martes, 7 de octubre de 2014

[WCIII] Episodio XVI: Por todos

REACTION
WORLDS COLLIDE III
Episodio XVI · POR TODOS

Ver y escuchar a aquel hombre los había dejado a todos impactados. Yamibara Kuroi… ¿por qué había aparecido en ese instante y no antes ni después? En cualquier caso, nadie pensaba que su encuentro con semejante figura fuese una casualidad. Después de haber escuchado la historia del clan Kuroi contada por el mismísimo Yamiyuki, no les cabía duda de que aquel hombre llamado Yamibara no mentía: sus ojos eran exactamente idénticos a los de Yamiyuki en color, por lo que la realidad de su existencia no se alejaba de la que había descrito. Parecía fuerte físicamente, bien cuidado y muy atlético, pero no demasiado joven: si bien su piel estaba totalmente tersa, en sus facciones se notaba una cierta edad. No era anciano, ni mucho menos, pero sí podría ser el padre de alguno de los presentes. Aquella congelante sonrisa que exhibía daba a entender que sus intenciones no estaban para nada relacionadas con ayudar al grupo.
Jamás pensé que me encontraría en persona con Gishi John Ametatsu Dalton y Shogun Nikola Chou Tesla…-dijo Yamibara mientras observaba al grupo-…y por esa ventana de procedencia desconocida se puede ver a Marah Obulgi…no hay duda de que los mejores científicos de la actualidad del país se están reuniendo poco a poco…o, mejor dicho, nos estamos reuniendo…
¿Tú eres un científico?-preguntó Dalton desafiante-Permíteme dudarlo: no me suena tu nombre.
Claro que no te suena.-respondió Yamibara con sorna-Un apellido como el mío tiene que mantenerse en secreto para los momentos clave. Seguro que hay muchos científicos japoneses cuyos trabajos conoces y sigues pero a los que nunca has visto en persona…
Dalton asintió con la cabeza.
Marcus Ervahlt.-dijo Yamibara-¿Te suena? Seguro que sí. Todas esas investigaciones del diseño en patrones numéricos de reactores para síntesis de piedras artificiales de almacenamiento y transformación de energía…ese enigmático doctor europeo que se nacionalizó a los ocho años de edad…
¿Estás diciendo que Marcus Ervahlt no existe?-preguntó Dalton.
Claro que no existe.-Yamibara se ahuecó la melena-Soy yo quien hizo esos patrones. Más de uno de los reactores con los que hayas trabajado en laboratorio hoy en día llevan mi firma en espíritu.
¿Sabes lo que suele sospecharse de quienes ocultan su identidad mientras obran?-preguntó Dalton.
¿Cobardía?-se mofó Yamibara-Venme con otro cuento: ése está muy manido.
Es una de las dos posibilidades…-contestó Dalton-…siendo la otra el hecho de que traméis algo tan sumamente desproporcionado que no queréis ni que se vea. ¿Me equivoco?
¡Desde luego que no!-concedió Yamibara-¡Eres tan sagaz como era de esperar!
Y bien, Yamibara…-dijo Yamiyuki-… ¿puedo ayudarte en algo? Entre familiares, podemos hablar y actuar con confianza, ¿no es así?
Entonces…permíteme la confianza de probarte.-dijo Yamibara-Muéstrame hasta qué punto el heredero de Megami Kuroi del siglo XXI es digno del recuerdo…digno de desviar el destino que quiero arrojar sobre vosotros…
¿Destino?-preguntó Yamiyuki.
¡Aplastaros!-respondió Yamibara dando un pisotón en el suelo-No puedo decir que sea algo personal, pero sí un paso que tengo que dar por el bien de mi labor científica…
Ervahlt podía no tener cara…-terció Nikola-…pero sí clarísimas señas de no ser trigo limpio.
Un Kuroi no ejerce la ciencia si no es con fines benevolentes.-Yamiyuki alzó la voz ligeramente.
¡Eso es, doctor Tesla!-exclamó Yamibara con insolencia-¡No manches nuestro apellido! ¿No ves que enfadas al joven?
No lo decía por él.-respondió Yamiyuki-Lo digo claramente por ti, Yamibara. La manera que has tenido de aparecer, tus formas, tu entonación, tus intenciones…está claro que no tienes ninguna buena intención.
¿Cómo puedes desconfiar de mí así, primo?-preguntó Yamibara con una media sonrisa.
¿Eres mi primo?-preguntó Yamiyuki-Dudo que los que actualmente son mis tíos sigan vivos cinco milenios después.
De alguna manera tendré que llamarte…-dijo Yamibara-…porque “hermano” no cuela, ¿verdad?
Claro que no.-respondió Yamiyuki-Conozco bien a mis hermanas, gracias por tu preocupación.
Independientemente de todo esto…-Yamibara cambió de tema-…creo que estáis haciendo juicios precipitados. ¿Cómo puedo ser yo una mala persona? ¿Cómo decís eso de mí cuando habéis conocido a una de las bellísimas personas con las que me relaciono y trabajo hoy en día?
No me jodas…-murmuró Freya-… ¿quién será?
¿Después de haber conocido a la grandísima Arianelle Blanchoret podéis pensar que existimos científicos malvados?-preguntó Yamibara alzando las manos dramáticamente.
¿Trabajas con esa puta?-preguntó Freya.
Codo con codo.-respondió Yamibara-Actualmente no llevamos ninguna línea conjunta, pero hemos llevado a cabo múltiples estudios y diversas obras juntos.
¡Maldición!-siseó Freya-Las cosas no paran de tornarse más y más enrevesadas… ¡y no tenemos tiempo para todo esto!
Yo os lo daré.-respondió Yamiyuki solemnemente-Yamibara… ¿lo que sea que hayas venido a hacer aquí tiene que ver conmigo específicamente?
Obvio.-respondió Yamibara.
Entonces…-tanteó Yamiyuki-… ¿serías tan amable de quedarte a solas conmigo y dejar que los demás se vayan?
Por supuesto.-Yamibara hizo un gesto con la mano que daba a entender que podían irse.
¡Yamiyuki!-exclamó Freya-No siento nada bueno en ese hombre…
¿Y no confías en mí?-preguntó el chico-Déjamelo: ¡tenemos mucho que hacer!
Claro que confío en ti.-respondió Freya-Le darás una paliza por muy feas que te ponga las cosas, ¿verdad?
Haré lo que sea necesario para lograr la paz en este caos de mundos.-dijo Yamiyuki-Luchar, negociar…lo que se tercie.
Está bien.-dijo Freya-Ponte en contacto con nosotros cuando todo haya pasado: nos pondremos al día mutuamente. ¡Da lo mejor de ti!
Como cada día.-respondió Yamiyuki mientras echó un último vistazo a sus compañeros mientras se alejaban corriendo de allí.
Para sorpresa de todos, las ventanas mágicas que mostraban a Marah y a Yurika persiguieron al grupo, quedando otras dos con Yamibara y Yamiyuki. El cuerpo inconsciente de Pamela se quedó allí, sin ser atendido por nadie.
Cuéntame, Yamibara…-dijo Yamiyuki-... ¿a qué debo tu aparición?
A dos cosas.-dijo el mayor de los dos parientes-La primera…y menos importante…es porque me ha gustado bastante esa mujer que está en el suelo. La vi hace poco no muy lejos de aquí y tiene todo lo que hay que tener para que sea mi sirvienta: la esclavizaré. La segunda, y la verdadera, pues encontrarme con esta dama de acero ha sido casualidad, es poner punto y aparte en la historia de nuestra familia.
Yamiyuki se mantuvo a la escucha.
Crecí harto de las líneas del clan Kuroi.-explicó Yamibara-Este clan es un edificio que quiero demoler. Me he preparado para acabar con toda la familia…y reconstruir el clan. Tenemos que extendernos hacia más esferas…como la magia. Además, nadie de la familia ha sabido abandonar los moralismos que…
¡Alto!-bramó el menor de los familiares-Punto número uno: ¡Megami nunca te dejaría hacer eso con su clan! ¡La llevas contigo! ¿Cómo puedes oponerte así a ella?
Yamibara puso los brazos en jarras y arqueó una ceja.
Punto número dos:-continuó Yamiyuki-¡Ha habido muchos magos entre los Kuroi! Que muchos otros no lo seamos no significa que no aceptemos la magia. Punto número tres: ¿MORALISMOS? ¿Qué moralismos? ¿Una familia que ha vivido matando y subyugando durante generaciones sin dejar de sentirse orgullosa de ejercer la violencia con hermosura y legitimidad poética se aferra a moralismos? ¿Qué es un moralismo para ti, Yamibara? ¿Negarse a corromper el mundo con mierda que no necesitamos? ¿Te has convertido en el científico loco de toda obra cinematográfica? ¿Es eso?
No lo entiendes.-dijo Yamibara-Es hora de cambiar el mundo.  ¡Estancarse es veneno para el progreso! Arianelle y yo nos apoyamos profesionalmente porque compartimos ideales. La animalización de la flora permitirá cambiar el curso de nuestras vidas desde la raíz, nunca mejor dicho. No estoy interesado en hacer su trabajo, pero sí en llevar a cabo el mío con unas ideas parecidas a las suyas.
Arianelle Blanchoret es una vendida.-respondió Yamiyuki-Sólo es una científica con ideas destructivas en las que sólo ella ve algo bueno. Se ha vendido al mejor postor a un grupo de gente a la que no le importa para aprovecharse los unos de los otros: ella ofrece su fuerza y recibe intentos de eliminar la ley para que pueda obrar a sus anchas. Una sicaria más de esta mafia. ¿Eres eso tú también?
Yo soy muy diferente.-respondió Yamibara-Yo no necesito que nadie haga nada por mí. Lo voy a hacer todo yo. Desgraciadamente, estáis en mi camino por dos razones: una de ellas es que, como grupo, interferís en las actividades de mi sector…un período de anarquía transitoria es lo mejor para trabajar al margen de lo legal, pero nos lo estáis impidiendo. La otra razón es que tú, como individuo particular, eres una mancha negra, nunca mejor dicho, en el trazado de mi camino: no puedo permitir que alguien como tú se reúna con lo que queda del clan e impida mi proyecto de restauración.
¿Lo que queda del clan?-preguntó Yamiyuki con rabia-¿Qué demonios has hecho?
¿Por qué crees que soy yo?-preguntó Yamibara con sorna.
Freya tiene razón: para bien o para mal, eres demasiado poderoso.-dijo Yamiyuki-Puedo sentirlo. Has ejercido la violencia contra los tuy…contra los nuestros, ¿verdad?
¿Tanto se nota?-preguntó Yamibara.
¡Maldito!-bramó Yamiyuki-¡No te dejaré que hagas lo que quieras con el clan! ¡Te pararé los pies y enderezaré lo que has torcido! ¡Nuestra familia siempre ha obrado por su bien y por el del mundo! ¡Eres un necio si pretendes destrozar todo lo que llevamos ganando durante siglos! ¡Jamás te permitiré manchar el apellido que llevo con orgullo! ¡GLORIA A LOS KUROI!
¡Eso es!-gritó Yamibara alzando y apretando un puño-¡Por un futuro radicalmente innovador…GLORIA A LOS KUROI!
Por un futuro lleno de innovaciones, ciencia benevolente, orgullo y justicia.-lo corrigió Yamiyuki-Por un futuro en el que nos adaptaremos al progreso y contribuiremos a modelarlo con nuestras grandes capacidades mientras mantenemos nuestras más finas tradiciones sin caer en el fanatismo del que eres presa. Por un futuro de generaciones de cabelleras negras como la oscuridad que nos rodea y ojos rojos como la sangre que con honor derramamos en el nombre del más sano egoísmo y la más con él ambivalente justicia. Por un futuro en el que nuestro apellido imponga el respeto, la admiración, el placer y el terror que siempre han impuesto. Gloria a los Kuroi…sin ti, Yamibara. Aún no te conozco, pero creo que eres un estigma para la familia…lo cual es aún más deshonroso si recordamos que tus ojos son rojo molibdeno, señal de que puedes comunicarte con la Matriarca.
¿Ves a lo que me refiero?-preguntó Yamibara-La familia tiene una mente cerrada…
No voy a negarte que, por ser un clan muy antiguo y numeroso, nos aferremos a ciertas líneas que no queramos soltar.-dijo Yamiyuki-No obstante, nuestras tradiciones están enfocadas siempre a cultivarnos a nosotros mismos, y hemos desechado todo lo que no nos servía o que nos perjudicaba. Hay países en los que “tradición” es sinónimo de apuñalar a un animal en público…pero la familia Kuroi no es así. Nos acercamos cada vez más a la perfección con nuestros propios métodos, lo cual no veo negativo. Tampoco considero de tener una mente cerrada el profesar la idea de que eres alguien negativo para el clan cuando levantas tu espada contra tus familiares y ejerces la ciencia con fines malignos…la ciencia, una de nuestras especialidades…
¿Por qué os empeñáis todos en decir que mi producción científica está enfocada a ejercer el mal?-preguntó Yamibara-¡No habéis visto mis trabajos!
Porque te coaligas con Arianelle.-respondió Yamiyuki-En cualquier caso, está bien: te daré un voto de confianza. Muéstrame tus trabajos. Enséñame tu ciencia. Dame pruebas de lo que haces. Explícame hasta qué punto puedo considerarte un buen científico o un psicópata.
¿Cómo quieres que te lo enseñe?-preguntó Yamibara sonriendo.
En el campo de batalla.-dijo Yamiyuki-Seguro que, aunque quieras remodelar el clan, te gusta la tradición de medirte con tus parientes en un combate mano a mano, ¿verdad? Siempre nos ha gustado luchar…no traiciones a tu sangre por encima de tus posibilidades.
Está bien.-concedió Yamibara-Me gusta la idea. Además, puedo enseñarte algunos de mis trabajos aplicados al combate. ¿Te parece bien, primo?
Sí, pero no soy tu primo.-dijo Yamiyuki.
Se miraron. Uno frente a otro, se pusieron en guardia.
Tienes una buena postura.-dijo Yamiyuki-Parece ser que también eres de los pocos que sigue conociendo las artes marciales tradicionales en esta época.
Por supuesto.-dijo Yamibara-Nunca se ha perdido entre los Kuroi. Tú tampoco lo haces mal, pero…tu cuerpo es inferior.
Efectivamente…tu cuerpo ha seguido la tendencia de nuestra familia: cada vez más altos y más perfeccionados, pero…-dijo Yamiyuki-… ¿crees que tengo miedo de ello?
Sé que no.-dijo Yamibara-Más no te preocupes… ¡voy a hacer que lo tengas!
¡No te tengo miedo ni te lo tendré jamás!-exclamó Yamiyuki-¡Prepárate!
. . .
Una vez se hubieron alejado de Yamibara, Metallurgy pudo transportar al grupo hacia las máquinas con uno de sus aros. Por primera vez en mucho tiempo, se encontraban en el siglo XXI, en la fábrica de Metallurgy. Los recuerdos pasaron por la mente de Freya: hacía ya tiempo desde que se conocieron allí…desde que Yamiyuki y ella lucharon contra la que ahora era su fiel compañera.
He dejado aquí las máquinas para poder estar con mis hombres durante el proceso.-explicó Metallurgy-Están desconcertados y me necesitan.
¡Jefa!-oyeron gritar a un operario mientras corría hacia la joven.
¿Estáis todos bien?-preguntó Metallurgy mientras observaba al trabajador que corría casi llorando hacia ella seguido de otros tantos.
Entre balbuceos, los hombres explicaban que habían intentado seguir todos los planes de producción programados y que habían tratado de ser fuertes frente al caos, pero no podían evitar tener miedo y sentirse inseguros.
No os preocupéis.-dijo Metallurgy-Voy a estar con vosotros algo de tiempo. Como podéis ver, he traído unas máquinas gigantescas y las he almacenado en una de las salas multiusos vacías, donde hace poco dejé también un tanque de contención. Vamos a quedarnos allí haciendo una labor muy delicada de nuestro trabajo, así que, por favor, manteneos alejados por vuestra seguridad. Aprovechad la protección que mis compañeros y yo os brindaremos para trabajar con seguridad, sin olvidaros de tomar vuestros descansos y recordando que hoy, por ser un día especial de reencuentro… ¡cocinaré para todos vosotros!
Los operarios cambiaron sus semblantes. Parecían mucho más tranquilos y contentos.
¿Por qué tenemos que velar por la seguridad de esta gente?-preguntó Aquanika.
“Esta gente” son mis operarios, y no permitiré que les pase absolutamente nada, ¿entendido?-Metallurgy parecía cambiar de personalidad cuando la seguridad de sus hombres entraba en juego.
Haréis como dice Metallurgy.-pidió Freya tajentemente.
Jefa…-se aventuró uno de los operarios-… ¿puedo preguntar qué son esas pantallas que os persiguen?
Oh…-Metallurgy reparó en las vistas de Marah y Yurika-…son dos camaradas. Tenemos que vigilarlas y comprobar que se encuentran a salvo hasta que puedan volver. No os preocupéis: nadie que intente causar problemas en mi imperio saldrá impune ni ileso. Cuando tengáis un momento, por favor, derivad una de las cintas transportadoras que atraviesan los muros para volcar una camilla de emergencia en la sala donde estaremos trabajando, gracias.
¿Es para esta cosa?-preguntó Itami mientras arrastraba el cuerpo de Ayame como si fuera un saco.
Sí.-respondió Metallurgy.
Los invitados de la fábrica siguieron a su anfitriona, Metallurgy, hacia las instalaciones donde iniciarían sus nuevas misiones: el tratamiento de Ayako y el aprovechamiento de Ayame.

lunes, 6 de octubre de 2014

[WCIII] Episodio XV: Caras conocidas

REACTION
WORLDS COLLIDE III
Episodio XV · CARAS CONOCIDAS

Tras unos eternos segundos de forcejeo y recelo, el portaaviones aterrizó todo lo suavemente que se le podría haber pedido. La onda expansiva fue mínima, pero, aun así, tumbó varias construcciones adyacentes y bloqueó una amplia extensión de vías públicas.
Joder, menos mal…-Aquanika aterrizó en la cubierta.
Casi nos estampamos…-bufó Ibara mientras se bajaba del bastón.
Pero lo hemos conseguido.-terció Freya-No pongáis esas caras tan largas, chicas.
Oyeron un fuerte golpe: Nokanys había lanzado por los aires al resto del grupo con una onda de energía disparada por su mano.
¡Me da igual que hayáis conseguido parar mi estrategia del barco suicida!-exclamó Nokanys-Yo misma puedo mataros aquí y ahora…
Tenemos que tratar a Ayako.-recordó Freya-Necesitamos largarnos de aquí rápido: muy rápido y, sobre todo, sin esa maldita militar loca.
No podréis libraros de mí.-Nokanys se sonrió-¡Preparaos!
Agarró un trozo roto de la estructura de la cubierta del portaaviones y lo convirtió en un espadón con ayuda de su alquimia instantánea. Apuntó entonces al grupo con el arma.
¡Aumento de sueldo al primero que rompa esa mierda!-ordenó Freya estirando su brazo y apuntando al espadón de Nokanys con su mano.
Itami volvió a dejar el cuerpo de Ayame en el suelo y se lanzó a por Nokanys. Activó unas intrincadas disposiciones de cuchillas en sus botas y lanzó patadas alternando sus piernas. La militar bloqueó todos los impactos con su notablemente ancho espadón y, posteriormente, lo bateó golpeándolo con el lomo en lugar de con el filo. Ibara intentó seguir a su chico con un sai en cada mano, pero también fue burlada por la increíble fuerza de la militar, que rompió los sai de un mandoble y lanzó volando a su dueña de una patada.
Dicen que a la tercera va la vencida.-advirtió Nokanys-Le cortaré la cabeza al próximo que se lance a atacarme.
Eso no será necesario.-dijo Metallurgy envalentonada-¡Técnica especial de Potencia Máxima!
La joven había materializado un terminal bastante grande que llevaba colgado de los hombros a la altura de su pecho para poder manipularlo. Asimismo, habían aparecido cuatro pequeñas máquinas voladoras a su alrededor y unas orejeras protectoras de aspecto muy pesado en su mano. Se colocó los cascos, tecleó algo en el terminal y colocó los cuatro dispositivos formando un cuadrado perfecto encima de Nokanys.
¡SONODEMOLICIÓN!-exclamó la joven de piel gris mientras pulsaba un último botón.
Los dispositivos voladores se activaron y liberaron unas desmedidas ondas ultrasónicas que cavaron un inmenso boquete, hundiendo a Nokanys a la vez que hacían polvo su espada.
¡Premio, Metallurgy!-la elogió Freya apretando el puño.
Parece que los sonotrodos voladores la han dejado algo tocada…-observó Metallurgy quitándose las orejeras-…tal vez su oído tenga un rango de frecuencias audibles diferente al humano y eso haya afectado a su equilibrio.
¡A lincharla!-exclamó Freya-¡AHORA!
Dalton comenzó a lanzar Ether a la vez que Aquanika disparaba proyectiles mágicos. Se les unió Yuuji disparando chorros espiralizados de viento con sus manos.
¡Atrás!-pidió Yuuji-¡Voy a lanzar una técnica especial!
Aquanika y Dalton cesaron con sus ataques a distancia y saltaron varios metros hacia atrás. Yuuji se colocó en una pose elegante y seductora y comenzó a danzar grácilmente.
¡Bomba Eólica de la Devastación!-exclamó Yuuji.
El chico saltó y dejó caer una gran cantidad de su energía transformada en forma de una esfera gigantesca de viento girando sobre sí mismo. La explosión ahondó el boquete hecho por Metallurgy, creando un túnel que hundió a la militar enemiga verticalmente, como si la sepultara. En su continuo ascenso a causa del golpe de viento, Yuuji tiró de unos hilos ocultos de su chaleco y una estructura plegable oculta en su espalda comenzó a montarse automáticamente: unas enormes alas de mariposa de una brillante y vistosa gama de colores rosas se habían desplegado, permitiéndole surcar el cielo gracias al impulso de su ataque. Iba a aprovechar para tirarse en picado a por Nokanys, pero fue interrumpido.
¡Así que aquí estás, chico mariposa!-exclamó una voz femenina conocida-¡Nos vemos de nuevo!
Desde la azotea de un edificio medio derruido, la mujer con la que Yuuji se había enfrentado antes de llegar al hospital estaba observando.
¡Es esa tía!-señaló Aquanika-¡Eh, mariposilla, dile que baje si tiene algo que decir!
Veo que las cosas siguen como siempre…-susurró la mujer antes de saltar hacia donde estaban Freya y los demás.
Aterrizó en cuclillas y pesadamente, causando una vibración y algunas fracturas en el suelo. Se puso entonces en pie: era una mujer muy alta, de algo más de dos metros. Todo su cuerpo era músculo puro, con unos anchos brazos, unas enormes y marcadas piernas, hombros fornidos, cadera ancha, glúteos prominentes y duros y unos gigantescos senos que disonaban totalmente con su musculatura. Llevaba un uniforme de color verde militar bastante antiguo consistente en una chaqueta de manga larga, una falda de tubo por encima de las rodillas, unas botas altas con suela gruesa sin tacón y una capa cuyo forro interior era rojo, así como una gorra militar con adornos dorados y visera rígida de color negro verdoso. Sus manos iban cubiertas por guantes blancos, y lo poco que se veía de su piel tenía un ligero toque bronceado. Del cinturón llevaba prendido un sable enfundado, y tenía una larga melena de color lavanda claro, con la mitad de la longitud suelta y la otra mitad trenzada. Unas gafas rectangulares de montura fina cubrían sus curiosos y característicos ojos que no tardaron en asociar a alguien conocido. Sólo el rostro y los ojos les eran conocidos, pero les fue suficiente…
¿¡TÚ!?-bramó Aquanika-¡No me jodas! ¡Estaba esperando este momento! ¡No sé qué coño te has hecho, pero te va a dar igual cuando dentro de poco PISES EL NICHO!
Yuuji bajaba en picado con sus enormes y majestuosas alas de mariposa. Parecía que los demás conocían a esa mujer.
¡Pamela Rosenstiehl!-exclamó Yamiyuki-Volvemos a vernos, ¿no es así?
No nos habíamos olvidado de ti, Pamela.-dijo Freya-Pagarás tu traición.
¡Voy a despedazarte lentamente, zorra!-la amenazó Aquanika-¿Me oyes?
Os invito a intentarlo.-dijo Pamela con sorna.
¡No me gusta que una persona de dudosas intenciones amenace a mis camaradas!-exclamó Yuuji mientras aterrizaba y se colocaba su antifaz-¡Recibe el castigo de Pink Butterfly!
¡Y una mierda!-le respondió Pamela con desdén.
Lanzó una patada alta, burlando la estrategia de asalto de Yuuji, quien se vio obligado a bloquear con otra patada y aterrizar de manera bastante indebida, quedando en una posición desventajosa desde la que la fornida mujer pudo lanzar una patada baja para tirarlo al suelo.
¡El suelo también es buen lugar para defenderse!-la advirtió Yuuji mientras lanzaba tres cuchillos kunai rosas.
Me parece muy bien.-comentó Pamela parando las armas arrojadizas entre sus dedos-¿Puedo seguir con lo mío?
Buen trabajo, Yuuji.-dijo Freya levantando al chico del suelo-Has tumbado a Nokanys, puedes descansar orgulloso. Esto lo tiene que arreglar Aquanika…
Por fin nos dejan solas…-dijo Aquanika con una sonrisa sádica sacando una katana.
Yuuji, que no conocía muy bien a Aquanika, se sorprendió al ver que sus ojos, hasta el momento azules, se habían vuelto amarillos. También hizo memoria y recordó que, en conversaciones anteriores, los tenía marrones.
Freya, ¿qué…-intentó preguntar Yuuji.
Los ojos de Aquanika, ¿verdad?-dijo Freya-Son su marca de identidad como bruja: cambian de color según las ganas de matar que tenga…es muy típico de ella.
¡Voy a cortarte en lonchas!-gritó Aquanika saltando katana en mano hacia Pamela.
¡Ja!-rió la soldado.
Desenvainó su sable y paró el tajo de Aquanika, lanzándola por los aires con un fuerte empujón.
¿Eso es todo lo que tienes?-preguntó Pamela mientras le hacía un gesto con la mano para que se acercara.
¡Claro que no!-bramó Aquanika desapareciendo de la vista de su enemiga.
Apareció por detrás de ella dispuesta a hundir su hoja en un costado. Conociéndola como la conocía, Pamela predijo aquello y golpeó a Aquanika con una patada trasera, alejándola lo suficiente como para permitirle poner su sable en la trayectoria de la katana, evitando recibir el golpe. Con gran rapidez, la bruja asesina apareció y desapareció por distintos puntos cercanos a Pamela, propinando sablazos con la katana que intentaban tomar a su contendiente por sorpresa, pero ésta pudo burlarlos todos.
¿Qué cojones pasa?-pensó Aquanika-Antes no era tan rápida…
Bueno, Aquanika…-dijo Pamela apretando el puño con el que no sujetaba el arma-…creo que es justo que ahora sea yo la que tome la ofensiva. ¡Prepárate!
Con una velocidad inusual, Pamela lanzó una estocada frontal, dispuesta a ensartar a Aquanika por la espalda. La mujer de cabello rosa se giró y burló el impacto con su katana, viéndose a punto ser clavada en aquella espada. Sin mediar palabra, la cambiada Pamela lanzó una rapidísima sarta de estocadas que desequilibró a Aquanika tras varios bloqueos, obligándola a  retroceder, momento que Pamela aprovechó para girar sobre sí misma y patear su cuello, enganchándose en él doblando la pierna y estrangulando a su contendiente con ambas piernas.
Bájate ahora mismo…-siseó Aquanika mientras aguantaba el peso de Pamela sobre su cuello de pie.
Oblígame.-respondió Pamela dirigiendo su sable al hígado de Aquanika.
Aquanika liberó un grito, parando la estocada con su katana y dándole a Pamela la oportunidad perfecta para hacer ademán de rodar y arrastrarla al suelo para empotrar su cuerpo con una potente llave tras la cual contoneó su cadera en aras de dislocarle el cuello.
Veo que estás experimentando dificultades.-dijo Pamela con sorna.
Y pronto verás tu cara estampada en el suelo.-respondió Aquanika tras tomar aire para respirar.
Pamela sintió el férreo tacto de las manos de Aquanika agarrando sus piernas. Con una fuerza más que notable, la bruja separó las piernas de su enemiga de su cuello y se deslizó por el suelo para escapar de aquella brutal llave de pinza. Acto seguido, se levantó y se dispuso a patear a Pamela antes de que se levantara, pero la soldado fue más rápida y se incorporó, poniendo su antebrazo contra la pierna de la bruja para bloquear la patada.
Púdrete, traidora ladrona de inventos…-le espetó Aquanika mientras lanzaba un puñetazo.
La enorme y dura mano de Pamela agarró el puño y lo apretó, causándole dolor. La pelea contra Verónica le estaba pasando factura: dos archienemigas seguidas eran, cuanto menos, una cadena agotadora.
Si antes estaba cuadrada…-pensó Aquanika-…ahora no sé cómo cojones está…menuda mole...y antes era bastante más baja que yo… ¿por qué ahora me saca una cabeza? No entiendo qué cojones está pasando…a no ser que… ¡claro!
Aquanika abandonó su soliloquio y sacudió su brazo, liberando su puño de la mano de Pamela.
Eres el futuro de la Pamela que conozco, ¿verdad?-preguntó seriamente la kazaja.
Obviamente.-la militar sonrió con sorna-Los humanos no vivimos cinco siglos, pero no vengo de este futuro, sino de otro más cercano a tu presente. Tengo 40 años...y podría decirte muchas cosas de lo que os pasará a ti y a…
Oyeron un estruendoso golpe. En el fondo les parecía extraño que hubiera tardado tanto: Nokanys había salido del agujero que habían cavado empujando su propio cuerpo.
¡Insolentes humanos!-exclamó Nokanys sacudiéndose el polvo del vestido-Voy a haceros sufrir lo… ¡eh! ¿Quién narices eres tú?
¿Y tú?-respondió Pamela.
¡No hables así a tus superiores!-gritó Nokanys-Veo que eres una militar, así que conocerás mi papel en la diplomacia con nuestro planeta, ¿no es así?
Lo cierto es que te conozco, pero me importas una mierda.-le espetó Pamela.
Atrévete a decirme eso de cerca, estúpida soldado raso.-la amenazó Nokanys.
Soldado raso tu puta madre, gnomo de jardín.-dijo Pamela enfundando su sable y crujiéndose los nudillos mientras caminaba hacia Nokanys-Voy a hacerte morder el polvo.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, lanzó un puñetazo descendente, pero Nokanys lo esquivó y contraatacó con una vigorosa patada giratoria alta que lanzó a Pamela volando hasta que cayó inconsciente al suelo.
Ja…-rió Nokanys-… ¡JAJAJAJAJAJAJA! ¡Patética! ¡Ridícula!
¡EH, TÚ!-terció Aquanika-¡Nadie me quita a mi presa y vive para contarlo!
¡Ya no tenemos necesidad de quedarnos parados!-exclamó Freya-¡Nokanys es de todos!
Freya, Metallurgy, Nikola, Dalton, Ibara, Itami y Yuuji se lanzaron al ataque.
Alto ahí.-dijo una voz desde una posición indeterminada.
Dos enormes círculos se abrieron en el aire. Parecían distorsiones espaciales, cuadros a medio pintar en el cielo.
Excelentísima generala Nokanys Lithzaladrell.-continuó la voz-Tiene usted una invitación de su rey. Hay una audiencia a punto de celebrarse. Se baraja la abdicación y usted sería la primera candidata en la sucesión de la corona.
No te creo, idiota.-respondió Nokanys.
Aquella voz no era ni masculina ni femenina. Parecía la voz de una máquina. Un tercer agujero se abrió, esta vez rectangular, como si fuera una puerta. De él salió un hombre que a duras penas pudieron ver…excepto Nokanys.
¡Estás aquí!-exclamó Nokanys-¡Te dije que no volvieras a acercarte a mí salvo para suplicarme perdón!
Sin mediar palabra, el hombre entró en la recién dibujada puerta. Nokanys lo siguió sin decir nada a los demás, ignorándolos por completo, cerrándose tras de sí el rectángulo.
Sólo voy a decir una cosa antes de retirarme.-dijo la voz-El juego más arriesgado, y también el más placentero, es el tiempo. El tiempo es el juego de los juegos, y se os presentan a continuación las reglas. Hoy seréis espectadores, pero… ¿quién sabe si mañana seréis jugadores? La única regla que tenéis los espectadores es que no podéis dejar de serlo antes de que termine el juego.
Los agujeros que transmitían imágenes difusas en el aire se volvieron nítidos. En el que se situaba más a la izquierda podían ver a Yurika en guardia frente al hombre misterioso que vestía la armadura roja. Se encontraban en lo que parecía una sala de una mansión medieval totalmente vacía, sin ningún tipo de mueble, sólo una puerta cerrada y una ventana desde la que se veía el cielo. A mano derecha había una jaula con lo que parecía un ave bastante grande. Por otra parte, en el agujero derecho podía verse a Marah, también en guardia, frente a otro hombre, idéntico pero con una armadura negra. Parecían hallarse en el pasillo de una nave espacial: un suelo metálico, puertas cerradas herméticamente a ambos lados y unas ventanas que dejaban ver la inmensidad interestelar. Estaban viendo a sus amigas secuestradas, y también oyéndolas. Las dos preguntaban a sus respectivos contendientes que de qué se trataba aquello, no obteniendo respuesta. También escuchaban cada paso que daban las chicas, sus respiraciones…todo como si estuvieran allí, al lado del resto.
¡Marah!-exclamó Freya-¡Yurika! ¿Podéis oírnos?
Ni siquiera parecían darse cuenta. Estaban completamente aisladas de los demás, aunque éstos pudieran verlas y oírlas. ¿Qué clase de magia era aquélla?
Ayame, Pamela y ahora esto…-dijo Aquanika-…se empeñan en cargarnos muertos y no paran.
¡Qué juego tan intrincado!-oyeron otra voz-¡Yo también quiero jugar!
¿Qué demonios…-Nikola se puso en guardia, así como también lo hicieron los demás.
Aquella voz no era tan ambigua: era claramente masculina. Desconocían si tenía que ver con la anterior.
Si tienes algo que decir…-dijo Freya-… ¡sal aquí y habla! ¡No os escondáis, cobardes!
Te aseguro que no soy un cobarde.-respondió aquel hombre que no podían ver-Voy a mostrarme ahora mismo…sobre todo porque no tengo mejor momento para hacerlo. La tengo al alcance…es perfecto...
¿De qué estás hablando?-preguntó Freya en un tono defensivo.
No tardaré en llevármela.-dijo la voz de hombre-No obstante, tengo que haceros unas preguntas. Según cómo respondáis, apareceré de una forma u otra…
¡No jodas!-bramó Aquanika.
Calma.-terció Itami-Sé muy bien a qué quiere jugar…a lo mismo a lo que le he ganado a este inútil, supongo.
Pisó levemente el cuerpo inerte de Ayame.
Sí, intenta provocarnos…-dijo Aquanika-…no obstante, nunca dejaré que merme mi juicio: mis ganas de darle una paliza son independientes del mismo.
¡Pregunta de una vez!-ordenó Yamiyuki-¡No te quedes tan callado!
Tú eres quien más tendría que verse envuelto en la futura espiral de preguntas y respuestas, ¿sabes?-respondió la voz masculina.
Me parece bien.-Yamiyuki no se dejó llevar, sino que intentó seguirle el juego-Pregunta y te intentaré responder yo mismo.
Está bien.-dijo la voz-Primera pregunta: ¿verdad que sentís que muchas cosas quedan sin explicar en todo esto?
¡Obviamente!-respondió Yamiyuki mientras pensaba que aquel hombre se burlaba de ellos.
Segunda pregunta: si habéis aunado ciencia y magia en vuestro grupo, ¿por qué ninguna de las dos os sirve para explicar según qué facetas de ninguna de las dos?-preguntó la voz de nuevo.
Si lo supiéramos…-respondió taimadamente Yamiyuki-…habríamos suplido esa carencia hace mucho tiempo. Las situaciones complicadas se acometen paso a paso, y eso es lo que estamos haciendo.
Por supuesto…-respondió la voz-…qué pregunta menos acertada por mi parte…casi tengo tentación de pedir disculpas…pero no lo haré. Tercera pregunta: en relación con lo anterior, ¿os preguntáis qué o quién puede estar detrás de vuestras dudas?
Cada día, gracias por la obviedad.-respondió de nuevo Yamiyuki-¿Tienes algo interesante que aportar o nos podemos ir de aquí ya? Tenemos cosas que hacer.
No seas impaciente…-dijo la voz-…seguro que te interesará conocerme. ¿Recordáis a ese individuo que se dedicaba a perseguir y atacar a vuestro querido Dalton?
Como para olvidarlo.-dijo Yamiyuki-Fue necesaria la ayuda de…alguien de mi familia…para plantarle cara…y, aun así, no conseguimos darle fin.
¿Y si te digo que ese individuo es mi aliado?-preguntó la voz.
No me sorprendería.-respondió Yamiyuki-Todo me parece esperable. Esto no deja de ser una jaula de locos, ¿no es así?
No voy a darte más pistas.-dijo la voz-Sólo quiero recordarte…que eres único en tu época. No nace alguien como tú en todas las generaciones.
¿He de suponer que conoces a mi familia?-tanteó Yamiyuki.
Ya lo creo.-respondió la voz.
Eso explicaría por qué Megami dijo que ese clon de Dalton “era un Kuroi”…-dedujo Yamiyuki-…y también explicaría quién cojones eres. Desconozco por qué no puedo sentirte de las maneras obvias, pero no necesito que me digas más. Lo he entendido perfectamente: soy único en mi generación, pero no en mi familia.
¡Bingo!-dijo la voz con sarcasmo.
¿Clonación?-preguntó Yamiyuki.
¡Error!-bramó la voz masculina desde la nada.
Las imágenes de Marah y Yurika no dejaban de verse y oírse. No obstante, sus diálogos no parecían llegar a ninguna parte, y todos estaban convencidos de que ambas acabarían luchando contra esos hombres.
Sabía que era un error.-dijo Yamiyuki-No obstante, podría haberse dado lo contrario de una manera… ¿inexplicable? Quería pensar que esto sería más fácil de lo que intuyo, pero veo que no es así.
Casi puedo leer tu mente, joven Yamiyuki…-dijo la voz-…veo que estás entendiendo lo que pasa en esta época futura con respecto a tu apellido.
Sí.-dijo Yamiyuki-Y eso daría respuesta a la pregunta de por qué siento tanto peligro sobrevolándonos. Déjate de tapujos: eres el siguiente o uno de los siguientes a mí, ¿verdad?
Depende de a qué te estés refiriendo…-dijo la voz.
Pasar más tiempo evitando decirlo para suavizar la acometida de estas nuevas y difíciles circunstancias es algo inútil.-dijo Yamiyuki-Nos separan cinco milenios…tiempo más que suficiente para que haya nacido al menos otro descendiente directo de Megami Kuroi.
Delante del grupo comenzó a dibujarse una silueta: un hombre extraordinariamente alto, superado sólo por Freya en aquel numeroso grupo. Su figura era delgada y lánguida. Sus piernas, larguísimas, eran delgadas y vistosas, al igual que sus brazos. Su piel era muy pálida. Vestía de negro, con una casaca ajustada con adornos plateados, mitones con toques metálicos que más que adornos parecían cables funcionales, un cinturón lleno de cadenas, cruces y máquinas pequeñas colgando, unos pantalones muy ajustados con correas sobresaliendo en algunas zonas y unas botas altas de suela muy gruesa con cordones rojos. De sus hombros colgaba una media capa roja con ribetes violetas que terminaban en cruces de color violeta metalizado y colgaban alrededor de su pecho, sus hombros y la mitad de su espalda, dividiendo la media capa, que le tapaba hasta la altura de los codos, en triángulos repartidos por el peso de las cruces. Su cabeza estaba poblada por una larguísima melena negra lacia y brillante que llegaba hasta sus tobillos, como la de Yamiyuki, y sus ojos eran grandes, brillantes, saturados y rojos…de un rojo molibdeno muy puro e inolvidable…como los ojos de Yamiyuki.
Freya y los demás lo entendieron sin necesidad de explicaciones.
Es la primera vez que dos descendientes y herederos directos de nuestra Matriarca se ven y se conocen en persona.-dijo el recién llegado, dejando ver que la voz de antes era suya-Soy…tu pariente…Yamibara Kuroi.

jueves, 2 de octubre de 2014

[WCIII] Episodio XIV: Hacia tierra firme

REACTION
WORLDS COLLIDE III
Episodio XIV · HACIA TIERRA FIRME
La puerta por la que había entrado desde la cubierta estaba inutilizada. Aquel burdo intento de trampa estaba bien preparado, por lo que podía ver. Sin más remedio que seguir avanzando por el interior del portaaviones, Ibara voló otra puerta de una patada. No encontraba nada interesante, ningún plano para orientarse ni tampoco a ninguna persona a la que extorsionar para salir. Llegó a una sala llena de estanterías copadas con maletines, cajas, botes, garrafas y, en general, suministros de diversa tipología. En aquella especie de almacén pudo ver una puerta a su derecha tras una maraña de estanterías. Se acercó con objeto de avanzar a su través, pero, a medio camino, la puerta voló en pedazos: alguien la había destrozado. Ibara se mantuvo en guardia a la espera de que el autor de aquel impacto se asomara, pero se sorprendió y alivió al ver que se trataba de Itami, que estaba tan malogrado como ella y también semidesnudo a causa del intenso combate. A sus hombros cargaba, como si fuera un saco, lo que parecía el cadáver de Ayame.
¡Itami!-exclamó Ibara al ver a su hombre aparecer por la puerta.
¡Ibara, por fin!-gritó Itami mientras tiraba al suelo el cuerpo de Ayame y corría hacia ella.
No se molestaron en dialogar. Un apasionado beso habló por ellos. Tras aquel efusivo reencuentro, aún abrazados, se miraron. Itami era muy alto, pero podía parecer pequeño al lado de Ibara, quien no sólo era más alta, sino también más corpulenta.
¿Estás bien?-preguntó Itami.
Sí, lo estoy.-respondió Ibara-Esa zorra está muerta. Nunca más volverá a molestarnos…
¿La has matado?-Itami sonrió-Estoy orgulloso de ti, puta…
Ibara golpeó a Itami con un rodillazo en el pecho.
Mide tus palabras, perro sarnoso.-le espetó Ibara mientras sonreía macabramente.
Itami se sonrió entre el palpitante dolor. Eran libres de aquella carga.
¿Por qué arrastras el cadáver de Ayame?-preguntó Ibara.
No está muerto.-respondió Itami levantándose tras el golpe-Le he roto las dos piernas, así como ambos brazos por varios sitios, y lo he empapado en su propio semen a la vez que le clavaba las uñas por todo el cuerpo, pero me he esforzado de manera maestra en dejarlo con vida. Nos conocemos, Ibara, y sabía que ibas a matar a Ikaruga sin piedad. No es que yo no quiera hacer lo mismo con Ayame, pero…tómatelo como un regalo: me he resignado a matarlo para que tú pudieras disfrutar asesinando a Ikaruga. A alguno de los dos tendríamos que interrogar, ¿no es así?
Ibara sonrió pérfidamente.
Tenemos que volver con el resto.-dijo-No hay tiempo que perder…seguro que están enfrentándose a alguien…
Justo por donde he venido hay una sala de máquinas, pero está cerrada electrónicamente y no tengo ninguna llave.-explicó Itami-He intentado romperla, pero es una puerta demasiado especial para ello…
¿Se abre con una tarjeta llave, por casualidad?-preguntó Ibara.
Sí, creo que sí: había un lector en el lateral.-respondió Itami.
Perfecto.-dijo Ibara sacando una tarjeta del interior de su sujetador.
¿De dónde la has sacado?-preguntó Itami.
Del cadáver de Ikaruga.-respondió Ibara-La he fotografiado con el móvil varias veces…luego te enseño lo bien que me ha quedado la jugada.
Me parece bien.-dijo Itami mientras echaba a andar por donde había llegado hasta allí, con el cuerpo de Ayame de nuevo a cuestas.
Llegaron a la puerta. La tarjeta que Ibara había extraído de su enemiga funcionó, y los cierres se retiraron. Cuando entraron a la sala, vieron una inmensidad de extensión llena de aparatos desconectados que parecían simplemente almacenados allí…como si fueran máquinas robadas.
En las etiquetas de muchas de estas máquinas pone “hospital Furuhana”…-reparó Itami.
Tienen toda la pinta de ser las que esa loca vestida de novia robó de allí.-dijo Ibara-Tal vez es lo que Freya y Marah buscan…
Entonces…-dedujo Itami-…sólo tenemos que hacer que Metallurgy venga y las birle transportándolas a su garito, ¿no es así?
Es una buena opción.-respondió Ibara-Sólo necesitamos saber dónde están…
Tras un paseo por la sala, vieron una pequeña puerta con un cartel que rezaba “cuarto de comunicaciones”. Era una puerta tradicional, con cerradura y pomo, pero estaba cerrada con llave, como era de esperar. Itami sacó otra de sus armas ocultas: una escopeta recortada. Con ella, voló la cerradura de un tiro y pudieron pasar.
Hay cámaras que monitorizan todo el vehículo…-observó Itami-…y un sistema de radio bastante rudimentario.
Esto es una especie de barco pirata del siglo XXI.-dijo Ibara-Esta “sala de máquinas” es realmente una sala de máquinas ROBADAS con un pequeño cuarto para vigilar este trasto gigante. En otras circunstancias, podríamos divertirnos aniquilando a todos los que estuvieran rondando por aquí dentro, pero tenemos que llegar hasta los demás…
Cierto.-asintió Itami-Busca todo lo que puedas en los ordenadores de ahí: yo voy a intentar colarme en el canal de comunicación sin los credenciales que pide.
Se pusieron manos a la obra. A los pocos minutos, Ibara había encontrado unos planos del barco. Pudieron extraerlos físicamente gracias a una vieja impresora y, con ayuda de un bolígrafo que había encima de la mesa, marcaron la sala donde estaban las máquinas robadas, así como la traza de la ruta más corta entre la cubierta y dicha sala.
Esta mierda no tira.-se quejó Itami-Las comunicaciones están bloqueadas…
Da igual, ¡larguémonos!-apremió Ibara.
Enrollaron los planos y se los guardaron. Corrieron entonces hacia la cubierta. Los videojuegos a los que jugaban en su tiempo libre les habían enseñado que, si aparecían enemigos en el camino, era porque seguían la dirección correcta y, en efecto, varios hombres armados les salieron al paso. Tras dar buena cuenta de ellos en poco tiempo, continuaron su camino. Lo último que los separaba de la cubierta eran unas escaleras bastante largas que terminaban en una trampilla que tendrían que forzar. Después de romperla, se vieron subiendo al suelo de la cubierta del portaaviones, es decir, del lugar donde habían sido separados del resto.
La cubierta del barco era el escenario de una auténtica batalla campal. Verónica, la princesa demoníaca, estaba peleando fieramente contra Freya, Aquanika, Metallurgy, Nikola, Dalton y Yuuji. Les extrañó que Yurika y Marah no estuvieran allí, pero no les importaba especialmente.
¡Eh!-gritó Ibara corriendo hacia la pelea-¡Ya estamos aquí!
¡Ibara e Itami han vuelto!-se sorprendió Metallurgy.
¡Están hechos mierda!-se mofó Aquanika.
¿Más estorbos?-preguntó Verónica girándose.
Vio que detrás de ella llegaban Itami e Ibara. Su reacción a esto fue lanzarles un manojo de rayos de oscuridad, pero Itami lanzó el cuerpo de Ayame contra los rayos y lo utilizó como sumidero para poder avanzar hasta la elegante pero peligrosa dama demoníaca y asestarle un golpe con un trozo de barra metálica que había arrancado de la pasarela de subida.
El golpe desequilibró a Verónica, permitiendo que Ibara saltase contra ella y la golpease con ambos pies entre las clavículas.
¡Insolentes monstruos menores!-bramó Verónica-¡Os vais a enterar! ¡Zandyne!
Un gigantesco rayo azul cayó del cielo, electrocutando a Ibara. Tras ello, Verónica alzó el vuelo para separarse de Itami.
¡Teradyne!-gritó de nuevo.
Una explosión de rocas tumbó al chico. No obstante, no hubo descanso para Verónica, pues fue sorprendida por una ráfaga de bolas de energía eléctrica que Dalton estaba disparando a través del M.W.S. reducido.
¡Void Elec!-conjuró Verónica.
Una esfera eléctrica recubrió el cuerpo de la demonio, anulando todos los disparos de Dalton, que entendió la estrategia y saltó hacia su enemiga con objeto de asestarle un mandoble con su espada. En el aire, Verónica esquivó el impacto y bloqueó el siguiente con un ala, a lo que Dalton respondió convirtiendo su espada en escopeta y disparando casi a quemarropa, alejando y desequilibrando un poco a la poderosa enemiga.
¡Ahora!-exclamó Dalton.
Freya lanzó una ingente bola de fuego con su bastón. Verónica agarró esa gran masa ardiente con sus manos y la deshizo por completo, tras lo cual sacó una varita mágica y comenzó a disparar rayos de distintos colores a su través. Aquanika murmuró un encantamiento y su pelo comenzó a alargarse y a enterrarse en la cubierta, emergiendo justo debajo de Verónica en forma de pinza para atraparla.
¿Cómo has…-balbució Verónica.
Soy una bruja, para bien o para mal.-le explicó Aquanika-¡Voy a freírte con los poderes con los que tú misma me maldijiste!
De las manos de la joven kazaja emergió una tanda de proyectiles mágicos de varios colores muy brillantes que impactaron contra la demonio, causándole quemaduras e impactos más que moderados. Negándose a rendirse, agitó su varita mágica, haciendo que la melena de Aquanika volviese instantáneamente a su estado original, liberándose del agarre y bajando en picado desde los cielos para lanzar un conjuro devastador.
Nikola imitó la trayectoria de Verónica y la interceptó con su puño americano eléctrico, con el que la golpeó de manera ascendente en la boca del estómago.
¡Que alguien le dé el golpe de gracia!-pidió Nikola mientras se esforzaba por retener a la poderosa criatura demoníaca.
Metallurgy se lanzó hacia la enemiga. Llevaba un invento suyo puesto en el brazo: un brazal gigante con un martillo neumático en el extremo. Intentaría aplastarla para terminar el combate, respaldada por Yuuji, que volaba elegantemente montado en un tornado que domaba a placer.
Verónica reaccionó y paralizó mágicamente a Nikola para librarse de su apabullante fuerza y poder dispararle un chorro de fuego con la varita. Acto seguido, alzó el vuelo y esquivó un tremendo golpe con el martillo neumático de Metallurgy, que escindió violentamente el suelo de la cubierta. Sin detenerse a observarlo, tuvo que danzar en el aire batiendo sus alas para esquivar una salvaje ráfaga de burbujas de aire a presión disparadas por Yuuji.
¡Es un hueso duro de roer!-exclamó Freya.
¡Es un hueso roto!-la corrigió Aquanika-¡Voy a cargármela!
Todos vieron de manera remota la confesión de Aquanika cuando Freya fue a darle el ultimátum a la puerta de su casa de Kyzylorda: si Verónica no se hubiera cruzado en su vida, todo habría sido muy diferente para ella. Le tenía mucho rencor y mucho odio.
Ibara e Itami se levantaron tras recibir aquellos fuertes impactos mágicos. Justo cuando iban a unirse a las fieras Aquanika y Freya, el barco comenzó a temblar violentamente.
¿Qué está pasando?-preguntó Yamiyuki corriendo hacia sus compañeros.
En medio de su carrera, se cayó desde la proa hacia la popa a un ritmo bastante acelerado. Sentía cómo la altura a la que se encontraba aumentaba.
¿El barco está echando a volar?-preguntó Metallurgy agarrándose fuertemente de una barandilla para no caer.
¡No estamos tocando el agua!-chilló Dalton, que había ido a parar al saliente desde el que Arianelle les había disparado hacía unas horas.
¡Algo está levantando el barco!-conjeturó Nikola mientras trataba de agarrarse a algo-¡Algo ajeno al mismo! Dudo mucho que esta cosa pueda volar…
Metallurgy lanzó un dron volador con cámara para intentar averiguar qué estaba sucediendo. Recibió una lectura de la parte baja del vehículo.
Hay una fuerza vertical y hacia arriba levantando el barco.-informó a duras penas-No puedo verlo bien, pero…hace contacto directo con la parte baja una mano. ¡Sí! Hay una mano sujetando el barco…
¿Un gigante submarino?-bramó Yamiyuki.
¡No!-Metallurgy no daba crédito a lo que veía-¡Es una mano de tamaño humano!
¡JAJAJAJAJA!-oyeron una risa amplificada con algún tipo de megáfono.
Esto no estaba en los planes…-dijo Verónica-… ¡volveremos a vernos, escoria!
La mujer demonio se desvaneció de allí.
Conozco esa risa…-dijo Freya mientras usaba su magia para mantener el portaaviones en equilibrio.
¡POR FIN NOS ENCONTRAMOS DE NUEVO!-la misma voz volvió a chillarles.
¡La cámara está recibiendo datos!-exclamó Metallurgy-Voy a desplegar una pantalla flotante para que lo veáis…
En el aire se vio una imagen inoportuna e inesperada. Nokanys, la peligrosa militar extraterrestre, estaba sujetando el portaaviones con una mano.
Voy a mataros a todos.-todo el mundo asoció la voz con la de Nokanys al verla mover los labios mientras oían los gritos amplificados-¡Nadie os salvará de una calamidad a bordo de un portaaviones! ¡TOMAD ESTO, ESCORIA HUMANA!
Con fuerza, Nokanys lanzó el portaaviones lejos de allí. Estaban surcando el océano…sin ningún tipo de equilibrio. Además, Nokanys los seguía de cerca volando a gran velocidad. Freya alzó su bastón y lanzó un potente hechizo de inercia que funcionó muy convenientemente: el barco seguía volando hacia un lugar con el que colisionar, pero todo el mundo podía mantenerse de pie y moverse por él como si estuviera horizontal.
¡Tenemos que hacer algo!-apremió Freya-¡TENÉIS que hacer algo! Yo tengo que mantener este hechizo…
Itami volvió a agarrar el cuerpo de Ayame.
¡De momento me quedo custodiando a éste!-exclamó-¡Lo podremos interrogar a gusto después de esto!
Está bien, entonces daré yo la noticia.-dijo Ibara-Hemos encontrado las máquinas del hospital. Lo que necesitáis para esa Ayako está por ahí abajo, y tenemos la ruta apuntada en estos planos.
Ibara sacó los rollos de papel, que estaban algo malogrados.
¡Perfecto!-exclamó Yamiyuki mientras los agarraba-¡Metallurgy, te necesitaremos para transportarlas a nuestras bases! Tu fábrica, el laboratorio de Nikola, el edificio de Dalton…donde desees, pero hemos de apropiarnos de las máquinas. Yo bajaré contigo para ayudarte a luchar en caso de que sea necesario.
Metallurgy asintió y bajó corriendo con Yamiyuki por la trampilla por la que habían subido Ibara e Itami.
¿Me creeréis si os digo que hemos dado varias vueltas al globo terráqueo?-preguntó Freya.
¿Cómo podemos estar volando a tanta velocidad sin salir despedazados?-preguntó Dalton sorprendido.
Estoy haciendo verdaderas proezas con la magia para mantener la inercia.-dijo Freya-Aplica los conocimientos físicos que tienes y piensa en todo lo que tengo que estar haciendo con un hechizo para que el efecto de este vuelo violento y salvaje sea equivalente a estar quieto en territorio horizontal.
¿Qué pasará si gastas demasiado poder y se interrumpe la conjuración?-preguntó Nikola.
Eso no va a suceder.-respondió Freya con vehemencia-Pero, si tanta curiosidad tienes...digamos que…moriríamos todos.
¡Qué suerte tenemos de que seas incansable!-respondió Nikola dejándose caer en el suelo.
Aquello les resultaba una locura. O estaban locos, o estaban orgullosos: orgullosos de su poder, de su voluntad, de sus méritos y de lo cerca que parecían estar de alcanzar la paz entre los mundos.
¡Todo listo!-oyeron la voz de Metallurgy por megafonía-¡Tenemos las máquinas! Podremos tratar a Ayako…pero necesitaremos a Marah. ¡Y no os olvidéis de Yurika! ¡Hay que rescatarlas a las dos!
Acabo de desbloquear las comunicaciones.-terció Yamiyuki-Os hablamos por radio, pero ahora mismo volvemos a la cubierta.
Ya lo habéis oído.-les explicó Freya-En cuanto tengamos de vuelta a Marah y a Yurika…nuestro objetivo será tratar a Ayako o, al menos, ver si es tratable.
Freya, ¿puedo hacerte una pregunta?-se aventuró Dalton-¿Es posible que Nokanys haya calculado el lanzamiento para que aterricemos de nuevo en Japón?
Lo llevo pensando un tiempo.-respondió Freya-Y se lo agradecería, porque tenemos muchas cosas que hacer en nuestro querido país.
Yamiyuki y Metallurgy volvieron con el grupo.
Ya lo tenemos todo.-dijo Yamiyuki-Sólo nos falta abandonar este barco. Hemos mirado la sala de monitorización y podemos afirmar que ni Marah ni Yurika están aquí.
Esa pesada nos continúa siguiendo.-dijo Aquanika señalando el punto blanco que resultaba ser Nokanys volando tras ellos.
¿Cómo de resistentes tienen que ser los cuerpos de esos seres para no deshacerse a semejantes velocidades?-se preguntó Ibara.
Más de lo que imaginamos.-respondió Dalton-Menos mal que este vuelo está a punto de concluir…
El barco caía en picado, dejando kilómetros y kilómetros tras él. Vislumbraban de nuevo la costa japonesa. No iban a aterrizar en el mismo punto donde habían despegado, pero sí en el mismo país. Nokanys se coló en el barco.
¡No puede ser!-chilló-¡Seguís vivos! ¿Qué es esta magia que siento?
Mi hechizo de inercia.-dijo Freya.
Así que sólo tengo que anular tu magia para que muráis en el impacto…-dijo Nokanys.
Sí y no. Sería así de sencillo si pudieras hacer tal cosa, pero esta vez no vas a lograrlo.-dijo Freya con serenidad-Chicos, ingeniáoslas para que el aterrizaje sea suave.
Aquanika comenzó a levitar. Extendió sus brazos y envolvió el barco con un brillo azulado. Había desplegado un aura de levitación lo suficientemente grande como para dejar el portaaviones ingrávido. Nokanys lanzó una onda de anulación mágica, pero no surtió efecto. El poder de Aquanika y el de Freya estaban resonando y, por algún motivo, se habían hecho imborrables momentáneamente.
Tres serán mejor que dos.-dijo Ibara-Odio colaborar, pero no quiero morir bajo este mastodonte mecánico.
Ibara clavó su bastón en la cubierta y comenzó a bailar. Con su poder de la gravedad, comenzó a preparar el aterrizaje para no sufrir daños y para reducir críticamente la onda expansiva.
Itami, Dalton, Yuuji, Nikola y Metallurgy se lanzaron hacia Nokanys para evitar que saboteara el aterrizaje.

miércoles, 1 de octubre de 2014

[WCIII] Episodio XIII: Hombre contra hombre

REACTION
WORLDS COLLIDE III
Episodio XIII · HOMBRE CONTRA HOMBRE

Tras varios minutos de forcejeo, persecución e intercambios de golpes, Ayame empujó a Itami hacia el interior de una sala bastante oscura, cerrando y bloqueando la puerta de la misma tras ello, quedando los dos solos en aquel habitáculo.
¡Enciende la puta luz, no me gusta follar a oscuras!-bramó Itami.
No hemos venido aquí para tener sexo con nadie, lo siento.-respondió Ayame.
Claro que no.-siseó Itami-¡Con nadie! ¡Tú y yo! ¡Te voy a follar hasta por las cuencas de los ojos de tan mala leche que me estás poniendo, pedazo de error evolutivo!
Eres muy maleducado, Itami, tanto como siempre.-le reprochó Ayame.
Ibara también lo es y seguro que en ella te parece “un hermoso y vivaz rasgo de poder natural y femenino”…o alguna de esas mierdas que sueltas.-Itami lanzó una provocación.
Bueno…-Ayame intentaba terminar la conversación-…Ibara es muy diferente a ti.
Somos iguales, no te niegues a admitirlo.-respondió Itami-Almas gemelas. ¿Por qué piensas que dos perros solitarios como nosotros nos hemos acercado mutuamente e incluso somos novios? Piensa un poco, cabeza hueca…no tenemos amigos, pero, más allá de eso, somos PAREJA.
Mientras Ayame intentaba articular una respuesta, Itami recordó lo que le había contado mientras recorrían varios pasillos del barco. La estafa de Shiroi, las condiciones de esclavitud a las que estaban sometidos…y el ultimátum. Pese a que él vivió lo mismo con Ibara, no sintió ningún tipo de pena.
No te quedes tan callado, Ayame…-dijo Itami sonriéndose en la oscuridad-…quiero hacerte una pregunta.
No quiero oírla.-respondió Ayame.
Más que una pelea tradicional, aquello parecía una pelea mental, un enfrentamiento psicológico, un choque de espadas hechas de diálogo.
Pues te jodes, porque vas a oírla.-respondió Itami-Verás, tengo una inquietante duda sobre tus labores en las filas de Shiroi…
Ayame permaneció callado.
…cuando se te descolocaba la polla del becario de la oficina, ¿cómo te la volvías a meter en la boca sin forzar demasiado el cuello?-preguntó Itami-Porque está claro que te tenían atado con un collar como a los perros y que con las manos no podías hacer nada ya que tenías que limpiarle los zapatos al becario mientras se la comías hasta llorar de las arcadas. ¡JAJAJAJAJA!
¡Desgraciado!-bramó Ayame intentando sofocar la aguda y estridente risa de hiena de Itami.
Vaya…-dijo Itami-… ¿me he equivocado? ¿Sólo le hacías pajas con los pies? ¿Ponías el culito para que te lo reventara? ¡JAJAJAJAJAJA! ¡PARDILLO!
Eres tan sucio como siempre…-le espetó Ayame-…no has cambiado NADA.
Encendió las luces. Se vieron mutuamente. Itami se había sentado en el suelo después de haber sido lanzado por Ayame, quien permanecía de pie ante él apoyado en una pared con los brazos cruzados. Parecía que Ayame conocía el portaaviones por dentro, pero Itami era un recién llegado, por lo que miró a su alrededor: estaban en una sala redonda llena de columnas cilíndricas dispuestas en el perímetro, con una enorme columna en el centro en la cual se encontraban empotradas unas máquinas que parecían regular algún tipo de función de movimiento del barco.
 Parece…-Ayame continuó hablando-…que has olvidado que antes que nosotros fuiste tú quien vivió esto a manos de Shiroi Kamiyama.
Mi memoria funciona tan perfectamente como mi nada modesto falo, gracias.-respondió Itami levantándose y encarando a Ayame-No he olvidado nada de lo que pasé junto a ese hijo de un catamarán lleno de putas, pero eso no implica que tenga que importarme lo que te pase a ti. ¿En qué te basas? ¿En algún tipo de principio de empatía? Parece mentira que no me conozcas, Ayame…no soy una buena persona, ni jamás lo seré. Me importa una mierda que estés pasándolo mal o que estés condenado a muerte. Tal vez esto te haya pasado por enamorarte de quien no debías…admítelo de una puta vez, Ayame, Ibara es lo que la sociedad considera una mala persona, así como también lo soy yo. Somos unos cabronazos y no vamos a cambiar porque nos va bien así. Sé idiomas, ¿sabes? Como última voluntad, puedes pedirme en cuál quieres que te explique que me alegro de que estés tan jodido.
Puede que las cosas vayan mal en mi vida, pero no está todo perdido.-dijo Ayame apretando y alzando los puños-¡Puedo derrotarte y continuar con mi camino en aras de lograr lo que quiero!
Pero, ¿qué cojones me estás contando, subnormal?-le gritó Itami llevándose las manos a la cabeza y sobreactuando con sorna-¡Luego soy yo el que está mal de la cabeza por mi forma de vestir o por mis hobbies! ¿Te estás oyendo, cabronazo? No tiene puto sentido nada de lo que has hecho todo este tiempo, ni lo tiene ahora, ni jamás lo tendrá. La única manera de no morir es matándome a mí y luego matando a Shiroi, porque está más que claro que te matará aunque superes la condición de su ultimátum. Si mueres, se acaba el juego, pero, si no mueres…significará que yo habré muerto… ¡y tu queridísima Ibara se pondrá muy triste y sólo querrá ver arder el mundo! ¿Así pretendes conquistar a una tía, Ayame? ¿Hiriéndola profundamente donde más le duele? Tiene tan poca lógica todo lo que haces que creo que sólo podrás servir de modelo o en el negocio de la prostitución, y dando gracias de que no tiene nada que ver lo bueno que estás con lo gilipollas que eres.
¡BASTA YA!-gritó Ayame lanzando un puñetazo.
Itami bloqueó el golpe atrapando el brazo de su enemigo entre su brazo y sus costillas, ejerciendo presión como si fuera una pinza.
¡Nos hemos equivocado, sí!-continuó Ayame-¡Pero siempre hay una salida! ¡No vamos a estancarnos aquí!
Os habéis puesto vosotros solos en jaque mate, patanes.-le espetó Itami-Ikaruga está haciendo con Ibara lo mismo que tú conmigo, ¿verdad? ¿Crees que si Ikaruga matase a Ibara yo iba a enamorarme de ella? ¡Al contrario! ¡Hostigaría y hundiría a esa zorra de tal manera que lo único que iba a poder hacer sería desear la muerte sin putas fuerzas ni para cumplir su sueño dorado de suicidarse! ¿Pelear? ¿Torturarla? ¿Violarla? ¡Una gran mierda todo! ¡Haría de su vida un completo infierno SEGUNDO POR SEGUNDO! Y, sin embargo, a ella tampoco le importa…así como a ti te suda la polla lo que le pase a Ibara si yo caigo. Somos malas personas, pero déjame decirte que tanto tú como Ikaruga también lo sois. Dais asco. Verdadero asco.
¡Entonces estamos en el mismo barco, Itami!-exclamó Ayame-¡Y el barco se hunde! Ya sabes lo que dicen: cuando el barco se hunde, las ratas son las primeras en abandonarlo… ¡veamos quién es aquí la rata!
Yo soy un perro de raza, alimaña, no me compares con un animal inferior como tú.-le espetó Itami.
Lo veremos…-murmuró Ayame.
El chico de cabello verdoso intentó sacar su brazo de la presa de Itami, pero éste giró su cadera a la vez que atrasaba su hombro, atrayéndolo hacia él. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, pegó su entrepierna a su cara, rodeó su cuello con sus piernas y se dejó caer, pudiendo estamparlo contra el suelo fuertemente. Una vez en el suelo, Itami descruzó sus piernas y clavó su tacón en la espalda de Ayami con una de ellas a la vez que le sujetaba el cuello con la otra y frotaba su entrepierna contra su cara.
¿Te gusta, Ayame?-preguntó Itami con sorna-Siente su calor…disfruta su fragancia… ¡vas a probarlo centímetro a centímetro hoy a este paso!
¡Apártate!-exclamó Ayame separando las piernas de Itami de su cuerpo con sus manos.
El joven se levantó y, con las piernas de Itami aún agarradas, intentó contraatacar. Trató de tirar de las piernas de su enemigo separándolas con fuerza, pero la inmensa flexibilidad de éste hizo inútil el movimiento.
¿Quieres que tengamos ese tipo de enfrentamiento?-le preguntó Itami retorciendo su cuello hacia él mientras se equilibraba apoyando las manos en el suelo.
He intentado explicarte muchas veces que no me gustan los hombres…-dijo Ayame-…pero veo que tendré que enseñártelo de manera más… ¡gráfica!
Ayame dejó caer todo el peso de su cuerpo sobre la espalda de Itami a la vez que le levantaba las piernas con objeto de doblar al chico sobre sí mismo.
Me haces daño…-dijo Itami entre gemidos-…si sigues así me voy a poner muy duro, Ayame…
Puede que el dolor te cause placer…-dijo Ayame-…pero no podrás hacer nada contra mí con la cadera rota…
Como si pudieras hacerme algo así.-se mofó Itami intentando estirar las piernas.
El joven sadomasoquista estiró ambas piernas, catapultando a Ayame lejos de él. Tras esto, se levantó, fue hacia él y le pisó el pecho con el pie izquierdo.
Más te vale rezar lo que sepas.-lo amenazó-No vas a salir bien parado de ésta.
Eso aún está por ver…-dijo Ayame con una media sonrisa.
El brazo izquierdo de Ayame aumentó de tamaño hasta hacerse gigantesco. Con la enorme mano que ahora tenía, agarró a su enemigo como si fuera un mosquito, levantándolo con facilidad.
Hasta tu cuerpo amante del dolor puede hacerse añicos bajo presiones elevadas…-dijo Ayame mientras se otorgaba la victoria en su interior.
Tu poder de modificación de tamaños sería perfecto si agrandar o empequeñecer partes de tu cuerpo anulase la sensibilidad de las mismas.-dijo Itami con mucha tranquilidad.
Ayame sintió un pinchazo en la palma de la mano. Un dolor muy agudo recorrió su brazo, obligándolo a soltar a Itami a la vez que su extremidad volvía a su tamaño original. Se miró entonces la palma de la mano: tenía un pinchazo pequeño que sangraba bastante.
Grande a demanda en cuerpo, pero nimio en intelecto, como siempre.-dijo Itami levantando sensualmente una pierna y señalando la cuchilla curvada y ensangrentada que había brotado del empeine de su bota.
No necesito exponer mi piel para aplastarte, Itami.-le recordó Ayame mientras saltaba-¡HAH!
Lanzó una patada voladora. Su pierna se hacía más y más grande, creciendo en dirección a Itami.
Eso ha sido tan obvio…-dijo Itami apartándose con una voltereta lateral.
El gigantesco pie de Ayame tiró dos columnas antes de volver a su forma y tamaño originales en tiempo casi nulo.
Podrías aprovechar esa inmensa fuerza si fueras más inteligente.-dijo Itami-Siempre pensáis que soy un loco psicópata que obra por concupiscencia y sed de sangre, pero no es así. Soy tan estratega como luchador, y puedo adivinar tus movimientos. Admite tu inferioridad, arrodíllate, retírame el prepucio a lengüetazos y hazme una buena mamada: tal vez te deje ser mi esclavo. El que eso sea mejor o peor que morir a manos de Shiroi lo dejo a tu criterio.
Voy a obviar todas tus sucias y pervertidas referencias a partir de ahora.-dijo Ayame adoptando una elegante guardia-Lo que haré será centrarme en que dejes de tomarme por idiota de aquí en adelante…
No te equivoques.-dijo Itami con serenidad-No te tomo por idiota, sólo le recuerdo a cada uno su realidad de una manera objetiva especiada con mi toque personal.
Te callaré esa bocaza, Itami, quien avisa no es traidor.-Ayame parecía lleno de motivación-El perro tendrá un bozal.
¿Quieres ponerme un bozal?-preguntó Itami-Yo quiero ponerte una mordaza de araña con objetivos obvios…
¡A callar!-bramó Ayame-¡Deja tus provocaciones barriobajeras y pelea como un hombre!
Ayame lanzó un golpe de palma a distancia elongando y agigantando su brazo. Itami se lanzó contra aquella mano gigante y le dio un puñetazo. No logró parar el impacto, pero lo frenó mientras hacía surcos en el suelo por rozamiento.
Tiene gracia que me hable de pelear como un hombre alguien que nunca ha conocido la hombría.-dijo Itami mientras era empujado hacia la pared.
Habla cuanto quieras, pero vas a tragarte ese muro si no haces algo.-dijo Ayame con una sonrisa.
Lo veremos.-dijo Itami parafraseando a su contendiente.
Estiró su pierna horizontalmente, clavándola en la pared e impidiendo ser incrustado.
Estoy entre la manaza y la pared.-se burló Itami-¡JAJAJAJAJA!
Bien…-Ayame sonrió aún más-…justo como quería.
Como una centella, Ayame apareció frente a Itami y le cruzó la cara de un puñetazo, tras lo cual le dio varias patadas y lo empujó contra el suelo.
Puedo elegir el sentido en el que decrecerán mis miembros antes de volver a su forma original.-dijo Ayame-Es como si una araña te pegase uno de sus hilos y luego saltase sobre él para picarte.
Y razón que no te falta.-dijo Itami-Las arañas dan asco, y tú también.
No insultes a mis amigas.-dijo Ayame sacando un mando a distancia.
Pulsó un botón, haciendo que se encendieran varias luces detrás de las columnas, cuyo fondo estaba todavía bastante oscuro. En todas ellas había apilados varios recipientes llenos de insectos, arácnidos y miriápodos.
Hacerme vomitar no te dará la victoria, lo siento mucho.-dijo Itami.
No es ése mi objetivo.-dijo Ayame saltando hacia uno de los tarros.
Destapó el contenedor vítreo, sacando de él un escorpión que lanzó al centro de la sala. Chasqueando los dedos, lo convirtió en un amenazador y venenoso gigante.
¡Ataca!-le ordenó Ayame-¡Destrózalo!
Itami paró el fugaz aguijón de aquel animal con una daga que llevaba oculta bajo la ropa. En estos escasos segundos de forcejeo, la bestia agarró al chico con una de sus pinzas, levantándolo del suelo. Mientras Itami hacía fuerza con sus brazos para abrir la pinza con objeto de no ser cortado por la mitad, una tarántula y una escolopendra de gran tamaño se unieron al combate: la tarántula atacaba junto al escorpión mientras que la escolopendra daba vueltas alrededor de la sala para poder cazar a la presa si intentaba moverse.
Qué asco de bichos.-dijo Itami mientras rompía la pinza del escorpión con la fuerza de sus brazos.
Itami cayó de pie al suelo y sacó un arma de aspecto compacto y pesado. Apuntó al escorpión y disparó, causando una explosión que lo hizo saltar en pedazos.
Por muy grandes que sean…-dijo Itami-…unos invertebrados hacen poco frente a un lanzagranadas.
Ayame saltó de la escolopendra hacia la tarántula, cabalgándola para dar caza a Itami.
¡Vamos, mi fiel servidora!-le ordenó Ayame-¡Acabemos con él! ¡Devóralo!
Itami se abrió de piernas, se dobló sobre su cadera y disparó el lanzagranadas por el hueco que había dejado entre ambas extremidades inferiores. Ayame comandó al animal para saltar, pero la explosión le hizo perder tres patas, quedando en desequilibrio.
¡Adiós, arácnido asqueroso!-bramó Itami.
Un disparo más hizo volar en pedazos a aquella enorme tarántula. Saltando y haciendo piruetas, Ayame se posó de nuevo sobre la cabeza de la escolopendra a la vez que le ordenaba rodear y apretar a Itami, clavando sus patas en él.
El dolor me sigue poniendo a tono, pero esta cosa me da mucho asco.-dijo Itami sin perder la tranquilidad-Has sido sagaz a la hora de tirarme el lanzagranadas al suelo con este movimiento, pero no te creas que esto es lo único que tengo.
Aprovechando que sus piernas estaban libres, Itami volvió a hacer alarde de su gran flexibilidad y levantó una pierna verticalmente, dejando la puntera de su bota encima de su cabeza y apuntando al enorme animal. Un chorro de un fluido pulverizado salió de la puntera de aquella bota, provocando que la escolopendra cayera contra el suelo y lo soltara.
¿Qué le has hecho a mi amiga?-bramó Ayame.
Sólo he testeado una fórmula magistral de Freya.-dijo Itami encogiéndose de hombros-Hace un tiempo, antes de vernos las caras en la nave de los extraterrestres, me dijo que veía obvio que tú ibas a intentar enfrentarte a mí a solas, por lo que, de manera gratuita, me obsequió con un biocida creado por ella que, según me dijo, podría matar a cualquier artrópodo con una pequeña dosis.
¡Joder!-maldijo Ayame.
Basta de prolegómenos…-dijo Itami-… ¡vamos a descapullar!
¡Qué asco puedes llegar a dar!-Ayame hizo ademán de taparse los oídos.
Yo seré asqueroso, pero tu mente es débil.-Itami lo torturaba psicológicamente-Respondes puerilmente a cualquier provocación. Los dos sabemos de sobra que sólo te gustan las mujeres, pero aquí te tienes, molestándote por cualquier insinuación de lo contrario. ¿Vas a transformarte ya? ¡Dame algo de diversión! Esta pelea está siendo aburrida…
Resolvamos esto por fuerza entonces…-concedió Ayame mientras se transformaba en mántido.
Luchemos como monstruos…-asintió Itami mientras se transformaba-…me gusta.
Ayame lanzó varios ataques con sus pinzas, pero Itami los repelió con las alas, tras lo cual lo lanzó contra el suelo de un latigazo con la cola.
Sabes hacerlo mejor.-lo provocó.
¡VATES MUTILOBATA!-bramó Ayame.
Se convirtió en una mantis gigante de tonos anaranjados con cuatro grandes alas. A la vez que amenazaba a Itami, minúsculo ante aquello, con sus pinzas, hizo que todas sus mascotas rompieran los tarros y saltaran hacia el vampiro.
Craso error.-dijo Itami.
Su cuerpo se deshizo en murciélagos que comenzaron a destrozar a los pequeños animales. Algunos pudieron ser agigantados por la magia del mántido, pero los murciélagos se rodearon de un aura negra gigante  que los hizo superar en tamaño a los otros animales, pudiendo aplastarlos con facilidad. Acto seguido, liberaron las auras en forma de disparos de oscuridad contra la mantis gigante, volviendo los murciélagos a conformar el cuerpo de Itami, quien no dudó en lanzar una patada clavando las garras de su pie en la garganta de aquel insecto gigante. Éste batió entonces sus alas, generando un viento que hizo salir expelido al vampiro-íncubo, cuyo enorme y expuesto pene se convirtió en un gigantesco pincho con el que rompió una de las pinzas que lo amenazaban.
Me hace mucha gracia lo frágil que eres.-dijo Itami mientras sobrevolaba al enorme Ayame-Diría que me parto la polla de la risa, pero no es así… ¡mi polla te parte! ¡JAJAJAJAJA!
¡Maldito!-gritó Ayame mientras intentaba cazar a su enemigo con la pinza que le quedaba sana.
Itami lanzó una onda cortante de oscuridad que rompió la pinza, obligando a Ayame a volver a su forma antropomorfa. Agrandó una de sus pinzas, lanzando un zarpazo de nuevo contra Itami, que lo paró con el pene para, acto seguido, clavar la punta de su cola en la extremidad del contendiente e inyectarle así una dolorosa corriente de oscuridad.
¡Argh!-gimoteó Ayame-¡Ahora verás!
Intentó saltar hacia Itami, pero dos enormes cepos atraparon sus verdes y escamosas piernas. Ibara no le había dado el anillo de erección, pero, en su forma de monstruo, no necesitaba su objeto mágico para poder ejecutar su poder.
¡DEROPLATYS LOBATA!-gritó Ayame.
Convirtiéndose en una enorme mantis plateada con pinzas anaranjadas, logró romper los cepos. En ese momento, cambió su estrategia: usó su magia de variación de tamaño para hacerse microscópico. Aprovechó que Itami no podía distinguirlo para saltar hacia su cuerpo y, una vez fijadas sus patas en él, adoptó un tamaño de aproximadamente medio metro, con lo que pudo atrapar los descubiertos pezones del íncubo, cuya única vestimenta era un reducido lote de correas alrededor de su cuerpo, y retorcerlos con fuerza.
Tú sí que sabes hacerme gozar, Ayame…-Itami quedó extasiado momentáneamente.
Goza esto…-susurró Ayame.
Aprovechando el placer de Itami, se volvió a hacer gigante, aplastando contra el suelo a su enemigo con una pata.
¡Cuidado!-bramó Itami con cara de preocupación fingida-¡Es una trampa!
Una enorme bola metálica con espinas cayó sobre el lomo de la mantis, haciéndola caer despatarrada contra el suelo. Itami aprovechó para zafarse de su agarre y, colocándose a la altura de su cabeza, lanzó una voltereta con patada que la cortó longitudinalmente en buena parte de su cuerpo.
¡SPHAEROMANTIS SPINULOSA!-gritó Ayame.
Para evitar morir de la herida, cambió a otro tipo de mantis, esta vez una de color rojo con la parte trasera del cuerpo algo curvada sobre sí misma y pinzas negras.
Ya me aburres…-dijo Itami.
Voló directo a la cabeza de la mantis con objeto de arrancarla de cuajo, pero se vio atrapado por la ágil y pesada pinza.
Acabaré…-jadeó Ayame haciendo presión con la pinza-…contigo…
¡Y una mierda!-le espetó Itami.
Abrió vigorosamente sus alas, rompiendo la pinza y permitiéndole conjurar un péndulo cortante que la cortó por la mitad. Un destello de luz dejó el cuerpo humano de Ayame malogrado y con la ropa rasgada en el suelo. Itami permaneció en su forma de monstruo, bajó al suelo y le pisó el cuello con el gigantesco zanco negro que llevaba.
¿Listo para despedirte?-preguntó Itami con un tono dulce y sensual.
Reparó en la casi total desnudez en la que había quedado Ayame. Su ropa interior estaba intacta pero expuesta: unos calzoncillos algo atípicos que eran mitad bóxer por la pierna derecha y mitad slip por la izquierda. En la pierna izquierda, rodeándole la ingle, llevaba un aro brillante de color anaranjado que se adaptaba perfectamente a la forma de su pierna.
Oh…-reparó Itami-…tu objeto mágico…lo que te permite modificar el tamaño de la materia…
Itami separó sus piernas de tal manera que pudo agacharse sin dejar de pisar el cuello de Ayame. Acercó su cara a la entrepierna de su vencido enemigo mientras trataba de acariciar el aro que tenía en la ingle.
Ya sabes lo que pasa si intentas tocar el objeto mágico de otro monstruo…-le advirtió Ayame.
Sí.-respondió Itami mientras acariciaba el aro-Una dolorosa descarga nos recorre. Es tan placentera…tan dulce y suave como el calor, el tacto y la fragancia de tu expuesto paquete. No estás poco dotado, la verdad… ¿quieres que te haga sentir éxtasis?
¡Vete al infierno!-bramó Ayame-¡Mátame antes de hacer esto!
Ikaruga está muerta.-dijo Itami-Estoy seguro de que Ibara la ha matado. Conozco muy bien a la mujer de mi vida, ¿sabes? No obstante, ella y yo lo hemos hablado muchas veces: los dos sois un asco de personas, pero Ikaruga es peor con diferencia…ergo no merecéis acabar igual. No voy a matarte…no de momento, al menos. Te utilizaremos bien…créeme.
Itami  palpaba los genitales de Ayame por encima de su ropa interior.
¡Déjame!-se resistió Ayame.
Tu mente está tan dañada como tu cuerpo…-le explicó Itami-…me he encargado bien de ello. Gracias a esto, por muy hombre heterosexual que seas…mi potente seducción de íncubo penetrará en ti. No es que la homosexualidad esté manifestándose en ti…simplemente te da igual todo, estás desesperado…
Itami parecía una araña doblando una pierna para pisarle el cuello a Ayame mientras se frotaba contra él desde el suelo. Estaba disfrutando la tortura.
¡NO!-gritó Ayame incorporándose.
¡SÍ!-lo burló Itami tumbándolo de un puñetazo.
El puñetazo deshizo la coleta que llevaba Ayame, dejando su melena totalmente suelta. Sus ojos se cruzaron con los de Itami y su vista comenzó a nublarse. Sentía mucho calor. Algo le rozaba ahí abajo…
Así me gusta.-dijo Itami mientras su pene punzante se iba convirtiendo poco a poco en uno de carne-Déjate hacer…
¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAARGH!-chillaba Ayame.
El influjo mental de Itami, quien no sólo era inteligente y manipulador, sino que, además, poseía un poder mágico capaz de privar de juicio a sus víctimas, era potente, pero le permitía darse cuenta de las cosas: no podía parar de chillar por un cúmulo de razones.
¡NO!-gritó-¡PARA! ¡PARAAAAAAAAAAAAAAA!
En la mente de Ayame se juntaban el horror por haber sido derrotado, la preocupación por el futuro inmediato, el asco de ser masturbado por su archienemigo, un innegable placer que hacía que su miembro viril se humedeciera y un dolor tan agudo que le hacía querer desaparecer: Itami estaba rompiéndole las extremidades lenta y ruidosamente mientras lo masturbaba.
¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!-el íncubo se reía sádicamente ante el atormentado joven.
No quiero…-boqueó Ayame-…que me masturbes. Termina de matarme, pero no me hagas esto…
Defiéndete.-le dijo Itami-Sólo podrás librarte de mí si me quitas por la fuerza…
La lengua de Itami recorrió el pene de Ayame, limpiándolo de las secreciones preseminales.
Tienes un sabor fuerte.-dijo Itami-Muy masculino. Me gusta.
Clavaba sus garras una por una en la piel del chico, que tenía las cuatro extremidades rotas ya. Ayame estaba a punto de desmayarse.
Vive.-le ordenó Itami mientras soltaba el pene de Ayame.
El joven de cabello verdoso se desmayó en un orgasmo. Sintió su semen manchando su cuerpo y salpicando a Itami, pero no fue capaz de pensar mucho más: perdió el conocimiento y entró en un profundo sueño.