miércoles, 8 de abril de 2015

[TY] Episodio 44: Unidad de Tentáculos Electrónicos

TAIMANIN YAMIYUKI
Episodio 44: Unidad de Tentáculos Electrónicos

James, Leon, Grant, Émile y Christian se encontraban sentados en un banco. Habían sido rescatados con urgencia y les habían curado las heridas. Aún se encontraban muy mal, pero ya no corrían peligro de muerte. El lujo y la comodidad del hotel Rakuen habían terminado, y ahora se encontraban en una modesta nave abandonada de un polígono industrial de la que el ejército norteamericano se había adueñado para usarla como base de operaciones provisional. El banco en el que se encontraban se hallaba justo al salir de la nave, pues los cinco jóvenes soldados necesitaban tomar un poco de aire fresco después de aquella acalorada pelea. Ya era de noche: habían pasado todo el día recibiendo tratamientos de urgencia y siendo atendidos por médicos contratados expresamente para aquel día.

Del lugar no tardó en salir una mujer que se acercó a hablar con los chicos. Medía dos metros exactos, y su estatura era sólo una de sus imponentes bazas corporales: tenía un cuerpo muy marcado, atlético y robusto, con extremidades anchas y largas, hombros desarrollados, cadera prominente, cintura marcada y pechos muy grandes. Su cabello, rubio y largo, iba recogido en un apretado moño a excepción de dos mechones que caían a ambos lados de su cabeza. Sus ojos eran de un color marrón intenso y vivo con un deje rojizo. Llevaba unas gafas de montura fina rectangular. Vestía una camisa blanca de manga larga con puños abombados, un lazo rojo muy ostentoso pasado por las solapas del cuello de la camisa, una larga y vaporosa falda de color naranja y unas botas negras con refuerzos metálicos y tacón de aguja. Bajo su falda podían adivinarse unos leggings de camuflaje verde y marrón. Asía una regla bastante larga en una de las manos.

Los cinco chicos se levantaron, se irguieron e hicieron el saludo militar. La mujer, que parecía tener bastantes más años que ellos, se puso firme y les devolvió el saludo. Al parecer, se trataba de una soldado.

Como sabéis, soy la teniente Margaret Johnson.-se presentó la mujer-Nuestro pelotón se alegra de que estén fuera de peligro, soldados.

Mil gracias, señora.-respondió James-Soy el líder de este grupo, el soldado James Silver…quien le llamó por teléfono.

Descansen, soldados.-dijo la mujer relajando su postura-Hiciste bien, muchacho…podríais haber muerto si no hubieras hecho esa llamada. Si Layl…la sargento Phoenix está desaparecida, será cuestión de buscarla. Por supuesto, contamos con mis hombres, quienes son compañeros vuestros de equipo. Son un grupo reducido de soldados más veteranos que vosotros y que tienen roles militares importantes. ¡ES HORA DE PRESENTARSE!

De la nave salieron cuatro hombres. Llevaban las mismas chaquetas que los otros cinco y también vestían pantalones y botas de combate. Eran un grupo muy heterogéneo y parecían muy fuertes. Ninguno tendría menos de veinticinco años.

¡FIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIRMES!-les ordenó Margaret.

Los cuatro soldados se irguieron.

¡Os presentaréis al resto de soldados que están presentes!-mandó la mujer-¡Saludad cuando seáis nombrados!  ¡Artillero Gordon Powers!

El más alto de aquellos hombres se adelantó. Su chaqueta era de color verde botella ennegrecido. Llevaba pantalones de combate de color gris claro con muchos bolsillos y unas toscas botas de asalto negras con revestimientos metálicos de color verde fluorescente. Su cabello era negro y lacio, bastante largo y tupido, y lo llevaba recogido en una cola de caballo baja bastante frondosa. Peinaba su flequillo a medio lado, y tenía un mechón teñido de un brillante e intenso color verde eléctrico. No sólo era alto, sino que, además, su complexión era infranqueable: ancho, robusto y muy musculoso, apreciable incluso con tanta ropa. Sus ojos eran de color gris. Efectuó el saludo militar y, tras serle devuelto por la mujer, se apartó de nuevo.

¡Torturador y verdugo Andrei Kagami-Volkov!-nombró Margaret.

Aquel joven de aspecto extravagante superaba por muy poco la estatura de la estricta mujer. Estaba muy delgado y sus extremidades eran severamente largas. Parecía reacio a mantenerse erguido y siempre se movía encorvando su cuerpo ligeramente. Su chaqueta era negra, y llevaba unos pantalones rectos estilo cargo también negros. Sus pies iban recubiertos por unas enormes botas blancas. Su cabello era negro, fino y ralo, casi lacio, y lo llevaba recogido en una coleta alta salvo dos mechones que decoraban ambos lados de su cabeza. Lo que más llamaba la atención de él era el color de su piel, que era gris, así como sus ojos, cuyos globos oculares eran negros y sus iris y pupilas eran rojos. Tras saludar y esperar a que Margaret le devolviese el saludo, volvió a replegarse.

¡Técnico de asesinatos Púrpura Delgado!-nombró la mujer.

Se trataba del segundo más alto de aquel grupo. Su complexión era muy delgada y atlética. Su chaqueta era de color violeta claro, y sus pantalones eran  de color rosa, ajustados y elásticos, muy parecidos a unos leggings. Calzaba unas botas metálicas de caña alta de color violeta perlado con algunos entresijos plateados. Su cabello era de color violeta intermedio, lacio y largo hasta la altura de los rodillas, y sus ojos eran grandes, muy vidriosos y de color violeta perlado. Su piel pálida resonaba con el brillo de la Luna. Mientras saludaba, dejó ver en su rostro una expresión llena de peligrosidad, con un aire muy amenazador. Tras serle devuelto el saludo, se retiró.

¡Técnico de inteligencia y espía Yellow Peacock!-anunció la teniente.

Aquel hombre era el menos alto de los cuatro y se hacía llamar por un nombre en clave. Era delgado y de complexión atlética. Su chaqueta era de color amarillo muy saturado, y en las piernas llevaba unos pantalones estilo legging de color ambarino. Sus pies estaban cubiertos por unas botas altas metálicas con chapas negras, plateadas y ambarinas. Su piel era muy pálida, y su cabello era negro como el carbón, recogido en una larga y fina coleta baja. Su rostro estaba tapado por un antifaz amarillo con forma de pavo real, imitando el plumaje de la cola de un macho encima de los ojos, tapando la frente y los laterales de la cabeza. Saludó y, cuando Margaret le devolvió el saludo, se retiró.

Éstos son los hombres que dirijo.-dijo Margaret girándose hacia James y los suyos-Como veis, sus roles son distintos a los vuestros y, por tanto, os podréis complementar.

Volvió a girarse a sus cuatro subordinados.

¡Hombres!-exclamó-¡Vuestra misión… NUESTRA misión es permitir que los hombres de Phoenix se recuperen y se integren, así como cooperar con ellos en la búsqueda y el rescate de la sargento en caso de que se encuentre en condiciones adversas!

¡SEÑORA, SÍ, SEÑORA!-exclamaron los cuatro a coro mientras saludaban.

¡Descansen, hombres!-mandó Margaret después de devolverles el saludo.

. . .

Nioiko estaba en su habitación. Había varias perchas colgadas de un perchero que estaba fijado a la pared. Una de ellas tenía su traje gris de mayordomo, otra su malla rosa de enfundar armaduras de combate y otras tenían algunos disfraces para infiltraciones.

El plan está saliendo a las mil maravillas…-dijo en voz alta mientras se miraba en el espejo que tenía en la puerta del armario.

Agarró la percha que contenía la malla rosa. Se la puso con presteza después de ajustarse la ropa interior. Con el cuerpo totalmente cubierto, Nioiko ya se sentía más que dispuesto a ponerse una de las armaduras Fuuma.

Es hora de beneficiarme de los frutos de mi esfuerzo.-dijo Nioiko agarrando un teléfono móvil-Mis estrategias harán que mi plan salga a las mil maravillas.

Marcó un número. En cuanto le contestaron, habló.

Llevad la ETU al punto estratégico.-pidió-Voy a infiltrarme.

Tras colgar, pulsó una combinación de botones en un panel numérico que tenía en la pared. Un trozo de ésta se retiró, revelando un hueco en el que había una brillante y peligrosamente armada unidad de equipo individual Fuuma. Miró fijamente aquel pesado equipo. Unos rayos azules muy finos y débiles salieron de sus ojos. La armadura desapareció de allí. Acto seguido, colocó el trozo de pared en su sitio y agarró un espejo de mano que tenía en su escritorio. Se miró la cara.

No estoy mal.-se sonrió el chico.

Miró fijamente al espejo y le lanzó los mismos rayos oculares que a la armadura. Rebotaron en el espejo e hicieron que el chico desapareciera de allí.

. . .

Con un chasquido casi silencioso, Nioiko apareció en un almacén lleno de robots desguazados. Parecía que los Mazoku habían agarrado algunas muestras después de haber peleado en el hotel Rakuen, hecho del que ya estaba más que informado. Entre los escombros había una flamante armadura de color rosa violáceo de los Fuuma.

Ha llegado sana y salva…-el joven se sonrió de nuevo.

Antes de enfundarse la armadura, se guardó el espejo de mano, pues aún lo tenía agarrado. Tras equiparse completamente, se puso el casco, haciéndose irreconocible. Abrió la puerta del almacén de una patada y comenzó a surcar los pasillos de aquel edificio en busca de objetivos.

No puedo creerme que esté en los cuarteles generales de los Neo-Nómadas…-pensó Nioiko-…todo se acabará si atrapamos a Tigres. ¡Seguro que está por aquí!

Pasó cerca de lo que parecían unas puertas de seguridad. Distinguió a la doctora Kuritöö entre varios mercenarios Mazoku de rango raso. Decidió esconderse detrás de una columna para enterarse de lo que sucedía.

¿Para qué se me requiere?-preguntó la mujer.

Piden acceso y dicen que van de su parte.-dijo una mercenaria.

Activad las cámaras.-ordenó Kuritöö.

Una imagen se mostró en una de las pantallas más cercanas. Era Layla Phoenix.

¡Layla Phoenix!-exclamó Kuritöö-¡Abridle las puertas!

Sin rechistar, los mercenarios dejaron que la militar pasase. Al parecer, Layla y Kuritöö se conocían y tenían un trato favorable. Una vez se hubieron encontrado frente a frente, se sonrieron.

¡Doctora Kuritöö!-exclamó Layla con cordialidad-¿Cómo ha podido ser? ¡Tanto tiempo trabajando en el mismo país y no nos habíamos visto en persona hasta nunca! ¡Dichosos los ojos!

¡Sargento Phoenix!-Kuritöö también parecía contenta con el encuentro-¡Qué alegría verte de nuevo! Adelante, entra. ¿Qué te trae por aquí?

Nioiko pensó que si se tuteaban estaba claro que podían haber estado tramando algo codo con codo durante más tiempo del imaginable.

Esos asquerosos hombres de armaduras rosas me han impedido volver con los críos.-dijo malhumorada la sargento-No he tenido otra opción que la de replegarme hasta aquí. Necesito un favor…que me mandéis de vuelta al hotel Rakuen.

¡El hotel Rakuen ya no existe!-pensó Nioiko-¡La peregrinación a la que hemos obligado a esta mujer favorece su desinformación!

Por supuesto.-respondió la científica-Acompáñame a una sala de espera y déjame que consulte cómo podemos hacerlo de la mejor manera posible…

Nioiko las siguió con extremo sigilo. Una vez entraron en la sala de espera, la científica demoníaca se despidió y se fue. Era el momento para atacar a una de las dos. El comunicador del joven Fuuma comenzó a sonar: le comunicaron que los hombres ya estaban listos para entrar en combate. Decidieron, pues, ir a por Layla, quien estaría cansada de moverse.

Irrumpieron en la sala sin miramientos. Nioiko fue el que movió la puerta, pero sus subordinados no tardaron en colarse con sigilo. Layla se levantó y se puso en guardia.

¿Vosotros otra vez?-preguntó la sargento-¿Qué hacéis aquí?

Layla Phoenix…-dijo Nioiko-…eres uno de nuestros objetivos prioritarios.

¡Hemos desactivado los sistemas de seguridad que protegen esta sala!-informó uno de los hombres-¡No vendrán refuerzos Mazoku!

¡Ni falta que hacen!-bramó la mujer.

Agarró dos cuchillos que llevaba ocultos en su chaqueta y los lanzó con patadas hacia dos hombres, haciéndolos caer al suelo.

¡Disparad!-ordenó Nioiko.

Aquella sala se convirtió en el escenario de un tiroteo. Layla rodó y se escondió detrás del enorme sofá para evitar las balas.

¡Malditos pesados!-exclamó mientras lanzaba cuchillos a ciegas a base de puntapiés-¡Acabaré con vosotros!

Algunos hombres fueron presa de los cuchillos, pero no todos. Se dio la suficiente holgura para los Fuuma como para volar el sofá por los aires y obligar a Layla a salir.

¡Voy a mataros!-los amenazó.

La fiera mujer comenzó a acortar distancias con los Fuuma, cuya principal baza era el combate a distancia. A base de fuertes patadas, fue noqueándolos, evitando que dispararan más. Entre el forcejeo, Nioiko se fijó en que sus compañeros habían dejado una enorme caja encima del trozo transparente de techo que tenía esa sala.

¿Qué miras?-le preguntó Layla mientras le daba una patada frontal en el pecho-Eres el cabecilla de todo esto, ¿no es así?

No me corresponde hablar de eso.-respondió Nioiko-Hemos venido a llevarte con nosotros. Ríndete.

¡Jamás!-exclamó la sargento-KICK AND KNIFE!
(¡Patear y apuñalar!)

Layla saltó y comenzó a hacer que los cuchillos llovieran sobre los Fuuma. Al ver que podría quedarse solo, Nioiko sacó un mando a distancia y pulsó el botón rojo de activación.

¡Activando ETU!-exclamó Nioiki.

¿¡ETU!?-bramó Layla-Así que… ¡aquí estaba!

ETU – Electronic Tentacles Unit (Unidad de Tentáculos Electrónicos) – Elizabeth, -apeló Nioiko- ¡ATACA!

El tanque que había visto Nioiko antes se abrió. De su interior salió una figura antropomorfa que penetró por el trozo de vidrio del techo, cayendo pesadamente en cuclillas frente a Layla. Cuando se incorporó, dejó ver que se trataba de una mujer bastante alta. Su cuerpo era poco femenino a excepción de sus anchas caderas y sus grandes pechos. Era tosca, robusta y compacta, concentrando gran cantidad de masa corporal en una figura delgada. Iba ataviada con una malla de cuerpo entero de camuflaje verde y marrón, con una placa pectoral y abdominal de color negro, unas hombreras a juego y unas botas altas negras flexibles con cordones. A juego con las botas llevaba unos guantes ceñidos y elásticos, también negros. De su espalda pendía un enorme armazón metálico lleno de orificios grandes. Su cabello era largo y de color ocre, y sus ojos eran de un color verde brillante bastante poco natural.

¡Elizabeth!-exclamó Layla-¡Por fin te encuentro! ¡Me vienes genial para reagruparnos!

La recién llegada lanzó un corto y fugaz puñetazo contra el estómago de la sargento.

¡UGH!-boqueó Layla-¿Por qué te insubordinas?

La ETU Elizabeth ya no es tu herramienta…-dijo Nioiko-…sino la nuestra.

¿La habéis reprogramado?-preguntó Layla enfurecida-¡Hijos de puta!

Y, según tengo entendido, es demasiado dura como para que una persona pueda hacer mella en su cuerpo.-dijo Nioiko-Veamos cómo te las apañas para no sucumbir ante nuestro poder…

Layla estaba en un apuro. Aquella recién llegada no era una mujer, sino un robot militar con forma de mujer. Su construcción estaba muy orientada a la guerra, y poseía armas muy potentes así como un cuerpo impenetrable de gran defensa. Las armaduras de los Fuuma eran de papel en comparación con la dura coraza de Elizabeth.

Es fácil…-respondió la sargento-… ¡pasaré de ella y acabaré contigo!

Layla esquivó el segundo ataque de Elizabeth y se lanzó a por Nioiko, aunque no sabía que se trataba de él. Dirigió una feroz patada giratoria contra su cabeza, pero fue restringida desde su espalda: del armazón trasero de Elizabeth salieron unos tubos metálicos muy largos, flexibles y pesados que se asemejaban a los tentáculos de los demonios. Estos tentáculos artificiales atraparon a Layla por las cuatro extremidades, impidiéndole seguir luchando, aunque la patada llegó a su objetivo y le saltó el casco antes de aquella atadura.

Nioiko quedó con la cara descubierta ante la sargento. Se miraron mutuamente.

¡NIOIKO FUUMA!-bramó la sargento-¡ASÍ QUE HAS SIDO TÚ TODO ESTE TIEMPO! ¡ME LA HAS JUGADO! ¡TRAIDOR! ¡SINVERGÜENZA!

Era necesario para la consecución de mis planes.-dijo el mayordomo de los Fuuma-No es nada personal…

¡Vete al infierno!-bramó la mujer militar-¡Acabaré contigo! ¡Suéltame, Elizabeth!

Elizabeth no hablaba, pero cumplía las órdenes de los Fuuma a rajatabla.

¡He dicho que me sueltes!-reiteró la soldado.

Negativo.-respondió Elizabeth con una voz algo artificial-Mi misión es atraparte.

¿Olvidas quién soy?-preguntó la mujer.

Negativo.-insistió Elizabeth.

Y, aun así, ¿te muestras así ante mí?-Layla no daba crédito.

Afirmativo.-corroboró Elizabeth.

Nioiko sonrió con satisfacción.

Mi plan ha sido brillante.-pensó-Ha sido muy sencillo: me hice pasar por aliado del ejército para venderles a los Taimanin. Con la pelea entre los Taimanin y Estados Unidos asegurada, queda garantizado el cansancio de ambos bandos. Si, en un segundo paso, se obliga a corregir la trayectoria de retirada a los soldados estadounidenses, es obvio pensar que se moverán a territorio Mazoku por el intenso trato de favor que se tienen. Logrado este repliegue de militares hacia demonios, es más que elemental atacar a los dos mandos juntos: Mazoku y soldados de Estados Unidos. Haciendo caer a todos estos guerreros y convirtiéndolos en nuestros títeres, el futuro de los Taimanin está decidido: morirán. ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA!

La puerta se abrió violentamente: Kuritöö llegó con varios mercenarios.

¿Qué está pasando aquí?-preguntó la científica extrañada.

¡Sería bueno que me echaras una mano!-pidió Layla.

¡Eso está hecho!-Kuritöö se relamió.

La científica se acercó hasta Elizabeth y la lanzó por los aires de una patada.

La doctora Kuritö…-pensó Nioiko-… ¿cómo puede tener tantísima fuerza? Ha movido a Elizabeth con un golpe…

Los mercenarios Mazoku comenzaron a batirse con los hombres de los Fuuma. Mientras tanto, Elizabeth forcejeaba con Kuritöö y Layla se abalanzó hacia Nioiko.

¡Te vas a enterar!-lo amenazó.

¡Hombres, cubridme!-pidió Nioiko.

El chico agarró su casco perdido, se lo volvió a poner y se alejó de la sala.

¡Ven aquí, cobarde!-exclamó Layla.

¡Espera!-le pidió Kuritöö-¡No vayas tras él! ¡Tenemos que contener a este androide!

Te echaré una mano entonces.-dijo Layla-Es justo después de lo que acabas de hacer por mí…

Kuritöö y Layla comenzaron a luchar juntas contra los Fuuma, ahora comandados por Elizabeth, quien, paradójicamente, existía para ser comandada. En medio de la pelea, no vieron cómo Nioiko se esfumaba de allí con un espejo de mano.

Menos mal que no ha ido detrás de él…-pensó la científica-…hacer un buen teatro ahora puede conducirnos a una gran oportunidad… ¡JAJAJAJAJAJAJAJA!

martes, 7 de abril de 2015

[TY] Episodio 43: Asedio al paraíso

TAIMANIN YAMIYUKI
Episodio 43: Asedio al paraíso

Rayaba el alba. En el hotel Rakuen, los militares de Estados Unidos habían conseguido resguardarse y desansar después de una noche llena de problemas e infortunios tras su encarnizada batalla contra los Taimanin. Todos estaban durmiendo, salvo el duro e implacable estratega e impositor disciplinario Grant Steeler. Sus planes eran muy claros: ya llevaba su uniforme puesto y tenía una tarea que cumplir de buena mañana. Con absoluto sigilo, entró bastón en mano en la habitación de James, su líder, y cerró la puerta tras de sí. Sabía que, por costumbre, James siempre tenía una botella grande de agua en la mesa de su cuarto y un vaso al lado listo para ser utilizado. Aprovechó estratégicamente aquella circunstancia: vertió agua en el vaso hasta llenarlo a algo más de la mitad y, tras ello, sacó de su bolsillo unas pastillas que dejó caer en el agua. Acto seguido, agarró el vaso y se acercó a su compañero, que estaba dormido.  Era un chico poco tolerante al calor, por lo que no le extrañó encontrar todo el juego de cama desperdigado por el colchón, quedando completamente destapado. Dormía en bóxers, con una camiseta blanca en la parte de arriba que se transparentaba parcialmente por todo lo que había sudado mientras dormía. Solía tomar su ducha diaria antes del desayuno porque siempre sudaba mucho al dormir. Grant pudo notar su olor, natural y masculino pero algo agresivo debido al sudor de toda una noche.

Pronto vas a sudar con motivos…-pensó el estratega.

Con cautela, agarró la cara de su compañero, obligándole a abrir medianamente la boca sin llegar a despertarlo. Acto seguido, vertió sin miramientos el agua con las pastillas a través de la comisura de sus labios. James comenzó a atosigarse y a patalear para levantarse pero, antes de poder escupir, Grant le apretó con las manos en puntos estratégicos para obligarle a tragar.

¡DIOS!-jadeó James-¿Qué demonios ha sido eso? ¿Grant? ¿Qué haces aquí?

Soldado Steeler.-dijo Grant agarrando el bastón con una mano y golpeándose la otra con él levemente a modo amenazador.

¿Ya de buena mañana?-preguntó James-Sé que ayer me pasé contigo, pero creo que la broma pesada de obligarme a beber agua dormido es demasiado pueril. No me esperaba esto de…

¿Broma pesada?-lo cortó el castigador-¿De qué estás hablando? No quería que bebieras agua exactamente…

James clavó sus ojos en el que un día fue su mejor amigo.

Steel…no, Grant…-se corrigió James-… ¿me has echado algo en el agua?

Pronto sabrás la respuesta.-dijo Grant con una sonrisa sádica.

El líder de la avanzadilla militar comenzó a sentir calor. Estaba sudado por haber dormido toda la noche en una cama tan abrigada, pero aquel calor no era normal. Algo estaba controlándolo por dentro. Su frente comenzó a humedecerse a causa de su cabello apelmazado por una noche llena de vueltas en la cama y sudor.

¿Tienes calor, soldado Silver?-preguntó Grant-Me aseguraré de dejarte tan calentito esta mañana que no volverás a insubordinarte nunca más. Ayer te extralimitaste, me faltaste el respeto en dos ocasiones y no supiste parar la indisciplinada riña de Delacroix y Fitzgerald. Mi cometido es castigarte.

James sintió que la tela de sus calzoncillos, blancos con cuadros azules, se tensaba. Una fuerte erección comenzaba a asomarse. El chico solía despertarse flácido porque dormía pocas horas y su trabajo era bastante estresante, lo cual hizo que aquel estado de erección le sorprendiera. Grant soltó una risotada.

¿Viagra?-preguntó James-No entiendo por qué tienes que castigarme cuando sólo cruzamos dos palabras, pero menos aún entiendo que me hayas echado en el vaso…

Pronto lo entenderás, soldado Silver.-dijo Grant levantando a su líder de la cama por el cuello.

¿Qué haces?-preguntó James intentando soltarse-¡Para!

Tus músculos aún no han terminado de despertarse.-observó Grant-Veo que necesitas unos ejercicios matutinos para poder ser persona otra vez…y no hablemos de toda la sangre que podría ayudarte a librarte de mí pero no puede porque está…ahí.

Grant…-susurró James-…basta de juegos.

Esto no es ningún juego.-dijo Grant en tono amenazador-Es tu castigo.

Con unas cadenas y unos grilletes que llevaba escondidos en los bolsillos, el castigador ató a su líder a las patas de la cama de pies y manos, dejándolo hincado de rodillas en el suelo, erecto e indefenso.

¿Qué…-se extrañó el líder del grupo.

A callar.-dijo Grant mientras le arrancaba la camiseta de cuajo-No se te permite hablar durante un castigo. Bastante tienes que agradecerme con que te deje gritar…

¿Gritar?-preguntó James-¿Qué narices piensas hacer?

¡QUE TE CALLES!-le espetó Grant sin miramientos-¡Tu castigo comienza ahora!

Grant introdujo el extremo de su bastón en los bóxers de James. Con un tirón vehemente, los rajó por la mitad y los lanzó por los aires, dejando a su compañero tan desnudo como cuando nació. Su pene era bastante largo, su anchura superaba el promedio rasamente y sus testículos eran de tamaño mediano y con una caída apreciable. La piel del conjunto era bastante pálida, como el resto de su cuerpo, con un tono un poco más oscuro en el escroto y en la base del pene. Como muchos hombres estadounidenses, estaba circuncidado, y tenía la cicatriz a media altura, con un cambio de color bastante marcado, pues la zona despojada de piel por la cirugía tenía un tono más rosado. A causa de los años que llevaba operado, su glande estaba algo cornificado, aunque bastante poco en comparación con otros hombres, y tenía un tono mate. Su curvatura era muy pronunciada  y hacia arriba, siendo casi imposible ver una zona distinta del cuerpo esponjoso mirándolo de frente. Por el orificio asomaba una brillante y solitaria gota de líquido preseminal fruto de la irracional excitación del medicamento y el soplo de aire fresco en su pene fruto de haber perdido los calzoncillos.

Estás…-susurró Grant-… ¡CASTIGADO!

James, que había enrojecido de vergüenza, emitió un desgarrador alarido cuando su compañero le golpeó el pene fuertemente con su bastón. Aquel arma especial hecha de unos materiales que estimulaban potentemente los receptores del dolor causó verdaderas pesadillas en su pene.

¿Ya estás así con sólo un golpe?-preguntó el castigador-¡NENAZA!

Golpeó otra vez el pene de James, que volvió a gritar.

¡Vas a despertar a los demás!-le espetó-¿Te parece considerado siendo nuestro líder? ¡INCOMPETENTE!

Grant golpeó de nuevo el pene de su compañero, esta vez a la altura de la cicatriz de la circuncisión.

¡MIERDA!-chilló James mientras notaba cómo las lágrimas surcaban su rostro-¡Para!

Ni en sueños.-dijo Grant-Y recuerda que NO PUEDES HABLAR DURANTE UN CASTIGO.

Con una furia grabada a fuego en su rostro, el impositor disciplinario del ejército alzó su bastón y lo descargó contra el lateral derecho del glande de su compañero, castigando la zona coronal, donde debería asentarse su prepucio si tuviera.

¡AAAAAAAAAAARGHHHHHHHH!-chilló James.

Así me gusta, que recapacites y pienses.-dijo Grant mientras seguía golpeando rítmicamente el pene de James-Lo que me dijiste estuvo mal, ¿verdad? Es la única vez que te permitiré hablar, así que más te vale contestar, infractor.

Describiendo un arco ascendente, Grant golpeó la bolsa escrotal de James, haciéndole derramar unas lágrimas enormes.

¡NO!-chilló James-¡Eres tú el que se molesta por nada y se cree la autoridad absoluta! ¡Recapacita, Grant! ¿Qué te ha pasado? ¡Antes no eras así!

¡SACO DE MIERDA!-le espetó Grant.

Con rabia, el chico de gafas golpeó a James con su bastón por todo el cuerpo, castigando sus extremidades y articulaciones con severidad.

Si sigues así os vais a quedar sin conductor y no podremos llevar a cabo nuestras misiones.-dijo James indispuesto a tragarse su orgullo-No lo estás haciendo bien, Grant…

. . .-el estratega suspiró.

Otro golpe a su glande, esta vez a la parte superior, donde se situaba el orificio. James chilló de nuevo.

Maldita sea…-pensó James.

. . .

Entonces, ya está todo en orden.-dijo Yamiyuki ante la directora del Instituto de Gokuruma-Nos vamos rumbo al hotel Rakuen a vengar a Kuroageha y a acabar con las tropas estadounidenses. Gracias por sellar la caracola, le debo una al equipo de los Taimanin místicos. Como vamos a hablar con este demonio, nos vamos a ir fuera de Gokuruma a hablar del plan. Si estamos en medio del campo, no podrá pisar nuestras tierras.

Buena suerte, hombres.-dijo Asagi, la directora.

Gracias, Asagi-sama.-dijeron a coro los seis Taimanin haciendo una reverencia.

Salieron por las ventanas del despacho. Saltando de árbol en árbol y llegando a copas cada vez más altas, se encaminaron hacia una carretera que podría conducirlos al hotel Rakuen. Los místicos habían sellado la caracola de Philell de tal manera que no podría salir si no se abría el sello con una llave mágica que sólo Yamiyuki tenía, por lo que decidieron alejarse lo suficiente de sus dominios para que el demonio líquido no pudiera ver dónde se encontraban.

Gracias a este sello…-dijo Yamiyuki-…tenemos a Philell cogido por las pelotas. Si intenta romper el sello desde dentro, será exterminado.

¡Gran idea!-exclamó Hagane-¿Aterrizamos al pie de la carretera?

Sí, es un buen punto.-respondió Yamiyuki-¡Vamos!

Los seis Taimanin cayeron de pie en la carretera.

¿Es hora de llamarlo?-preguntó Shirubei.

Sí, creo que sí…-respondió Rito.

Confiemos en que no nos traicione…-pidió Aoi.

Y, si lo intenta, nos lo cargamos.-añadió Inuhito.

Exactamente.-corroboró Yamiyuki-¡Philell, sal!

El líder del equipo Taimanin deselló la caracola. De este modo, Philell oyó la orden y comenzó a formarse en el aire como si la caracola fuese una botella llena de agua siendo vertida.

Hola de nuevo, Taimanin.-saludó taimadamente el demonio-Veo que habéis sellado místicamente el objeto que os di. Sois precavidos e inteligentes. Me gusta vuestra forma de pensar y actuar. Infiero que es hora de que os ayude, ¿no es así?

Dijiste que tendríamos lo que necesitáramos para atacar a los militares.-dijo Yamiyuki-Son cinco hombres y una mujer, más toda una horda de máquinas automáticas de combate. Asegura nuestra victoria y lo próximo que haremos será ir a sabotear a los Neo-Nómadas, liberando a tu novio en el trayecto.

Así será.-dijo Philell-Contaréis con todo tipo de apoyo estratégico y logístico. A través de las caracolas puedo comunicarme con mis hermanos del agua, y ya he pactado con ellos. No conozco los detalles porque no he podido reunirme personalmente con ellos por razones obvias, pero tenéis mi palabra de que vuestra batalla será fácil.

Eres consciente de tu destino si intentas llamar a más demonios para que nos ataquen, ¿verdad?-intervino Hagane.

Por eso estoy tan tranquilo y no puedo temeros.-respondió el asexuado demonio líquido-No voy a traicionaros ni a hacer nada que pueda comprometer vuestra seguridad.

Si tan abierto te muestras ante nosotros, ¿podemos preguntarte algo?-se aventuró Rito.

Por supuesto.-asintió el Mazoku.

¿Por qué Tigres Black estaba tan interesada en abrir el portal que custodiaba Uro?-preguntó Rito-Es obvio que quiere traer de vuelta a alguien exiliado, pero… ¿a quién? ¿Para qué?

Es una buena pregunta.-dijo Philell-Casi nadie lo sabe dentro de las familias Mazoku, pero la viuda Tigres Black desea casarse otra vez y su prometido estaba exiliado.

Los seis chicos se miraron extrañados.

¿Quién es ese prometido?-se atrevió a preguntar Shirubei.

Braulio Cromwell.-respondió Philell.

¿Qué?-se extrañó Aoi-¿Cromwell? ¿Del clan vampírico Cromwell?

Así es.-dijo Philell-Edwin Black era un vampiro, y Tigres Black también lo es. Como vampiresa, es lógico que se sienta atraída por miembros de su especie.

Esperad…-dijo Hagane-… ¿no está esto relacionado con Cara Cromwell, la heroína vampírica que aparece en los libros de Historia Contemporánea? Según se cuenta, fue la que consiguió matar a Lord Gram, el malvado señor vampírico que amenazó con conquistar la sociedad con el tráfico y la administración de amrita…

Sí, eso es cierto.-corroboró Philell-Veo que conocéis la historia de los Mazoku muy bien. No hace muchos años de eso, aunque me duele decir que Lady Cara, la Señora de la Sangre, es una de las pocas mujeres nobles y benevolentes de la familia Cromwell. El propio Lord Gram era su tío y creo que Braulio es un primo segundo…

¡Creo que sé algo!-añadió Yamiyuki-¿No es Braulio Cromwell un dhampir, es decir, un hombre mitad humano y mitad vampiro? Creo haber leído algo en la biblioteca de Gokuruma…

Lo es.-respondió Phiell.

¿Para qué quiere a alguien así?-se extrañó Inuhito-¿No se supone que la sangre humana merma sus poderes de vampiro? Esperad, no he dicho nada…si es un dhampir…está…a caballo entre los dos mundos…

Por eso Tigres quiere a Braulio como esposo.-dijo Philell-Su posición le permitirá extender su dominio tanto en este mundo como en el mundo espiritual de los Mazoku. Desea dominarnos a ambos y hacerse con la supremacía, y un dhampir es la mejor elección para ello, pues sus poderes ocultos manifiestan trazas de ambas especies y acabarán por florecer en algo que puede traer un final muy oscuro a la historia de ambos mundos…

Gracias por la historia, Philell.-dijo Yamiyuki-Para evitar que esto suceda, sólo tenemos que acabar con los Neo-Nómadas, contando dentro de ellos a Braulio Cromwell. El primer paso es quitarnos a los soldados de en medio. Cuando hayamos hecho esto, podremos ir a por Uro y de paso librar una batalla en los cuarteles generales de esa escoria para darles un golpe que no olvidarán.

Es una buena idea.-dijo el demonio fluido-Pongámonos en marcha. Mi estrategia es la siguiente…

. . .

James tenía la cara roja por las lágrimas. No podía más. Su pene seguía duro como una estaca y lleno de marcas de golpetazos. En su cuerpo también tenía grabadas marcas enrojecidas del implacable bastón de Grant.

¡Recapacita!-bramó Grant.

¡ERES TÚ QUIEN TIENE QUE RECAPACITAR!-chilló James.

Sí, pero cualquiera entra con Grant ahí dentro…-oyeron la voz de Leon por el pasillo.

¡Tenemos que avisarlos!-oyeron a Christian-¡Es importante!

¿Qué coño está pasando?-preguntó Grant desde el interior de la habitación.

¡Son los Taimanin, Steeler!-exclamó Leon con vehemencia-¡Se acercan! ¡Émile los está vigilando desde una ventana!

Te libras por esta vez…-dijo Grant-… ¡vístete y prepárate para el combate!

Grant arrojó una sábana contra el cuerpo de James, le quitó los grilletes y se fue de la habitación.

¿Qué miráis?-preguntó ofuscado el estratega apuntando a Leon y a Christian con su bastón-¡Bajad al recibidor! ¡Esos japoneses engreídos no podrán con nosotros!

Yamiyuki, Shirubei, Inuhito, Hagane, Rito y Aoi llegaron al hotel Rakuen. Émile los recibió con un megáfono desde una ventana.

¡Dad media vuelta!-exclamó el soldado-¡No os arrepentiréis si lo hacéis!

¡LOS COJONES!-gritó Shirubei-¡Heristeis a Kuroageha! ¡La zorra de vuestra jefa apuñaló a una amiga nuestra! ¡Decidle que baje si tiene lo que hay que tener! ¡Vamos a pelarla viva!

No está aquí.-respondió Émile a través del megáfono-Largaos, no vamos a abrir la puerta.

Ni falta que nos hace.-dijo Rito con aire amenazador-Si Layla Phoenix  no está, ¡nos encargaremos de vosotros en su lugar!

¿Vosotros y cuántos más?-los retó Émile.

¿Tenemos cara de necesitar mucho más para acabar con un asco de persona como tú?-le espetó  Hagane.

No pico, tío.-dijo Émile con el megáfono-Tendréis que tirar la fachada entera del hotel si queréis entrar… ¡y ni vosotros podéis hacer eso!

Yamiyuki recordó las palabras de Philell: “Garantizad que el lugar queda abierto y habremos ganado la batalla. Ése será el primer paso.”

¿Que no?-preguntó el chico desafiante-Eso ya lo veremos…

Se acercó a la fachada y apretó el puño.

Ninpô –Katon no Jutsu! –exclamó Yamiyuki- Bakuenken!
(¡Arte ninja del fuego! ¡Puño de Fuego Explosivo!)

Con el puño envuelto en fuego, Yamiyuki dio un puñetazo a la puerta. Las llamas devoraron la fachada del hotel a la velocidad de la luz, creando una explosión sobrecogedora que voló por los aires toda la cara frontal del edificio, pudiendo verse perfectamente todas y cada una de las plantas del mismo así como sus ocupantes.

¿Qué demonios ha sido eso?-pensó Émile horrorizado-¡Casi me mata!

¡TAIMANIN, A LA CARGA!-exclamó Yamiyuki mientras se lanzaba al interior del hotel con la nodachi en la mano.

Los cinco amigos asintieron y siguieron a su líder. Leon y Christian se acercaron a Émile para ayudarlo a levantarse.

¡Hay que matarlos antes de que vuelvan a hacer otra locura!-chilló Émile-Jambes Explosives!
(¡Piernas explosivas!)

Émile comenzó a dar elegantes y estilosas patadas encadenadas al aire, simulando una danza. Cada patada liberaba dos disparos de bazooka.

Si tuviéramos a Elizabeth aquí…-dijo Christian-…pero, por alguna extraña razón, ha desaparecido. La sargento tenía razón… ¡nos la han robado y no sabemos quién ha sido!

¡Ni es momento de pensarlo!-exclamó Leon mientras disparaba contra los Taimanin.

Yamiyuki reventó las granadas en mitad de su vuelo con unos chorros de fuego. Acto seguido, Rito se tiró hacia Leon, aplastándolo con su peso. Mientras tanto, Hagane interceptó a Christian y comenzaron a chocar sus piernas como si fueran espadas en un brutal intercambio de patadas. De parar a Émile se encargó Aoi, que ató sus piernas con el látigo y comenzó a pasarle corriente para evitar que se moviera.

“El siguiente paso es dejarme salir. La victoria estará en nuestras manos.”

Ésa fue la frase de Philell que Yamiyuki recordó.

¡Philell, ahora!-exclamó.

El demonio se manifestó entre los Taimanin mientras Grant y James llegaban al campo de batalla.

¿Qué está pasando aquí?-bramó Grant-¿Qué ha sido esta explosión?

Venimos a cobrarnos lo que le hicisteis a Kuroageha, Grant Steeler.-dijo Inuhito.

¡Vamos a arrancaros la piel a tiras!-Shirubei les apuntó con las garras.

¡Silver, atrápalos!-ordenó Grant-¡Me encargaré de recobrar a los tres combatientes de la línea frontal!

James disparó  con su caja de arpones, formando una malla pensada para capturar a los Taimanin.

¡Esa estrategia ya la hemos visto!-exclamó Yamiyuki-Ninpô! Bara no Jutsu!
(¡Arte ninja de las rosas!)

Una nube de pétalos cortantes interceptó los arpones, destruyendo los cables.

Punishing Strike!-exclamó Grant.
(¡Golpe castigador!)

Con su bastón, Grant apartó a Rito, Aoi y Hagane de sus compañeros.

¡Delacroix, tratamiento de refuerzo!-ordenó el estratega-¡Miller, activa las máquinas! ¡Fitzgerald, apoya a Silver en la retaguardia!

¡SÍ, STEELER!-exclamaron a coro Christian, Émile y Leon.

Christian corrió hacia el almacén de robots mientras Leon se unía a disparar con James. Por su parte, Émile comenzó a rociar a todos sus compañeros con sprays analgésicos mientras Grant hacía frente a los seis Taimanin.

¿Qué hace un monstruo con vosotros?-preguntó.

Y, ¿a ti qué te importa?-respondió Yamiyuki-¡Preocúpate por la que os espera a ti y a tus compañeros!

¡Eso ya lo veremos!-exclamó Grant dirigiendo un golpe de su bastón hacia Yamiyuki.

El líder de los Taimanin desvió el bastonazo con su enorme hoja. Christian volvió corriendo al campo de batalla.

¡Los robots han sido activados y liberados!-informó Christian-¡Somos un ejército contra siete individuos! ¡Espera! ¿Ese séptimo es un Mazoku? ¡Seguro que está aquí para ayudarnos! ¡Os han vendido, Taimanin!

No te hagas el guay en el campo de batalla, Christian Miller, no te pega.-le aconsejó Yamiyuki-Pareces un buen chico…mucho mejor que los que te rodean.  Aunque tengamos que mataros, me caes bien…

El líder de los Taimanin sonrió con sadismo. Philell movió sus brazos.

¡Esa bestia trama algo!-exclamó Leon-¡Voy a coserla a tiros!

“Es importante que no me toquen. Soy débil y no podría derrotar a ninguno de esos soldados.”

La tercera orden de Philell apareció en la memoria de los Taimanin.

Los robots comenzaron a aparecer en tropel por todas las salas del edificio, y no dudaron en disparar sus ingentes y poderosas armas.

¡Estamos jodidos!-exclamó Shirubei mientras tendía muros de hielo-¡No puedo parar esto yo solo!

Hagane desviaba las balas con fuertes vientos, Yamiyuki creaba pantallas de fuego y Rito conjuraba pantallas de roca. Con su técnica de la dureza, Aoi creó empalizadas improvisadas con algunas cortinas que habían volado de la fachada y milagrosamente no se habían quemado.

E.M.Y.Y.!-exclamó Christian.
(¡Yo-yo electromagnético!)

Canon de Parfum!-lo secundó Émile.
(¡Cañón de pefume!)

Bullet Storm!-se unió Leon.
(¡Tormenta de balas!)

Harpoon Shooting!-se sumó James.
(¡Disparo de arpones!)

Discos cargados, chorros de perfume a presión, balas y cables con arpones condimentaron las balas de los robots, destruyendo las defensas elementales de los Taimanin y avanzando peligrosamente.

Que no me toquen.-pidió Philell-Aguantad un poco más. Ya vienen.

Ninpô –Bara no Jutsu! Miyabi Geri!-gritó Yamiyuki.
(¡Arte ninja de las rosas! ¡Patada Elegante!)

Ninpô – Kiba no Jutsu!-se unió Inuhito.
(¡Arte ninja de los colmillos!)

Yamiyuki desvió los yo-yos de Christian de una patada. La onda expansiva diseminó los chorros de perfume. Paralelamente, Inuhito bailó entre las balas y los cables, cortándolos en pedazos.

¡Más rápido, por favor!-pidió Rito mientras destruía a un robot de un mazazo.

¡No damos abasto!-exclamó Hagane tras clavar sus abanicos en otro robot.

¡Nos van a matar si seguimos así!-Shirubei estaba excitado por el combate y rasgaba a los robots con sus impecables garras.

No.-dijo Philell-Ya no. Que comience el camino hacia la victoria.

La sala se llenó de remolinos de agua. Pronto aparecieron un montón de demonios acuáticos: hombres pez, tritones, hombres medusa, criaturas antropomorfas con caparazones de molusco, elementales de agua y muchos más tipos de Mazoku.

Hola, hermanos.-los saludó Philell-Bienvenidos y gracias por venir. Mi petición es que acabéis con todos estos monstruos artificiales creados por el humano.

¡Sabio Philell!-exclamó uno de los demonios acuáticos-¡Tus deseos son órdenes!

Los demonios del mar comenzaron a cargar contra los robots, anulando sus ataques y volviendo a dejar a los cinco militares prácticamente solos ante los seis Taimanin.

¡Ahora sí!-exclamó Yamiyuki-¡Vamos a acabar con estos villanos!

¡Intentadlo si podéis!-los retó Silver-¡Chicos, acabad con el demonio que está en la retaguardia! ¡Parece ser su estratega esta vez! Si cae, estos monstruos se irán o, al menos, su moral disminuirá.

¡SÍ, CAPITÁN!-exclamaron a coro Émile, Leon, Christian y Grant.

Sorprendentemente, hasta Grant obedeció a James. Los militares ignoraron a los Taimanin y decidieron apoyar a sus robots acabando con los demonios acuáticos. La electricidad de Christian era especialmente efectiva contra ellos. Leon también disponía de un rifle de partículas cargadas, lo cual le vino bien en aquella batalla. James se quedó solo ante los Taimanin.

Dejádmelo.-dijo Yamiyuki-Que nadie recuerde después que he dicho esto, pero…proteged y ayudad a los demonios.

Los chicos se diseminaron y comenzaron a interceptar a los militares. James y Yamiyuki comenzaron a intercambiar golpes. La arponera de James era pesada y dura, y podía medirse con la nodachi de Yamiyuki. Philell observaba todo desde la retaguardia mientras comandaba a sus amigos y familiares.

La mejor baza está por llegar…-pensó Philell-…un poco más y habremos ganado.

En un instante crítico, Yamiyuki se agachó para esquivar una patada de James, permitiendo que éste le saltara por encima para acercarse a Philell.

¡Mierda!-pensó el joven.

Despídete, monstruo.-dijo James apuntando a Philell con la arponera.

Philell miró a James con serenidad. Sin titubear, agitó su brazo. Su mano se convirtió en una mata de hilos finos que parecían los tentáculos de una medusa. Con estos apéndices, acarició a James. El roce hizo que el militar rodase hacia atrás entre alaridos.

¡UAAAAAAAHHHHH!-chillaba-¡MI CUERPO ARDE! ¡AAAAAAHHHHH!

¡Esa sabandija ha infectado a Silver con sus malas artes!-bramó Grant-¡Delacroix, tratamiento!

¡Sí, Steeler!-exclamó Émile.

El médico de campo se dirigió hasta James esquivando a los demonios. Grant les hizo frente para asegurar el movimiento. Una vez hubo llegado hasta su compañero caído, Émile sacó su botiquín y le mojó las ropas con un tónico de color verdoso.

Esto calmará la irritación.-dijo Émile-Aguanta un poco…

Varios robots se dirigieron a Philell. Mientras la piel de James se refrescaba, Émile los siguió y lanzó una vigorosa patada giratoria aérea para atropellarlo en pleno vuelo. Su sorpresa fue máxima cuando su bota de tacón fue parada por una enorme concha. Un musculoso demonio con caparazones bivalvos paró el impacto y, tras aplastar a los robots a puñetazos, retractó al médico de campo de una patada.

¡Sabio Philell!-exclamó el recién llegado-¿Estás bien?

Lo estoy, gracias.-dijo Philell con tranquilidad-Algo me perturba… ¿la habéis traído?

No.-dijo el demonio con seriedad, tras lo cual sonrió-¡Nos ha traído!

Se escuchó una ventana rompiéndose. Por el piso más alto había aparecido un objeto volador de color blanco. Comenzó a descender a través de la inexistente fachada para viajar entre plantas más rápidamente y aterrizó en el campo de batalla donde los militares se batían contra la coalición Taimanin-Mazoku.

¡Ha llegado!-exclamó el demonio de las conchas-Espero que tus preocupaciones se hayan ido, sabio Philell…

Gracias por todo.-el demonio líquido sonrió.

El objeto volador, que ahora rodaba como si fuera un triciclo a motor gracias a las tres enormes ruedas que tenía, dos detrás y una al frente, era una bañera blanca de tamaño bastante grande. Dentro tenía un gel azul en el cual iba sumergida una bellísima mujer de cabello rosa lacio y muy largo. Su piel era pálida y parecía ir desnuda. Sus brazos eran finos, su constitución era muy delgada, su cintura muy estrecha y pronunciada y sus pechos enormes. Lo único que la salvaba de la desnudez eran dos mitades huecas de erizo de mar que hacían de sujetador. Sus uñas eran largas y puntiagudas, y sus párpados iban pintados con sombra de ojos magenta, rosa pálido y rosa pastel formando un degradado tricolor. En su rostro se dibujaba una personalidad ácida e hiriente. Tras atropellar a varios robots y embestir a los militares haciendo trompos como una conductora temeraria, la mujer paró su atípico vehículo. El gel se licuó y se convirtió en lo que parecía agua. La transparencia dejó ver que de cintura hacia abajo tenía una larguísima y escamosa cola roja de pez: aquella Mazoku era una nereida, y daba la impresión de que, si tuviera piernas, sería altísima, de bastante más de dos metros.

¡VEGA!-exclamaron a coro todos los demonios-¡VEGAAAAAAA!

Bienvenida, Vega.-dijo Philell-Eres la más fuerte de todos nosotros…si los Taimanin acaban con estos cinco hombres y todas estas máquinas, Uro volverá a estar conmigo y podremos luchar por la justicia de los Mazoku.

¡Hola, empollón!-saludó la nereida, que respondía al nombre de Vega, con una voz altanera y dura-¡Será un placer repartir candela entre estos bastardos! ¡Encargaos de los trozos de metal y dejadme jugar con los hombres! ¡JAJAJAJAJAJAJA!

¡Poneos en guardia!-pidió Grant-¡Delacroix, prepara a Silver!

James se incorporó.

Creo que ya estoy…-dijo James-…mejor.

Ánimo, tío…-dijo Émile mientras le ayudaba a tragar unas pastillas-…esto te ayudará a pasar el bache.

¡EMBRAGUE Y QUINTA!-bramó Vega-¡JAJAJAJAJAJA!

El agua de la bañera se gelificó de nuevo para evitar derramarse mientras Vega cargaba contra Émile y James. El atropello fue tan fuerte que los dos chicos salieron expelidos. Mientras aquella socarrona y cruel nereida peleaba contra los soldados, los Taimanin la respaldaron.

Tras recuperarse del golpe, Émile y James dispararon perfumes a presión y arpones respectivamente. Vega hizo unos grotescos y desagradables ruidos con su garganta y regurgitó una enorme pompa verde de una sustancia ácida y corrosiva que explotó contra los ataques enemigos, desvirtuándolos por completo. Los dos chicos miraron a la nereida con sorpresa y asco.

¿Qué os pasa?-les preguntó-¿No os ha parecido muy ladylike esto último? ¡JAJAJAJA!

“Ladylike” (femenino, típico de una dama) fue la única palabra que dijo en inglés.

¿Por qué me miráis así?-insistió Vega-Vuestra lengua materna es el inglés, ¿no? ¿Creéis que por ser demonios no somos cultos y conocedores? ¡No me jodáis, bastardos!

Yo soy más de mademoiselle…-dijo Émile.

Cómeme el coño, que lo tengo escamoso y seguro que nunca habéis probado uno así con las humanas.-dijo Vega, tras lo cual escrutó a Émile de pies a cabeza-Aunque, a juzgar por tus pintas y tus formas, diría que te gustan los falos más que a mí…y eso es decir. No es por el francés, que también lo domino…EN AMBOS SENTIDOS –se relamió los labios-, sino por la sensación que das.

Pues sí, me encantan.-dijo Émile con orgullo-Voulez vous danser avec moi? Podríamos jugar juntos con esos falos…
(¿Quieres bailar conmigo?)

Claro, guapo.-Vega le guiñó un ojo-Ven aquí y enséñame lo que sabes.

Émile se acercó con decisión a la nereida. El sonido de sus tacones retumbaba en medio de la batalla. Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para intentar acabar con ella, ésta lo sorprendió cruzándole la cara de un puñetazo, tras lo cual le hizo una llave con los brazos que lo tiró de lleno en la bañera, donde intentó ahogarlo poniéndole las manos en la nuca.

¡Inútil!-bramó Vega con sorna.

Leon disparó con el lanzagranadas al interior de la bañera con una bomba de aire comprimido. El agua se agitó, liberando a Émile y lanzando a la nereida por los aires.

¡CABRONES!-chilló.

¡Vega!-exclamó Philell-¡Aguanta!

El demonio, preocupado por su compañera, hizo aparecer una burbuja mullida en la pared en la que se iba a estampar. Al contacto, la burbuja empujó a la mujer hacia la seguridad de su bañera.

¡Qué mal me sienta surcar el aire, joder!-maldijo Vega-¡Gracias, Philell! Y en cuanto a vosotros…

Leon y Émile se pusieron en guardia. Los robots estaban subsistiendo y consiguieron que los militares se acercaran a Vega y rodearan su bañera.

Ésta es tuya, Christian.-dijo James-Electrocútala y será pescado frito.

¡Tu puta madre será pescado frito!-respondió la cruel, soez y malhablada nereida-¡Me vais a limpiar las ruedas de la bañera con la lengua! ¡Os voy a colear el culo porque no tengo piernas para pateároslo! ¡PREPARAOS!

Vega se encaramó con los brazos al borde de su bañera y sacó su cola, fustigando con ella a los cinco soldados mientras describía un círculo.

Me caéis bastante mal los hombres humanos.-dijo Vega-Y, ¿sabéis por qué? ¡Porque os envidio! Sí, lo admito, os envidio. Si muriese y me reencarnase, me gustaría ser un hombre humano. ¡Tenéis lo contrario a mí, una ventaja estratégica natural!

¿De qué está hablando esta chiflada?-preguntó Leon.

¡Pensadlo un poco, mendrugos!-bramó Vega-¡Yo necesito tener mojada la cola o, de lo contrario, la he jodido! Sin embargo… ¡a vosotros se os moja la cola cuando necesitáis joder! ¡ESTÁ TODO CANTADO! ¡Dadme vuestra ventaja y seré invencible! ¡HIJOS DE PUTA, ME MOLESTAN VUESTRAS CARAS DE MIERDA!

Vega comenzó a ejercer la conducción temeraria con su bañera y a atropellar y embestir a los soldados. Los ataques de éstos fueron infructuosos ante la fortísima nereida, quien no dudaba en sacar su cola a ratos para golpear a los hombres con fuerza.

Vega, deja que sean los Taimanin quienes acaben con ellos.-pidió Philell.

Están bastante más buenos que estos militares de pacotilla.-concedió la nereida-Deseo concedido.

Vega se alejó de los militares y liberó a los Taimanin del asedio de los robots.

¡Acabad con esos eunucos!-exclamó Vega-¡Al que más sangre derrame le dejo echarme un polvo! ¡Necesito follar! ¡No os penséis que por vivir con medio cuerpo en el agua no se me seca lo de abajo! Y vosotros, robots de mierda… ¡VENID CON VEGA!

La grotesca nereida se introdujo ambas manos en la boca y, haciendo unos sonidos desagradables y de regurgitación, se las sacó llenas de una pringue verde que mutó en una película corrosiva con forma de garras gigantescas.

¡YIIIIIIIIIIIHAAAAAAAAAAAA!-gritó Vega.

Aceleró su bañera y fue cortando por la mitad a robot tras robot con sus garras. Tras acabar con los robots restantes, bloqueó los motores de su bañera e hizo que de los tubos de escape saliera vapor a presión y muy caliente.

Toda nuestra energía se obtiene mágicamente del agua.-dijo Vega-¡Os dejo a las niñas escaldadas para que las despluméis mejor!

Los chorros de vapor embistieron a los cinco soldados, que se habían quedado solos y se estaban quemando con ese último ataque.

¡POR KUROAGEHA!-gritaron los seis Taimanin.

No tardaron en linchar a los soldados, que habían quedado agotados e indefensos. Sin piedad, con fruición y con saña, los Taimanin golpearon dura y cruelmente con sus armas y sus extremidades a los cinco hombres.

¡HIJOS DE PUTA!-les espetó Shirubei-¡OS HARÉ RODAJAS!

¡VENDETTA!-exclamó Inuhito.

¡Victoria para los Taimanin!-se unió Hagane.

¡Por Gokuruma!-añadió Rito.

Espero que entendáis lo caros que se pagan vuestros actos…-dijo Aoi.

Gracias a todos.-dijo Yamiyuki después de golpear una última vez a Grant, quien le caía especialmente mal, en la cara-Philell, Vega y…el resto. Habéis permitido que derrumbemos este hotel comprado y estos soldados queden inutilizados.

El hotel Rakuen había quedado hecho pedazos. Nadie podría utilizarlo más.

Podéis retiraros.-dijo Philell-Puede que necesite vuestra fuerza posteriormente.

¡Llámanos cuando quieras!-Vega le levantó ambos pulgares antes de desaparecer en un vórtice de agua.

¡Hasta pronto, sabio Philell!-los guerreros se despedían antes de desaparecer.

Es hora de que cumpláis con vuestra parte del trato…-dijo Philell.

Lo haremos.-dijo Yamiyuki-De momento, vuelve a tu caracola.

Yamiyuki atrapó a Philell de nuevo. Tras ello, sacaron los cuerpos de los cinco hombres y los tendieron en el suelo.

Están vivos.-dijo Rito-Tendremos que…

Émile liberó el contenido de varios de sus frascos de perfume. Los olores se mezclaron y crearon una nube que comenzó a atosigar a los seis chicos y a hacerlos lagrimear con violencia.

¡Mierda!-bramó Hagane.

A duras penas, los cinco soldados se incorporaron y salieron corriendo.

¡Cobardes!-les espetó Shirubei-¡Desgraciados!

. . .

Habían logrado escaparse de los Taimanin. No hablaron más de la cuenta. James se limitó a coger su teléfono móvil.

No éramos el único avión que aterrizó en Japón aquella noche.-dijo el líder de la avanzadilla, que estaba al borde de la muerte-Es hora de pedir refuerzos.

Marcó un número. Rápidamente respondió una mujer.

Johnson.-dijo con un marcado acento británico.

Soy James Silver, del escuadrón a cargo de Layla Phoenix.-dijo el chico-La sargento está en paradero desconocido y nosotros hemos sufrido una brutal emboscada. Solicitamos refuerzos y tratamiento de emergencia…estamos a punto de…morir…

Media hora.-respondió la mujer-Cambio y corto. 

[TY] Episodio 42: El sabio Philell

TAIMANIN YAMIYUKI
Episodio 42: El sabio Philell

Los Taimanin se pusieron en guardia.

¿Quién eres tú?-preguntó Yamiyuki.

El demonio no se había molestado en disfrazarse, lo cual daba a entender que no le importaba mostrarse como lo que era. No era bajo, pero por poco superaba la estatura de Veena, que era la menos alta de aquel numeroso grupo. El tamaño de aquel demonio era casi el de Hagane. Su cuerpo, aunque era antropomorfo, tenía una forma muy extraña: no parecía sólido. A primera vista, parecía que iba desnudo, lo cual no decía nada a su respecto, pues estaba totalmente asexuado. Su estatura y complexión podían dar a entender que era masculino, pero no podía asumirse nada. El color de su gelatinoso y semilíquido cuerpo era azulado con dejes plateados, y se asemejaba al agua. A veces, a la altura de su cadera, su cuerpo goteaba formando una falda. Sus pies parecían descalzos. En los intervalos en los que su dinámico cuerpo mostraba su entrepierna, ésta se veía totalmente plana. De su cabeza colgaba una larga mata de apéndices azules y rosas que parecían más sólidos que el resto de su cuerpo y tenían una textura visual escamosa. Sus ojos eran amarillos y muy brillantes. Aunque su cara también parecía un chorro de agua fluyendo, se podían ver perfectamente una nariz, unos labios y unas orejas de aspecto muy humano, a excepción de la forma de las últimas, que eran puntiagudas.

Me llamo Philell.-dijo el recién llegado-Soy un demonio acuático. Disculpad la irrupción…vengo en son de paz.

¿Se planta un Mazoku en nuestras narices y pretende hablar de paz?-preguntó Shirubei al aire-¡Seguro que estás con esos chiflados que hemos dejado atrás!

Os aseguro que no.-respondió el tal Philell con determinación-Quiero hablar con vosotros. Os pido que me escuchéis.

Jamás hemos confiado en un demonio.-dijo Hagane-¿Por qué íbamos a empezar a hacerlo ahora?

Philell miró a Hagane con unos ojos que dejaban ver una infinita paciencia.

Así que asumís que soy vuestro enemigo porque soy un Mazoku.-dijo Philell-No os culpo, ya que todos los demonios que se os han cruzado han resultado ser demonios malvados. No obstante, veo el brillo de la inteligencia en vuestros ojos, por lo cual me atrevo a lanzaros una cuestión: asumir que todos los demonios somos malos tiene el mismo peso que afirmar que todos los humanos sois buenos… ¿me equivoco?

Todos se quedaron pensativos.

Tiene razón.-dijo Yamiyuki-No obstante, por muy bueno que puedas ser, Philell…no tenemos tiempo para nada. Nuestra amiga se muere. Su sangre está chorreando por mi espalda.

El demonio acercó su mano a Kuroageha. Yamiyuki se giró para protegerla.

¿Estás chalado?-preguntó Yamiyuki-¡Ibas bien si querías llamar nuestra atención, pero no pienso dejar que un desconocido, sea demonio o humano, toque a una amiga tan importante estando como está!

De verdad que no os culpo…-susurró Philell.

El brazo del demonio se alargó y se curvó, sorteando a Yamiyuki y llegando hasta Kuroageha, cuyo vientre fue mojado. Aquel fluido que parecía agua reaccionó con la sangre de la herida y comenzó a reconducirla hacia el interior del cuerpo de su dueña.

No puedo curarla.-dijo Philell-Mas tened por seguro que así no morirá si conseguís darle un tratamiento curativo en las próximas dieciséis horas.

¡La ha podido envenenar!-exclamó Inuhito-Lleva razón en lo de que no todos los humanos somos buenos, pero…

Kuroageha es inmune a los venenos.-dijo Yamiyuki-La llaman la Mariposa Emponzoñada y la Taimanin del Campaneo Tóxico por algo. Su Dokuton no Jutsu tiene una componente pasiva que nunca se cancela: la protege de toda intoxicación. Incluso si el cuchillo de esa Layla estaba envenenado, sólo le afectará la herida per se.  Philell, tienes agallas. Has sido valiente…no todos los demonios se atreven a hacer eso delante de mí. Dinos lo que nos quieras decir y déjanos marchar…como agradecimiento por darnos un margen de seguridad.

Seguro que habéis visto que ese ogro gigante cargaba a un hombre.-dijo Philell.

Sí, pero no sabemos quién es.-respondió Yamiyuki-¿Debería importarnos?

No necesariamente…-dijo el demonio fluido-…pero sí a mí…y mucho. Es Uro Oswald, el guardián de los portales mágicos. Custodiaba el portal de los exiliados y el portal a la destrucción, y ahora están los dos abiertos: los exiliados pueden volver y los no deseados pueden ser exiliados o aniquilados. No obstante, ésa no es la problemática que a mí más me preocupa, por egoísta que suene. Lo que de verdad me hace necesitar vuestra ayuda es que… Uro es mi novio. Lo amo. Es el hombre al que más he querido en mi vida…y lo quiero de vuelta conmigo. Ayudadme a rescatarlo y seré vuestro aliado.

Los Oswald han sido siempre un clan demoníaco de lo más neutral.-terció Rito-Además, tenía el cabello, la piel y el tono muscular de un Oswald, así que Philell no miente. Me parece una labor más que adecuada para un Oswald el custodiar estos portales. Creo que tiene sentido. ¿Y dices que eres su novio…o novia?

Su novio.-dijo Philell-Aunque no lo parezca, soy un ser masculino. Tampoco os culpo de ello, pues los elementales de agua no tenemos una dotación sexual tan clara como otras razas demoníacas o como vosotros, los humanos. Os seré sincero: no soy fuerte, no soy poderoso, no sé luchar…soy un negado para el combate, pero tengo recursos para ayudaros. Conozco el mundo de los demonios, puedo hacer que entréis y salgáis de muchos lugares que os supondrían grandes ventajas estratégicas, y conozco a más como yo, a más demonios dispuestos a luchar por la causa y con el poder de combate que yo no tengo. ¿O acaso habéis sentido en mí un aura amenazadora similar a la de los Neo-Nómadas?

Ahí lleva razón.-dijo Aoi-Lo siento como un demonio de lo más débil.

Lo soy.-corroboró el joven líquido-Mi verdadera fuerza es la intelectual. ¿Y bien? ¿Me ayudaréis a rescatar a Uro?

Lo siento, pero no podemos hacerlo ahora mismo.-dijo Yamiyuki-Como te dije, te hemos escuchado como pago por poner a Kuroageha fuera de peligro, pero tenemos otras metas estratégicas antes. Gracias al ataque de los Fuuma, los soldados de Estados Unidos se han separado de su sargento, por lo que estamos ante la oportunidad perfecta para acabar con ellos. Lo que tenemos que hacer ahora es hospitalizar a Kuroageha y, tras ello, atacar el Hotel Rakuen para acabar con los soldados y cumplir una misión a la vez que nos vengamos de lo que le han hecho a nuestra amiga. ¿Estáis de acuerdo, Taimanin?

Hagane, Rito, Shirubei, Aoi e Inuhito asintieron. Por su parte, Shiena, Seika y Veena se mostraron algo reacios.

Me gustaría.-dijo Shiena-No obstante, nuestra líder está fuera de combate y creo que sería lo mejor quedarnos junto a ella.

Shiena tiene razón.-añadió Veena-Preferimos quedarnos inactivos y retirados del combate antes que estar con otro líder.

Somos el equipo Kuroageha.-terció Seika-No el equipo de otra persona. Con esto, creo que el asedio al Hotel Rakuen tendría que correr a vuestro cargo…

Así será.-dijo Yamiyuki-Las cosas no cambian. Nuestro objetivo sigue siendo el mismo y respetamos incondicionalmente vuestra postura. Con todo esto, es hora de irnos hacia Gokuruma y dejar que la doctora Himehagi luche por salvar a Kuroageha.

Esperad.-dijo Philell-¿Quién ha dicho que vuestro objetivo y el mío sean incompatibles? He dicho que seré vuestro aliado si me ayudáis…y lo seré desde ahora. ¿Queréis atacar a esos soldados maleantes? Os ayudaré. Creedme. El día del asedio a la hora del asedio…me encargaré de que no os falte apoyo.

Parece un tío legal, pero sigo sin querer fiarme.-dijo Hagane.

Los demonios nos han hecho mucho daño…-dijo Aoi mientras recordaba su jardín de dientes de león.

Nunca os culparé por todo esto, insisto profundamente.-dijo Philell-¿Aceptáis mi ayuda? Os doy mi parte del trato antes que vosotros a mí la vuestra, y lo haré las veces que haga falta…creo que mi honestidad y sinceridad son las mejores bazas que tengo para que confiéis en mí.

¿Qué decís?-preguntó Yamiyuki-A mí se me ocurre una manera muy fácil de resolver este pacto.

A mí también.-dijo Rito-Establecemos una forma de comunicarnos que le impida seguirnos hacia nuestros dominios o acercarse a nadie que no seamos nosotros, y…

…si intenta algo extraño, lo matamos.-dijo Yamiyuki-¿No es así?

Exacto.-dijo Rito.

Los Taimanin miraron a Philell con aire amenazador. Incluso los Mazoku más poderosos temían a esos guerreros ninja, pero aquel taimado y pensativo hombre no parecía tener miedo.

Me parece una idea perfecta.-dijo Philell-Estoy dispuesto a asumir ese riesgo…ya que no os traicionaré.

Serás hombre muerto si lo haces.-dijo Hagane firmemente.

Que así sea.-dijo Philell-Los elementales podemos convertirnos en familiares de entes más poderosos que nosotros…si lo hago, perderé mi libertad y podréis invocarme a placer. Me encadenaré a vosotros de una manera casi literal. Yamiyuki Kuroi, he oído hablar de ti. He oído hablar de todos vosotros…y creo que sois la ayuda que los Mazoku necesitamos. Los terroristas, esclavistas y demás criminales nos hacen parecer un mundo de criaturas malvadas, pero somos tan variados como podéis serlo los humanos. Muchos demonios sólo queremos llevar una vida normal…y lucharé para que podamos…especialmente si podemos separar nuestros mundos para que nunca más tengamos que interferir los unos con los otros…como en un principio fue.

Sería estupendo.-corroboró Yamiyuki.

Dicho lo cual…-dijo Philell-…con esto me tendréis a vuestras órdenes.

Philell se llevó las manos al pecho. Un resplandor blanco emanó de su cuerpo y le permitió sacar de donde estaría su corazón si fuera un hombre una caracola enjoyada. Se la tendió a Yamiyuki con un gesto humilde.

¿Es como una lámpara de genio?-preguntó Yamiyuki con desconfianza mientras agarraba el objeto.

Sí…-dijo Philell-…si no me he equivocado estudiando vuestra cultura y os referís a lo que yo pienso, sí. Estoy literalmente a vuestras órdenes.

Veamos si es cierto…-dijo Yamiyuki-… ¡sácanos de aquí!

Así lo haré.-dijo Philell.

Una corriente de agua los arrastró hacia lo que el demonio pensaba como una salida óptima para volver a tierras habitadas por humanos. Por efecto de una magia que no conocían, la corriente no los mojaba, sólo los envolvía gentilmente y los arrastraba con velocidad pero sin violencia.

. . .

Los Fuuma se encararon ante los Mazoku.

¡Tigres Black!-exclamó uno de los hombres-¡Eres nuestro objetivo!

¡Tigres-sama, acabaremos con ellos por usted!-exclamó Kazark.

Esta basura no aguantará ni un minuto…-se jactó Benibatsu.

Me encanta bailar con tantos hombres…-se sonrió Kuritöö.

Los Fuuma comenzaron a disparar sus armas de fuego de alta tecnología.

¿Que soy vuestro objetivo?-preguntó Tigres-¡Bobadas! Vosotros debéis de ser lo poco que queda del clan Fuuma, ¿verdad? ¡Hacedme un favor y extinguíos!

Tigres alzó un brazo y apuntó con la palma de su mano hacia los Fuuma. Un enorme remolino de agua los atrapó y los elevó. El agua penetró en sus armaduras sin piedad y los ahogó mientras los aplastaba contra el rocoso techo. Terminado este conjuro, el agua desapareció y los cuerpos muertos cayeron pesadamente al suelo.

Patéticos.-comentó la líder demoníaca-¡Neo-Nómadas, es hora de volver a nuestras dependencias! Nos hemos librado de Belladonna y hemos hecho posible el regreso de mi contacto…pronto nos reuniremos con él.

La poderosísima mujer chasqueó los dedos, haciendo que tanto ella como sus escoltas desaparecieran de allí, teletransportándose a los cuarteles generales de su colectivo.

. . .

¡Estaba tan contenta después de haber cazado a una Taimanin!-exclamó Layla mientras rompía las armaduras de los Fuuma a patadas-¡AGUAFIESTAS!

Los hombres de los Fuuma eran muchos, pero aquella mujer simplemente era demasiado fuerte.

¡Ineptos!-exclamó la sargento mientras se escondía tras un muro medio derruido para resguardarse de una andanada de disparos-¿Quién os ha enseñado a disparar? ¿Un topo? ¿O un murciélago?

Los disparos de los Fuuma comenzaban a vencer el muro.

Me vais a hacer moverme y todo…-suspiró Layla-…  ¡a la mierda, cabrones! KICK AND KNIFE!
(¡Patear y apuñalar!)

A base de patadas, la militar lanzó unos pesados y enormes machetes contra sus atacantes. Las armaduras que llevaban eran lo bastante fuertes como para no ser atravesadas por un cuchillo, pero la puntería de la sargento Layla Phoenix era tan afinada como su crueldad, y todos sus tiros acertaban siempre en las juntas y rendijas, causando que todos los cuchillos se clavaran dolorosamente en las articulaciones de los hombres.

Vuestros gritos de dolor son música para mis oídos…-dijo Layla saliendo de su escondrijo.

Al salir, se dio cuenta de que había cometido un error. Los Fuuma habían dejado de disparar y se habían puesto de acuerdo para lanzar explosivos de fragmentación.

¡Mierda!-bramó la mujer.

Con ágiles volteretas, se alejó de la trayectoria de las granadas, pero éstas explotaron y liberaron gran cantidad de metralla que salió disparada en todas las direcciones. Aquellos fragmentos incandescentes explotaron al impacto, obligando a Layla a seguir una trayectoria de evasión directa hacia las garras de aquellos hombres.

Planean que me acerque a ellos para atraparme, ¿no es así?-pensó la mujer-¡La llevan clara!

Antes de dejar que los hombres movieran sus brazos hacia ella, los pateó fuertemente. Las botas y rodilleras que llevaba eran más duras que sus cuchillos, por lo que no tuvo problema en despacharlos.

¡Es una pena!-exclamó la sargento-¡No puedo jugar más! ¡Tengo que ir a por esas crías!

Justo entonces, la sargento se fijó en que los explosivos no sólo estaban puestos para acercarla a los hombres, sino también para bloquear algunos caminos.

¡Maldita sea!-bramó Layla-¿Por dónde voy ahora?

El tiempo corría. Necesitaba reagruparse con sus soldados o podrían resultar muertos. No le importaba a nivel personal, pero eran sus peones y los necesitaba para ganar aquella partida. Con su mente fría, calculadora y estratégica, Layla calculó la salida óptima: replegarse hacia las inmediaciones de los Neo-Nómadas, con quien tenía trato de favor. Si Belladonna Rubidium la había llamado por teléfono, ahora ella podía devolver la llamada por derecho natural. Lo que Layla no sabía era que Belladonna estaba muerta…aunque tampoco tenía tiempo para pensar en otra cosa que no fuera alejarse de aquellas personas que sólo le hacían perder el tiempo. Por fortuna para ella, era mucho más rápida que esos hombres.

. . .

El coche que conducía James era bueno, pero su fuselaje no era antitanque. Los Fuuma los estaban persiguiendo con vehículos de combate muy rápidos y no parecían tener buenas intenciones para con ellos.

¿De qué va esta gente?-preguntó James entre bruscos movimientos de volante-¿Están enfermos?

¡Ni pajolera idea!-exclamó Émile-Lo que tengo claro es que tenemos que librarnos de ellos como sea…

Tú eres el zapador.-dijo James-¡Haz algo con ellos, Émile!

¿Es una orden?-preguntó el chico rubio jugueteando con su melena.

¿Tú qué crees?-preguntó James alzando la voz-¡Leon, dispárales antes de que nos maten!

El experto en armas de fuego del grupo se levantó de su asiento y apuntó con un rifle de francotirador a uno de los motoristas Fuuma. Sus motos llevaban cañones de ametralladora de tambor giratorio.

BANG.-gritó Leon mientras disparaba.

Aquel rifle estaba cargado con munición perforadora y tenía una potencia de disparo sin igual. El resultado fue un Fuuma atravesado por el entrecejo y una moto descarrilando, chocando contra otra y provocando un accidente en cadena por efecto dominó.

¡Buen tiro!-exclamó James.

Qué remedio…-dijo Émile levantándose.

Se asomó por la misma ventana que Leon, pegando su cuerpo contra el suyo.

Volvemos a cooperar…-susurró Émile.

Ya…-dijo Leon.

No aguanto esta situación de tensión con Émile…-pensó Leon-…aunque es hasta buena pensando en lo que podría pasar si Grant tomase cartas en el asunto…

Jambes Explosives!-gritó Émile.
(¡Piernas explosivas!)

Haciendo alarde de una gran flexibilidad, Émile sacó su pierna izquierda por la ventana y disparó los dos bazookas que en ella llevaba. El tanque principal se retractó debido a los impactos.

¡Bien!-exclamó Émile con su marcado acento francés-¡Ya queda menos!

¡Apuntaría mejor si te quitaras de en medio, Émile!-exclamó Leon-Bullet Storm!
(¡Tormenta de balas!)

Con dos metralletas, Leon comenzó a lanzar ráfagas a los cañones de las motos restantes, haciéndolos explotar. Con esto, las motos saltaron por los aires y parte de sus piezas golpearon al tanque, que era el único vehículo que quedaba. Sus disparos eran muy potentes, y había acertado al coche en dos ocasiones.

¡Un disparo más de esa cosa y seremos historia!-bramó James-¡ACABAD CON EL TANQUE!

Grant golpeó el techo del coche con su bastón.

¡Sabéis lo que os espera si no cumplís!-gritó-¡VAMOS! ¡AHORA!

Christian, ¿puedes ayudarles?-preguntó James-Sal por otra ventana y…

¡A la orden!-exclamó el ingeniero de campo.

Christian se vio obligado a pasar por encima de Grant para asomarse a la ventana.

Te perdono por esta vez…-murmuró Grant.

Lo siento, Steeler.-dijo anodinamente Christian.

¡Chris se une a la fiesta!-exclamó Émile-¡Vamos a bailar con ese tanque!

¡Émile, por el amor de Dios!-bramó Leon-¡Para de contonearte! ¡Te estás frotando descaradamente contra mi cuerpo!

Leon podía sentir el cuerpo de Émile moviéndose contra el suyo. También podía notar la mezcla de olores que emanaba de su cuerpo fruto de sus cañones de perfume. Aquello lo ponía nervioso.

¡No puedo evitarlo!-se excusó Émile-¡Necesito mover las piernas para apuntar!

¿Y el culo también, desgraciado?-preguntó Leon.

¡NO ES MOMENTO PARA DISCUTIR!-los amenazó Grant desde dentro.

¡Ni tampoco para dar órdenes vacuas!-exclamó James-¡Eres el único que no está haciendo nada!

Multiplicaré tu castigo, Silver.-dijo Grant con severidad.

Christian se agarró a la ventana del coche con una mano y con la otra lanzó dos cables con cabezas perforadoras atadas en los extremos.

¡Haced que se claven en el fuselaje del tanque!-pidió Christian.

¡Vamos allá!-exclamó Leon.

El tirador sacó dos pistolas y con cada una de ellas clavó un vástago en el tanque.

¿Así está bien?-preguntó Leon.

¡Perfecto!-exclamó Christian-¡Gracias!

¡Fríe a esa cosa, vamos!-pidió Leon-¡Estoy deseando verlo!

¡Eso está hecho!-asintió Christian.

El chico movió un interruptor, haciendo que una fuerte corriente fluyera por los cables. El tanque comenzó a vibrar y a calentarse.

¡James, vamos a necesitar distancia!-pidió Christian-¡No te preocupes por los cables, no se romperán, son muy largos y tengo un rollo de seguridad plegado dentro del equipo! El tanque no podrá moverse… ¡si nos alejamos ahora, Émile y Leon podrán reventarlo!

¡Muy bien!-asintió James.

El conductor pisó el acelerador y comenzó a ganar distancia con el tanque.

¡AHORA!-gritó Christian una vez se hubieron alejado lo suficiente.

Émile y Leon dispararon con sus armas explosivas a discreción. El tanque voló por los aires, incendiando el perímetro circundante.

¡Bien hecho!-exclamó James-¡Nos vamos al hotel, necesitamos reagruparnos con la sargento Phoenix!

. . .

El líquido de Philell sacó de aquella gruta a los Taimanin, dejándolos en una posición muy ventajosa para llegar hasta Gokuruma.

Ningún demonio volverá a acercarse a nuestras tierras.-dijo Yamiyuki-Tendré que encerrarte.

Yamiyuki apuntó a Philell con la caracola que le había dado y, mágicamente, éste fue absorbido por ella.

¡Vamos!-exclamó Yamiyuki-¡Gokuruma está cerca!

. . .



Tras una larga carrera, los jóvenes llegaron a Gokuruma. Lo primero que hicieron fue buscar a la doctora Saki Himehagi. Después de explicarle la situación, Kuroageha fue inmediatamente puesta en una camilla.

Necesito que os vayáis.-pidió la doctora-Kuroageha está muy grave y necesito usar mi poder…esto no se arreglará con medicina académica.

Los Taimanin asintieron y se fueron de la sala.

Ninpô!-oyeron exclamar a la doctora.
(¡Arte ninja!)

Entonces…-dijo Yamiyuki mirando a los subordinados de Kuroageha-… ¿quedáis inhabilitados voluntariamente?

Sí.-dijo Veena-Nos quedaremos aquí, al lado de Kuroageha, hasta que se recupere. Id a vengarla si así lo deseáis.

Probaremos la eficacia de ese Philell.-dijo Yamiyuki-Nos reuniremos para planear una estrategia y partiremos cuanto antes, a ser posible mañana. Chicos, no os olvidéis de que tenemos que estudiar… ¡seguimos en un doctorado!

Iba a hacerlo.-dijo Hagane guiñando un ojo-No me salto el estudio nunca.

Ya somos dos.-añadió Aoi.

Tres.-dijo Rito-¿Acaso alguien lo dudaba?

No tiene sentido seguir contando, ¿no creéis?-añadió Shirubei con una sonrisa cómplice-Hay unanimidad.

Sí…-dijo Inuhito vagamente.

Inuhito…-dijo Yamiyuki-…sé que te ha dolido encontrarte de nuevo con Benibatsu. No te preocupes, estamos contigo.

Lo sé…-suspiró el chico-…pero no puedo evitarlo.

Yo he visto a Kazark de nuevo…-dijo Aoi-…y no he podido matarlo…

Han pasado otras cosas más importantes.-dijo Rito-No te tortures.

Rito tiene razón.-terció Yamiyuki-Saldremos de ésta sea como sea. De momento, voy a pedir que sellen esta caracola y me den una llave mística para abrirla y cerrarla cuando quiera. No me fío de lo que el tal Philell pueda hacer desde ahí dentro.

Eso está bien pensado.-asintió Aoi.

Con este panorama tan lleno de ocupaciones y dificultades, el equipo Yamiyuki abandonó el pabellón para prepararse mientras el equipo Kuroageha se quedó a la espera de noticias sobre su líder.