recargar!

Aprovechando el humo de las explosiones, el soldado trató de alejarse del campo de batalla, pero Hagane, que lo había oído, se había puesto en marcha para impedírselo.

¡Esas cosas no se dicen en voz alta, señorita!-gritó el Taimanin-¡Das ventaja estratégica a tus oponentes!

¡Maldita sea!-gruñó el soldado mientras veía a Hagane caer desde el aire frente a él.

¡No vas a ir a ninguna parte!-amenazó el chico de ojos verdes mientras mantenía sus abanicos bien abiertos.

Lanzó entonces una feroz combinación de cuchilladas con ambos abanicos. Como si fuese un bailarín, el Taimanin se movía ágil y certeramente, dejando a Émile con la única opción de bloquear los golpes con sus bazookas o esquivarlos.

Si esto sigue así, va a acabar rompiéndome los cañones.-pensó Émile-Una patada, ¡sólo una patada!, y lo lanzaré lejos de mí para evitar que eso suceda. Tengo que ser rápido y artero, pero, si fallo… ¡me manda al hospital!

¿No era tan joven la noche?-preguntó Hagane con aire provocativo-¡Te veo con pocas ganas de festejarla!

¡YAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!-gritó Émile con su voz dulce y afeminada.

Giró elegantemente sobre sí mismo y golpeó a Hagane en el abdomen con la bola del pie derecho, alejándolo de él.

¡Es hora de darle una lección!-pensó el soldado-¡Una lección por su insolencia!

¡HAAAAAAAAI!-el soldado continuó su ataque.

Acertó en el cuerpo de su enemigo con la palma de la mano, concretamente debajo de su esternón, obligándole a abrir la boca para soltar el aire.

¡Agh!-boqueó el Taimanin.

Los ojos se le habían humedecido levemente por el atragantamiento con el aire dentro de su cuerpo, pero no lo suficiente como para no ver la verdadera intención de aquel golpe de palma: la mano de Émile estaba ahora muy cerca de su cuerpo, haciendo que también lo estuvieran todos los frascos que la rodeaban.

Canon de Parfum!-exclamó el soldado en perfecto francés.
(¡Cañón de perfume!)

Roció a Hagane con sus líquidos aromáticos empleando varios frascos a la vez.

¡Qué bien huele!-pensó Hagane, quien no había podido evitar la penetración de las partículas suspendidas por tener la boca abierta-No obstante, esos líquidos no son simples esencias. Ahora mismo huelo a canela porque reconozco ese olor, es una especia muy común en la cocina, pero, ¿hasta qué punto será esencia de canela con lo que me ha rociado? ¿Quién me dice que no son toxinas perfumadas?

Émile se sonrió y, tras guiñarle un ojo al Taimanin, lanzó una patada giratoria inversa, golpeándole en la cabeza y haciendo que cayera al suelo. Entre una mezcla de aromas de canela, limón, naranja y jengibre, Hagane se extrañó.

Esta mezcla de olores que hace que el campo de batalla parezca un horno con una tarta dentro me está sentando fatal.-pensó el Taimanin-¡Menuda patada me ha soltado el hijo de puta! Y la estaba viendo perfectamente…

El Taimanin miró con asco a Émile.

Has reducido mis reflejos, ¿verdad?-preguntó.

Es una de las miles de cosas que puedo hacer con mi aromaterapia especial.-se jactó el soldado-Si has tenido problemas para esquivar una patada y te la has acabado tragando, ¡imagínate lo difícil que te será esquivar un proyectil demoledor!

Émile disparó un explosivo con la pierna en cuyas armas seguía teniendo munición, pero Hagane movió un abanico y, gracias a su poder del viento, creó una fortísima corriente que hizo que el proyectil volviera contra su dueño. Impactó en un muro, pero parte del fuego y la onda expansiva golpearon al soldado.

¡ARGH!-gruñó Émile mientras se incorporaba.

Vio que Hagane se había alejado mucho de él.

¿Te acobardas?-preguntó el soldado.

Sólo me voy lejos del olor.-explico Hagane-No soy un suicida.

No había que ser muy listo para inferir que estos líquidos no son simples emisores de olor, sino drogas perfumadas.-pensó Émile-No obstante, el hecho de que lo sepa no lo va a hacer menos vulnerable tras el alcance.

Es una lástima para ti que pueda regular la presión de los pulverizadoras para llegar hasta ti estés donde estés.-dijo Émile con tono amenazador-¡Chúpate ésta!

El joven soldado disparó un chorro a alta presión, llegando hasta el Taimanin, cuyos ojos comenzaron a lagrimear fuertemente.

¡Joder, cómo escuece!-pensó Hagane-¡No voy a poder defenderme así! ¡Mierda!

¡Empiezas a tocarme la moral!-gruñó el Taimanin.

Hagane lanzó sus abanicos horizontalmente. Se abrieron formando ruedas cortantes y volaron amenazadoramente hasta Émile, quien aprovechó el desequilibrio de su contendiente para acercarse a él corriendo y atropellarlo con un brutal rodillazo tras el cual desencadenó una tempestuosa combinación de patadas.

¡Toma esto, damisela!-gritó Émile con suficiencia-¡Jódete!

Las patadas del soldado se hacían particularmente dañinas por el peso añadido que suponían los cuatro bazookas. Desprovisto de sus abanicos, Hagane sólo podía cortar aquella cadena de patadas bloqueando con alguna de sus extremidades.

Me va a romper un hueso si bloqueo una patada así con los brazos o con las piernas.-pensaba Hagane mientras hacía acopio de fuerzas para resistir el dolor-Sólo me queda atizarle una buena.

Con los ojos cerrados, Hagane agarró el tobillo de Émile en una de las patadas, giró sobre sí mismo y aprovechó la fuerza del giro para lanzar a su contrincante contra el suelo. Tras esto, se le subió encima y le golpeó en el centro del pecho con un fuerte puñetazo. Acto seguido, saltó y rodó por el suelo, alejándose del lugar donde estaban las partículas de líquido en suspensión que le irritaban los ojos.

Mis abanicos…­-pensaba mientras tanteaba el suelo con las manos-… ¿dónde coño están?

Estando lejos de la nube aromática, las lágrimas de Hagane podían terminar de arrastrar los residuos y limpiar sus ojos definitivamente para que dejaran de escocerle. Mientras sentía que la molestia remitía poco a poco, terminó por encontrar sus abanicos en el suelo e, instintivamente, los cerró y formó un aspa con los espadines donde hacía unos segundos estaba su espalda. El golpe que sintió le hizo entender que su predicción era acertada: Émile había lanzado una fuerte patada, pero el intento de agresión fue frustrado.

Vas a pagarme cada patada muy cara.-dijo el Taimanin abriendo finalmente los ojos y notando que ya no le escocían-Ninpô – Fuuton no Jutsu! Sakura Kagetsu!
(¡Arte ninja del viento! ¡Temporada de Cerezos!)

Elegantemente, Hagane saltó hacia Émile y le pasó de largo mientras con las manos obraba un sello ninja. Cuando le dio la espalda, terminó el sello y desencadenó un viento rosado que, arrastrando brillantes pétalos de cerezo, envolvió al soldado en una impactante explosión de fuerza, haciéndole caer de rodillas.

Ninpô-Fuuton no Jutsu!-continuó Hagane mientras apretaba un puño.

¡Bastardo!-bramó Émile mientras se giraba de nuevo hacia el Taimanin y le apuntaba con sus frascos-¡Te mataré! Canon de…

Fuuseiken!-gritó Hagane.
(¡Puño del Viento!)

…Parfum!-exclamó Émile a la vez.

Hagane lanzó un puñetazo al aire, dejando salir de su puño un poderoso chorro de viento concentrado. A su vez, Émile dejó salir una serie de chorros de sus frascos. El chorro de viento impactó contra el esternón del soldado, lanzándolo por los aires y haciendo que se deshiciera en un grito de dolor. Sin embargo, al estar tan concentrado en una dirección, ese viento no pudo desviar los perfumes que el militar había disparado, por lo que Hagane contuvo la respiración y se alejó.

Je…-rió Émile mientras yacía en el suelo-… ¡JAJAJAJAJAJAJAJA!

¿De qué te ríes?-preguntó Hagane mientras se alejaba de la nube perfumada.

¿No te sientes húmedo?-insistió el soldado.

¿Qué demonios…-Hagane reparó en su piel.

Aquella mezcla se le había pegado a la piel. Emitía un fuerte y apetitoso olor especiado, pero algo le decía al chico que no la mezcla no era algo era tan bueno como su olor podía dar a entender.

Como sé que sois chicos muy listos…-explicó Émile mientras se incorporaba-…decidí diseñar esta mezcla para mi arma. Se pega a la piel y se absorbe, surtiendo efecto sin necesidad de respirarla o tragarla, haciéndola ineludible una vez se ha vertido en el campo de batalla. Te preguntarás para qué quiero que sea tan persistente, y la explicación es sencilla: ¡es ALTAMENTE TÓXICA y la más letal de mis mezclas! ¡Tienes los minutos contados! ¡El veneno te poseerá silenciosamente sin causar ningún dolor, ninguna molestia ni ninguna bajada de rendimiento, pero te matará sin que te des cuenta!

¡Maldito enfermo!-bramó Hagane, entendiendo el peligro que lo rodeaba.

Tranquilo, soy médico.-dijo Émile-Te trataré bien. El deber de un médico es alargar la esperanza de vida de las personas, así que voy a asegurarme de que tus últimos minutos de vida se hagan eternos. ¡Es la hora de que sufras, Hagane Kurobara!

Voy a joderte vivo, majadero, ¿me oyes?-lo amenazó Hagane, tras lo cual se sorprendió al ver lo que hacía su contendiente-¿Qué cojones haces? ¿Te estás despelotando?

¡Te voy a mostrar lo buen médico que soy!-respondió Émile con una sonrisa de falsa cordialidad.

No quiero que me enseñes tu inyección.-dijo Hagane con humor ácido.

Es algo mucho mejor.-insistió el soldado-¡Uniforme fuera!

Lanzó su ropa por los aires. Debajo llevaba una camisa de manga corta de color blanco entallada y con una cruz roja dibujada en el lado derecho del pecho, unas mallas blancas muy ajustadas que dejaban ver sus tobillos y unos zuecos de tacón, también de color blanco. Se había arrancado las cintas que llevaba en el pelo y las había sustituido por una cofia blanca con una cruz roja. En las manos se había puesto unos mitones blancos. Chasqueó los dedos y sus cuatro bazookas comenzaron a vibrar, flotando hasta colocarse en su espalda, ocultos tras su larga melena, donde se transformaron y se recombinaron.

¿De qué va esto?-preguntó Hagane, quien, como Émile había dicho, se sentía perfectamente a pesar de estar envenenado.

Me he querido mostrar con mis mejores galas para tus últimos momentos de vida.-explicó el soldado.

Sin más explicaciones, saltó muy alto y, describiendo una hélice girando sobre sí mismo, cayó encima de Hagane con una patada de talón que éste trató de bloquear juntando sus dos abanicos. Al no llevar los bazookas en las piernas, la carga que tenía que vencer era mucho menor, pero aquella patada era especialmente devastadora. Aunque mitigó notablemente el impacto, Hagane vio sus abanicos vencidos y se llevó un golpe con la fuerza residual de aquel talonazo.

¡YAAAAAH!-gritó Émile.

Con una patada giratoria, el militar golpeó al ninja en la cara, dejándolo arrodillado en el suelo.

¡Escoria!-el soldado se regodeaba-¿De verdad pensabas que podías vencerme?

Este tío es un guerrero formidable.-pensó Hagane-No lo olvidaré después de matarlo…

Para sorpresa de Hagane, Émile se llevó una mano a la espalda y de ella sacó un florete negro que emitía una luz que cambiaba de color. Este florete iba unido a su espalda con un cable.

Además de ser graduado en Medicina con la mejor nota de mi promoción y cinturón negro de Taekwondo, estudié esgrima en la academia militar con la mismísima Ederika Schroden.-se jactó Émile-No tienes ninguna posibilidad de vencer las artes combinadas de la espada de Ederika con mis conocimientos médicos. ¡Lo llamo el estilo Schroden-Delacroix!

¡Deja la palabrería y pelea si tantas ganas tienes de exhibir tus artes!-bramó Hagane mientras se lanzaba de nuevo a por su oponente.

Émile manejaba el florete con gran maestría. Sus estocadas podían parar los abanicos de Hagane, pero sólo tenía un arma, frente a su oponente, que tenía una en cada mano. Esto hizo que el intercambio de golpes acabara con la ventaja de Hagane, quien logró golpear repetidas veces a Émile, aunque sin poder llegar a hacerle un corte.

Este florete es especial, no sirve sólo para la esgrima.-explicó Émile-¡La luz que emite ioniza el perfume que le llega desde el cable y me permite usarlo como un sifón tóxico!

Así que ese cable no sólo transmite electricidad para alimentar el haz luminoso, sino que también tiene un tubo de conducción de líquido.-asimilaba el Taimanin-Serán dos cables recubiertos como uno y, en ese caso, si lo corto, lo joderé por partida doble. Gracias por revelar tus secretos.

Con artísticas volteretas, Émile se alejó de Hagane y comenzó a lanzar estocadas y a ejecutar elegantes maniobras en el aire, liberando chorros de líquidos tóxicos mientras lo hacía. A caballo entre líquido pulverizado, gas y plasma, los fluidos se movían como si fueran el chorro de un sifón, regando con rapidez el campo de batalla. Con el calor que aportaba la luz, los perfumes liberaban su olor con mucha más rapidez e intensidad, llegando antes a Hagane, quien trataba de desviar todos los chorros con ondas de viento.

No puedo estar así mucho más tiempo…-pensó Hagane-…no noto molestias, pero noto que algo invade mi cuerpo. ¡Este veneno no era un farol!

¡Voy a darte algo de lo que no podrás escapar!-amenazó Émile-¿Estás preparado?

De la espalda del chico rubio comenzaron a salir cables que empezaron a hacer dibujos y a sostenerse con rigidez colgando de su espalda. Tras el despliegue, los cables quedaron montados con la forma de las alas de una libélula que se encendieron con luces de colores, exactamente igual que el florete.

¡Muere!-gritó el soldado.

Batió sus alas artificiales, liberando una gran cantidad de chispas y chorros de perfume a la vez que acompañaba con el florete, lanzando elegantes chorros como latigazos. El Taimanin se vio superado por aquel ingente ataque y voló por los aires del impacto, sintiendo gran dolor por las chispas. Los líquidos parecían actuar como intensificadores del dolor. Al caer, Hagane notó algo que lo aterrorizó.

¡Me van a explotar todas las vísceras en cadena!-pensó Hagane aterrorizado-¡Tengo que hacer algo! ¡No puedo morir aquí!

Hagane pensó. Podrían ser sus últimos segundos de vida si no hacía algo. Recordó todas las reacciones químicas que podían suceder en el cuerpo de una persona, todo lo que había estudiado como biólogo. Una idea le vino a la mente.

Ninpô – Fuuton no Jutsu!-exclamó.

¿Vas a intentar atacarme antes de morir?-preguntó el soldado-Puedo ver en tus ojos que ya lo notas: tu vida se está acabando.

Sin hacer caso a las palabras de Émile, Hagane se atravesó a sí mismo con la energía espiritual del viento para manipular todo el aire que había en su cuerpo.  Condujo las toxinas con chorros de aire lejos de sus vísceras y las movió hacia zonas de expulsión, todo ello causándose un inmenso dolor.

¡AAAAAAAAAGHHH!-gimió.

De su nariz empezó a brotar sangre entremezclada con hilos blanquecinos. Acto seguido, regurgitó un chorro de un líquido desconocido mezclado con sangre.

Joder…-dijo el Taimanin entre jadeos-…casi no lo cuento… ¡pero lo he conseguido!

¡Mierda!-bramó Émile mientras daba un sonoro pisotón-Según mis cálculos, tendrías que haber muerto hace diez segundos.

Y habría muerto si no hubiera hecho salir de mí tu mierda de mezcla.-respondió Hagane-Qué puto dolor, macho, ¡qué puto dolor! He sentido fuego recorriendo mis venas, casi me desgarro varios músculos y por poco me explota el corazón… pero ya no siento absolutamente nada relacionado con tu envenenamiento, todo ello gracias a mi manipulación del aire.

¡Te mataré de todas formas, maldita rata insistente!-chilló Émile fuera de sus casillas.

Comenzó a disparar chispas y chorros de líquido mientras giraba sobre sí mismo y corría hacia Hagane. Trató de ensartarlo con el florete en un movimiento desesperado, pero no se dejó.

¡Y una mierda!-se negó el Taimanin.

Apoyó las manos en los hombros de Émile y saltó por encima de él como si de un potro se tratase. Acto seguido, le lanzó una elegante patada giratoria que le impactó en el cuello y otra recta que lo alejó de él. En ese momento, pudo ver un enorme tanque de líquido atado a su espalda y conectado al florete.

¡Aún no he terminado mi ataque!-insistió el soldado.

Se giró de nuevo hacia Hagane y lanzó una patada, pero se la bloqueó y contraatacó chocando sus abanicos con él en medio como si quisiera dar una palmada con ellos. Este aturdidor movimiento permitió al Taimanin golpear fuertemente con una voltereta con patada, impactando en la mandíbula del militar y alejándose de él.

Después de lo que me has hecho pasar, tío…-dijo Hagane muy serio-… ¡VOY A JODERTE!

El Taimanin comenzó a moverse elegantemente. Parecía que iba a iniciar una danza.

¿Qué cojones estás haciendo?-preguntó Émile-¿Te has vuelto loco?

¡Loco has tenido que estar tú desde el principio para decidir por tu cuenta y riesgo el enfrentarte a mí!-respondió Hagane en tono amenazador-¡Despídete, matasanos de pacotilla!

Émile apuntó a Hagane con su florete, pero algo parecía ir mal. El viento a su alrededor estaba formando aros concéntricos y tenía dificultades para avanzar de uno a otro.

Ninpô – Fuuton no Jutsu! Hissatsu! Momoiro no Mai!-gritó Hagane.
(¡Arte ninja del viento! ¡Técnica exterminadora! ¡Danza Rosada!)

Hagane intensificó sus movimientos. Los aros concéntricos comenzaron a teñirse de un color rosado y el aire se llenó de pétalos de cerezo. Cada aro comenzó a formar una pared cilíndrica, tanto más alta cuanto más pequeño era el aro. Émile se vio atrapado y su rubia melena se agitaba hacia arriba. Finalmente, el Taimanin saltó, concentró una potentísima luz rosa en su cuerpo y la disparó en forma de flecha contra su enemigo a la vez que su moño se deshacía y su melena ondeaba libre y salvaje por la fuerza de reacción. Esta flecha rosa tomó por unos instantes la forma de un dragón chino hecho de pétalos de cerezo. Tras impactar contra Émile, desapareció silenciosamente a la vez que los aros se esfumaban, dejando el campo de batalla intacto. El Taimanin cayó de pie al suelo y, con una sensual pose, finalizó la danza, chasqueando los dedos y provocando una explosión sorda que se vio macabramente decorada por el desgarrador grito de Émile. Su traje blanco se deshizo en jirones, el tanque de su espalda explotó, todo el líquido se pulverizó, el florete se hizo añicos, y su rubia melena se vio parcialmente esparcida por el suelo. Su cuerpo desnudo cayó al suelo inerte. Ni sus calzoncillos se habían salvado.

Tras poner fin al combate, el Taimanin se acercó al cuerpo inconsciente de su enemigo.

No tienes mala polla…-observó-…aunque ese tajo estúpido que os metéis los estadounidenses la afea bastante. En cualquier caso, ¡que te parta un rayo!

Hagane avanzó hacia la dirección a la que miraba, pasando por encima del cuerpo de Émile, pisándolo lenta, concienzuda y sádicamente con sus tacones. Se sonrió y continuó andando, no sin antes escuchar el ruido de un golpe muy fuerte, como si alguien cercano hubiese dado o recibido un brutal puñetazo.


miércoles, 3 de febrero de 2016

[TY] Episodio 75: Pólvora, escarcha y sangre

TAIMANIN YAMIYUKI
Episodio 75: Pólvora, escarcha y sangre

Un disparo alertó a Shirubei: era el momento de saltar de un escondrijo a otro.

Eso que haces, Taimanin, es de cobardes.-le espetó Leon-Lo sabes, ¿verdad?

Nos hemos levantado chistosos esta mañana, ¿eh?-respondió Shirubei desde las sombras-¿Me llamas cobarde tú, que no eres capaz de pelear sin mantenerte a una distancia de seguridad, a mí, alguien no sólo capaz, sino también deseoso de triturarte a base de golpes?

Tu deseo sólo se cumplirá en el remoto caso de que logres llegar hasta mí.-explicó el soldado-En el campo de batalla, uno de los principios más básicos es que no puedes herir lo que no puedes tocar. Ese tipo de frases os gustan mucho a los asiáticos según tengo entendido.

¿Qué tal, oh, señor Leon Fitzgerald, el pistolero valiente, heraldo del coraje y la gallardía, si nos dejamos de preámbulos y zanjamos lo que hemos empezado cuando nos hemos subido a esta azotea tan bonita y romántica?-preguntó el Taimanin-No pienses ni un solo segundo que tengo miedo de tus estúpidas armas de fuego. Vas a ver lo que es bueno. Ahondando en la relación turbulenta que tenemos los Taimanin con el ejército de Estados Unidos, a mí, particularmente a mí, Shirubei Anome, me toca sobremanera las pelotas vuestra alergógena presencia. Por vuestra puta culpa no puedo contactar con la ONU, nos habéis jodido un proyecto muy grande para acabar con la invasión Mazoku y no os voy a perdonar ni una fracción de lo que nos habéis hecho.

Si tienes tantas ganas de que nos arreemos, no voy a seguir con la conversación.-dijo Leon-¡Dejemos que nuestras armas hablen por nosotros! Bullet Storm!
(¡Tormenta de balas!)

El joven soldado asió una pistola semiautomática con cada mano y comenzó a disparar a gran velocidad a la vez que recargaba con fugaces maniobras. Su objetivo era inutilizar la estructura que su enemigo utilizaba como parapeto para obligarlo a exponerse.

Ya sé que soy guapo, pero no tengas tanta prisa por verme.-pensaba Shirubei mientras saltaba fugazmente hacia otro escondrijo seguro.

¡Volaré cada estructura de cada azotea del barrio!-amenazó Leon-¡No podrás jugar al gato y al ratón todo el tiempo que quieras!

Sigue pensando que quiero jugar a eso, por favor.-el Taimanin se sentía satisfecho con su estrategia de combate-Por mucho que te prepares, no podrás encajar la sorpresa que tengo para ti esta noche.

Un Taimanin especializado en el uso de unas garras está obligado al mano a mano.-pensó Leon-Si tratara de atacarme, se acercaría a mí. No tiene posibilidades contra mí.

Ha dejado de disparar.-Shirubei analizaba la situación en silencio mientras saltaba de un sitio a otro-Tiene que estar pensando en lo fácil que es para él luchar contra un oponente como yo. No debo subestimarlo, pues sería demasiado sencillo que cayera por exceso de confianza en sus armas de largo alcance, pero, aun con esto claro, parece tan cierto que es así que bien podría serlo. En cualquier caso, si soy capaz de congelar a mis enemigos, también puedo mantener mi propia cabeza fría. No voy a arriesgarme, pero voy a tratar de pisarle todos los pies de los que vea que cojea. Fuera de que intente hacer que me confíe o no, lo cierto es que mi cuerpo es más rápido que sus balas.

No parar de moverte no te traerá un milagro.-advirtió Leon-Como tirador, he sido perfectamente entrenado para cazar a blancos en movimiento.

El joven disparó hacia el último punto donde pensaba que había caído Shirubei.

Pero seguro que a blancos invisibles no.-respondió Shirubei con un siseo.

¿Qué…-el militar se sorprendió.

Como una flecha, el joven guerrero ninja saltó de una punta a otra de la azotea, embistiendo a su contendiente con un potente rodillazo a mitad del trayecto y desapareciendo después de su vista otra vez.

¿Ha dado el primer golpe?-Leon se encontraba sorprendido-¡Es muy ágil!

Está desconcertado.-Shirubei se dio cuenta de la reacción de Leon-¡A LA CAZA!

Shirubei saltó muy alto y se preparó para caer verticalmente encima de Leon. Desplegó las garras de sus manos y las de sus pies, dispuesto a escindir al joven soldado.

Salto en silencio, haciendo honor a la agilidad y al sigilo de los Anome.-Shirubei se explicaba a sí mismo su jugada, orgulloso de ella y sintiéndose cada vez más sediento de sangre-Enfrío el aire a mi alrededor con las virtudes del Hyôton no Jutsu para ocultar mi olor y para que mi sudor no gotee, pero sólo unas micras, las suficientes para camuflarme sin que los oponentes sientan el frío… ¡y nunca sabrán quién los ha troceado vivos!

¡JODER!-maldijo Leon mientras miraba hacia todas las direcciones.

El segundo que había perdido sorprendiéndose por el rodillazo, más por el hecho de que éste hubiera sido posible que por el dolor, suponía un gran viraje en el combate. Alguien tan rápido como Shirubei podría aprovecharse de eso. No lo veía, pero no sabía que estaba a punto de caerle encima. No obstante, pensó por un segundo que su oponente en efecto había saltado, por lo que decidió tratar de poner fin al combate de manera radical: alzó dos metralletas al cielo y comenzó a disparar, de tal manera que, si realmente estaba allí, lo acribillaría a quemarropa causándole la muerte, incluso si ello suponía recibir un arañazo.

¡Mierda!-pensó Shirubei mientras reaccionaba a toda velocidad.

Ninpô – Hyôton no Jutsu!-exclamó.
(¡Arte ninja del hielo!)

Congeló las balas justo antes de que atravesaran su cuerpo, cesando su trayectoria y haciendo que cayeran al suelo. Al verse libre de la amenaza, continuó con su propósito de caer encima de Leon, pero él ya había podido prever su movimiento, razón por la cual pudo bloquear sus garras usando las metralletas como interceptoras.

¡Casi!-exclamó Leon tras emitir un silbido.

Te has quedado sin metralletas, brother.-Shirubei dijo la última palabra en un perfecto inglés a la vez que rompía las armas de Leon con la fuerza de sus afiladas garras.

Has sonado muy británico.-comentó el soldado.

Pues tu parca tiene acento británico entonces.-comentó Shirubei mientras se alejaba de nuevo.

¡No te dejaré abusar de ese truco ni un segundo más!-Leon comenzaba a ponerse serio.

El joven se tumbó mientras montaba un rifle de francotirador. Aprovechando la mira telescópica con la que iba equipado, disparó contra el Taimanin, que se alejaba, una vez finalizó el montaje. Como respuesta, él lanzó un shuriken y desvió la bala lo suficiente como para poder caer en la oscuridad de un sitio seguro sin recibir el disparo.

Bueno, no soy Aoi, pero tampoco soy un novato sin práctica.-pensó Shirubei-Ha quedado más que aceptable ese lanzamiento de rechazo.

Como imagino que sabrás, Shirubei Anome, un rifle de francotirador atraviesa las barreras físicas más rápida y eficazmente que una pistola.-comentó el soldado-Yo que tú no me escondería tanto en lo sucesivo.

Durante al menos dos minutos, Leon estuvo intentando atravesar a Shirubei con un disparo letal. Su rifle de francotirador era de altísima categoría y su potencia era temible. El Taimanin esquivaba todos los disparos como podía. No podía permanecer tanto tiempo como antes en cada punto, pero, a cambio, ninguno de ellos quedaba inutilizado, pues sólo recibían un disparo y, por tanto, un agujero. En un momento en el que ambos decidieron llevar su agilidad al máximo, se produjo un resultado que cambió el flujo del combate: Shirubei salió de su escondite caminando con una herida sangrante en el brazo derecho, a media altura del tríceps.

Esa bala me ha rozado y me ha hecho un corte.-comentó el Taimanin-Me has tocado MUCHO las narices. La única sangre que no me gusta ver brotar en un combate es la mía. Has abierto la caja de Pandora, chaval. Estás jodido. En realidad me das pena: tantos años entrenando, formándote y estudiando como militar, más todo el tiempo que hayas tenido que invertir en aprender japonés, para que al final te envíen a tocar la polla a quien no debes y acabes tus días de la manera más gore que te puedas imaginar. ¡Voy a hacerte llorar… lágrimas de sangre!

Tras hacer un desdeñoso gesto con su mano izquierda, el chico se escabulló de la vista de Leon de nuevo.

¿Todo ese discursito para volver a tu juego de huir e intentar sorprenderme?-preguntó el joven soldado-Empiezo a pensar que no eres tan bueno como pensa… ¿QUÉ DEMONIOS…?

La única respuesta que Leon escuchó fue la macabra, y congelante risa de Shirubei.

El juego ha empezado.-susurró el Taimanin.

El movimiento de la mano de Shirubei antes de desaparecer había hecho aparecer una costra de escarcha en la lente de la mira telescópica. Toda la imagen se veía distorsionada y cada vez peor, lo que dio al francotirador la idea de que tal vez el agua había penetrado en la mira para inutilizarla gradual e irrecuperablemente.

Ahora comienzo a moverme de manera ruidosa, cortando el aire en cada desplazamiento, indicando a mi oponente mi posición en cada momento.-Shirubei maquinaba con una sonrisa de sádica satisfacción mientras no paraba de saltar de un lado a otro del campo de batalla-Su orgullo y su amor por los cacharros que lleva encima le llevarán a tratar de derribarme con ellos y…

¡Había francotiradores expertos antes de la invención de este tipo de miras!-bramó Leon-¡Con ese ruido, puedo detectarte más fácilmente! ¡Estás acabado de cualquier manera!

Acostumbrado a su mira, Leon no pudo reaccionar lo suficientemente rápido al verse incapaz de observar nada con ella. Este retardo en la reacción le dio a Shirubei carta blanca para acercársele por un costado y lanzarle una feroz patada giratoria en el pecho.

¡Ugh!-se quejó Leon.

¡JAJAJAJA!-se rió Shirubei-¡Prepárate! ¡YAAAAAH!

Shirubei lanzó otra patada, pero Leon levantó una rodilla y la bloqueó: como soldado, él también estaba formado en artes marciales, por lo que podría salir de un forcejeo como aquél.

¡FUERA!-gritó Leon mientras lanzaba un puñetazo.

El puño de Leon impactó en el rostro de Shirubei, empujándolo hacia atrás. El soldado comenzó entonces a lanzar más golpes en aras de alejar al Taimanin lo suficiente como para seguir disparando, pero éste se esforzó al máximo para aprovechar que estaban pegados el uno al otro y, arriesgándose a recibir un golpe doloroso, partió por la mitad el rifle de francotirador dejándole caer el talón en una patada vertical. Tras ello, esquivó el golpe que estaba a punto de llevarse y se alejó con dos volteretas hacia atrás.

Te has alejado lo justo y necesario para perder tus tripas por el camino.-comentó Leon-¡Gracias!

Sacó de su chaqueta una escopeta recortada y disparó. El corto alcance del arma era un problema, pero Shirubei estaba lo suficientemente cerca como para temer su gran potencia destructiva. Durante un instante, el tiempo se bloqueó para Leon, pues vio a su oponente siendo alcanzado por el disparo. Algo le salpicó en la cara y en los hombros. Pensó que sería su sangre, pero, al ver que se trataba de agua y no encontrar el cadáver de Shirubei frente a él, entendió la fatídica trampa en la que había caído: el Taimanin se había deshecho en agua para ser desperdigado por el cañonazo para después aparecer por coalescencia en su espalda.

Maldita…-susurró Leon mientras se giraba para ver lo que tenía detrás.

Por un momento vio a Shirubei, pero pronto su vista se tornó roja y comenzó a ver el suelo en el que se encontró retorciéndose y gritando: el chico le había propinado un fortísimo arañazo en la cara con una de sus garras y lo había lanzado por los aires.

¡GRAAAAAAAAAAAAHHHH!-Leon chillaba por la dolorosa herida.

Te dije que te haría llorar.-dijo Shirubei con satisfacción-Empiezo a ponerme a tono… ¡quiero más de tu sangre! ¡Prepárate!

Todavía con su escopeta en las manos, el soldado se incorporó.

No he dicho mis últimas palabras.-dijo-Has podido herirme, pero yo a ti también… ¡y cumpliré mi misión sea como sea!

No abras mucho la boca, no vaya a ser que se te amplíen las heridas y te quedes sin cara.-le advirtió Shirubei-¡JAJAJAJAJAJA!

¡Cierra el pico, Taimanin!-bramó Leon-Bullet Storm!

La escopeta del chico comenzó a disparar con una velocidad impropia de su construcción. Cada proyectil se dispersaba en varios, generando un peligroso abanico de metralla.

Ninpô – Hyôton no Jutsu! Shouri no Toge!-exclamó Shirubei.
(¡Arte ninja del hielo! ¡Espinas de la Victoria!)

Con elegancia, Shirubei disparó varias estacas de hielo contra la masa de proyectiles de Leon, pudiendo contrarrestarla y apartarse con seguridad. No obstante, algunos de los fragmentos más pequeños le alcanzaron. No llegaron a atravesar su cuerpo, pero sí le causaron impactos dolorosos y algunas quemaduras leves.

Es más fácil esquivar unas pocas estacas grandes que muchas balas pequeñas.-se jactó Leon mientras esquivaba el ataque especial de Shirubei.

Sin mediar palabra, el Taimanin hizo un gesto con dos dedos hacia abajo. Una última estaca de hielo cayó directa hacia Leon, quien dio un paso hacia atrás y le disparó con su escopeta, haciéndola añicos.

El hielo es muy frágil. Parece mentira que no lo sepas.-Leon se sonrió.

No te flipes.-respondió seca y cortantemente Shirubei mientras movía el dedo índice de su mano derecha como si fuera una batuta.

Las esquirlas de hielo que se generaron tras el disparo envolvieron a Leon y le atacaron como si de un enjambre vivo se tratase.

Cuanto menos me vea hacer sellos ninja seriamente…-pensaba el Taimanin mientras movía sus manos de manera atípica para conducir sus ataques-… menos se esperará el golpe que hará que muerda el polvo.

¡Apartaos!-bramaba Leon mientras disparaba con su escopeta tratando de romper los pedazos de hielo-¡Dejadme apuntar!

El soldado se dio cuenta de que sus pies dejaban de tocar el suelo. Al estar rodeado de hielo, Shirubei podía arrastrarlo con él como si fuera parte del mismo. Se dio cuenta de que mantenía la mano izquierda abierta con la palma hacia el cielo. A la vez que subía lentamente esa mano, la nube de hielo con el cuerpo atrapado ascendía.

Je…-el Taimanin se sonrió.

Con un brusco y potente movimiento, bajó la mano hacia el suelo, estampando a Leon contra él de manera remota. Sin perder un segundo, saltó hacia su derribado enemigo con objeto de asestarle el golpe definitivo. Realizó un sello ninja con sus manos.

Ninpô – Suiton no Jutsu! Shimetta Kami!-gritó.
(¡Arte ninja del agua! ¡Cabello Húmedo!)

El pelo de Shirubei se convirtió en una cristalina mata de agua. Agitó la cabeza con vehemencia, emitiendo un pesado chorro de agua a través de la misma y golpeando a Leon como si de un látigo muy pesado se tratase.

Ninpô – Suiton no Jutsu! Bakuhatsu-mono Awa!-Shirubei continuó su asalto mientras su cabello volvía a la normalidad.
(¡Arte ninja del agua! ¡Burbuja Explosiva!)

Conjuró con sus manos una enorme esfera de agua que lanzó hacia Leon de un soplido. La potente explosión de agua abrió un cráter en la azotea e hizo rodar dolorosamente a su objetivo varios metros.

Es hora de inutilizarte para siempre.-dijo Shirubei macabramente tras caer de pie en el suelo.

¡No!-se negó Leon entre toses  producidas por la ingesta de agua fruto de los ataques de su enemigo-Es hora de que te enseñe lo que de verdad tengo para derrotarte.

El chico comenzó a desvestirte.

¿Un tatuaje?-preguntó el Taimanin con sorna-¿Una marca de nacimiento? ¿La polla? ¡No sabía que desnudarse en combate permitía desvelar armas capaces de girar las tornas!

Debajo de nuestros uniformes tenemos nuestro verdadero estilo de combate.-explicó Leon-¡Te las voy a devolver todas juntas y en el mismo sitio!

El chico lanzó su chaqueta, sus pantalones y su calzado por los aires. Debajo no estaba su cuerpo desnudo, sino otro atuendo. Se trataba de una malla de cuerpo entero de color grisáceo con refuerzos en las muñecas y en los tobillos. Iba también reforzada en algunos tramos con estructuras metálicas blancas ribeteadas en azul grisáceo, haciendo parecer a la armadura un esqueleto, pues las líneas protectoras seguían las costillas, la columna vertebral y los alrededores de los huesos de la cadera. También tenía placas en los codos, en los hombros y en las rodillas.

¡Guau!-se sorprendió Shirubei-¡Ahora pareces un héroe futurista! ¿Podemos seguir?

Las cosas van a cambiar mucho a partir de ahora.-dijo Leon mientras se limpiaba la sangre de la cara aprovechando el agua que todavía lo mojaba-¡Ya no necesito mis manos para disparar!

De los segmentos reforzados de su armadura comenzaron a salir cañones que escupieron sartas y sartas de balas contra Shirubei.

Con mi armadura robótica de cañones automatizados, ¡soy imparable!-gruñó Leon mientras trataba de acribillar a su presa.

Rompe esto primero y después hablamos.-respondió Shirubei con desdén.

El Taimanin creó un muro de hielo que lo protegió de todas las balas.

¡No necesito hacer eso!-respondió Leon.

Con gran agilidad, el soldado comenzó a dar volteretas por el campo de batalla a la vez que sus cañones disparaban, no tardando en franquear el muro y dirigir toda su tempestad de balas hacia el Taimanin.

¡Buen movimiento, pero no lo suficiente!-comentó el ninja mientras arrastraba las balas lejos de él con una cortina de agua-¡Has cometido el error de acercarte a mí de nuevo!

Tus garras difícilmente podrían cortar esta coraza.-explicó el soldado-No estoy tan preocupado por la distancia ahora mismo.

Yo en tu lugar sí lo estaría.-replicó Shirubei-Estas garras son capaces de todo. Podría peinarte los pelos de las piernas con ellas sin arrancar ni uno solo, dándoles la forma que quiera… o podría convertirte en una pulpa sangrante e irreconocible, incluso si estuvieses dentro de un tanque.

Gracias por tu oferta, pero no necesito tus servicios estéticos.-respondió Leon-Las piernas las tengo muy bien depiladas.

Pues los del paquete.-respondió Shirubei encogiéndose de hombros-¿O también lo tienes depilado?

¡Eso no te importa en absoluto!-gritó Leon a la vez que se ruborizaba.

Vamos, no seas así, sólo era curiosidad por saber tus trucos de belleza.-lo intentó calmar Shirubei con una sonrisa de falsa amistad-Yo, por ejemplo, me dejo crecer sólo un poquito, justo alrededor y por encima de la base, y lo recorto en forma de corona para memorar que, básicamente, MI RABO ES EL REY DE LA FIESTA Y, CON ÉL, VOY A ACABAR CONTIGO. ¡Sigo muy quemado por lo de la ONU! ¡Las ganas de quitaros de en medio me van a hacer explotar!

Qué soez.-se limitó a responder el soldado.

La llevas clara si te crees que voy a guardar decoro con vosotros después de la forma en que me tocasteis las narices.-rebatió tajantemente el ninja-¡Casi pierdo a una de las personas más importantes de mi vida en medio del esfuerzo que supuso reunir el paquete informativo que enviamos a la ONU y vosotros bloqueasteis!

Es nuestro trabajo.-Leon se encogió de hombros.

Por relatividad, entiendo que te importe una mierda el suplicio por el que tuvimos que pasar.-respondió Shirubei-Aun con ello, ¡no voy a dejar que menosprecies la valía de uno de mis más grandes e importantes amigos! ¡Yamiyuki arriesgó su vida por la misión que no nos estáis dejando llevar a cabo! ¡Pienso honrar cada paso que dio incrementando vuestras bajas y dedicándoselas!

Inténtalo…-lo retó el soldado-… ¡PREFERIBLEMENTE ANTES DE QUE EXPLOTES!

Leon volvió a arremeter contra Shirubei disparando un gran número de cañones a la vez. El Taimanin se deshizo en un charco que reptó hasta los pies de su oponente, se enroscó en ellos y le quitó el equilibrio, tirándolo al suelo.

Veamos qué tal te manejas ahora.-siseó el Taimanin rubio mientras se hacía corpóreo de nuevo.

Colocó bocabajo a Leon y lo oprimió contra el suelo con sus rodillas y una mano. Con la otra mano, desplegó una garra y se dispuso a clavársela en la espalda. Su sorpresa no fue pequeña cuando vio que se había chocado con la columna vertebral metálica de la armadura y que de ahí no bajaba.

Vaya, sí que está duro este juguetito tuyo.-dijo Shirubei-Vaya putada. Y yo que quería acabar contigo de una vez por todas…

Te lo dije.-respondió Leon-Y ahora, ¡quítate de encima!

Aún no he terminado con mi ataque.-replicó Shirubei.

Ni yo he empezado con el mío…-susurró Leon.

De manera súbita, Shirubei se vio golpeado por algo parecido a un látigo que le dejó una dolorosa marca en la zona del golpe a la vez que lo lanzó por los aires.

¿Qué ha sido eso?-pensó el chico mientras se levantaba.

La columna vertebral de la armadura de Leon se había alargado y había dado lugar a una cola muy larga.

¡Un ataque físico con un arma blanca!-se sorprendió Shirubei al ver la cola de Leon-¡Eso no es un arma de fuego! ¿Te cambias de carrera?

¿Tú crees?-preguntó Leon arqueando la ceja.

La punta de la cola se abrió, dejando ver un orificio del que comenzaron a llover balas como si de un cañón de ametralladora se tratase.

¡Joder!-exclamó Shirubei mientras hacía maniobras evasivas-¡Cómo mola!

¿Te parece divertido?-insistió Leon-¿En serio? ¡Yo no me lo tomaría tan a broma! Has visto a muchos animales moviendo la cola, ¿verdad? ¿Qué pasa si a una de esas colas le pones un maldito cañón en el extremo?

Leon hizo que la cola de su armadura se agitase de manera caótica, complicando mucho más la trayectoria de las balas y transformando el chorro de balas en una nube desordenada y difícil de evadir.

¡Mierda!-maldecía el Taimanin para sus adentros-¡Va a ser verdad que estoy jodido! Si la vista no me falla, la probabilidad mínima de encontrar una bala la tenemos… ¡a ras de suelo!

En una fracción de segundo, Shirubei creó una línea de hielo con la que se dejó caer y se deslizó horizontalmente con la espalda hasta los pies de Leon. En el camino le rozaron algunas balas, produciéndole ciertos cortes y alguna quemadura, pero nada que le impidiera agarrar los tobillos del soldado con sus pies y tirarlo al suelo.

¡Puedes bloquear mis extremidades en el suelo, pero no la cola!-se jactó Leon.

De nuevo, la peligrosa cola del traje de combate de Leon se puso en marcha, se colocó en la sien izquierda de Shirubei y disparó como si fuera una escopeta. Si el ninja no hubiera saltado verticalmente, habría recibido un disparo letal.

¡¿Esa cola puede cambiar su modo de disparo como si fuera simultáneamente una variedad de armas?!-se sorprendió mientras surcaba el aire-Entonces, si es así, ahora mismo utilizará…

Antes de poder terminar de hilar sus ideas, Shirubei escuchó el sonido de un rifle de francotirador. La cola de Leon podía emitir disparos capaces de ignorar las distancias.

¡Lo sabía!-exclamó Shirubei-En tal caso, ¡es hora de la tempestad!

El cuerpo de Shirubei se deshizo en agua, cayendo sobre la azotea como si de una lluvia se tratase.

¿Dónde te has metido?-preguntó Leon alzando la voz.

En todas partes y en ninguna.-la voz del otro joven resonó por toda la azotea.

¡Déjate de juegos!-pidió Leon mientras lanzaba disparos de advertencia.

Ninpô – Suiton no Jutsu! Mizu Bunshin!-se oyó conjurar a Shirubei.
(¡Arte ninja del agua! ¡Clonación Acuática!)

Los charcos producidos de la lluvia se convirtieron en géiseres, y cada uno de ellos dio lugar a una réplica de Shirubei.  Eran todos idénticos y, con total autonomía, atacaron a Leon cada uno de una manera.

¡Maldita sea!-exclamó Leon mientras trataba de defenderse.

Dejó que todos los cañones de su pecho, sus codos, rodillas y caderas dispararan. Los clones afectados se deshacían en charcos, pero volvían a generarse y a atacar. Aprovechando la longitud de su versátil cola, comenzó a dar latigazos para deshacer a los clones que más se le acercaban, pero aparecían dos por cada uno que derribaba, por lo que terminó siendo atrapado en un peligroso círculo.

¡Acabaré contigo igualmente, Taimanin!-bramó el militar-¡No me asustan tus réplicas de agua!

¡Somos tan líquidos como el agua que nos compone, y a la vez nuestras patadas son tan sólidas y duras como el diamante!-gritaron todos a la vez.

Los clones lanzaron cada uno una patada, impactando contra Leon, rodeándolo con los pies y levantándolo como si fueran los radios de aquel círculo y el soldado el centro.

¡UARGH!-gritó Leon escupiendo sangre por tantos golpes recibidos en un instante-¡Ya estoy harto! ¡Te borraré del mapa! ¡Hasta el agua sale volando en una explosión!

Leon apuntó al suelo con su cola, que disparó como si fuera un lanzagranadas. La explosión provocó una ola digna de un mar embravecido, destrozando a todos los clones y afectando también al verdadero Shirubei, que salió volando por la explosión a la vez que gritaba de dolor y se llevaba las manos al abdomen, donde tenía una quemadura grande. Acabó estampado en la pared que rodeaba las escaleras que bajaban al interior del edificio.

Con el siguiente disparo te borraré del mapa como que me llamo Leon Fitzgerald.-dijo el soldado con determinación.

Disparó otra granada hacia Shirubei, quien se apartó en el último momento, viendo la manera en la que la pared volaba por los aires.

Me has dado bien fuerte.-reconoció Shirubei-Sin embargo, no lo suficientemente fuerte como para tumbarme.

Tengo algo aún más fuerte.-respondió Leon-Te lo enseñaré, ya que tanto interés demuestras en perecer aquí.

La punta de la cola disparó esta vez un misil. Shirubei se sorprendió, pero rápidamente se concentró de nuevo, entendiendo que, si quería vivir, tendría que contrarrestar aquel ataque con rapidez y sagacidad. Se concentró en el odio que tenía a sus enemigos militares y en lo mal que lo habían pasado por culpa de todo aquello: sentenció entonces que había llegado la hora de quitárselos de encima.

Leon no vio a Shirubei. Como no era parte de su cuerpo, tampoco sintió dolor: el misil había sido cortado por la mitad y congelado, sin posibilidad de explotar, y su cola había saltado por los aires. Se giró sorprendido y vio al Taimanin detrás de él con sus garras desplegadas y una expresión muy seria en su rostro. Le había cortado la cola con un zarpazo.

Esa cosa no volverá a disparar.-siseó el ninja.

¡Imposible!-exclamó Leon-Has tenido suerte, pero aún puedo hacerte frente. ¡Tengo cientos de cañones en el cuerpo!

No se llama suerte, chaval.-dijo Shirubei-¡Es habilidad!

Leon se quedó gélido al ver que sus cañones no disparaban.

Ya que no puedo cortarlos, ¿por qué no congelarlos por dentro para que queden igual de inútiles?-explicó el Taimanin con donaire.

¡No puede ser!-Leon no daba crédito-En tan poco tiempo, has…

Y mucho más.-continuó el ninja-¿No te escuece nada?

El traje de Leon comenzó a mancharse de rojo desde su interior por varios puntos. El soldado se sentía asustado, pues, aunque su traje estaba intacto, su cuerpo estaba lleno de cortes. Entendió entonces que había sido gravemente herido, su cerebro comprendió el dolor y se derrumbó entre alaridos y espasmos.

Acomodar el agua de su sudor a la forma de mis cuchillas para cortarlo desde dentro me ha dado la victoria.-pensó Shirubei-No está de más ser inteligente cuando tus garras no pueden cortar un material. Pero he usado tanta energía espiritual… que estoy agotado. Mierda.

Shirubei había utilizado mucho sus poderes elementales para poder hacer frente a Leon. Tantos ataques a la vez y con objetivos tan complicados y atípicos le habían generado algo de fatiga.

Tengo que rematarlo…-se propuso el Taimanin mentalmente-…ya descansaré después, cuando vuelva a casa. Una ducha, una paja y a la cama. Sí, me lo he ganado después de esto…

Se acercó a su desplomado enemigo.

¡QUE TE JODAN!-le espetó.

Le pateó varias veces las heridas y, finalmente, le golpeó con la palma de la mano en la frente, haciendo que perdiera el conocimiento al impactar con la nuca contra el suelo. Después de escupirle en la cara a su maltrecho y derrotado enemigo, se dispuso a mirar hacia abajo. Creyó oír un ruido de pisadas muy característico, como si alguien estuviera corriendo con tacones, pero antes de investigarlo se sentó para recuperarse unos minutos. Su cuerpo y su mente lo necesitaban.

lunes, 1 de febrero de 2016

[TY] Episodio 74: Artistas en el campo de batalla

TAIMANIN YAMIYUKI
Episodio 74: Artistas en el campo de batalla
Veena y James se encontraban a solas frente a frente: su combate no había hecho más que empezar.

Veena Idaiyar.-dijo James-Una Taimanin prácticamente recién graduada. Dicen que eres muy habilidosa e, incluso si no lo fueras, demuestras ser muy valiente enfrentándote a un miembro del ejército estadounidense tú sola.

James Silver.-lo parafraseó la chica-Un soldado que acaba de finalizar la formación en la academia militar. ¿Creéis que sois los únicos con información del bando contrario? No me asusta que seas del ejército estadounidense o del de cualquier otro país, y me asustas menos aún teniendo en cuenta que mis enemigos más habituales ni siquiera son humanos. Es mi cometido, mi deber como aliada de la justicia, el dejarte en el suelo esta noche, incapaz de combatir. ¡Interfieres con nuestra cruzada contra los Mazoku!

¿Aliada de la justicia?-preguntó James-Fuera de Japón nunca nos hemos fiado de los Taimanin. Hemos tenido nuestros rifirrafes y seguimos convencidos de que no sois la mejor opción para salvaguardar el orden.

Sois muy ignorantes, James.-le espetó Veena-Tú y todos los demás soldados de tu país. La información sobre nuestros supuestos deslices y nuestra supuesta mala praxis os llegó desde Japón. Y, ¿dónde empezó la invasión de los demonios? ¡En Japón! ¿No os dais cuenta? A los Mazoku no les fue difícil suplantar a algunos políticos con sus malas artes. Sois sus títeres.

¡Tus intentos de lavado cerebral son fútiles!-bramó el soldado-¡Es hora de poner solución a este conflicto!

¡Claro que lo es!-corroboró la joven guerrera-Y, por ello, ¡te derrotaré!

James corrió agresivamente hacia Veena a la vez que lanzaba un amplio golpe con su enorme y pesada caja de arpones.  La Taimanin paró el impacto con su cimitarra, concentrando su fuerza para no ceder lo más mínimo, llegando a un intenso forcejeo.

¡Aguantar un golpe como éste es lo mínimo que debo ser capaz de hacer si aspiro a tener los músculos de Seika!-pensó Veena-¡Este delgaducho no podrá conmigo!

Te veo muy concentrada.-dijo James con un tono provocativo-¿No puedes evitar caer hacia atrás?

No tienes ni idea.-siseó Veena.

Con una ágil y elegante maniobra, la Taimanin giró sobre sí misma, levantando la cimitarra y aprovechándose de la inercia impuesta por James para pasar por debajo de su caja de arpones mientras giraba, acabando por pegar su cadera a los abdominales del chico. Desde esta posición, con un energético impulso, lanzó una patada lateral contra su oponente, haciendo que volase por los aires.

¡Buen golpe!-la elogió el soldado-¡Pero no lo suficientemente bueno! ¡Te sorprenderías de lo que puedo hacer en el aire!

Con una ágil voltereta más propia de las artes de la expresión corporal que del entrenamiento militar, James se estabilizó y comenzó a disparar sus arpones desde el aire, subiendo poco a poco por la fuerza de retroceso que ejercían los disparos, alejándose así de Veena mientras trataba de acorralarla entre cables y puntas afiladas.

¡Haaaaah!-gritó Veena.

Con mucha energía, la chica comenzó a danzar alrededor de los cables que caían sobre ella, esquivando todos y cada uno de ellos. Sus giros y piruetas eran muy vistosos a la par que efectivos.  James tuvo que terminar la ráfaga de disparos, por lo que perdió altura y acabó cayendo de pie en el suelo, lejos de su enemiga.

¿Practicas la gimnasia artística?-preguntó James sorprendido por los movimientos de su enemiga.

Desde que era una niña.-respondió Veena-Y no te descuides: ¡TAMBIÉN PRACTICO LA ESGRIMA!

La chica agitó su cimitarra, haciendo que se dividiera en trozos a la vez que se alargara, amenazando con llegar al pecho de James como una saeta. Éste se defendió escudándose con la tela azul reforzada que colgaba de su pantalón.

¡Brillante!-respondió James-No sé por qué, pero estoy disfrutando esta pelea.

Disfruta mientras puedas.-respondió Veena-Antes de ser Taimanin, en la India ya era toda una experta con el talwar, como llamamos a nuestra variedad autóctona de cimitarra. Me convertí en maestra poco después de salir de la infancia. Como puedes ver, ¡mi padre me ha enseñado bien!

Combinando las artes marciales que aprendí en la India con las que tuve que aprender aquí para llegar a ser una Taimanin, he logrado una técnica única e imbatible.-pensó Veena-Que nadie se piense que soy una segundona o que soy menos por ser de las más novatas. ¡No perderé!¡Estoy aquí para luchar por el mundo!

Eres una guerrera orgullosa y fuerte.-dijo James-No obstante, tu orgullo te impulsa a hablar más de lo que te mueves y eso puede costarte un disgusto… ¡como AHORA!

James empujó la tela azul para devolverle la cimitarra a Veena forzosamente a la vez que pulsaba el botón de retracción de su caja de arpones, haciendo que se retiraran todos los cables, desclavándose del suelo y amenazando con fustigar a la Taimanin por la espalda.

¿Creías que no había pensado en eso, James?-preguntó Veena-Me subestimas. ¡HAH!

La cimitarra de la chica se unió de nuevo con una velocidad increíble y, en cuestión de una fracción de segundo, ejecutó una maniobra circular, cortando todos los cables y despojándolos de sus puntas a la vez que les disipaba la tensión capaz de fustigarla con fuerza. De esta forma, los cables se desperdigaron por el aire mientras eran tragados por la caja de nuevo.

¿Cómo es posible?-se sorprendió James.

Se me rompió una vez.-dijo Veena refiriéndose a su arma-Ya que me tenían que fabricar una nueva, ¿por qué no hacerla inmejorable? Sabía que tarde o temprano tendría que cortar algo que supuestamente no podía ser cortado.

He de reconocer que me has sorprendido.-dijo James-No obstante, mi caja de arpones es mucho más complicada de lo que habíais previsto a la hora de fabricar tu… ¿talwar?

Contra vuestras armas tenemos las nuestras, y contra las complicaciones tenemos nuestro intelecto.-se limitó a responder la joven-¡Los Taimanin no somos guerreros cualesquiera!

Ya lo veo.-dijo James-Un guerrero cualquiera no tendría nada que hacer contra ESTO.

El soldado recorrió velozmente la distancia que lo separaba de Veena y lanzó una potente patada alta. La chica se contorsionó y bloqueó esa patada con una suya pasándose la pierna por detrás de la espalda con la rodilla a la altura del pecho.  James respondió a este bloqueo con un ataque a quemarropa con su tela reforzada, pero la chica la bloqueó enrollándola en su espada.

Realmente te mueves de una forma impresionante.-la elogió James-Pareces una artista.

Lo soy.-respondió Veena-O, mejor dicho, voy a serlo.

Incluso los más acérrimos enemigos tienen cosas en común, por lo que veo.-reflexionó James.

Parece que estás más interesado en mi formación que en la amenaza que supongo para ti.-respondió la joven-Empiezas a ofenderme. Si no te tomas esto en serio, no te lamentes después.

Tienes razón.-el soldado sonrió-No suelo disfrutar tanto con un combate. ¡Hay que vivirlo al máximo!

Una persona que se toma su trabajo como un juego nunca podrá derrotarme.-sentenció la chica-¡Nunca! ¡Jamás!

¿Qué hay de malo en disfrutar tu trabajo a la vez que lo haces?-respondió James-¡Aún no hay nada decidido!

Ambos saltaron para alejarse, creando una separación de varios metros entre ellos.

Conociendo las prestaciones del sistema de intercambio y reparación por rodillos que hay en el interior de la caja, calculo que esta conversación ha sido más que suficiente para que mi cañón de arpones se haya repuesto totalmente.-pensó James-¡Es hora de probarlo!

Harpoon Shooting!-bramó James.
(¡Disparo de arpones!)

Decenas de arpones salieron disparados de nuevo hacia Veena, quien se preparó para ejecutar una técnica ninja.

Ninpô – Sumi no Jutsu! Kuroi Kekkai!-exclamó Veena.
(¡Arte ninja de la tinta! ¡Barrera Negra!)

Una circunferencia de tinta negra se dibujó alrededor de los pies de Veena. El líquido ascendió en forma de olas, recubriendo a la joven formando un patrón parecido a los pétalos de un capullo a punto de florecer. Los arpones no pudieron  penetrar aquel manto de tinta solidificada, por lo que perdieron la fuerza y cayeron al suelo, pero James comenzó a retraerlos antes de que eso ocurriera.

Ninpô – Sumi no Jutsu! Koku Yari!-la joven continuó con su técnica.
(¡Arte ninja de la tinta! ¡Lanzas Negras!)

La barrera se convirtió en un enjambre de espinas negras de tinta solidificada que volaron hacia James. El chico las esquivó con varias volteretas hacia atrás a la vez que observaba con qué facilidad se clavaban en el suelo, comprendiendo lo peligrosa que era Veena. Un desliz en su pensamiento hizo que no pudiera esquivar una de las espinas, que se le clavó en el pectoral derecho y lo dejó indefenso ante el resto.

¡Maldita sea!-gruñó el soldado.

A duras penas, consiguió escudarse con la tela para evitar que el resto de las lanzas de tinta de Veena se le clavaran. Tras ello, contraatacó tratando de causar un corte profundo en el cuerpo de su adversaria con las púas plateadas que colgaban del borde del manto.

¡Esa tela es una molestia!-pensó Veena-No obstante, es un truco del que no pienso dejarle abusar. ¡Se va a enterar!

La chica acarició las púas del velo de James con su cimitarra a la vez que se deslizaba por debajo, acercándose hasta su objetivo, dispuesta a hundir la espina que tenía clavada en lo hondo de su pecho con una patada con objeto de atravesarlo y dejarlo incapacitado.

¡HAAAAAAAAAAAH!-bramó Veena mientras su pie se cubría de una capa de tinta negra.

La patada impactó en la espina, pero ésta no se clavó más.

¡Casi consigues que me pique!-exclamó James-Es cierto que el impacto ha sido doloroso, pero no has podido clavarme esta aguja porque mi chaqueta lleva un revestimiento interno de kevlar.

¡Maldición!-la joven se quejó para sus adentros.

Trató de apartarse de una voltereta, pero James la agarró en el aire de un tobillo y, a la vez que se arrancaba la espina y la hacía añicos con la mano que tenía libre, la estampó contra el suelo con un brutal zarandeo.

¡Qué golpe!-pensó Veena-No llego a posicionarme estratégicamente y me parte la espalda. ¡No puedo permitirme una más como ésta!

La chica se levantó impulsándose con las manos y lanzó una fuerte coz con los dos pies contra James, quien perdió el equilibrio y cayó al suelo.

¡Atravesaré tu defensa de kevlar!-gritó Veena mientras se preparaba para clavar su cimitarra-¡No temas, será rápido!

Justo cuando James iba a ser atravesado, bloqueó el ataque con un rapidísimo movimiento, interponiendo su caja de arpones entre su cuerpo y el arma de su enemiga.

Arponaré tu corazón antes de que eso pase.-dijo James con un cierto deje de amargura-No puedo dejarte ganar. HARPOON SHOOTING!

El chico disparó sus arpones desde tan cerca que Veena no tuvo posibilidad de esquivarlos. Algunos inmovilizaron sus extremidades y otros se le clavaron en el cuerpo.

¡GRAAAAAAAAAAAAHHHH!-la chica chilló de dolor.

Es hora de despedirnos, Veena Idaiyar.-dijo James mientras se levantaba sujetando su arma-¿Sabes? Yo también quería ser un artista…

¿QUÉ SABRÁS TÚ DEL ARTE?-le espetó la Taimanin-¡Una persona que trabaja bajo las órdenes de demonios y humanos corruptos no merece la belleza del arte! ¡Te prohíbo TERMINANTEMENTE que insultes así una de mis pasiones! A partir de ahora, necesitarás diez… no… CIEN veces más arpones para pararme. ¿Qué es eso de “Yo también quería ser un artista…”? ¿Pretendes ser amable sin perder tu intención de matarme? ¡Hipócrita! ¡Prepárate para conocer el poder de una mujer enfurecida!

Con la mano que menos ataduras tenía, Veena agarró la cimitarra y agitó la muñeca, logrando dar una serie de latigazos con la expansión del arma que hicieron que se liberara de las ataduras.

¡No te dejaré salirte con la tuya, James Silver!-gritó la guerrera mientras ejecutaba un sello ninja con sus manos.

Unos vendajes hechos de tinta negra taparon sus heridas, protegiéndolas y evitando que empeorasen.

El verdadero potencial del Sumi no Jutsu no es hacer que unos dibujos cobren vida.-pensó Veena-Elegí esta senda tan artística y versátil para honrarla, no para mancharla con una derrota. ¡Mi sangre se puede convertir en tinta y la tinta se puede convertir en mi sangre! ¡No podrán frenarme unas heridas de nada!

Veo que estás dispuesta a continuar con esto…-dijo James-… ¿sabes una cosa? El disfrute se está convirtiendo en amargura. Veo en ti a la persona que me hubiera gustado ser. Tal vez me equivoqué más de lo que había pensado.

¡Voy a devolverte lo de antes!-amenazó la Taimanin haciendo caso omiso al discurso de James.

La joven se lanzó horizontalmente hacia el chico entrecruzando sus piernas y girando sobre sí misma, golpeándolo como si fuera una broca de taladradora. Al impactar en su esternón, consiguió dejarlo sin guardia, momento que aprovechó para golpear con la palma de la mano en la boca de su estómago, haciendo que el chico se doblase por el impacto. Finalizó la combinación de golpes envolviendo su puño derecho en tinta negra y lanzando un puñetazo ascendente con el que subió varios metros a la vez que mandaba por los aires a su oponente, que cayó rodando y golpeándose contra un poste.

¿Y bien?-preguntó Veena apuntando al corazón de James con su espada una vez ambos hubieron llegado al suelo.

Creo que…-murmuró James-…tengo que ponerme serio de verdad.

El chico se levantó y comenzó a desvestirse.

¿Qué demonios crees que estás haciendo?-preguntó Veena-¿Desnudarte es ponerte serio? ¡No me hagas repetirte que te tomes este combate en serio!

No seas ingenua.-dijo James-¿Crees que debajo de las chaquetas de colores que llevamos todos y que son iguales no hay algo que nos hace únicos? ¡El verdadero poder de nuestro equipo se halla en los trajes especiales que siempre llevamos bajo los uniformes! ¡No me mostraré desnudo ante ti! ¡Me mostraré a pleno potencial!

El chico se quitó la chaqueta, los pantalones y el calzado y los lanzó por los aires. Debajo llevaba un maillot ajustado de color azul oscuro sin mangas, unas mallas ajustadas de color azul claro por encima del maillot cubriendo sus piernas, unas zapatillas de ballet de color azul marino y, por encima de todo ello, una chaqueta de color azul cobalto brillante sin mangas y con un largo faldón trasero de cuyo borde colgaban púas metálicas.

¿Esas pintas de circo son tu verdadero poder?-preguntó Veena-Pareces un trapecista… aunque ya veo que no sólo tienes un trozo de esa tela molesta, sino todo un faldón. ¡Bonita forma de dar pistas dejándote ese trozo por fuera del pantalón que llevabas antes!

Así que crees que parezco un artista circense, ¿eh?-preguntó James-No vas mal encaminada. ¡Prepárate para lo peor!

El chico pulsó un botón oculto de su caja de arpones, haciendo que se dividiera en dos mitades que comenzaron a reestructurarse hasta formar dos enormes hexágonos metálicos que rodearon las muñecas del chico como si fueran brazaletes gigantescos.

¡El soldado James Silver se lanza al combate!-bramó el chico.

Dejó de correr como le habían enseñado en el entrenamiento militar. Esta vez corrió hacia Veena como si bailara con el aire, grácil y elegantemente. Con esa ropa, los músculos de los brazos se le veían claramente y los de las piernas se le marcaban en las mallas. Lanzó una elegante patada alta contra la chica, una patada que más bien parecía un paso de baile llevado al extremo.

¡Bonitos músculos!-lo elogió la Taimanin mientras paraba la patada con un antebrazo-No obstante, no te servirán para derrotarme.

Eres una gran artista.-dijo James-Es una pena que tenga que acabar contigo.

¡Dejemos el arte a un lado!-insistió Veena-¡Estamos aquí para combatir!

El chico no respondió verbalmente. Se limitó a dar una voltereta hacia atrás y combinarla con una patada, golpeando a Veena en el mentón y desestabilizándola el tiempo suficiente como para golpearle en el estómago con uno de sus dos brazaletes enormes.

Ugh…-gimió la joven-… argh… ¡no me rendiré!

Con gran agilidad, la chica se subió al brazalete de James, poniéndose de pie encima de él. Sin darle tiempo a su dueño a mover el brazo para tirarla, le pateó la cara varias veces, acto tras el cual lo propulsó contra el suelo empujándole en la frente con la planta del pie. Una vez estuvo en el suelo, Veena le levantó una pierna y le retorció el tobillo con un movimiento de Aikido.

¡NGH!-James emitió un grito ahogado-¡Atrás, Taimanin!

Con la pierna que tenía libre, James se sacudió a Veena de una patada. Aprovechó para levantarse y girar sobre sí mismo como si fuera un bailarín, preparando un peligroso y pesado latigazo con todo su faldón de tela reforzada. Para evitar el impacto, la Taimanin siguió el movimiento de la tela y, como si bailara con ella, se acabó enroscando en su seno, quedando atrapada.

Al menos así no me he hecho daño…-pensó la chica-…y tengo las piernas libres.

¡Estás atada y pegada a mí!-exclamó el militar-¿Pretendes suicidarte?

No exactamente.-respondió Veena con sarcasmo.

Con un alarde de gran flexibilidad, la chica pateó a su enemigo en varios puntos del cuerpo con la misma pierna a la vez que creaba un charco de tinta haciendo un sello ninja con las manos dentro de la tela. El soldado se tropezó por culpa de los golpes, perdiendo el equilibrio y cayendo al suelo con las piernas abiertas 180 grados. De esta forma, la tela se desenroscó y permitió la liberación de Veena, quien se posó elegantemente delante de su enemigo.

Me has manchado las perneras de tinta…-dijo James-… ¡esto se está convirtiendo en algo personal!

¡Un verdadero artista desarrolla su actuación sin importar las adversidades que se vengan durante la misma!-bramó la Taimanin-¿No querías ser un artista? ¡Aprende lo básico!

James se levantó y apuntó a su enemiga con las dos manos. Decenas de arpones salieron disparados, esta vez de color azul cobalto con puntas de color azul eléctrico.

¿Esa máquina escondía una galvanizadora interna para reforzar los arpones al escindirse?-se preguntó Veena-¡Qué máquina más intrincada!

¡Siempre quise dedicarme al circo!-gritó James  mientras disparaba-¡Sólo quería entretener a los niños!

La Taimanin bailaba elegantemente con los arpones mientras los esquivaba. No hacía ningún caso a las explicaciones de James.

¡Mis padres me dijeron que si realmente quería a los niños, que me dedicara al ejército para poder luchar por ellos y defender su futuro!-bramó el chico mientras movía elegantemente sus manos, convirtiendo la trayectoria de los arpones en una intrincada malla para atrapar a la Taimanin.

¡Maldita sea!-pensaba Veena mientras trataba de esquivar todos los ataques-¡Está más motivado  por soltar la mierda que lleva dentro que por su misión como militar! Así no será fácil plantarle cara.

¡Me dejé lavar el cerebro!-gruñó James con lágrimas en los ojos mientras complicaba más el patrón de los arpones-¡Sacrifiqué mis sueños por un trabajo! ¡Nunca podré redimirme por el insulto al arte que hice en aquel momento!

¡Me importa una mierda tu vida, maldito gilipollas impulsivo!-gritó Veena mientras creaba látigos de tinta para contraatacar los arpones, que ya eran imposibles de esquivar-Si quieres cambiar, ¡cambia de carrera! ¡Deja esta mierda de trabajo y así tendremos a una persona menos tocándonos las narices!

¡NO!-gritó James-¡Vivo condenado al régimen militar! ¡Es mi penitencia por insultar y herir todo lo que un día amé!

No quiero ser racista ni caer en los estereotipos, pero espero sinceramente que no todos los estadounidenses sean tan idiotas como tú, James.-dijo Veena mientras agotaba su poder espiritual manteniendo los látigos de tinta.

¡Estoy siendo un artista mientras peleo por mi patria!-se justificó James-¡No hay nada malo! ¡Al final lo tengo todo: ejército y circo!

¡Estás loco, maldita sea!-gritó Veena-¡NO TIENES NADA! ¡Vives en una mentira! ¡Ahora es cuando realmente estás insultando al arte! ¡Usándolo para hacer el mal! ¡Eres lo peor!

Henchida de rabia, Veena convirtió sus látigos de tinta en una enorme onda negra que dispersó los arpones y barrió a James.

¡Abre los ojos!-gritó la chica-¡No estás siguiendo el camino que quieres! Aunque no me importa, porque voy a acabar contigo.

Sólo espero…-dijo James-…que los niños norteamericanos sonrían al ver que un artista de circo ha derrotado a sus enemigos…

¿Qué mierda va a entender un niño pequeño e inocente sobre patrias, guerras y demás conceptos similares?-insistió Veena-Estás chalado.

¡Seguiré esforzándome por nuestros niños!-gritó James-¡POR LOS HIJOS DE TODOS! ¡CUMPLIRÉ MI MISIÓN!

El chico corrió de nuevo hacia Veena y ejecutó una elegante y vistosa pirueta, creando un peligroso círculo con su faldón. La Taimanin trató de parar este movimiento, pero la rueda cortante en la que se había convertido su oponente pudo flanquear las defensas de su cimitarra y acabó por embestirla, causándole un sangrante y profundo corte en las costillas.

¡AAAAAARGH!-chilló la joven mientras instintivamente se quitaba de encima a su oponente de una patada.

Ambos estaban exhaustos. Se miraron jadeantes.

Es hora de acabar con esto.-dijo James-¡Te tumbaré con mi número especial!

El chico se colocó debajo de un poste muy alto que tenía un tramo horizontal. Disparó sus arpones hacia arriba y los colgó de aquel tramo. Acto seguido, separó los cables del arma y los unió con una barra metálica que se había sacado de un bolsillo oculto, creando una especie de columpio. Se subió, quedando a mucha altura por encima de Veena, y comenzó a columpiarse.

¡ENCAJA MI PATADA DE TRAPECISTA Y CAE!-gritó James-¡POR LA SONRISA DE LOS NIÑOS DE MI PATRIA!

Justo cuando el columpio terminó de bajar y se disponía a subir en su movimiento pendular, James saltó y, con una violenta voltereta, embistió a Veena estirándose totalmente, impactando con una coz aérea en su cara que la lanzó por los aires y la hizo rodar varios metros por el suelo hasta chocar de espaldas contra un semáforo.

Eres un buen hombre, James.-murmuró Veena.

¿Qué?-bramó el soldado-¡No te oigo!

He dicho…-Veena se incorporó clavando su cimitarra en el suelo y usándola como bastón-… que eres un buen hombre. Te gusta hacer feliz a la gente y, aunque tienes el patriotismo subido y apremiante propio de los estadounidenses, lo que realmente te hace actuar mal es que estás muy dolido. Te has equivocado gravemente y no has sido capaz de superar ese error y dejarlo atrás. Dejas que te queme por dentro. Te resignas. Ser bueno no te exime de ser un auténtico gilipollas. Tu vida no me importa y no pretendo solucionártela, pero no está de más reconocer lo que has hecho bien igual que con gusto critico lo que has hecho mal. Me ha encantado tu número de circo, lo bien que te mueves y lo gran bailarín que puedes llegar a ser… aunque el utilizarlos para un propósito equivocado y para golpearme a mí te van a llevar a la derrota. ¡La tinta será tu perdición! ¡Elegí estudiar esta rama de las artes ninja para complementarla con mis habilidades artísticas! ¡Mi sangre es tinta y la tinta es mi sangre! Cuando te derrote, cuando todo esto acabe… estudiaré Bellas Artes y me convertiré en una artista de renombre. No cometeré tu error, seré más lista que tú. Yo soy Taimanin por vocación, pero no dejaré de lado mi formación artística. ¿Decías que lo tenías todo? ¡Soy YO quien lo tiene todo! ¡Nunca vuelvas a patear la cara de una dama de esta manera, engreído! ¡NO TIENES NADA! No vas a impedir que gane. Seguiré luchando, seguiré bailando, seguiré pintando, seguiré dibujando, seguiré escribiendo… ¡HASTA QUE EL MUNDO ME CONOZCA COMO A LA TAIMANIN DE LAS BELLAS ARTES! ¡TU FARSA ACABA AQUÍ! ¡SABOREA LA REALIDAD!

La chica se levantó de nuevo, aún con las manos apoyadas en su cimitarra, que seguía clavada en el suelo. De sus costillas brotaba sangre, pero pronto empezó a convertirse en un líquido distinto: tinta roja.

Tenías la visión oscurecida, las miras distorsionadas.-la Taimanin continuó con su discurso-Lo veías todo negro como la tinta que te he lanzado, pero ahora te mostraré que el mundo es de colores. ¡Llenaré de color tu última visión! ¡Encaja mi ataque especial!

La chica se mojó los dedos con la tinta roja que brotaba de su herida. Acto seguido, hizo un sello ninja con ambas manos.

Ninpô – Iro no Jutsu! Suzaku Shôkan!-gritó solemnemente la joven Taimanin.
(¡Arte ninja de los colores! ¡Invocación del Fénix Bermellón!)

La chica comenzó a dibujar un ave fénix en el aire. Los trazados de la tinta roja se mantenían ingrávidos a la vez que su autora bailaba elegantemente para llegar con el brazo a los puntos que tenía que colorear para completar el dibujo. Una vez estuvo terminado, el plano se convirtió en volumen y un enorme pájaro rojo hecho de tinta voló hasta James, atropellándolo y quemándolo con la alta temperatura de dicha tinta, que le dejó ardientes manchas en la ropa.

¡BUAAAAAAAAAAAAAAAAAGHHH!-gritó James mientras se desplomaba en el suelo.

¿Sigues queriendo levantarte y luchar por una gilipollez?-preguntó Veena-Has reconocido que te han lavado el cerebro, así que no tienes que fingir más.

¡Aún no he dicho mi última palabra!-bramó James incorporándose-¡Puedo seguir luchando!

Se preparó para lanzar una combinación de golpes con movimientos de danza, pero Veena se deshizo ante sus ojos en un charco de tinta negra. Acto seguido, apareció en el cielo, cayendo hacia él como un meteorito. La patada voladora impactó en su pecho, dejando una enorme mancha negra con forma de mariposa y poniendo fin a la resistencia del soldado.

Se acabó para ti.-dijo Veena mientras agarraba a su oponente del cuello.

¡No!-gritó el chico-¡Apártate! ¡Te derrotaré! ¡Suéltame!

James pataleaba para librarse de Veena, pero no podía conseguirlo.

Vamos, desiste.-pidió Veena-No quiero romperte el cuello. Me basta con que te duermas y me dejes trabajar.

¡Acabaré contigo!-gritó James-¡Nunca dejaré que me humillen! ¡Ni tú ni nadie!

Deberías agradecerme todo lo que te he explicado.-Veena no se molestaba ni en alzar la voz-Vamos, duérmete. Ríndete. Deja de resistirte. Este combate está acabado y tú también.

¡He dicho que no!-gritaba James mientras la saliva salía a chorros de su boca por el estrangulamiento-Agh…

La vista del soldado empezaba a nublarse: la estrangulación de Veena le estaba quitando el conocimiento.

Deja de patalear.-dijo Veena-No quiero tener que matarte.

James dejó de gemir y se desplomó en el suelo. Finalmente había caído inconsciente. Así, Veena lo soltó y le dio una patada en el costado, haciéndolo rodar lejos de ella. Con su hermosa ropa azul manchada de tintas negra y roja, el chico quedó totalmente derrotado, física, psicológica y moralmente.

Lo has hecho bien en el último momento.-suspiró la Taimanin-No quería tener que matar… a un buen hombre. Eso no es lo que haría una aliada de la justicia.

Se cubrió la herida de las costillas con tinta negra para ayudar a su cicatrización. Oyó entonces disparos en algún lugar cerca de ella, probablemente a mucha altura por encima de donde se situaba.