domingo, 1 de septiembre de 2013

[SSS] Capítulo 8: Frío

Capítulo 8: Frío

Era viernes. El día anterior, en los vestuarios del instituto Torikamiya, había habido un despliegue sexual de dimensiones notables. Priscille llevaba desde muy temprano con los libros en el banco del borde del tatami. Estudiaba mientras practicaba algunas caídas y movimientos básicos. Esa tarde, despediría la semana con un entrenamiento de Judo bastante duro, pero no podía permitirse dejar de estudiar entre medias.
Por su parte, Myo, Alice y Michelle se habían encontrado por el camino y habían entrado juntos al centro, como solía ser costumbre. Mientras se cambiaban, apareció Priscille con el judogi, el cinturón rojo y unos pesados libros en las manos.
¡Buenos días, chicos!-dijo con una amable sonrisa-Estaba preparando algunas cosas para hoy. Me voy a duchar antes de vestirme.
El joven se soltó el pelo, se quitó la ropa, la dejó en un banco sobre el que puso los libros al lado de su mochila y se introdujo en una de las duchas, donde se terminó de desnudar y se puso bajo el chorro de agua caliente.
¿Todo bien?-preguntó Myo mientras se cambiaba junto con Michelle.
Sí, estupendamente.-respondió el otro chico-Esta mañana me he levantado muy contento…en todos los sentidos.
Cómo no…-dijo Myo sonriendo con complicidad-¿la primera del día?
Y algo me dice que no será la última.-respondió Michelle-Llego a estar un poco más cerca de la cama y me toca cambiar las sábanas…y, por cierto, ¿qué tal tú?
Digamos que no mal del todo…-respondió el chico de cabello verde-…estuve estudiando mucho ayer por la tarde, luego me maté a hacer flexiones y…en resumidas cuentas, tengo cansancio acumulado. Menos mal que mañana es sábado y no hay que madrugar…hablando de fin de semana, ¿esta tarde o esta noche vamos a hacer algo?
Sería todo un placer.-dijo Michelle-Nos merecemos una pausa después de todo lo que ha estado pasando, ¿no crees?
A mí me vendría mejor quedar por la noche.-dijo Michelle-Tengo Judo esta tarde.
Alice salió de la cabina.
Yo estoy libre a cualquier hora.-dijo Alice-Me encantaría que hiciéramos algo juntos fuera de clase, hace mucho que no tenemos un momento de paz…
¿Salimos esta noche, pues?-preguntó Myo.
¡Vale!-dijo Michelle-Después de comer, tengo un entrenamiento de lacrosse, luego iré a ver a mis padres y, después, estaré libre.
En cuanto acabe el entrenamiento me doy una ducha, me cambio, dejo las cosas en casa y salgo hacia donde queráis que nos encontremos.-dijo Priscille.
Esta tarde no creo que haga mucho, tal vez me ponga a avanzar con una prenda que estoy intentando coser, así que saldré en cuanto me llaméis.-explicó Alice.
Bien, pues, como me voy a tomar esta tarde de relax…-dijo Myo-…os iré llamando al móvil. ¿Os parece bien a las nueve en el reloj de la estación?
Todos asintieron.
Cambiando de tema…-dijo Alice-…me gustaría deciros que ayer fue lo mejor…ya sabéis…
¡Todo un campeón!-adujo Michelle agarrando a Alice de los hombros.
¿Fue todo bien?-preguntó Myo aliviado-¡Cuánto me alegro!
¿Disfrutasteis el momento?-preguntó Priscille para asegurarse-Eso es lo que importa.
Los chicos se encaminaban hacia su aula.
El experimento está hecho…-dijo Alice muy cohibido-…el tiempo dirá.
¡El enano está helado hasta donde no os podéis imaginar!-dijo Michelle haciendo ademán de tiritar.
¡Michelle!-susurró Alice.
¡Perdona!-respondió Michelle-¡Era una forma de ROMPER EL HIELO!
Michelle empezó a reírse. Alice se le quedó mirando y también se rió.
Os ha sentado bien la tarde juntos, ¿eh?-preguntó Myo alegre.
Muchísimo.-dijo Michelle-Llegamos hasta el final…
…ya soy un hombre, supongo.-dijo Alice en voz muy baja.
Que tu mejor amigo te haya quitado la virginidad es una experiencia, cuanto menos, curiosa.-comentó Michelle-Bueno, ya sabéis que estamos conformes con todo lo que hayáis visto conveniente o apetecible hacer y que nos alegramos de que os haya salido bien.
. . .
¡Caer y levantarse!-dijo Priscille con tono animoso-¡La exhibición de la semana cultural tiene que ser sin igual!
Kirisame-senpai…-dijo un chico-…tanto nosotros, como los de Kárate, como los de Aikido vamos a participar en esta kata triple, ¿cómo vas a hacerlo para la semana cultural si capitaneas los tres equipos?
Fácil.-respondió Priscille poniéndose en guardia-Participaré en las tres y las encabezaré. Las katas son las tres seguidas y antes del concurso de preguntas interescolar, así que tendré tiempo. Ahora, quiero ver cómo intentas tirarme al suelo.
Lo cierto era que Priscille no parecía el mismo. La diferencia entre verlo en clase, siempre respondiendo todas las preguntas de los profesores y llenando pizarras con complicados problemas, verlo en el tatami, sin gafas, con su larga melena recogida y sus músculos tensos realizando hermosos movimientos, y  verlo en la calle, con su aspecto siniestro que nadie esperaría de un chico como él era abismal. El chico intentó hacerle una llave a Priscille, quien lo agarró de las solapas del judogi, se echó hacia atrás apoyando un pie en el abdomen de su pareja de entrenamiento, llegó al suelo, estiró la pierna y soltó a su compañero, lanzándolo por los aires hasta que cayó en el tatami, rodó y se levantó.
Buena agresividad, pero tienes que intentar predecir los movimientos del contrincante.-dijo Priscille mientras le hacía una señal para que volviera a intentarlo.
. . .
¡Venga, capitán, enséñales cómo se juega!-vitorearon los chicos del equipo de lacrosse.
Habíamos quedado en hacer un entrenamiento conjunto con el equipo de otra escuela…-dijo Michelle-¡esto está resultando una experiencia muy divertida! ¡Pasádmela, voy a enseñarles lo que es una buena goleada!
¡Arriba, Sakurai-taicho!-gritaron los compañeros de Michelle.
El juego prosiguió durante un buen rato. Finalmente, los del instituto Torikamiya ganaron a los del otro instituto, un equipo mixto que había accedido a entrenar con ellos. Alice estaba esperando en la puerta cuando Michelle volvió a los pasillos del centro.
¡Hola, pequeñajo!-saludó Michelle-¿No estabas cosiendo en casa?
Sí, he estado un rato, pero no me gusta pasar mucho tiempo sin parar porque es agotador y todavía no se me da bien.-explicó Alice-Verás, venía a verte porque sabía que ibas a estar jugando aquí…tengo algo que preguntarte.
Tú me dirás.-respondió Michelle-¿Me acompañas al vestuario y hablamos por el camino? Tengo que adecentarme un poquito para ir al hospital, ya sabes…
Claro.-respondió Alice mientras echaba a andar-Verás…he estado probando algunas cosas…quería intentar comprenderos mejor…comprenderte mejor.
Myo y Priscille también lo han hecho más de una vez, estoy seguro.-respondió Michelle con una sonrisa inocente con respecto al último comentario de su amigo-¿Y bien? ¿Te ha gustado?
Teóricamente, sí, pero no se parece en nada a como me lo hacías ayer.-explicó Alice-Me gustaría que me echases una mano…
Vale, pues.-respondió Michelle muy contento-Tenía pensado masturbarme en la ducha para relajarme después del partido, pero, ya que has venido, podemos hacerlo juntos. Los chicos de lacrosse son todos menores que yo, así que nadie nos interrumpirá en nuestro vestuario.
De acuerdo…-accedió Alice.
Una vez en el vestuario, se encerraron juntos en una cabina para cambiarse.
Hay muchas maneras de masturbarse, Alice.-explicó Michelle mientras soltaba su gran pene de entre su ropa-Has de encontrar el que más te guste y ponerlo en práctica cuando gustes para hacerlo cada vez mejor. Vamos, puedes sacar tu pene, quita esa cara de vergüenza, no es la primera vez que lo ves.-sonrió.
Alice sacó su pene y lo puso frente al de Michelle. Aún se sentía cohibido.
Vamos, vamos, relájate y disfruta.-dijo Michelle.
Acercó su pene al de Alice y comenzó a frotarlos entre sí suavemente. El cuerpo de su delgado amigo comenzó a temblar. La fina presencia de sudor en el pene de Michelle (acababa de terminar un entrenamiento y estaba empapado en sudor) hacía que el frotamiento fuese más suave y sutil.
Tu pene sigue tan frío como siempre, por lo que veo…-comentó Michelle, que ya había logrado una fuerte erección, para romper el hielo.
Y el tuyo tan caliente como de costumbre…-respondió Alice, que también estaba erecto ya.
Agarró su pene y comenzó a masturbarse torpemente.
Espera, espera…-dijo Michelle taimadamente-…es mejor así.
Se colocó a su lado y comenzó a masturbarse lentamente mientras Alice lo miraba. Intentó imitarlo.
Esta vez está mejor, pero será más placentero si te retiras el prepucio en cuanto puedas.-explicó Michelle-Masturbarse con el prepucio sin replegar merma el placer, te lo digo por experiencia,  aunque puedes hacerlo si lo deseas. Sólo lo hice algunas veces de pequeño, pero por curiosidad. Además, ahora me sería francamente difícil. Si te fijas, cuando mi pene se endurece, se me baja el prepucio casi completamente.
Alice asintió.
Sólo necesitaré calentarme un poco más…-dijo.
¿Así?-dijo Michelle sonriendo mientras masturbaba con suavidad a su amigo, que había bajado la guardia y había dejado su pene al descubierto.
…-Alice comenzó a extasiarse-…así.
Se llevó las manos al pene, rozándolas con la de su amigo, quien, con la otra mano, se masturbaba él mismo. Por fin logró retirarse el prepucio, para alegría de su gran amigo.
¡Bien!-respondió Michelle-¡Ahora empieza el placer de verdad! Mira, conforme lo vayas haciendo irás aprendiendo a poner los dedos…
Michelle se agachó y cogió el pene de Alice con las dos manos. Comenzó a apretarle levemente en distintos puntos mientras le explicaba cómo cambiaba una masturbación en función de si se apretaba o no en cada punto. Tras un par de minutos de explicación, Michelle se puso en pie otra vez.
No pretendo que te acuerdes de todo esto como si fuera para un examen, claro está.-respondió Michelle-Yo no soy profesional y todo esto lo he aprendido con la experiencia. Lo mejor es que pruebes y disfrutes. No obstante, sí que te voy a poner una prueba: vamos a masturbarnos el uno al otro y a intentar eyacular a la vez, ¿te hace?
Alice asintió. No veía por qué no.
Se agarraron el pene el uno al otro y comenzaron a masturbarse a un ritmo acelerado. Ambos empezaron a jadear y a gemir levemente. Las manos de Michelle eran expertas y causaban las delicias de Alice, mientras que las manos del último eran aún torpes, pero estimulaban en buena medida al musculoso chaval por lo frías que estaban, la textura que tenían y los movimientos tan poco frecuentes que hacía.
No me dejes atrás, Alice…-dijo Michelle entre jadeos-…aguanta un poco más…noto la presión en tu pene…
Baja el ritmo entonces…-dijo Alice mientras se esforzaba por masturbar más rápido a Michelle, aunque le estaba siendo muy difícil porque tenía un pene muy grande para masturbarlo con una mano.
Se te arruinará el orgasmo…-dijo Michelle-…vamos, vamos, aguanta, un poco más y…
Michelle comenzó a eyacular, soltando su característico torrente caudaloso. Simultáneamente, Alice se deshizo en un gemido y soltó un chorro de semen que manchó el suelo y parte de la pared.
Ha sido genial…-dijo Michelle mientras acariciaba el pene de Alice y jugaba con los restos de semen en él.
Lo mismo digo.-corroboró Alice a la vez que, con las dos manos, intentaba abarcar el pene de su amigo.
Tras limpiar y lavarse, se despidieron. Alice se fue a su casa hasta la hora de salir, mientras que Michelle se quedó en la ducha, aseándose y preparándose para ir al hospital a ver a sus padres.
. . .
Myo cruzaba las calles a paso muy ligero, casi corriendo. Eran casi las nueve y no quería llegar tarde. Llevaba un abrigo negro largo hasta la mitad de los muslos, una larga bufanda amarilla, unos bombachos negros y unas zapatillas negras de suela alta naranja con los cordones verdes.
Al llegar al reloj de la estación, distinguió a Alice, que llevaba los leotardos que se había llevado a clase la vez anterior junto con las botas y los mitones y al que le quedaban pocos pasos para llegar al punto de encuentro. Por otro camino vio a Priscille, que llevaba una camiseta negra con correas encorsetada, unos pantalones algo holgados con cadenas colgando, botas altas negras con muchísima suela, guantes negros hasta los codos, una pequeña sobrefalda gris en el lado derecho de la cadera y una blanca, tableada y más larga en el brazo izquierdo. Iba cubierto con una prenda larga, de color negro, completamente abierta, hasta los tobillos y sin mangas, en cuya espalda había dibujada una cruz dentro de una circunferencia. Llevaba el cabello recogido en una trenza que se había dejado caer por delante del hombro derecho, y la luz de las farolas se reflejaba en sus gafas.
Por detrás del reloj apareció Michelle, ataviado con una camiseta blanca ajustada, un faldón rojo de cuero sintético de aspecto bastante pesado, unos pantalones negros tan ajustados que definían perfectamente la forma de sus robustas piernas, unos botines grises oscuros un poco más altos que los que solía llevar en clase y, encima, su gabardina, esta vez puesta.
Los cuatro se encontraron, se saludaron y comenzaron a entablar conversación.
¡Nos hemos arreglado un montón para esta noche!-reparó Michelle.
La ocasión lo merece, ¿no es así?-dijo Priscille, quien parecía bastante más alto con las botas que llevaba, con las manos en los bolsillos.
¡Por supuesto!-respondió Myo con alegría-¡Esta noche tenemos que divertirnos al máximo!
Estoy de acuerdo.-dijo Alice mientras pegaba sus piernas.
¿Qué os apetece hacer?-preguntó Michelle.
Todo a lo que nos dé tiempo y nuestro dinero nos permita…-respondió Priscille.
Podríamos sentarnos a tomar algo en una de estas terrazas cubiertas de la estación, luego podríamos ir a los recreativos, a cenar y…-dijo Myo.
Adjudicado.-respondió Michelle-Y, luego, ya veremos lo que hacemos.
Después…-dijo Priscille-…seguro que hay algún pase del cine para trasnochadores. Y, tras ello, podríamos dar un paseo…
Suena a plan maravilloso.-respondió Alice.
Por cierto, ¿y tu hermano, Priscille?-preguntó Michelle-¿Qué ha pasado con él para que puedas salir con nosotros esta noche hasta tarde?
Está en casa de un amigo, se va a quedar allí a dormir…-explicó Priscille.
Echaron a andar hacia su cafetería favorita de la estación. Al girarse, ignoraron un centelleo efímero que se correspondía con unos ojos castaños que observaban con atención…
. . .
La noche había pasado demasiado rápido. Alice se despertó entre las blancas sábanas. Habían tomado unos refrescos en la cafetería, se habían dejado una buena cantidad de monedas en máquinas de videojuegos, bolos y billares, habían cenado unas deliciosas pizzas y habían ido al cine a ver una película de alienígenas muy absurda con la que se estuvieron riendo durante el resto de la velada. Llegó a su casa muy cansado, sin hacer ruido para no despertar a sus padres. La noche anterior no había podido dormir bien, por lo que aprovechó para estudiar, lo que le concedía buena parte de aquel sábado como tiempo libre. Recogió su futón, de color azul oscuro, y se vistió. Bajó las escaleras. Entró en la cocina, abrió el frigorífico, sacó agua y chocolate y cogió té de un armario. Comenzó a preparar una infusión de té al chocolate para desayunar.
Buenos días, Alice.-dijo su madre desde la puerta.
Buenos días, madre.-respondió el chico sin girarse.
La mujer, preocupada por la apatía de su hijo, aunque cada día más hecha a la idea de la misma, se fue. Sabía que su hijo estaba bien, pero le resultaba tan frío…
Hola, hijo.-dijo el padre de Alice mientras cruzaba el pasillo-Y adiós…hemos quedado con la tía Sayoko para tomar algo y comer juntos.
Que vaya bien.-dijo Alice mientras controlaba la temperatura de la infusión.
¿Estás lista, cariño?-preguntó el hombre.
La madre de Alice apareció con el abrigo puesto.
Sí, ya estoy.-dijo-Cariño, nos vamos, pásatelo bien. No dudes en llamarnos si nos necesitas.
Alice se dio la vuelta, los miró y asintió.
No os preocupéis.-dijo con una media sonrisa-Divertíos…
El matrimonio abandonó la vivienda. Alice terminó con su infusión y, tras bebérsela, decidió salir a dar un paseo. Cogió las llaves de su casa, limpió todo lo que había utilizado en la cocina y cerró con llave la puerta tras abandonar la casa. Había bastante niebla y la temperatura era bastante baja, aunque para el chico no era ningún problema. Decidió pasearse por un parque que estaba algo lejos de su casa.
Cuando llegó, bajó las escaleras que daban a un camino asfaltado que permitía cruzar el parque sin pisar la hierba. Había varios árboles y un amplio lago de cuya visión siempre disfrutaba Alice. Oyó un chapoteo, vio algo cruzando el aire y escuchó cómo se zambulló de nuevo. Se acercó a la orilla del lago para pasear por ahí. Lo que había visto sería un pez grande. En el momento en que estuvo cerca del lago, volvió a escuchar el ruido. Se giró y vio claramente cómo una chica delgada y algo musculada, embutida en un bañador escolar azul oscuro, emergía del lago, describía una parábola y volvía a zambullirse. ¿Qué haría una chica menor que Alice buceando en el lago?
No le dio importancia y siguió caminando. Escuchó de nuevo el chapoteo y, a continuación, una voz femenina.
¡Eh, hola!-gritó una chica.
Alice ignoró la voz. No le gustaba socializar.
¡Eh!-insistió la voz de chica.
El chico oía claramente los pasos: estaba corriendo hacia él. A los pocos segundos, ya estaba frente a él.
¿No me has oído?-preguntó la chica con los brazos en jarras.
Era incluso más baja que Alice. Tenía un rostro infantil, el pelo castaño y cortado a cazo hasta la altura de la barbilla. Sus ojos eran castaños también, pero de un tono más claro. Su baja estatura, su forma de hablar y su pecho plano delataban su corta edad.
¿Por qué siempre os empeñáis en ignorarme?-se indignó la chica-¿No habláis nunca con las chicas si no tienen esas…ubres de vaca? ¡Esas gordas no tienen ni la mitad de aguante que yo!
Alice seguía sin saber qué tenía que ver con él el hecho de que esa niña estuviese acomplejada por su ausencia de pecho.
¡Todos los chicos que me ven me dan la espalda!-gritó enfurecida-¡Me dicen que soy una marimacho, que soy fea, que no soy femenina! ¿Tan difícil es para mí encontrar a un hombre? ¿Estoy condenada a no tener novio porque me gusta nadar?
Alice decidió seguir andando.
¡No te atrevas a pasar de mí, te estoy diciendo que me escuches!-gritó la chica-¿Acaso no tienes sentimientos? ¿O no te va a importar lo mal que me sienta si no soy alta, esbelta, bella ni tengo unos pechos desproporcionados? ¡Me esfuerzo mucho para superarme a mí misma! ¡Sólo quiero gustarle a alguien! ¡GUSTARLE A ALGUIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEN!
La voz de la chica se distorsionó y se hizo adulta. Alice volvió a girarse hacia la chica, horrorizado. ¿Acaso…
¡HARÉ LO QUE SEA…-gritó la chica mientras se convulsionaba-…PARA ATRAER A UN HOMBRE! ¡ARGHHHHH!
El bañador de la chica se rompió por la mitad mientras que le crecían dos enormes senos. Su melena se estaba alargando a un ritmo muy acelerado, y estaba creciendo en altura. Sus piernas, de pronto, se juntaron y comenzaron a convertirse en una a la vez que adquirían un tono azul y se cubrían de escamas. El bañador terminó de caérsele, mostrando su vulva casi lampiña, que pronto se agrandó y se cubrió de dientes que se vieron rodeados por las escamas.
¡HOMBREEEEEEEEEEEEES!-gritó lo que antes era una chica mientras se tiraba al agua.
Cuando emergió, dejó ver en lo que se había convertido. Su larga melena, que se había vuelto rubia, le tapaba los pezones. Era una nereida con vagina dentada y pechos enormes. Su musculatura se había deshecho, y ahora era esbelta. Su azulada cola de pez era enorme y, en lugar de cubrir la cintura, se abría en triángulo hacia abajo, dejando la vulva al descubierto. Su rostro era seductor y sus ojos se habían vuelto verdes.
¡VEN CONMIGO AL AGUA!-gritó la criatura mientras saltaba a por Alice para arrastrarlo al lago.
¡NO!-Alice comenzó a correr despavorido.
La criatura lo agarró de un tobillo y lo tiró al suelo.
Eres débil, pequeño humano…-dijo la nereida mientras lo arrastraba al lago-…no tienes nada de fuerza con la que defenderte, estás condenado a vivir conmigo en las profundidades. Por fin…mi hombre…
Alice intentaba agarrarse a la hierba para impedir el arrastre, pero no le servía de nada: toda la que agarraba era arrancada por la fuerza de la criatura. Si las cosas no cambiaban, aquel monstruo lo hundiría…
¿Cómo quieres que llamemos a nuestra hija?-preguntó dulcemente la criatura mientras anulaba los intentos de forcejeo del chico-Estás deseando hacerlo conmigo, ¿verdad?
El chico recordó la asquerosa imagen del órgano sexual dentado de aquella aberración.
¡No, no!-gritó el chico mientras braceaba y pataleaba para intentar librarse de la nereida-¡NO!
En uno de sus aspavientos, oyó gritar al monstruo y notó cómo le soltaba del tobillo. Aprovechando el momento, se dio la vuelta y se incorporó para ver cómo la nereida sacudía los brazos con los ojos cerrados. No entendía nada… ¿estaría enferma?
Se fijó mejor. Lo que la nereida intentaba espantar eran unas residuales partículas brillantes que había en el aire. ¿Y si…
El poder…-dijo Alice sorprendido-…¡tal vez me lo hayan transmitido!
Recordó lo que había hecho justo antes de que el monstruo gritara: mover el brazo derecho hacia ella. Volvió a intentarlo, pero, como no tenía fuerza ninguna y, además, tenía miedo, sólo consiguió alzarlo un poco. El agua se congeló en un pequeño radio alrededor de la cola de la nereida.
¿QUÉ CREES QUE HACES?-chilló la criatura-¡Ven conmigo ahora mismo!
La nereida volvió a saltar del agua, rompiendo el disco de hielo.
¡Vamos!-dijo Alice mientras agitaba sus manos desesperadamente-¡VAMOS!
Una neblina azulada envolvió a la nereida y empezó a congelar su piel y sus escamas de manera leve.
¡NOOOOO!-chilló mientras se apoyaba en el suelo con las manos y volvía al agua para que se le derritiera el hielo.
Parece ser que tengo el poder del hielo…-dedujo Alice-…tengo la ventaja. Puedo hacerlo. Debo hacerlo. Por Myo y Michelle, que también lo hicieron, y por Priscille, pues gracias a él hice lo que hice y tengo el poder.
Al pensar en sus amigos, algo en él pareció cambiar. Apuntó a su enemiga con la palma de la mano. Una gran masa de agua a su alrededor comenzó a congelarse. El hielo se extendió hacia las profundidades del lago, formando un pilar que inmovilizaría a aquella criatura. Su vulva dentada parecía rugir. Se abrió en señal de protesta, mostrando las afiladas púas que rodeaban el interior de su vagina.
Qué asco…-pensó Alice.
Necesito un arma para darte el golpe de gracia…-dijo Alice ignorando las maldiciones e improperios de la nereida-… ¿cómo se activará?
La nereida proyectó unas extrañas ondas con sus manos, distorsionando el aire alrededor del chico. Éste comenzó a acercarse peligrosamente a ella.
Así, ¡muy bien!-elogió la nereida-¡Ven a mí! ¡Hagámonos uno!
¿Qué le haces…-dijo Alice intentando resistirse-…a mi cuerpo?
Manipularlo, ¿no lo ves?-dijo la nereida con sorna.
En cuanto Alice puso un pie en el disco de hielo que cercaba a la criatura, éste ascendió hasta congelarla hasta los codos, impidiendo el movimiento de sus brazos y cesando el embrujo, circunstancia que el chico aprovechó para alejarse. Lo estaba haciendo. A pesar de tener miedo, estaba lidiando con una nereida gigantesca. Sus amigos tenían que ver que toda la protección, el cariño y el apoyo que le habían dado estaban dando su fruto y estaban haciendo de Alice una buena persona. Sus amigos…gracias a ellos…lo eran todo para él.
Puso una expresión facial seria y apuntó al rostro de la criatura con la palma de la mano. Una brisa suave comenzó a girar en torno al tronco superior de la criatura, congelándola gradualmente.
¡No!-chilló la criatura-¡Maldito seas!
Pasados unos segundos, la nereida era un pilar de hielo sobresaliendo del agua. Se escuchó un fuerte ruido de desencaje y, acto seguido, la criatura apareció detrás del bloque de hielo, golpeándolo con la cola y lanzándolo contra Alice, quien, por el gran tamaño que tenía aquel témpano, no fue capaz de esquivarlo y cayó al suelo con él encima en un fuerte golpe.
Mi cola no estaba congelada, incauto…-se jactó la nereida mientras saltaba para lanzarse en picado desde el aire contra Alice.
El chico se intentó incorporar, pero el bloque de hielo era demasiado pesado y no tenía fuerza muscular para moverlo. La nereida caía en vertical contra él cuan grande era, pero el témpano hizo de escudo y se desquebrajó al impactar en él la mano de la criatura.
…-Alice miró a la criatura a los ojos.
El bloque estalló en pequeños cristales de hielo que volaron, formando una ventisca que arrastró a la nereida hasta dejarla en el suelo.
¡NOOOO!-chilló la criatura, pues no podía propulsarse ni moverse bien fuera del agua.
Alice se levantó, dolorido y magullado. Tambaleándose, apuntó con la mano al yaciente monstruo, pero no logró la congelación. Se llevó, en su lugar, un fuerte coletazo de la nereida.
Fue propulsado de espaldas contra un árbol, pero, por suerte, no se golpeó la cabeza.
¡YA QUE NO PUEDO HACERTE MÍO, HARÉ QUE NO SEAS DE NADIE!-chilló la nereida mientras agitaba su fuerte y enorme cola de pez.
Alice cayó al suelo boca abajo. Intentó gatear. Tras ver que podía mantenerse, se puso en pie con lentitud.
Vamos…-dijo Alice-…el arma…y se acabará esta pesadilla.
Entonces vislumbró el mismo resplandor que había hecho antes que la nereida se llevase las manos a la cara. Algo fino, duro y alargado estaba en su mano derecha. Mientras giraba la cabeza hacia ella, deseaba que fuera un mango, una empuñadura o algo relacionado con un arma.
Bien…-se alivió Alice mientras intentaba no llorar del dolor.
Del mango, de color azul muy oscuro, salía una larga tira de una cierta anchura, de color azul celeste con reflejos.
¡Un látigo!-se sorprendió Alice-¡Y es enorme! No creo que tenga fuerza para moverlo bien, pero servirá…
Agitó el brazo derecho para ver qué conseguía hacer. La tira se desplazó grácilmente, haciendo un dibujo en el aire antes de volver a caer.
No es un látigo…-reparó Alice-… ¡es una cinta! ¿¡Una cinta!?
El chico recordó que, desde pequeño, siempre había querido practicar gimnasia rítmica, pero nunca se había atrevido a hacerlo porque no quería relacionarse con la gente. Años después, tenía una cinta en sus manos…para defenderse de una nereida. Surrealista.
Acércate, pequeño…-dijo la nereida, extenuada, mientras embrujaba de nuevo a Alice.
El joven se vio obligado a acercarse a ella los suficientes pasos como para llevarse otro coletazo y salir expelido. Sin soltar la cinta, Alice intentó agitarla en el aire, de tal manera que la punta tocó el suelo y amortiguó su caída, permitiéndole descender grácilmente. Lanzó el brazo derecho hacia delante por encima de su cabeza como si quisiera tirar una caña de pescar. La cinta se alargó hasta la nereida y la ató de las muñecas, inutilizando su embrujo.
¿La longitud de la cinta varía?-se percató Alice.
Comenzó a acercarse a su enemiga, observando cómo la cinta se acortaba para mantener constante su tensión.
Comprendo algo…-dijo Alice-…pero sigo sin saber usarla, y sigo sin valer para luchar.
La nereida profirió un chillido que produjo un eco en la cabeza de Alice tal que lo desequilibró y lo tiró al suelo. Tan pronto como se deshizo de la atadura, intentó arrastrarse con las manos hacia él con intenciones de violarlo. El chico miró hacia su dirección y vio lo que intentaba. Si pudiera fustigarla con fuerza, acabaría con ella…pero ni su arma era un látigo ni él tenía fuerza.
Desesperado, hizo un último movimiento con la cinta que consiguió tocar en la cola de su enemiga. Se enredó y atrapó por completo la cola de la criatura con una fuerza tal que dejó de poder moverla.
¡MORIRÁS VIOLADO!-chilló enfurecido aquel monstruo.
Gracias…-dijo Alice-…por decirme lo de tu cola.
La cola de la nereida se estaba congelando progresivamente.
¡NOOOOOOOOOO!-gritó, volviendo a producir un eco en Alice-¡ME MATARÁS SI CONGELAS MI COLA!
Alice resistió el chillido con todas sus fuerzas mientras de sus ojos brotaban lágrimas de dolor. Le iba a explotar la cabeza.
Lo siento…-dijo Alice-pero…o tú…o yo…
Con un sonido muy característico, la cola de la nereida terminó de congelarse. En un estridente grito, dejó caer su tronco superior boca abajo sobre el suelo. Su melena se desparramó sobre su espalda y sus senos se abombaron contra el suelo. En pocos segundos, se desvaneció reventando en partículas negras.
Lo…-dijo Alice-…lo logré…
La cinta se deshizo por completo y todos los trozos residuales de hielo se fundieron. Alice caminó hasta un árbol y sacó su móvil. Sabía lo que le iba a pasar: se iba a desmayar. Intentó ser un poco listo y dejarse caer tras un árbol por cuyo lado poca gente pasaba. Agarró con fuerza el móvil mientras se lo guardaba de nuevo en el bolsillo sin soltarlo y se dejó caer, con la espalda apoyada en el árbol. Un sopor se apoderó de él y le quitó el conocimiento.

[SSS] Capítulo 7: Misterios sin resolver

Capítulo 7: Misterios sin resolver

¡Buen viaje!-Priscille se despidió de su hermano cuando éste salió por la puerta.
Se iba de excursión con el instituto. Habían tenido que madrugar más de la cuenta, su hermano para llegar a la hora y él para ayudarle a prepararse. Aún tenía algo de tiempo antes de la hora a la que solía levantarse normalmente. Una vez se halló solo en casa, se dirijo a su habitación. Tenía encima de la mesa un termo lleno de leche caliente con cacao del que se iba sirviendo vasos conforme hacía sus acciones rutinarias. Cogió una pila de libros y la dejó sobre el escritorio, al lado del termo, tras lo cual se quitó su pijama de raso negro y comenzó a vestirse sacar ropa de su armario, que era muy grande y tenía espejos tanto por fuera como por dentro de las puertas. Una vez tuvo la ropa lista, cerró el armario y se vistió con presteza. El espejo retrataba con máxima fidelidad su cuerpo delgado y definido, pálido y puro. Cuando terminó de arreglarse, se puso las gafas, apartó los libros y sacó un cuaderno y un bolígrafo de un cajón. Comenzó a pasar las páginas mientras se sentaba al escritorio, alumbrado por la potente luz de un flexo. Estaban llenas de anotaciones, esquemas, diagramas lógicos, planteamientos y contrastes de hipótesis, algunas ecuaciones y mucha notación propia de alguien bien formado intelectualmente.
Continuó por el primer renglón en blanco de la última página escrita. Escribió “SEXO:” y lo subrayó.
Espero que este dato sea relevante.-se dijo a sí mismo-Llevo desde que me enteré de lo de la súcubo haciendo indagaciones sobre posibles orígenes y causas de ese extraño poder. He estado consultando todas las bibliotecas que he podido, sacando libros de todo lo que he creído que me ha podido servir para estudiar esto. Biología, Bioquímica, Biomatemática, Biomecánica, Genética e incluso Física para dotar de coherencia a estos fenómenos tan aparentemente inexplicables. Ahora resulta que, tras haber tenido un contacto sexual con Myo, que tiene poderes, Michelle también los tiene. Puede ser una coincidencia, pero, a la vez, puede tener relación…
El joven comenzó a escribir aceleradamente sin quitar ojo ni un segundo al reloj para recoger e irse a la hora de siempre.
Está claro que, de pensar que el poder se transmite por vía sexual, queda descartada inmediatamente la opción de que “salte” de un cuerpo a otro por pura cercanía.-razonó-En tal caso, Alice y yo también podríamos haberlo tenido y no hemos sufrido esos extraños casos de fiebre y dolores después de una violenta manifestación. ¿Qué es lo más normal en el contagio sexual en humanos? Las enfermedades venéreas, claro, pero éste no es el caso. Tal vez…
Priscille dibujó una idea en su mente.
¡Tal vez se transmita por fluidos!-conjeturó-Hay infinidad de enfermedades que se transmiten por fluidos, ¿por qué no algo positivo de vez en cuando? En una relación sexual, suele haber intercambios de fluidos…claro, que no sé los detalles. Michelle tiende a sudar en abundancia, lo cual ya es un intercambio de fluidos importante. Asimismo, en el sexo son frecuentes los intercambios de saliva…y de semen. Va a quedar un poco violento, pero tengo que saber si alguno de los dos bebió del semen o de la saliva del otro.
Terminó por escribir y recuadrar “SEMEN”.
No sé, pero algo me lleva a pensar que la vía del semen es más susceptible de ser cierta. El semen contiene a los espermatozoides, los cuales portan código genético que, en la fecundación, se combina con el código genético del óvulo femenino y da lugar a la dotación cromosómica completa de lo que será una persona en nueve meses. Si los espermatozoides tienen potencial para influir en el genotipo de un embrión, tal vez lo tengan para influir en el genotipo de una persona formada. Claro que no es así en la práctica, pero, si lanzar fuego o viento por las manos es sobrenatural, ¿por qué un puñado de células no iba a poder tener también un comportamiento sobrenatural? Está claro que tengo que hablar con los chicos. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad y un comportamiento responsable exige un estudio y un análisis de situación.
Apagó el flexo, cerró el cuaderno, lo introdujo en su cartera, que cogió con una mano. Salió del cuarto, cerró la puerta, apagó todas las luces de la casa y salió, cerrando con llave. Comenzó a caminar hacia el instituto mientras cavilaba. Sacó su móvil e hizo una llamada.
Muy buenos días, Tenou-kun.-saludó Priscille-Soy Priscille. Siento no haber asistido al entrenamiento de ayer, ya te contaré hoy lo que ha pasado. Básicamente un amigo tuvo un accidente y estuvimos toda la tarde en el hospital. Esta tarde entrenaré por mi cuenta antes del entrenamiento con los del otro equipo. No voy a defraudaros.
El compañero de Priscille respondió y, tras una pequeña conversación, colgó. Ya casi estaba en el instituto. Cuando llegó, se encontró a Michelle con ropa deportiva corriendo alrededor de los jardines.
¡Michelle!-exclamó Priscille mientras saludaba con la mano.
El corpulento joven aceleró el paso y se posó frente a su amigo en pocas zancadas.
¡Buenos días, Einstein!-saludó Michelle-¡Me siento tan bien después de lo de anoche que tengo que expresar mi felicidad quemando suela!
¿Recién recuperado de lo de ayer?-preguntó Priscille-Sé más cuidadoso…
No te lo vas a creer, pero no tengo nada de secuelas, ni una mínima cicatriz.-dijo Michelle-Mira.
Se quitó la camiseta y mostró su torso musculoso y robsuto. Le cogió la mano a su amigo y se la puso por distintos puntos.
¿Lo ves?-preguntó con una sonrisa-¡Ni una sola cicatriz! Es como si nunca me hubiera pasado nada…
Siempre has tenido una salud de hierro y una rápida recuperación de todo lo que te ha pasado…-dijo Priscille-tal vez tu nueva faceta lo haya potenciado…
Sea lo que sea, me siento agradecido.-respondió Michelle mientras se volvía a poner la camiseta, húmeda por el sudor.
Quiero que hablemos los cuatro sobre una cosa al respecto.-dijo Priscille cambiando de tema-¿En el recreo?
Por mí, bien.-respondió Michelle-¿Vamos a cambiarnos?
Priscille asintió y se fue con su compañero a los vestuarios. Dentro estaba Alice embutido en una pieza muy ajustada, de color azul oscuro con algunas correas blancas y negras alrededor del torso, así como unos mitones de color azul celeste y unas botas a juego. Estaba de espaldas a la puerta, mirándose a un espejo.
¡Buenos días, enano!-exclamó Michelle mientras lo abrazaba por sorpresa.
¡Hola, Michelle!-dijo Alice contento-¡Hola, Priscille!
Hola.-dijo Priscille con una sonrisa-¿Qué haces aquí tan temprano?
He tenido que ir a la oficina de correos a primera hora a por mi pedido.-dijo Alice-No me aportaba ningún beneficio volver a casa y he venido directamente hasta aquí, por lo que he tenido tiempo de probármelos. Éstos son los leotardos que os dije que pedí. ¿Os gustan?
Están muy en tu línea.-dijo Michelle mientras levantaba el dedo pulgar.
Son muy bonitos.-opinó Priscille-Tengo algunas cosas parecidas en casa…te las regalaría, pero no son azules ni de tu talla…
Alice sonrió y puso su mano en el hombro de Priscille.
¡Buenos días!-exclamó Myo-¡Me habéis asustado! ¡Os he visto a todos aquí y pensaba que llegaba tarde! Pero no, no llego tarde… ¡vosotros habéis llegado temprano!
¡Caramba, Myo!-dijo Priscille con una sonrisa a modo de saludo-¿Muchos refrescos de cola esta mañana?
No sé por qué, pero me encuentro alterado.-respondió Myo sin darle más importancia.
El chico empezó a desvestirse. Alice se retiró a una cabina a hacer lo propio. Mientras tanto, Michelle se estaba duchando y Priscille se ajustaba la corbata.
Myo, me gustaría deciros algo en el recreo.-comentó-Se lo he dicho antes a Michelle.
De acuerdo.-respondió Myo mientras se ponía la camisa-Te escucharemos lo que haga falta.
Dalo por hecho.-dijo Alice desde dentro de la cabina.
Pasados unos minutos, los cuatro entraron a clase.
. . .
Por fin llegó la esperada hora del recreo.  Los cuatro amigos buscaron, como cada día, un sitio para sentarse, esta vez debajo de unas escaleras poco transitadas.
Chicos, esto puede sonar descabellado, pero…-dijo Priscille mientras partía una chocolatina con las manos y le ofrecía un trozo a Alice-…he estado haciendo indagaciones sobre el origen del poder que vosotros dos tenéis-miró a Myo y a Michelle-y me gustaría compartirlas con vosotros.
Adelante, pues.-dijo Alice antes de morder el trozo de chocolate que su amigo le había dado.
Estoy listo.-dijo Myo guiñando un ojo.
No creo que entienda la totalidad de lo que digas, pero, por supuesto, te escucharé.-dijo Michelle rascándose detrás de la oreja derecha.
Priscille sacó su libreta y comenzó a mostrarles algunos esquemas, matrices causa-efecto, ecuaciones y anotaciones.
Lo más interesante y fácil de comprender que puedo contaros…-dijo el joven mientras con una mano jugaba con el envoltorio de la chocolatina-…es el poco tiempo que transcurrió entre que tuvisteis sexo oral entre vosotros y el poder se manifestara en Michelle.
¿Estás insinuando que le he podido transmitir el poder a Michelle?-preguntó Myo.
Bingo.-Priscille le hizo un gesto de aprobación a Myo con un dedo-Por supuesto, como sólo ha pasado una vez, puede tratarse, perfectamente, de una coincidencia. En caso de que no lo fuera, la opción más acertada que veo para explicar esto es…
¿Es?-preguntó Michelle-Priscille, ¿estás bien?
A ver…-dijo el joven de gafas taimadamente-¿alguno de los dos probó la saliva o el semen del otro?
Lo cierto es que…-Myo se sonrojó levemente.
Sí, ambas cosas.-respondió Michelle con una radiante sonrisa mientras agarraba a Myo con un brazo y con el otro mostraba los dedos índice y corazón como si posase para una fotografía.
Bien.-Priscille se ajustó las gafas-Perdón por la indiscreción, pero la última actualización de este planteamiento, a fecha de hoy por la mañana, es la posibilidad de que el poder se transmita vía seminal.
¿Qué?-preguntó Myo-¿Acaso es esto una enfermedad de transmisión sexual?
Creo que ahí te equivocas, Myo.-se aventuró Alice-No siempre que se transmite algo por fluidos ha de ser negativo. Cuando una mujer amamanta a su bebé, le transmite, a través de la leche, unos anticuerpos que mejoran su inmunología, ¿no es así, Priscille?
Muy bien razonado, Alice. Y correcto.-respondió Priscille guiñándole un ojo a su compañero-Realmente no pretendo hacer nada con esto que estoy apuntando. Es más, ni siquiera sé si es verdad, pero creo que este poder que vosotros tenéis es algo muy delicado que no ha de caer en malas manos. Por otra parte, si yo acabase llevando razón, podríamos dotar de capacidad de defensa a cualquier persona con relativa facilidad.
Y tan relativa, ¿no crees?-preguntó Michelle-No creo que todo el mundo quiera beber semen ajeno por las buenas.
Ni siquiera sabemos si esto es verdad.-dijo Priscille-Sólo quería hacer algo al respecto…ya sabéis que soy muy curioso.
Si tus indagaciones fueran ciertas, Priscille…-intervino Alice-…todos podríamos tener el poder y nadie más tendría que morir en los ataques. La frecuencia a la que se producen es muy reducida, pero podría llegar a ser nula. No obstante, si el poder cae en malas manos…
Sería bueno disponer de un laboratorio con el que experimentar.-anheló Priscille-Tal vez con un modesto equipo para analizar semen y alguna célula con la que probar…
¿Y si hubiera alguien que quisiera hacer la prueba del intercambio de fluidos?-preguntó Myo.
Sólo vosotros dos tenéis el poder…-replicó Priscille-¿estaríais dispuestos a dejar que cualquiera os hiciese, cuanto menos, una felación?
Claro que no, no es tan fácil…-se retractó Myo.
Eso es algo muy delicado y personal…-coincidió Michelle.
Se hizo un incómodo silencio.
¡Yo quiero probar con Michelle!-se lanzó un sonrojado Alice.
¿Qué?-preguntaron los otros tres al unísono.
Ya lo he dicho.-dijo Alice intranquilo-Desde anoche no he podido dejar de imaginarme lo que se siente al estar entre los brazos de alguien tan grande y cuán grande es el placer que se puede sentir. Sé que mis pensamientos son perversos y os pueden parecer indecentes, pero todos tenemos derecho a manifestarnos…puede que hubiera sido mejor si no hubiera dicho esto, pero me estaba pesando y no voy a romper mi voto  de total confianza en vosotros.
Michelle no sabía qué decir.
Además, si lo hiciera…-dijo Alice mirando fijamente a Priscille-…nos aseguraríamos de si de verdad se transmite por el semen de una manera totalmente encadenada. Haciéndolo con Michelle me aseguraría de que la persona ha recibido el poder de otra que no lo ha recibido de nadie. Sería la prueba perfecta para tu experimento.
Priscille no tuvo más opción que darle la razón.
Está bien.-respondió Michelle-Si lo he hecho con Myo porque quise y se lo propuse, ¿por qué no contigo cuando la propuesta es tuya, Alice? Espérame al anochecer, tras mi último entrenamiento. Lo haremos en los vestuarios.
Alice asintió.
Iré…-dijo mientras tiritaba-…a mi casa a dejar las cosas y a repasar un poco…y vendré a recogerte del entrenamiento.
Yo tengo un entrenamiento a solas y otro con el equipo.-dijo Priscille-Estaré en la zona del dojo, no pasaré por los vestuarios cuando salga. Os dejaré toda la intimidad del mundo…me cambiaré con algún kohai en su vestuario.
Suerte esta tarde, entonces…-dijo Myo.
Quedamos en eso entonces.-finiquitó Michelle-Y, si decides no venir, lo entenderé…me imagino que no debe de ser fácil…tú tan tímido y yo todo lo contrario…
Alice puso su mano entre las de Michelle.
No tendré miedo contigo.-le dijo-Me esforzaré. Sé que serás bueno conmigo y que disfrutaremos juntos…en la medida de lo que intentemos. Myo lo ha probado y ha acabado muy contento, por lo que tengo fe en que yo también.
. . .
¡KIAI!-gritó uno de los chicos del equipo de Kárate mientras lanzaba un puñetazo.
El movimiento está bien, pero tienes que asegurar mejor que sueltas el aire cuando golpeas.-dijo Priscille-Hagámoslo otra vez. Intenta atacarme.
¡KIAI!-gritó el muchacho de nuevo.
Priscille esquivó el ataque, giró sobre sí mismo, saltó y le dio un leve golpe con el pie en el pecho a su compañero, desequilibrándolo y haciéndolo caer al suelo.
Lo has hecho bien, pero tienes que asegurarte de que siempre golpeas con la intención propia de ello. Tu objetivo no es mi cuerpo. El punto al que diriges tu puñetazo está detrás de mi cuerpo: vas a atravesarme, ése es tu objetivo.  La respiración la has hecho bien esta vez, pero tienes que golpear con más ganas.
Priscille le dio la mano al chico y lo ayudó a levantarse. No parecía él mismo: había dejado de lado sus vestimentas góticas y llevaba un karategi blanco, bien sujeto por un cinturón negro. No llevaba las gafas puestas y llevaba el cabello recogido en una coleta un poco alta.
¡Chicos!-dijo tras haber ayudado a levantarse a su compañero-¡Recordad que tenemos que causar una buena impresión cuando hagamos la kata de la semana cultural! ¡Hemos de esforzarnos al máximo!
El entrenamiento de los jóvenes karatekas seguía sin problemas.
Alice tendrá que llegar en breve…-pensó Priscille mientras ensayaban golpes por parejas-…espero que todo les vaya bien en este momento tan especial.
. . .
Alice apareció en el instituto con su cuerpo cubierto por un abrigo azul claro con un dejo de brillo y largo hasta casi los tobillos. Llevaba el bajo, los puños y el cuello recubiertos de pelo artificial blanco. Aunque era infrecuente en él, no llevaba las manos enguantadas. Llevaba unas botas a juego con el abrigo con un tacón notable. Al entrar al vestuario, vio que Michelle había salido de la ducha, estaba en ropa interior y con una toalla blanca por encima de los hombros.
Hola…-saludó Alice.
Buenas tardes, Alice.-respondió Michelle con una sonrisa-Cierra la puerta, ya no va a venir nadie.
Alice cerró la puerta y se acercó lentamente a su amigo. El sonido de los tacones cortaba el denso silencio.
En serio… ¿qué es esto?-pensó Alice-Voy a tener sexo con Michelle de manera premeditada…y tengo la valentía de pensármelo aun cuando he sido yo quien lo ha propuesto. Lo mejor será que me relaje y me deje hacer…Michelle sabrá.
Michelle dejó la toalla en un banco. Su corpulenta figura seguía tan majestuosa como siempre.  En sus apretados bóxers de color negro con una rosa roja pintada alrededor del tejido se podía empezar a intuir su pene.
Bueno, yo…-dijo Alice-…será mejor que…
¡No lo pienses más!-se dijo a sí mismo.
Se quitó el abrigo de golpe y lo dejó caer. Debajo estaba su cuerpo casi desnudo. Por primera vez, Michelle estaba frente a su amigo y lo estaba viendo sin ropa. Su cuerpo era todo lo contrario al que él ostentaba. Su delgadez era aún más acusada al verlo sin ropa. Se estaba sonrojando mucho. Sólo llevaba puestos unos slips azules de neopreno tan sumamente ajustados que se podía leer la forma de su pene claramente.
Vamos, ven.-dijo Michelle mostrándole que no había ningún problema en enseñar su cuerpo-No tengas miedo.
Cogió a su raquítico amigo y lo abrazó.  Su piel estaba muy fría a pesar de lo sonrojado que se encontraba.
Estás ardiendo…-dijo Alice entre susurros mientras se hacía a la situación.
Y tú congelado, como de costumbre…-respondió Michelle mientras se agachaba frente a su amigo.
Lo cogió de las piernas y lo echó suavemente al suelo, donde le quitó las botas. No llevaba calcetines. Tras ello, Michelle subió por su cuerpo, se puso encima de él y se dejó caer suavemente, notando en su abdomen el frío abdomen de su amigo.
Mi…-tartamudeó Alice mientras un hilo de saliva salía de sus labios-…Michelle…
El corpulento joven se encorvó y besó a Alice en los labios, introduciendo su lengua en la boca de su amigo. Mientras notaba la fuerte tensión de sus bóxers oponiéndose a la erección, Alice gemía. Estuvieron así un prolongado instante. Al separarse, un hilo de saliva unía los labios de ambos.
Sigues estando frío…-dijo Michelle-no sé si es normal en ti o es que no estás excitado.
Miró directamente a la entrepierna de su amigo. Se le marcaba el pene completamente, pudiéndose deducir en un golpe de vista su forma y su tamaño, pero no parecía tener una erección.
…-Alice no sabía que decir.
Michelle tiró levemente de la parte de la cintura de la ropa interior de Alice, tras lo cual se la quitó. Pudo ver un pene tan pálido como el resto del cuerpo del chico. Era de bastante poco diámetro y tenía una longitud relativamente corta, aunque su fineza lo hacía parecer más largo. Tenía el prepucio bastante tenso.
Ya no hay vuelta atrás.-pensó Alice-Lo vamos a hacer.
Oh…-reparó Michelle-…no sabía que tuvieses fimosis, Alice, pero no te preocupes:  intentaré que lo disfrutes al máximo.
No…-respondió Alice-…no es eso…es sólo que está…frío.
Michelle le guiñó un ojo.
Eso lo puedo arreglar fácilmente.-respondió sonriendo.
El corpulento chico se agachó ante su amigo, agarró su frío pene, se lo acercó a sus labios y, hábilmente, introdujo su lengua en el prepucio de Alice mientras hacía con ella movimientos circulares con mucho cuidado y cariño. El delgado joven comenzó a gemir levemente mientras Michelle notaba cómo el pene que estaba estimulando, cuya baja temperatura hacía que su sabor fuese algo refrescante, se endurecía progresivamente. Tras varios minutos lamiendo, Michelle pudo retirarle el prepucio a su amigo sin problemas.
No te ha dolido, ¿verdad?-preguntó Michelle.
No, tranquilo…-dijo Alice sumido en una ambivalencia de vergüenza y morbo-…es siempre así. No tengo ningún problema con mi pene, es sólo que a todo mi cuerpo le cuesta entrar en calor.
Me alegro por ti entonces.-respondió Michelle sonriente.
Yo…-intentó decir Alice-...debería…
Intentaba señalar el pene de su amigo, pero aún se lo pensaba mucho. Por su parte, Michelle, que ya estaba completamente excitado, mostró su pene en todo su esplendor. Como era costumbre en él, el prepucio se le había bajado solo con la fuerza de la erección. Miró el de Alice entonces. Una vez erecto parecía una pequeña lanza, tan fino, rígido y con tan poca curvatura hacia arriba.
¿Quieres probar?-preguntó Michelle mientras ofrecía amablemente su pene a Alice y le hacía una señal con los ojos.
Alice se acercó lentamente a su amigo, que se sentó en el banco que tenía detrás. Se arrodilló y cogió su pene con ambas manos, intentando masajearlo con suavidad.
Pesa mucho…-comentó Alice muy sonrojado.
No temas.-le dijo Michelle mientras le ponía una mano en el hombro-Todo irá bien. Me estás dando placer con eso…
Alice se sentía hipnotizado por el pene de su amigo Michelle. Se acercaba a él cada vez más hasta que acabó por besar su glande levemente. Miró de nuevo a los ojos a su amigo, que asintió con una tierna sonrisa. Intentó hacerle una felación. Como su pene era tan grande, iba lamiéndolo por tramos, realizando movimientos amplios con la lengua. Se recreaba lamiendo los bordes laterales del glande, así como la zona del frenillo. Asimismo, recorría de un extremo a otro todo el cuerpo del pene. Estaba extasiado. Su calor y su sabor lo estaban excitando como nunca pensó que nada le excitaría.
Me…-dijo Alice entre medias-…me gusta, Michelle…
Siguió lamiendo poco a poco. Se había olvidado por completo del objetivo de aquello. Sólo se preocupaba de disfrutar. Estaba enardeciéndose por cada punto de su boca que estaba inundado por el sabor del pene de su amigo. Por primera vez en todos los años que había durado su amistad, Michelle notaba templada la piel de su amigo.
Ugh…-gimió Michelle-…no pares…voy a…a…
Alice se introdujo raudamente el glande de su amigo en la boca, recibiendo una cuantiosa eyaculación. Sin sacarse el pene de la boca, comenzó a tragar lentamente. Algunas hileras salían de las comisuras de sus labios: unas caían al suelo y otras bajaban por el pene de Michelle. El sabor de ese cálido torrente en su boca lo elevó a los cielos.
Cuando terminó de eyacular, se relajó. Alice soltó su pene y terminó de tragar, aún con restos de semen en los labios y por el cuello. Con cara de éxtasis, Michelle agarró el pene de Alice y lo empezó a masturbar suavemente. Alice sintió escalofríos y cambió la cara.
¿Nunca te habías masturbado?-preguntó Michelle mientras lo tocaba-¿De verdad?
De verdad…-dijo Alice con pudor-…ésta es mi primera vez.
Entonces te enseñaré cómo se hace para que disfrutes.-respondió Michelle con cierto entusiasmo.
La erección del musculoso joven no bajaba. Se agachó para continuar haciéndole la felación a su amigo. Le había gustado la combinación del sabor del pene con la textura fría. Tras unos minutos, Michelle sintió que el pene le ardía.
Alice…-dijo Michelle sonrojado-¿puedo…penetrarte?
Alice superó un escalofrío. Acto seguido, le dio la espalda a Michelle y apoyó las manos en un banco mientras ponía rectas las piernas.
A…adelante…-dijo Alice-…pero ten cuidado, tu pene es demasiado grande para mí…
Michelle agarró a Alice de las caderas. Poco a poco, pasó su pene por el ano de su amigo. Tras calentarlo un poco, introdujo progresivamente el glande. El orificio era muy estrecho y le daba un gran placer.
Avísame si te duele, por favor.-dijo Michelle mientras sacaba y volvía a introducir el glande.
Tranquilo…-dijo Alice-…de momento estoy sintiendo mucho placer. Si lo haces poco a poco, no pasará nada.
Estuvieron cerca de media hora con el intento de cópula. Tras una lenta pero segura insistencia, Michelle ya podía introducir su pene en el orificio de su amigo sin apenas problemas.
¿Preparado?-preguntó Michelle.
Cuando tú lo estés…-dijo Alice.
Michelle comenzó a introducir y extraer su pene de manera rítmica. Ambos comenzaron a gemir y a sentir calor. Conforme avanzaban, el chico iba moviendo las caderas más y más rápido. En mitad del acto, agarró el pene de Alice y siguió masturbándolo con energía. Cada vez que pasaba por su glande se humedecía levemente la mano: parecía que ya estaba expulsando el líquido preseminal.
¡Ahhh!-gemía Alice mientras era masturbado por unas manos tan expertas en la materia como las de Michelle, que le estaba masajeando el pene con gran maestría y hacía maravillas con su glande.
Sí…-jadeó Michelle-¡SÍ!
Sintió un pulso muy fuerte que le indicó que iba a eyacular. Extrajo el pene de dentro de Alice, esparciendo el semen por los cuerpos de ambos. Mientras con una mano se masturbaba para terminar de eyacular, con la otra agarró el pene de su amigo, siguió masturbándolo cada vez más rápido y con mejores movimientos, se agachó y, cuando estaba a punto de eyacular, se introdujo su pene por completo en la boca, recibiendo parte de la eyaculación a la vez que otra parte se esparcía por su pene. Sin dejar ni rastro de semen, Michelle lamió por completo el pene de Alice y tragó todo el semen que pudo. Le encantaba ese sabor. Era indescriptible.
¿Te lo has pasado bien?-preguntó Michelle, preocupado por su cohibido amigo.
Sí, ha sido una experiencia inolvidable.-respondió Alice-Lo siento si no he estado a la altura…
Lo has hecho muy bien.-respondió Michelle-Ha sido una felación muy bonita y placentera. No te habré hecho daño, ¿verdad?
No, no te preocupes.-respondió Alice.
Michelle le guiñó un ojo y lo arrastró con él a la ducha, donde se ducharon juntos.
Mientras hablaban de la intensa tarde, se terminaron de asear y se vistieron, tras lo cual salieron juntos del instituto.
¿Vas a intentar masturbarte alguna vez?-preguntó Michelle-¿Te ha gustado?
Me ha encantado, aunque antes no lo hacía porque me daba mucho pudor.-respondió Alice-Es por eso que creo que lo voy a hacer yo cuando me apetezca, aunque no lo vaya a hacer tan bien como me lo has hecho tú.
Ya sabes que, si tienes alguna duda a la hora de masturbarte, puedes decírmelo.-Michelle guiño un ojo-Yo te explicaré lo que necesites o te ayudaré de manera directa.
¡Muchas gracias, Michelle!-dijo Alice con una sonrisa.
Llegaron al cruce donde se separaban cada día.
Es hora de volver a casa, enano.-dijo Michelle-Tengo que dormir para poder entrenar fuerte mañana.
Yo me iré a dormir en breve también.-respondió Alice-¡Buenas noches, Michelle, nos vemos mañana!
¡Buenas noches!-Michelle se despidió enérgicamente con la mano mientras se alejaba en dirección hacia su hogar.
La noche era clara, tranquila y fría. Muy serena y hermosa.

[SSS] Capítulo 6: Emociones

Capítulo 6: Emociones

Priscille, Myo y Alice salían del instituto, ya sin los uniformes.
Me preocupa Michelle.-dijo Alice-No ha contestado a nuestros mensajes, ni ha cogido ninguna de las llamadas, ni ha dado señales de vida… ¿no creéis que estaría bien ir a su casa a verlo por si se encuentra incapacitado? ¿Y si ha enfermado súbitamente?
Priscille miró la hora con su móvil.
Es una buena idea.-coincidió-Pero hagámoslo rápido, tengo pocas horas para estudiar y esta tarde tengo entrenamiento de Aikido, mañana de Karate y pasado mañana de Judo. Esta semana va a ser ajetreada.
Algo pasó frente a los tres chicos. Tambaleándose, se golpeó contra un árbol del jardín escolar. No tardaron en distinguir a su enorme y vistoso amigo Michelle, que jadeaba mientras les dirigía una mirada de dolor.
¡MICHELLE!-exclamó Myo mientras corría hacia el árbol.
Alice y Priscille lo siguieron, también corriendo.
Los chicos se alarmaron. Su amigo estaba sudando, jadeando, magullado, con la ropa rota por muchos sitios y con algunos arañazos profundos y sangrantes.
¿Qué ha pasado?-preguntó Priscille intentando no perder la calma-¿Cómo has acabado así?
Esta mañana…-Michelle hizo un acopio de fuerzas para hablar-…he salido…de mi…ugh-se dejó caer en el suelo-…de mi casa…y…me…me han…a…ta…atacado…
¿¡Qué!?-gritó Myo-¿A ti también, Michelle?
Myo se agachó hacia su amigo y le puso la mano en la frente. Estaba ardiendo. Su cuerpo solía estar muy caliente, pero aquello no era normal…estaba incluso más caliente que el día anterior cuando él se esforzaba por hacerle una felación…
¡Tienes mucha fiebre!-exclamó Myo-¡Tenemos que sacarte de aquí y buscar ayuda! ¡Alice, Priscille, ayudadme a levantarlo!
No…-dijo Michelle-…ya estoy mejor…
Michelle, no es momento de ser cabezota.-le dijo Priscille-No podemos dejarte que empeores. Tienes que recuperarte. Hablaremos cuando todo haya pasado.
¿Cómo habrá podido librarse del ataque?-a Myo se le escapó en voz alta su pensamiento.
A diferencia de nosotros…-respondió Priscille-…él tiene muchísima fuerza. Puede que haya logrado salvarse usando sus capacidades atléticas.
Alice, mientras sus dos amigos hablaban, se había agachado hacia Michelle y le estaba limpiando las heridas con un pañuelo de tela azul. Aunque llevara guantes, sus manos siempre estaban heladas. Su cuerpo solía estar muy frío, y su ropa también. La cercanía entre los dos cuerpos hizo que el calor de Michelle comenzase a disminuir levemente, aunque sólo fuese mientras su amigo estuviese tan cerca.
Tranquilo, ya ha pasado todo.-le dijo Alice en voz baja a su jadeante amigo-Estás a salvo. Estás con nosotros.
Estás…helado…enano…-Michelle intentaba mantenerse consciente e ignorar el dolor y el cansancio que se habían apoderado de su cuerpo.
Y tú estás ardiendo, grandullón.-respondió Alice con una sonrisa de alivio al ver que su compañero reaccionaba-Los buenos amigos nos complementamos los unos a los otros y formamos la unión perfecta.
Escuchadme todos…-dijo el herido joven haciendo acopio de fuerzas y mostrando su tozudez-…es importante que sepáis lo que ha pasado.
Sus amigos lo miraron fijamente y asintieron.
Una enfermera me ha abordado por la calle y me ha suministrado algún tipo de somnífero. Después de eso, me he despertado en la azotea de un edificio.-relataba Michelle-Esa mujer estaba ahí, iba descalza e intentaba provocarme sexualmente…no me amedrenté y le dejé bien claro que no quería cuentas con ella, que me dejara en paz o que no dudaría en recurrir a la fuerza. Se convirtió en…una…arpía gigantesca y…-comenzó a toser.
Alice le cogió los hombros y lo miró preocupado.
…me empezó a atacar…-siguió, a duras penas-…duramente…y, en un instante, yo…la…quemé…
¿La quemaste?-preguntó Myo extrañado.
El...Myo…el…el poder…-dijo Michelle moviendo la mano como si quisiera provocar algún cambio con ello-…está…en mí. El…fuego…me protegió.
¿Tú también tienes poder para luchar, como Myo?-preguntó Priscille a la vez que se le desencajaban las gafas del sobresalto-¡Claro, eso explica cómo has logrado librarte tú también de la muerte a manos de un monstruo!
Una pequeña bola de fuego nació de la palma de la mano derecha del joven.
Miradlo…-dijo el dolorido Michelle-…es mi…nueva…fuerza.
De pronto, Myo reaccionó. Estiró un momento la mano y apagó la llama de su amigo con un pequeño soplo de viento.
No te fuerces, Michelle.-le dijo-Descansa.
Alice y Priscille se miraban con asombro. Era la primera vez que veían el poder del que ya tanta constancia tenían.
Un…-siguió el corpulento chico-…bastón…con una joya…roja…apareció en mis manos. Me permitió…lanzar…chorros de fuego contra la arpía y…acabar con…ella…
Vamos a llevárnoslo antes de que le dé algo.-dijo Myo mientras cargaba la mitad del cuerpo de su amigo con sus hombros-Priscille, ¿me ayudas?
Priscille cogió a Michelle por el otro lado.
Pesas mucho, hombretón…-se quejó Priscille.
Levántame…con la mente…-respondió su amigo-…Einstein…
El joven de gafas sonrió de alivio al ver que seguía manteniendo el sentido del humor. Alice echó a andar detrás de sus tres amigos.
¿Hacia dónde lo llevamos?-preguntó Priscille.
No estaría de más que lo vieran en el hospital más cercano, ¿no crees?-propuso Myo.
Estamos a dos manzanas del más grande de la ciudad.-recordó Alice-¡Ánimo, Michelle!
Sí…-el corpulento joven se dejó llevar-…llevadme allí. Quiero ver a mis padres…les dije que hoy iría a verlos…
Tranquilo, Michelle, los verás.-le aseguró Myo-Pero primero necesitas reponerte un poco.
¿Quieres que avisemos a tus padres y les digamos lo que ha pasado?-preguntó Priscille.
¡No!-Michelle se alarmó-Iré yo solo cuando me reponga. No quiero que se preocupen por mi culpa.
Está bien, no te preocupes.-respondió Priscille-Alice, sujétalo un momento, voy a entrar al hospital para pedir ayuda.
El escuálido y menudo chico cargó con la mitad del cuerpo de su corpulento y febril amigo. Se dobló hacia delante inmediatamente. Priscille abrió la puerta de la entrada de urgencias y se acercó a paso ligero a recepción.
¡Hola, buenas tardes!-saludó educadamente al hombre del mostrador-Un amigo nuestro ha sufrido un accidente un tanto aparatoso. Está consciente y puede hablar perfectamente, pero sería conveniente que se le tratasen las heridas. ¿Podríamos recibir atención? Esperaremos lo que sea necesario, gracias.
¿Me dices el nombre del paciente?-preguntó el hombre.
Michelle Sakurai.-respondió Priscille.
Que pase.-dijo el recepcionista-Pediré una camilla para él.
Chicos, por favor…-Priscille se giró hacia la puerta e hizo señas a sus amigos para que entrasen-traedlo.
Myo y Alice entraron por la puerta cargando a Michelle. Tan pronto el recepcionista colgó el teléfono, dos camilleros salieron del ascensor junto con un médico y un enfermero. Los chicos ayudaron a tumbar a Michelle en la camilla. Los camilleros lo acomodaron mientras les hacían señas a los amigos para que los acompañasen. Una vez dentro del ascensor, que subía, las cosas parecieron más fáciles de resolver.
¿Qué edad tiene?-preguntó el médico mientras hacía ademán de escribir con un bolígrafo en los folios que llevaba en su clipboard.
Dieciséis años.-respondió Priscille.
¿Qué le ha pasado?-inquirió el doctor.
Al parecer ha sufrido un…-Priscille se trabó levemente-…ataque de violencia callejera. Por lo poco que nos ha podido contar, unos pandilleros lo han golpeado y le han hecho esos arañazos. Nuestro amigo se ha salvado de milagro, supongo…
De acuerdo.-el médico terminó de tomar nota-Se pondrá bien en muy poco tiempo, no os preocupéis.
Mientras, tras salir del ascensor, cruzaban el largo pasillo hasta la sala donde lo iban a tratar, Priscille habló de nuevo.
Doctor, necesito pedirle un favor.-dijo.
El médico se giró y lo miró mientras se mantenía a la escucha.
¿Podría no avisar a sus padres?-preguntó-Están ingresados aquí desde hace unos meses por un siniestro en carretera y, poco antes de llegar hasta aquí, nos ha dicho que no quiere preocuparlos.
El médico asintió y llamó al enfermero que aguardaba en la sala.
Kojima.-dijo-Necesito que le tomes la temperatura y la tensión arterial, le trates esas heridas y lo prepares para su recuperación. Por cierto, ¿no tendría que estar aquí Kurono?
Lleva todo el día desaparecida. La ambulancia con la que se fue ha vuelto sin ella, dicen que se ha esfumado.-respondió el enfermero-Todo esto es muy extraño…
La ciudad está cada día más sumida en el caos.-concedió el médico-
¡Vaya!-exclamó el enfermero mientras le quitaba la ropa a Michelle-¡Pero si es Michelle-kun! Y pensar que hoy lo esperaba ver venir a visitar a sus padres…pobre chico.
Ha sido un lamentable accidente…-dijo Priscille-…esos vándalos estarían desbocados…
Veo que lo conoces, Kojima.-dijo el médico antes de retirarse-Trátalo bien, estaré atento por si me necesitas. Chicos, he de pediros que os retiréis y esperéis fuera.
Alice, Priscille y Myo asintieron y abandonaron la sala. El enfermero se puso a examinar a Michelle y a proceder con el protocolo.
. . .
¡Como nuevo!-exclamó Michelle mientras salía de la habitación ajustándose el cinto y con la gabardina por los hombros.
¡Qué velocidad de recuperación, Michelle!-exclamó Priscille-¡En una hora y media! ¿Vas a bajar a ver a tus padres?
Sí.-respondió Michelle mientras se disponía a caminar hacia el ascensor-Myo, ¿me puedes acompañar un momento, por favor?
Myo asintió y siguió a su compañero. Antes de que las puertas del ascensor se abrieran, la pregunta premiada salió a relucir.
¿Les vamos a contar lo que hicimos ayer?-preguntó Michelle.
¿Tú quieres?-dijo Myo-Entre nosotros puede haber cualquier cosa, nunca nos fallaremos.
Entonces…es mejor que lo sepan.-dijo el corpulento chico-Lo hablaremos cuando termine de hablar con mis padres,  ¿de acuerdo, pequeño?
Está bien.-dijo Myo, conforme-Lo haremos.
Michelle se despidió con un gesto de la mano y bajó por el ascensor.
No os voy a mentir.-dijo Myo al llegar ante sus dos amigos-Nos hemos puesto de acuerdo para contaros algo que pasó ayer. Lo hablaremos cuando estemos los cuatro juntos, ¿vale?
Priscille y Alice asintieron.
Has sido muy hábil al inventarte lo de los pandilleros.-susurró Alice.
No podíamos decir lo del ataque.-respondió Priscille-Nadie ha sobrevivido a uno, salvo dos personas que tienen poderes sobrenaturales…
. . .
Padre, madre, ya estoy aquí.-dijo Michelle mientras entraba en la habitación de sus padres, que estaban en sus camillas.
Hijo mío…-dijo la madre contenta, pero aún con dificultades para vocalizar.
¿Qué…-intentó preguntar su padre-…te ha pasado…?
Sólo ha sido un accidente, no os preocupéis.-explicó el chico-Una mala caída. Me han tratado aquí mismo. Ya estoy bien. Esta semana he entrenado mucho. Pronto llegará la semana cultural. Estoy deseando hacer algo grande junto con mis amigos. Me han estado ayudando con los estudios…aún me cuesta mucho, pero estoy intentando defenderme…prometo no suspender muchas, al menos. ¿Sabéis qué? Ayer hice algo con Myo que me ha hecho cambiar mi forma de ver la vida. Me siento mucho más alegre y optimista, más ligero y fuerte. Sigo muy preocupado por vosotros y haría las plegarias que fueran necesarias para vuestra sanación, pero he aprendido a verlo con optimismo y a pensar que os vais a recuperar muy pronto. Tengo unos amigos estupendos sin los cuales no podría estar superando este bache. Ayer me divertí mucho más que ninguna otra vez que he estado a solas con Myo-chan. Espero poder contaros algún día todo lo que ha pasado con mis amigos, realmente los quiero muchísimo y les debo toda la fuerza que tengo para valerme mientras estáis en estos momentos tan oscuros…
Los cuerpos de la inmóvil pareja temblaban. Poco a poco, torpe y lentamente, alargaron un poco sus brazos hasta tocarse las manos. La mujer lloraba de la alegría mientras que el hombre miraba a su hijo con la sonrisa más grande que su reducida movilidad le permitía mostrar.
Estamos orgullosos…-dijo el padre de Michelle.
…orgullosos de que estés consiguiendo…todo esto.-dijo con dificultades la madre del chico-Ya te queda menos para ser…todo un hombre. Ve…y disfruta. Da las gracias…a tus amigos…de nuestra parte.
. . .
Michelle apareció sonriente en el pasillo donde sus amigos esperaban comiendo.
Te hemos traído esto.-dijo Alice señalando una bolsa con hamburguesas-Es la hora de cenar y todo esto ha tenido que dejarte exhausto.
¡Gracias!-dijo Michelle con tono aniñado.
Se sentó y se puso a comer junto con sus amigos.
Es hora de hablarlo, ¿verdad?-Myo rompió el hielo.
Claro,  hablemos.-respondió Michelle mientras se limpiaba los labios con una servilleta.
Contadnos lo que necesitéis.-dijo Alice mientras sujetaba un té caliente de máquina con ambas manos-Os escucharemos.
Priscille se echó la melena hacia atrás y partió un taiyaki por la mitad.
Bueno, tal vez en otra situación esto sería un poco difícil de decir, pero, ya que estamos entre nosotros…-dijo Michelle-…podemos hablar claramente y sin preocupaciones. Ayer Myo y yo tuvimos sexo oral en los vestuarios del instituto. Sí, nos hicimos una felación el uno al otro y ambos lo disfrutamos mucho.
Realmente no es algo que tenga que cambiar nada entre nosotros, ¿no es así?-preguntó Myo-Os lo queríamos contar para que lo supieseis. No ha de haber secretos entre nosotros.
Gracias por depositar vuestra confianza así en nosotros, chicos.-agradeció Alice tras tomar un sorbo de té-Espero que lo disfrutaseis y que contribuyese a profundizar en nuestra amistad.
No es que nos dé igual, pero…-dijo Priscille-…no vamos a preocuparnos por ello. Lo hicisteis porque quisisteis y lo pasasteis bien, ¿no? Me alegro por vosotros y gracias por vuestra sinceridad. Por mi parte, no hay problemas.
Por la mía tampoco.-coincidió el chico de azul.
Voy a aprovechar para compartir una cosa más con vosotros.-dijo Myo-Esta última temporada he estado comiéndome mucho la cabeza porque he dudado de mi sexualidad. Desde el ataque en mi casa y, más recientemente, desde lo de ayer con Michelle, creo que estoy totalmente convencido de que no soy bisexual, sino homosexual. Me gustan los chicos. He disfrutado con Michelle más de lo que nunca podré soñar, tanto con lo que me hizo como cuando yo se lo hice a él. Y, desde la súcubo, digamos que temo a las mujeres. No es que vaya a despreciarlas a todas, y nunca le cerraré las puertas a ninguna que quiera ser mi amiga, necesite mi ayuda o, por algún motivo, se cruce en mi vida en un sentido positivo, pero creo que mi felicidad está al lado de un hombre. Y, tras decir esto, no sabéis el peso que me he quitado de encima. Esto no significa que me esté declarando a Michelle, sólo era la prueba definitiva de que los hombres son lo mejor para mí en la vida sentimental y sexual. Lo demás de mi vida no ha cambiado, sigo y seguiré siendo el mismo.
Priscille y Michelle le dieron sendas palmadas en el hombro.
Bravo, Myo.-le dijo Priscille-Bravo por tu valentía para aceptarte a ti mismo y mostrarte ante los demás.
Seguirás siendo uno de mis tres enanos favoritos.-Michelle le guiñó un ojo.
Alice observó que Myo tenía aspecto de haberse librado de una pesada carga. Le ofreció un batido que tenía en la bolsa de la comida.
Tómate esto y alégrate.-le dijo-Ya está todo dicho, esta noche dormiremos tranquilos.

sábado, 31 de agosto de 2013

[SSS] Capítulo 5: Furor

Capítulo 5: Furor

Michelle amaneció como si tuviera la ligereza de una pluma. Había llegado algo tarde a casa, pues había estado la noche anterior estudiando con Myo.
Así que la ley de Hess permite combinar cada una de las etapas para obtener la reacción total en un paso y con eso calculamos la dichosa entalpía…-murmuró mientras se rascaba la cabeza por detrás tras apagar el despertador.
Se levantó de la cama. Contempló durante unos segundos una foto que tenía al lado de la cama en la que salían sus padres con él en medio.
Papá, mamá…-Michelle se entristeció un poco.
Sus padres habían sufrido un accidente de carretera y se encontraban ingresados en el hospital. Les costaría mucho recuperarse completamente. Ese día le tocaba ir a verlos, por lo que pronto se le pasó el pequeño arrebato de tristeza. Se sentía en una nube de algodón, en un trono en medio del paraíso. Había logrado superar sus dudas de clase gracias a Myo, había hecho un entrenamiento genial la tarde anterior y, lo más importante de todo…se había coronado en la gloria con ese momento de sexo oral tan intenso con su amigo. Aún recordaba cada segundo, cada caricia, cada intercambio de calor, cada intercambio de fluidos, cada lengüetazo, cada sabor, cada movimiento. Empezó a sentirse apretado. Miró hacia abajo. El recuerdo de su encuentro con Myo le estaba causando una buena erección.
Bueno…-dijo Michelle para sí mientras iba a hacerse el desayuno-…dicen que hay que empezar el día con alegría.
Introdujo una taza de medio litro llena de leche en el microondas, dejó un plátano encima de la mesa de la cocina y volvió a su cuarto. Se tumbó en la cama y se quitó lo único que llevaba, la ropa interior.
Myo…-dijo mientras empezaba a tocarse el pene para aumentar su erección.
Separó las piernas, alargó el brazo con el que no se estaba masturbando y apoyó la cabeza en la almohada para ponerse lo más cómodo posible. Se retiró el prepucio con un rápido y hábil movimiento. Comenzó a masajearse y a pensar en lo sucedido ayer. Además, en su mente se dibujaba la imagen de Myo y  él sentados juntos en una mesa con los libros abiertos. Le inspiraba una gran ternura. En cuestión de décimas de segundo, su pene quedó duro como una piedra. Sin darse tregua, se lo agarró bien fuerte y comenzó a masturbarse a un ritmo frenético. Pronto empezó a agitarse, a arquear las piernas y a convulsionarse. El éxtasis de su fantasía lo invadía. Mientras casi quemaba su robusto y enorme pene, el microondas pitó.  Justo en ese instante, el chico vio que se había puesto perdido. El chorro de semen le había llegado casi hasta el cuello. Se levantó con una sonrisa, fue a lavarse las manos y se tomó el vaso de leche tras añadirle generosas cantidades de cacao en polvo. Después se dio una ducha, se vistió, hizo la cama, agarró su cartera, con otra mano cogió el plátano que había dejado antes en la mesa y salió de casa, cerrando la puerta con llave, tras lo que devoró el plátano en dos bocados, tiró la piel al cubo de basura y comenzó a caminar a paso firme hacia el instituto.
Cuando había avanzado dos manzanas, algo tiró de él hacia un callejón sombrío y lleno de contenedores.
¿Qué demonios…-preguntó mientras se sacudía a quien lo estuviera agarrando.
La fuerza de Michelle era demasiada para cualquier transeúnte promedio que quisiera forcejear con él.
¡Ayúdame!-le dijo la persona que lo había agarrado.
Vestía de blanco completamente. Tenía el cabello de color castaño claro recogido en dos coletas dobladas sobre sí mismas haciendo la forma de gotas de agua. Sus ojos eran del color del café. Los símbolos rojos de su indumentaria delataban que era una enfermera.
¡Ven, por favor!-le suplicó a Michelle-¡Un paciente se ha caído de la ambulancia y ha rodado hasta esa esquina!-señaló a la negrura del fondo del callejón-¡Pesa mucho, no puedo levantarlo y la ambulancia no puede aparcar en esta manzana!
Michelle observó que toda la manzana estaba llena de coches aparcados. En el fondo del callejón podía distinguir algo moviéndose.
Está bien, te ayudaré a llevarlo hasta la ambulancia.-Michelle era muy justo y altruista para estas cosas, además de que intentaba ser un caballero y aquella joven enfermera le recordaba a las de sus revistas…pero no lograba excitarse con ella, tal vez por la gravedad de la situación o tal vez por lo de Myo.
Muchas…-dijo la enfermera sonriendo pícaramente-¡GRACIAS!
Cuando Michelle se hubo lanzado al callejón, la enfermera le clavó, por detrás, una jeringuilla en el cuello. Le inyectó el contenido, causando que se desplomase.
. . .
¡Qué raro que Michelle no esté aquí, con lo trabajador y lo persistente que es siempre!-se extrañó Priscille en el recreo-No nos avisó de que tuviera nada especial que hacer…y no nos ha llamado por si está enfermo o algo…
Myo pensó si había alguna relación entre lo del día anterior y la ausencia de su amigo. ¿Y si no podía…o no quería…mirarlo a la cara tras el pasional intercambio de felaciones que hicieron?
Es absurdo.-pensó-Después de eso, vino a mi casa y estuvimos hablando de cosas totalmente distintas. No obstante, no puedo evitar preocuparme…
¡Myo!-dijo Priscille-¿Estás bien?
Sólo estaba…-dijo él-…preocupado por Michelle.
Al parecer lo habían llamado por su nombre varias veces y no había contestado.
No pasa nada, chicos, Michelle es demasiado fuerte para cualquier cosa que le pueda pasar.-dijo Alice con confianza-Le mandaré un mensaje en nombre de todos y saldremos de dudas.
Alice cogió el móvil y comenzó a escribir un SMS.
Buena idea.-concedió Priscille-Suele llegar justo de tiempo, pero nunca tantas horas tarde…debe de haber tenido un imprevisto.
. . .
Cuando se despertó, Michelle se encontró en la azotea de un edificio. Había un enorme rótulo luminoso publicitario cuya cara trasera podía ver. También había una puerta, aparentemente cerrada, que daba al interior del edificio por, supuestamente, unas escaleras de bajada. Y también estaba la enfermera, con una bata negra larga encima de la ropa de trabajo y descalza.
Veo que ya te has despertado…-dijo mientras caminaba hacia el chico, que seguía tumbado-…buenos días.
Michelle no era un gran pensador, pero no tardó en darse cuenta de que estaba corriendo la misma suerte que Myo. La enfermera le estaba intentando acariciar la entrepierna con el pie…
¡NO!-dijo Michelle-¡No te dejaré que hagas lo que quieras conmigo!
El chico se levantó con brusquedad, desestabilizando a la mujer.
¡POR CULPA DE VUESTRA DEMONÍACA ESPECIE, MI AMIGO, MI GRAN AMIGO, UNO DE MIS HERMANOS, HA SUFRIDO LO INDECIBLE Y SU VIDA HA DADO UN VUELCO!-gritó-¡ALÉJATE, DIABLO! ¡ESTOY DISPUESTO A VENGAR SU PENA AQUÍ Y AHORA! ¡SI ERES VALIENTE, MUÉSTRAME EN LO QUE SEA QUE TE TRANSFORMES, PERO TE ASEGURO QUE SOY DURO DE PELAR! Has tenido que drogarme para traerme aquí…si llego a estar en mis cabales, no habrías podido moverme.
Insolente.-dijo la enfermera con asco-Voy a hacer que te lamentes de tus palabras…
¿Tú y cuántas más?-preguntó Michelle-Eres bastante guapa, pero eso será lo único que realmente tengas.
Te equivocas, humano…-respondió la mujer mientras su voz se volvía aguda, estridente y molesta, como si graznase-¡ESTÁS MUY EQUIVOCADO!
El cuerpo de la enfermera empezó a agrandarse, reventando su ropa. Agitó los brazos, que empezaron a deformarse y a convertirse en una especie de alas muy plumosas en cuyos extremos había afiladas garras. Sus piernas se hicieron más largas, grandes y escamosas, terminando por transformar sus pies en las patas de un ave, con afiladas garras. Creció en estatura, su piel, su plumaje y sus escamas se tornaron de un color verdoso y su cabello se volvió verde a la vez que sus ojos enrojecían, sus orejas se hacían puntiagudas y sus dientes se afilaban. Al terminar, podría decirse que medía dos metros o incluso más.
¡¿Una arpía?!-Michelle se sorprendió-Sí, eso es lo que sois todas las asesinas que estáis aflorando esta última temporada. ¡Difamando a nuestras ciudadanas con vuestras fechorías! ¡Y aún pretendes aprovecharte de mí! ¡Jamás, y menos después de lo que, por vuestra culpa, ha sufrido una de mis personas más queridas!
Eres demasiado necio para permitirte hablar tanto.-gruñó la arpía.
Batió sus enormes alas, creando una corriente de viento y plumas tan fuerte que arrastró al chico y lo estampó contra la chapa trasera del rótulo.
¡Argh!-gimió Michelle.
El viento tenía que haber sido muy fuerte para arrastrar a un chico tan pesado: sus músculos eran muy grandes.
¡PROCREEMOS!-gritó la criatura alzando el vuelo-¡CUANTO ANTES ME DES A MI HIJA, ANTES PODRÉ MATARTE!
Michelle se despegó de la chapa y saltó, esquivando el placaje aéreo de aquella enorme bestia.
¡Sueñas!-le gritó-¡Sueñas si te crees que te voy a dejar! ¡Viviré! ¡Tengo amigos a los que proteger! ¡Unos padres a los que hacer sentir orgullosos! ¡Una vida por delante! ¡No eres quien para decidir mi futuro! ¡TE GOLPEARÉ SI ES NECESARIO!
Un resplandor rojo empezó a bañar el cuerpo del chico. Su cuerpo comenzó a calentarse como cuando comenzaba a entrenar cada día.
La arpía se rió y se volvió a lanzar a por él, esta vez con intención de lacerar su hombro de una patada. Michelle apretó el puño y todo el brazo, haciendo sobresalir su robusto bíceps. Movió el brazo como si quisiera lanzar un fuerte puñetazo para desviar la patada de esa cosa. Se le marcó mucho el tríceps en ese momento. El tiempo pareció ir a cámara lenta durante unas décimas de segundo y, cuando alargó el brazo, no fue un puñetazo lo que proyectó, sino un chorro de fuego que hizo retractarse al monstruo.
¿Qué ha sido eso?-preguntó, histérica.
Michelle se sintió muy sorprendido. ¿Tendría él también el poder? ¿Sería un elegido? No era como el viento del que Myo hablaba, pero miró sus manos y vio que estaban rodeadas de un aura roja de aspecto etéreo. Había visto fuego salir de su puño.
Veo que sólo ha sido un golpe de suerte, ¡no eres capaz ni de moverte!-la arpía se jactó y volvió a lanzarse en picado, esta vez de cabeza.
El chico probó suerte. Agitó las manos con mucha fuerza. No podía parar de pensar en sus amigos y en sus padres. Como él quiso, un muro rectangular de fuego se alzó ante él, impidiendo el choque con la arpía, que tuvo que echarse hacia atrás para no atravesar el muro y quemarse.
¡Cobarde!-gruñó la criatura.
Eres tú la que no se atreve a tocarme si hace calor.-Michelle se envalentonó y pensó que podría acabar con ella y salir ileso.
¡CÁLLATE, ESCLAVO!-la gigantesca arpía corrió hacia Michelle apuntándole con las garras.
¡Eres tú quien nunca debió empezar a graznar!-exclamó el joven mientras lanzaba un golpe al aire con la palma de su mano.
Una bola de fuego salió de la mano de Michelle, impactando en el abdomen de la arpía, que chirrió y se tiró al suelo a la vez que empezó a rodar para quitarse las llamas. Su plumaje parecía ser combustible. Cuando se hubo recuperado, se incorporó. Una mancha negruzca decoraba su vientre. Lanzó otra patada cargada de rabia.
El chico no medió palabra. El aura roja siguió creciendo, y le apuntó con ambas manos abiertas a la cara. Un chorro de fuego salió disparado y le quemó el rostro a la vez que la lanzó por los aires hasta estamparla contra el rótulo.
Despídete, ser inmundo.-dijo Michelle-Nunca os perdonaré lo que estáis haciéndole a nuestra ciudad.
Agitó la mano. Unas líneas de luz roja acompañaron el movimiento, convirtiéndose en un fino y lustroso bastón negro de algo más de medio metro en cuya punta había, incrustada en un finamente decorado cáliz hecho a medida, una piedra preciosa roja de gran tamaño y cuidadamente tallada. No se demoró mucho en pensar si sería un rubí o, por el contrario, algo mágico cuya naturaleza desconocía. La arpía se lanzó de nuevo al ataque. Michelle lanzó un golpe con el bastón agarrándolo con una sola mano como si fuese un matamoscas. Desvió el arañazo de su enemiga, que contraatacó con un golpe con una pata doblada que también fue desviado de un bastonazo. Finalmente, el chico golpeó a la arpía con el arma dos veces, henchido de rabia y con el instinto protector disparado. Le dio en la nuca, la dejó postrada en el suelo y, agarrándolo esta vez con las dos manos como si de un bate se tratara, la golpeó fuertemente con el bastón, lanzándola por los aires hasta que cayó en medio de la azotea.
¡TE MATARÉ!-la arpía se enfureció al máximo-¡TE MATARÉ Y DESPUÉS EXPRIMIRÉ TU CADÁVER! ¡MUEREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!
Empezó a agitar las alas, causando una tremenda corriente de un fuerte viento que arrastraba gran cantidad de plumas. Michelle reparó en que, esa vez, quien tenía el rótulo detrás era la arpía. Si el viento lo arrastraba, caería desde la azotea, se estamparía en medio de la calle y moriría. Mientras hacía fuerza con las piernas para evitar irse hacia atrás, su camisa empezó a rajarse por varias zonas, así como sus pantalones. Pronto se abrieron algunos cortes en su piel de los que brotó sangre. Las plumas estaban afiladas. Si no hacía algo pronto, la arpía lo sometería.
Como si obedeciera una orden, la joya de la punta del bastón se iluminó. Michelle sintió un calambre en la mano y agitó el arma, de cuya punta salió un gran chorro de luz roja que se refractó formando una enorme pantalla que se oponía a la corriente de viento. El chico aprovechó para avanzar y alejarse del borde de la azotea. La arpía se cansó de agitar las alas, el viento cesó y el rayo rojo se dispersó por la onda expansiva de la disipación súbita del viento.
Maldito…-la criatura jadeaba, exhausta.
Ya está.-dijo el chico-Se acabó.
Michelle apuntó con el bastón a la arpía y le disparó varios proyectiles de aquella luz roja. Al impactar contra la arpía, se convirtieron en brillantes llamas. El fuego se propagó entre sus plumas y acabó por prender fuego a todo su cuerpo cuan largo era. Una violenta explosión disipó el fuego, esparciendo por el aire partículas negras que se perdieron en la lejanía. Magullado y manchado de sangre, Michelle sacó su móvil y miró la hora, sin percatarse de que tanto el bastón como el aura habían desaparecido.
¡Mierda!-exclamó-¡Tengo que ir al instituto!
Como la puerta de las escaleras estaba cerrada, tuvo que probar suerte. Agarró el picaporte con fuerza y…el calor lo fundió. Empujó la puerta y bajó corriendo. Con un poco de suerte, podría reunirse con sus amigos a la salida.