martes, 2 de diciembre de 2014

[TY] Episodio 8: Placer sincero

TAIMANIN YAMIYUKI
Episodio 8: Placer sincero

He tenido suerte con tu proposición…-dijo Shirubei mientras acariciaba a Hagane lentamente-…iba a proponértelo yo, pero me lo has ahorrado.

Hagane acarició un tobillo de Shirubei mientras cruzaba miradas con él. Lentamente, fue subiendo la mano por toda la pierna, frotó sus dedos lenta y pausadamente en la zona de la ingle y subió hacia el torso. Aun recibiendo los tocamientos por encima de la ropa, Shirubei se empezaba a sentir excitado. Correspondió a su amigo masajeando sus muslos lentamente con ambas manos. Se miraron sin poder evitar sonreír. Hagane desde su silla y Shirubei sentado en la cama intercambiaban caricias y tocamientos lenta y pacientemente. Ambos querían que aquel momento de placer fuese lo más duradero posible. Comenzaron a acercar sus cabezas: se acercaba el momento de repetir aquel beso que los empujó a la situación que estaban viviendo. Cuando sus labios, húmedos y cálidos, se encontraron, comenzaron a besarse con pasión y sin ninguna contención. En lugar de abrazarse, siguieron buscándose con caricias: cada uno se deleitaba con el tacto del cuello y el cabello del otro. Shirubei rodeó lentamente el torso de Hagane con sus brazos, mientras que éste puso sus manos en las mejillas de su compañero mientras lo besaba. Tras unos minutos con los ojos cerrados sintiéndose mutuamente, se separaron para mirarse de nuevo. Sus sonrisas de corrección y tranquilidad se habían teñido con un colorido deje de lascivia. Antes de pensar en desvestirse, Hagane se soltó el pelo. Se sentía mucho más cómodo y suelto a la hora del sexo así y, además, su melena lacia y colorida le confería un aspecto muy sensual.

Empezamos a desmelenarnos por el sentido más literal del término, ¿no es así?-Shirubei le sonrió con picardía.

El coletero es sólo el principio de todo lo que me voy a quitar esta noche…-respondió Hagane-…pero antes… ¡ven aquí!

Shirubei se dejó caer grácil y silenciosamente desde la cama sobre la silla. Hagane lo apresó con sus brazos y comenzó a lamer y besar su cuello. A modo de acompañamiento, el chico rubio rodeó y apretó a su pasional amigo con sus piernas, de tal modo que su entrepierna y el pecho de él se presionaron mutuamente.

Ah, joder…-suspiró el chico de ojos verdes-…estás tan caliente ahí abajo…uffff…

Pues ya verás cuando empiece a excitarme de verdad…-dijo Shirubei mientras Hagane seguía adorando su cuello.

Quiero ver eso…-dijo el otro chico-… tú eres de los que se moja mucho, ¿no?

Nunca he tenido problemas de lubricación.-respondió Shirubei mientras tocaba el cuerpo lleno de curvas de su amigo.

Eres de los míos entonces.-comentó Hagane-Estoy deseando ser testigo…

¿Quieres verlo?-preguntó el rubio con sensualidad-Quieres verlo, ¿eh? Te propongo algo: lógralo. Haz que me ponga a mil y te garantizo una noche inolvidable.

Con una condición.-respondió Hagane apartando levemente a Shirubei de encima de él.

¿Sí?-preguntó su amigo relamiéndose.

Que sea mutuo.-dijo Hagane-Convierte cada una de mis respiraciones en un gemido…hazme arder…necesito un buen polvo desde que nos besamos en la misión…

Ardamos juntos.-propuso Shirubei-¿Te parece?

Sin pensárselo dos veces, Hagane empujó a Shirubei hacia arriba, dejando que cayera sobre la cama. Acto seguido, saltó encima de él, se inclinó y comenzó a besar sus brazos y lo que su ropa dejaba ver de sus clavículas. Estaba muy excitado por el perfume de su amigo, que lo estaba volviendo loco. Se notaba una profunda higiene y un uso muy correcto del perfume: había sido aplicado en las horas más propicias del día y ahora estaba seco, habiendo dejado su fragancia impregnada en la piel y la ropa del dueño como un grabado a fuego.  Su aroma era muy característico, masculino y juvenil. Era fresco, penetrante y difícil de olvidar, con un fuerte sustento acuático contrastando con un aroma jabonoso y suave. Las notas especiadas daban a esa mezcla de penetrante y explosiva frescura un toque muy picante y sensual, especialmente por el generoso toque de pimienta que contenía la fórmula. Fuera como fuere, a Hagane le excitaba tanto que no podía evitar quitarle toda la ropa a su acompañante. La parte de las prendas que estaba en contacto directo con su piel estaba, lógicamente, más caliente, por lo que desprendía con más facilidad el olor de aquel perfume ligeramente mezclado con el propio olor característico de su piel. En aquella nube de fragante erotismo, el chico de cabello rosa y ojos verdes no se daba demasiada cuenta de que el otro chico, descalzo, le estaba quitando ropa ágilmente con los pies.

Maldito ladronzuelo desgraciado…-susurró Hagane al verse semidesnudo.

Con la parte de arriba de su vestimenta colgando únicamente de un brazo y los pantalones desabrochados y medio bajados, el chico no pudo sino dedicar un cumplido a los ágiles pies de su amigo, que se hallaba recostado en la cama en ropa interior con las manos debajo de la nuca.

Nos vemos constantemente en los vestuarios…-dijo Hagane observando atentamente el cuerpo de Shirubei-…pero no en las circunstancias más propicias para notar que tienes un jodido cuerpazo…

Shirubei sonrió. Sólo sus mejores amigos conocían a la bestia severa y sanguinaria que se escondía tras aquella sonrisa resplandeciente y de oreja a oreja. Su cuerpo, totalmente lampiño y resplandeciente, tenía una morfología curiosa. Todos los músculos de su cuerpo eran redondeados y de aspecto blando y suave, recordando a los de un bebé…de casi dos metros. El clan Anome, famoso entre todos sus ninja por el uso óptimo de una flexibilidad sobrehumana sólo superada por dos casas, siendo una de ellas la casa Kuroi, tenía una genética muy peculiar que los hacía desarrollarse de esa forma, lo que les confería su profunda y perenne flexibilidad. Además, se decía de los Anome que sus cuerpos tenían dos formas, pues, cuando tensaban los músculos, parecían auténticas bestias cazadoras, ya que la elasticidad de sus músculos permitía que se deformaran y se recuperaran de manera extraordinaria.

Deleitándose, Hagane acarició el cuerpo de Shirubei. Sus músculos en reposo eran ciertamente blandos, por lo que no pudo evitar masajearlos. Rápidamente, el chico rubio se incorporó para descolgar del brazo de su amigo lo que quedaba de ropa. En ese instante, sus músculos tomaron una forma mucho más adulta y fibrosa, como si fuera una persona diferente. También se endureció sobremanera. Sin poder dejar de sorprenderse, Hagane se dejó hacer. Reparó en los calzoncillos de su amigo, unos bóxers no muy ajustados de color verde caqui con la zona del elástico de color plateado y brillante. Estaban totalmente secos, señal de que el chico se estaba conteniendo para retrasar el placer lo máximo posible. Tras quitarse los pantalones del todo y exhibir su ropa interior, Hagane se dejó caer encima de Shirubei, apoyando la cabeza en su entrepierna. El leve aroma tibio, masculino y limpio lo embriagó.

¿Te importa si lo pruebo?-preguntó Hagane tras lamer la tela de los bóxers de Shirubei.

Adelante…-dijo Shirubei con una sonrisa-…siéntete como con tu cuerpo. Espero que tengas hambre…

Hagane comenzó a masajear el pene de su amigo por encima de la ropa interior. Los masculinos atributos del chico comenzaban a erigirse.

¿Me puedes hacer un favor antes de la felación?-preguntó Hagane con la excitación grabada en su rostro.

Suena a que no voy a poder negarme…-Shirubei le guiñó un ojo.

Suéltate el pelo, por favor.-pidió Hagane-Me pone muchísimo pensar en ti con la melena al viento…me hará querer comértela hasta ahogarme…

Para incentivar a su acompañante, Hagane continuó acariciando su pene con una mano mientras con la otra masajeaba suavemente sus testículos, todavía sin quitarle la ropa interior. Se incorporó para ver la reacción de su amigo, pero éste le puso la pierna encima y le hizo presión para que no pudiera despegarse de su entrepierna. Hagane entendió el mensaje y continuó trabajando el pene de su amigo con sólo una fina tela de separación. En respuesta, Shirubei se llevó las manos a la nuca y se soltó las coletas que siempre solía llevar bajo su corte de cazo. Su melena se dejó caer como la crin de un caballo. Rubio, brillante, fino y largo como una cortina, el pelo de Shirubei rodeó su cabeza, su cuello y parte de sus hombros como si fuera una campana. Tenía el pelo algo más largo que Hagane.

Perdón.-dijo Hagane-Te pagaré otros.

¿Eh?-preguntó Shirubei.

Antes de poder comentarlo, vio cómo Hagane rasgaba sus calzoncillos por la mitad y tiraba los restos contra el suelo. Por fin pudo contemplar el pene de su amigo, caliente y en proceso de erección.  Era de un ancho algo notable, aunque no demasiado. Su longitud era espectacular, y sus testículos eran bastante grandes y colgantes. Mientras que sus testículos estaban totalmente depilados, alrededor de la base del pene conservaba una bien cuidada y reducida corona de vello rubio y brillante. Su prepucio parecía muy estrecho y tenso.

Qué belleza…-dijo Hagane sujetando el pene de Shirubei con sus manos.

¿Te gusta?-preguntó el otro chico.

Me encanta.-dijo el joven de ojos verdes-Es precioso…

A ver el tuyo…-dijo Shirubei mientras le arrebataba la ropa interior a Hagane con los pies.

El pene de Hagane empujó la ropa interior y facilitó que se dejara caer entre sus piernas. También estaba cerca de la erección.

¡Nada mal!-comentó Shirubei-Buena polla, claro que sí…no esperaba menos de uno de mis más grandes y queridos amigos. Su forma me recuerda mucho a la mía… ¡es como la mía pero algo menos grande!

Calidad y cantidad no siempre van juntas, lo sabes, ¿no es así?-le advirtió Hagane.

No lo dudaba.-dijo Shirubei-Pocos chicos de nuestra edad tienen eso que sostienes entre tus piernas, igualmente…

Entonces ya ni hablemos de ti…-comentó Hagane mientras jugaba con el pene de su amigo.

Disfrútalo.-respondió Shirubei recostándose en la cama.

Oye…-comentó Hagane-…tu prepucio está…

Shirubei sonrió con picardía.

Pruébalo.-dijo Shirubei-Si crees que tengo fimosis, es el momento para que salgas de dudas…vamos, atrévete…no me harás ningún daño…no temas.

Hagane intentó retraer el prepucio de su amigo. Como si fuera automático, se deslizó a la perfección, dejando ver un glande con un aspecto fungiforme más acusado que el suyo y de un tono más rojizo, parecido al del vino.

¡Es increíble!-exclamó Hagane-¡Parece un martillo!

Es hora de que te pongas duro tú también…-dijo Shirubei-…te recomiendo dejar el frenillo accesible… ¡prepárate!

Shirubei coló sus piernas entre las de Hagane y las abrió para forzar la separación de las de su amigo, que cayó hacia el frente. Evitando un choque, Shirubei agarró el cuerpo de su amigo con las piernas y lo colocó a la altura óptima para que sus penes se chocaran y se rozaran mutuamente en cada movimiento a la vez que mantenían sus labios a una distancia suficiente para intercambiar besos. No tardaron en completar la erección los dos. La sensación tórrida y espasmódica de frotar sus penes los estaba calentando rápidamente.

Nunca pensé que esto fuera tan placentero…-comentó Hagane.

Aún no hemos hecho nada…-dijo Shirubei-…espera y verás…

Lo siento…-se disculpó Hagane-…no voy a esperar más. Tú sabrás hacer buenas presas… ¡pero yo sé romperlas!

Hagane escapó rápidamente de las piernas de Shirubei y se dejó caer entre ellas. Con fruición y ansia, comenzó a lamer el majestuoso pene delgado y curvo de su amigo como si fuera un helado a punto de derretirse.

Ahh…-gimió Shirubei-…ahhhhh…

El sabor uniforme y agradable que Hagane estaba notando en su boca comenzó a cambiar. Cuando dejó de lamer el pene de Shirubei para introducirlo en su boca rítmicamente, notó unas notas saladas: el glande de su amigo se estaba humedeciendo con fluidos preseminales.

¿Estoy cumpliendo mi parte del trato?-preguntó Hagane mirando el rostro enrojecido de su amigo.

Shirubei volcó a Hagane contra la cama, le separó las piernas entrelazándolas con las suyas y le inmovilizó los brazos con sus manos. Acto seguido, se dobló sobre sí mismo desde encima del cuerpo de su amigo para alcanzarle el pene e introducir en su boca sólo el glande, trabajándolo con movimientos circulares de su lengua. En respuesta a esto, Hagane comenzó a gemir con satisfacción.

¿Contesta esto a tu pregunta?-rebatió Shirubei dejando de lamer unos segundos.

Hagane notó que la boca de su amigo había quedado unida a su pene por un pequeño hilo brillante de líquido preseminal y saliva. Shirubei, que parecía disfrutarlo, siguió haciéndole aquella felación a su amigo, que empezó a salivar levemente. Tras unos intensos minutos, Shirubei se volvió a erguir y besó apasionadamente a Hagane, iniciando un intercambio de fluidos.

Esto es demasiado…-dijo Hagane-…estoy muy cachondo…qué bien lo haces…

Lo mismo digo…-dijo Shirubei-…me arde la polla…

¡Déjame seguir!-exclamó Hagane lanzándose de nuevo a devorar el pene de su amigo.

De eso nada…-dijo Shirubei resistiéndose a gemir-… ¡o jugamos todos o se rompe la baraja!

Shirubei se volcó sobre Hagane de tal manera que pudo colocar su cabeza frente a su pene, pudiendo devolverle el favor a la vez que él se lo hacía. Las sábanas de la cama ya estaban totalmente arrancadas y revueltas, pero poco parecía importarles a aquellos jóvenes apasionados que disfrutaban de la postura 69.

Tras lo que pudo ser una hora de intercambio de felaciones, los cuerpos de ambos comenzaron a temblar.

Parece que nos vamos a correr…-dijo Hagane entre risas.

Pero quiero disfrutar más…-añadió Shirubei.

Bueno…-dijo Hagane-…nadie nos impide eyacular más de una vez esta noche. Además, yo no he descargado esta tarde, así que tengo muchas ganas.

¿Llevas toda la tarde masturbándote y no has llegado al clímax?-preguntó Shirubei-¿Te estabas conteniendo para esto?

Digamos que sí.-respondió Hagane.

Qué sucio…-comentó Shirubei sarcásticamente-…voy a darte tu merecido.

El chico rubio comenzó a lamer el pene y los testículos de Hagane con gusto y dedicación.

Maldito cabrón…-balbució Hagane con insultos desde el cariño-…te vas a enterar…

Hagane volvió a trabajar oralmente el pene de Shirubei. La excitación de volver a estar unidos en esa postura los llevó a eyacular finalmente. No pudieron inundar cada uno la boca del otro porque se vieron obligados a apartar la cabeza para gemir fuertemente. Ambos orgasmos fueron explosivos y majestuosos. Caudalosas eyaculaciones de varios chorros que alcanzaron alturas impresionantes antes de caer sobre la cama y sobre sus cuerpos fueron la blanquecina guinda de aquel pastel.

Vaya…-comentó Hagane-…lo hemos dejado todo pringado… ¿seguimos en el suelo? La habitación es grande…

¿Por qué no vamos mejor a la mía?-preguntó Shirubei-Me daría mucho morbo que ensuciáramos mi cama con nuestro semen igual que ésta…no es nada que nuestra lavadora no pueda arreglar.

Es tu habitación…-dijo Hagane-…si quieres, no veo inconveniente.

¡Vamos!-dijo Shirubei entusiasmado.

Agarró a Hagane de la muñeca, cerraron la puerta del cuarto y entraron al de Shirubei, quien cogió unos calzoncillos limpios y los colgó del picaporte exterior antes de cerrar la puerta. Sin dejar que su amigo abriera la boca, lo agarró y lo lanzó contra la cama como si fuera una pluma.

Je…-Hagane rió con lascivia. Su pene todavía estaba erecto y deseando tener acción.

Shirubei se subió encima de Hagane y comenzó a prepararse para la penetración. El cuarto era espacioso y cómodo, aunque en ese momento sólo había un par de luces ambientales muy tenues y azuladas que reducían la visibilidad. La cama era grande y espaciosa, así como también lo era el armario. Tenía una enorme estantería llena de libros sobre temática económica y financiera, novelas de distintos géneros, prensa macroeconómica y mucho más material de lectura. En una estantería tenía colocadas con agarraderas varias pelotas de distintos juegos deportivos: de fútbol, de baloncesto, de béisbol, de tenis…de todos los deportes que le encantaba practicar. También tenía las paredes decoradas con bates, raquetas y demás accesorios para otros deportes. Entre la decoración también había trofeos deportivos e imágenes de deportistas famosos. En un pequeño estante arrinconado tenía una enorme pila de material gore que rara vez compartía con nadie. Rodeados por aquella atmósfera nocturna y acogedora, hicieron el amor. La habitación de Shirubei olía tanto a él que Hagane no podía evitar excitarse más y más. Dejes de su perfume, de su marca de jabón de preferencia, de su propio cuerpo, de las horas que probablemente estuvo masturbándose…un olor único y característico que tenía nombre y apellido: Shirubei Anome.

¡Argh!-gimió Hagane.

¿Te duele?-preguntó Shirubei tras la primera penetración-No estás muy estrecho, lo siento si te he…

No, no me duele…-dijo Hagane-…el placer me desborda…quiero que sigas…como desees…

Entonces…-dijo Shirubei-…empezaré a moverme.

Shirubei movió sus pronunciadas y sensuales caderas. La humedad de su pene sirvió de lubricación. En pocos minutos, el coito entre ambos era fluido y estable, placentero para ambos, divertido y agradable.

Joder…-gemía Shirubei-…esto es genial…

¡Sí!-profirió Hagane-¡Lo es! ¡No pares! ¡Quiero que me des más! ¡Ah! ¡Ahhhh!

¡Oh, Dios!-Shirubei se retorcía de placer mientras penetraba a su amigo-¡Vamos a subir hasta el cielo si seguimos así!

Como una vez dije antes de graduarnos…-dijo Hagane entre jadeos y gemidos-…no importa cuál sea el destino si es en vuestra compañía…con un amigo como tú iría a cualquier parte…y más en un momento como ést… ¡AHHHH! ¡JODER, SHIRUBEI, JODER! ¡ERES UN EXPERTO!

Es la primera vez que lo hago con un chico…-dijo Shirubei-…estoy intentando extrapolar lo que hacía con las chicas y no me está resultando muy extraño ni complicado…me alegra que estés disfrutando.

¿Cómo puedes ser tan educado y taimado en un momento así?-preguntó Hagane-Tu polla…está cada vez más hinchada…tienes que estar…jodidamente…lleno…ahhh…

Shirubei se limitó a continuar sus embestidas que combinaban amabilidad y consideración con lascivia y regodeo.

Pensaba que te ibas a poner como en el campo de batalla…-dijo Hagane-…como un auténtico psicópata…como esa bestia que me excita por mucho miedo que dé…

Tengo un lado muy hijo de la gran puta, lo sé.-respondió Shirubei-No obstante, no puedo ser así con vosotros…no me sale. Creo que os merecéis lo mejor de mí.

¿Lo mejor de ti es esta pedazo de tranca que está hirviendo mis entrañas?-preguntó Hagane-Si es así, quiero seguir mereciéndomela indefinidamente… Dios…

Relájate.-Shirubei extendió los brazos de Hagane y le hizo leves cosquillas con las yemas de los dedos por todo el cuerpo-Tienes que disfrutar tú también…tenemos que corrernos juntos de nuevo…extiende los brazos sobre la cama, relájate y déjate hacer…

Hagane encontró plena concordancia entre sus instintos y los deseos de su amigo, con lo cual obedeció. Shirubei agarró entonces el gran pene de su amigo y comenzó a masturbarlo con las dos manos de una manera lenta y acentuada, con gran maestría, demostrando que tenía mucha práctica al respecto.

Voy a quedar inconsciente como esto siga así…-dijo Hagane.

Estás en una cama, no pasa nada.-dijo Shirubei-Te dejaría descansar hasta que despertases por tu cuenta…

¿Seguro que no me harías nada mientras estuviera inconsciente?-preguntó Hagane.

Nada que no te gustase…-dijo Shirubei mientras frotaba el glande de su amigo con ambos dedos pulgares-…pero te encanta que te toque y te encanta saborearme, así que no habría problema en todo lo que tengo pensado…

Así planteado…-comentó Hagane entre jadeos-…me entran ganas de quedarme inconsciente de verdad…aunque, si me vas a follar la boca, prefiero estar consciente para no perderme ni el más mínimo detalle.

Te tomo la palabra.-dijo Shirubei-Cuando terminemos de follar, nos duchamos y te pongo de rodillas, ¿qué te parece?

No hace falta.-dijo Hagane-Ya me pongo yo solo…

De momento, ya veremos cómo acabamos después de esto…-comentó Shirubei-… ¡estoy a punto!

¡AAAAAAAAH!-Hagane gemía fuertemente.

El chico de cabello rosado y ojos verdes levantó las piernas y se dobló sobre sí mismo. Hagane se contorsionó de tal manera que uno de sus pies tocaba un pie de Hagane, apoyándose con el otro en la cama para poder seguir con la penetración mientras masturbaba a su amigo de todas las formas que se le ocurrían.

Ufff…-jadeaba Shirubei-…aaaaahhh…. ¡sí, por favor! ¡SÍ! ¡AAAH! ¡AAAAAAH!

¡Me corro!-gritó Hagane-¡ME CORROOOO!


Entre orgásmicos gemidos, los dos chicos eyacularon a la vez. La cama quedó igual o peor que la de Hagane. Se desplomaron los dos en la cama. Estaban extenuados, sudando, satisfechos, temblando de placer y mojados con semen por todas partes. Se quedaron así un rato más. Ya se habían acostumbrado al olor del semen y al aumento de la humedad ambiente que había producido, por lo que decidieron quedarse descansando un rato más antes de limpiarlo y recogerlo todo.

lunes, 1 de diciembre de 2014

[TY] Episodio 7: Volátil y fragante

TAIMANIN YAMIYUKI
Episodio 7: Volátil y fragante

Después de la demolición del Moist Desire, al equipo de Yamiyuki le dieron dos días libres como recompensa, además de sus honorarios acordados. Con el cambio de semana, el reparto de tareas había variado, con tal suerte que a Rito le tocó encargarse de la gestión de todos los documentos durante la semana. Durante uno de los momentos que estuvo dedicándose a ello, recibió un mensaje de correo electrónico de gran importancia, por lo que decidió convocar al resto de sus compañeros en su misma habitación, donde estaba trabajando en ese momento.

Los cinco chicos llegaron a la habitación de su amigo. Aunque su principal interés era leer el mensaje, también les picaba la curiosidad la habitación de Rito, pues tanto él como los demás tenían la costumbre de variar de vez en cuando la decoración, la colocación de los enseres y demás elementos. El dormitorio era, como el resto de los que había en el piso franco, ingente. Había un escritorio muy grande con un ordenador de sobremesa de alta gama, así como una perfecta ordenación de libros, carpetas y documentos en todo el mueble, salvando un espacio grande para apoyar objetos o escribir. La cama era alta y tenía una amplia cajonera debajo. El armario era muy alto, bastante profundo y poco ancho. En el espacio restante había una estantería llena de barras, mancuernas y discos, así como un pequeño estante con una bonita colección de guantes de entrenamiento. También había una estantería gigantesca llena de libros dividida en estratos horizontales: uno de los pisos estaba lleno de libros de cocina, otro lleno de libros sobre la actividad física del ser humano, otro repleto de libros científicos, en concreto de Física, otros tantos de libros de lectura de ocio y un último estante con lo que parecía ser material erótico. Al lado de esa estantería, en una vitrina muy vistosa y decorada, había una colección de geles musculares, frascos de perfume, botes de desodorante y una nutrida gama de lubricantes sexuales, así como algunos accesorios para la masturbación. Las paredes estaban decoradas con pósteres e imágenes de hombres y mujeres con cuerpos muy musculosos, posando orgullosos, levantando pesas o realizando alguna actividad física. Los chicos se fijaron en un póster que no estaba allí dos días atrás. Era una mujer rubia con unos ojos penetrantes del color de la miel, un cuerpo grande, desarrollado y musculado, grandes pechos, un uniforme de lucha libre y una característica pintura roja en la cara.

Power Lady…-observó Shirubei-…tú y tu fetiche con los musculitos…vas a hacer que acabe gustándome, ¿sabes?

¿Qué hay de malo?-preguntó Rito con una media sonrisa-Es cierto que fue nuestra enemiga en el pasado, pero…gracias a Asagi-sama, se ha reinsertado. Ahora se dedica a la lucha profesional de manera limpia y deportiva. Nuestra líder decidió que ya pagó bastante castigo con lo que le hicieron pasar sus propios superiores y con…eso…ya sabéis.

Sí…-recordó Hagane-…conocemos la historia: Asagi-sama le rompió el útero de manera irrecuperable en su pelea del Dildo de la Muerte. Está orgullosa de su victoria, aunque entendió que fue un resultado muy cruel. No sé si la reinserción de Power Lady es una compensación por ello o una condena a vivir mutilada…misericordiosa como un ángel o cruel como el demonio, Asagi-sama es una mente genial.

Rito, ¿te das cuenta de una cosa?-terció Aoi-Eres tan buena persona que eres capaz de construir sobre lo que nos hicieron nuestros antiguos enemigos. Me gusta mucho esa faceta tuya, aunque no deja de sorprenderme…me recuerda a cuando encargaste aquellos DVDs en inglés de “Cocina con Emma Harbor”…

¡Ya no son nuestras enemigas!-insistió Rito-Ahora hacen buenas acciones. Además, Power Lady era una mandada y Emma Harbor nunca nos lanzó ninguna ofensiva…el ejército de Estados Unidos no fue sino una marioneta de nuestros verdaderos enemigos, los Mazoku, en aquellos momentos. Ambas aparecen en la televisión pública de sus respectivos países dedicándose a hacer sonreír a la gente…

El próximo en sonreír serás tú cuando te pongas esos bonitos ojos rosados en blanco con todo ese material pajillero que tienes a la vista como si fuera una galería de arte…-señaló Inuhito.

¡Hay que ver cómo sois!-Rito sonrió sin avergonzarse lo más mínimo-Sólo he reordenado la vitrina…antes de hacerlo ya tenía todos esos objetos. Como preparador físico, puedo asegurarte que una buena masturbación es el mejor cierre para una sesión de ejercicio…yo lo hago y me va genial.

Así me gusta.-dijo Yamiyuki-Dando consejos útiles y sin intentar timar a nadie como en esos anuncios publicitarios de dietas milagrosas. Muy bonita tu nueva decoración, por cierto. Algún día te pediré uno de esos frascos.

¿Perfume?-preguntó Rito con una sonrisa cómplice-Pensaba que en tu familia erais expertos en…

No, un frasco de los que hay más abajo.-dijo Yamiyuki arqueando una ceja-En cualquier caso, ¿le echamos un vistazo a ese e-mail?

¡Aquí lo tenéis!-respondió Rito-Es un comunicado del Servicio de Inteligencia. Han localizado los laboratorios del doctor Karistus y han hecho un seguimiento de sus proyectos activos más recientes. Al parecer, están financiados por Belladonna, quien no parece desconforme en dar su firma para todo lo que haga este hombre. Por otra parte, parece ser que el tal Delphine, el dueño del difunto Moist Desire, es un…bueno, lo que esperábamos en al menos una cabeza de todas las implicadas.

¿Un traficante de esclavos?-preguntó Yamiyuki sin sorprenderse-Qué originalidad…me abruman.

Sí.-respondió Rito con pesadez-No me gusta nada la idea, pero, al menos, lo sabemos y podremos idear un plan para pararle los pies.

Sólo hay una razón por la que no quiero pedir que ese hijo de puta caiga el primero.-dijo Hagane.

¿Que los otros dos se estén dedicando a algo aún peor?-preguntó Inuhito.

Bingo.-respondió Hagane-¿Se sabe algo de los proyectos de Karistus? Belladonna parece dar únicamente el aval monetario, así que Karistus y Delphine son los demonios a los que tenemos que tener controlados…

Inteligencia dice que van a programar una infiltración de reconocimiento en sus instalaciones para facilitarnos los datos y permitirnos tomar nosotros las acciones decisorias.-leyó Rito-Siguen buscando más datos que relacionen a estos tres sujetos, también. Además, mencionan que no han encontrado nada acerca de la supuesta esposa de Edwin Black.

No está mal para ser un comienzo, ¿no creéis?-preguntó Aoi.

Pienso lo mismo.-respondió Shirubei-Si la primera información que recibimos es ésta, ¿por qué no íbamos a confiar en que una futura transmisión pueda contener datos más reveladores?

Habrá que mantenerse optimistas…-concluyó Yamiyuki-…y siempre activos. Creo que, por hoy, ya es suficiente. Vamos a dedicarnos a nosotros mismos en estos días libres…puede que lo necesitemos y, lo más importante, puede que tardemos mucho en volver a gozar de ellos.

Pues es una pena que no podamos hacer nada juntos esta noche…-dijo Inuhito-…voy a asistir a un baile en la casa Soga que han insistido en celebrar para felicitarme.

Casi me alegro de que tengas que irte.-dijo Rito rascándose la nuca con una sonrisa apurada-Voy a cenar con mi familia. Seika y yo vamos a estar toda la noche en la casa Sonozaki…

Yo voy al cine con mis antiguos compañeros del taller tecnológico del instituto.-añadió Aoi-Con tantos planes, será mejor que pactemos juntarnos mañana para hacer algo divertido, ¿qué pensáis?

Me encantaría.-respondió Yamiyuki-Mañana hablaremos de ello, en tal caso. Esta noche voy a estar en la casa Kamimura…la líder del escuadrón incendiario, Maika-dono, quiere hablar conmigo.

¡Decidido!-concluyó Hagane con una sonrisa-¡Mañana quedamos todos juntos! Si me disculpáis, me retiro a mi cuarto un rato.

. . .
Nunca entenderé cómo puede algo tan pequeño resistir las…circunstancias de Hagane.-comentó Rito señalando los calzoncillos que había en la puerta de su amigo.

Eran unos slips negros muy elásticos con un dibujo de una rosa de ocho puntas hecha con pétalos de cerezo en la parte frontal. Su tamaño era drásticamente reducido, incluso para la delgadez de Hagane.

Le gusta la presión, ya sabes.-dijo Shirubei mientras atravesaba el pasillo con Rito-Es bastante contrario a ti en ese aspecto.

Hay un motivo por el cual no llevo ese tipo de…-Hagane apenas oía a sus compañeros a través de la puerta.

Las habitaciones habían sido construidas con insonorizaciones de última generación por petición expresa de los Taimanin: así, cada uno podría hacer lo que desease en su cuarto sin temer armar ningún jaleo, ya estuviera escuchando música o haciendo cualquier otro tipo de actividad. Aprovechando esto, Hagane había bañado su cuarto en música lenta y relajante. Las notas tenían un punto erótico, calmante y a la vez apasionante. Sus hormonas estaban muy revolucionadas en aquel momento. Desde que besó a Shirubei, no podía evitar de ninguna manera sentirse excitado. Con toda la ropa desabrochada, comenzó a retirarse el sudor con las manos delante del espejo. Algo que lo asemejaba mucho a sus amigos era su alta autoestima y su gran amor propio, lo cual podía reflejar incluso en el aspecto físico: la visión de su propio cuerpo, esbelto y flexible, delante del espejo, activaba su narcisismo y contribuía a su estado de excitación. Se acercó a un estante que tenía lleno de aceites esenciales y tomó uno con olor a mora negra. Tras sentarse en su enorme silla de despacho, se quitó la camisa y la dejó colgada del respaldo. Después, se bajó los pantalones y los tiró al suelo. Sus pies descalzos reflejaban las notas del sol que su estor rosado tamizaba y teñía. Sólo ponía ese estor cuando deseaba excitarse profundamente. Lo único que lo separaba de la desnudez era su ropa interior…ya que la goma que sujetaba su pelo en una cola de caballo no podía considerarse una prenda. Deslizó sus dedos por el interior de la banda elástica de sus slips de color rojo pasión. Un considerable bulto de aspecto pesado y tacto cálido se dibujaba en la parte frontal de los mismos.

Uff…-resopló Hagane, notando que estaba salivando algo más de la cuenta.

De un tirón, se quitó la ropa interior, que cayó sobre la cama. Su pene pareció saludarlo cayendo sobre su pierna izquierda, creando lo que le pareció una línea de ardiente fuego en su muslo. El proceso de erección estaba comenzando. Sus testículos, bastante pegados a su cuerpo pero aun así más que notables, se habían ensanchado un poco y rozaban sus ingles con lujuriosas cosquillas. Todavía con el prepucio en su sitio, se untó las manos con un pequeño chorro del aceite de moras negras que había puesto sobre la mesa. Como si fuera un trabajo de masajista, comenzó a recorrer su pene desde la base hasta el extremo, embadurnándolo en el aceite. El calor de su miembro viril hizo que el aroma de la esencia subiera al ambiente, llenando el cuarto de aquel dulce y frutal olor. Tras masajear su pene apretando como si quisiera ordeñarse, comenzó a acariciar y estimular sus testículos, con las manos todavía humedecidas por el aceite. Empezó entonces a mirar hacia el techo como si esperase ser fundido por un rayo de placer de un momento a otro. Tras cerrar los ojos durante unos instantes, se giró y encaró al espejo de la puerta de su armario. Su figura, siempre alegre y colorida, se había convertido en una estatua de lujuria. Extasiado por sus propias manos, se dejó caer inerte y levemente sobre el respaldo, moviendo únicamente sus manos. El reflejo de su imagen, que llamaba vehementemente a las puertas del onanismo, lo excitaba más y más, si bien no podía dejar de pensar en Shirubei, en lo cerca que tuvo su hermoso cuerpo, en esa diferencia de estatura que tan sensual le resultaba…en su olor, en el sabor de sus labios…y se retrajo el prepucio grácil pero rápidamente antes de ponerse serio. Se sonrió al espejo. El color de su glande le recordaba en cierto modo al de las hojas de sus abanicos, lo que le llevó a pensar en los momentos de orgullo que pasó junto a ellos peleando contra demonios. Poco a poco, los recuerdos de Shirubei y los de él mismo fueron excitándolo y aumentando la temperatura de su cuerpo. Antes de que su limpio pero sincero olor a hombre se mezclase con la dulce fragancia de las moras, el chico recubrió su glande con el aceite haciendo movimientos circulares con los dedos índice y corazón de su mano derecha.  Casi se le formaban nudos en la garganta cuando rozaba el frenillo. Estaba tan acostumbrado a la masturbación que sabía muy bien lo que tenía que hacer para lograr una excitación lenta, una diversión duradera y un gran final: le parecía mucho mejor que masturbarse por masturbarse. Tras varios masajes sobre su pene, éste terminó de endurecerse. Era bastante largo y pálido, y estaba totalmente depilado, al igual que los testículos. Llamaba la atención su corto diámetro, así como su glande modesto y proporcionado, lo que confería a su miembro viril una ambivalencia visual que lo hacía verse imponente por su longitud, acentuada por su estrechez, pero con una seria y pesada nota de armonía por la proporción total, ya que su ancho era prácticamente constante desde la base hasta el inicio del glande. Siguió masturbándose, con la música y el olor a moras como únicos acompañantes. La temperatura del cuarto había subido considerablemente debido a su propio calor corporal, lo que terminó por asentar el aroma de las moras de manera casi estacionaria.

Y siguió masturbándose. Reprimiendo todos y cada uno de sus amagos de orgasmo, el chico continuó forjando en el interior de su cuerpo una pulsante bomba de placer. Uno de sus hábitos más peculiares a la hora de masturbarse era el de contorsionarse mientras lo hacía. Su flexibilidad le permitía adoptar posturas muy eróticas y, aprovechando que el calor generado propiciaba la elongación muscular, se masturbaba con la pierna derecha detrás de la cabeza mientras con el pie izquierdo masajeaba grácilmente sus testículos, que se hinchaban progresivamente.

Ahh…-suspiraba Hagane mientras se entregaba a sí mismo.

El tono rosa que le brindaba su estor había palidecido. En un atisbo de conciencia, miró el reloj. ¿Realmente había estado tantas horas masturbándose? De cualquier manera, la hora de cenar se acercaba y no quería hacer esperar a Shirubei, que era el encargado de la cocina esa semana. Decidido a continuar donde lo había dejado antes de irse a dormir, salió de su habitación envuelto en una toalla.

¡Hagane!-lo sorprendió Shirubei por el pasillo-¿Ya has estado haciendo otro de tus experimentos con los aceites? Huele muy bien…

Sí…je,je…-Hagane le guiñó un ojo-…al abrir la puerta del cuarto, aunque vuelva a cerrarla nada más salir, fluye todo el aroma hacia el pasillo…espero no estar molestando mucho…

No, para nada.-dijo Shirubei encogiéndose de hombros-Voy a la cocina ahora, ¿te apetece algo en especial?

¿Me mandas a la mierda si te digo que me apetece mucho uno de tus platos de pasta?-preguntó Hagane.

¡Marchando!-respondió Shirubei-Por cierto, aunque no me importe, ¿qué haces así?

Ah… ¿esto?-preguntó Hagane-¡Voy a ducharme antes de cenar! Quiero que se me despegue el olor…

Tendré preparada la cena para cuando salgas.-dijo Shirubei-¡No tardes!

Hagane corrió hacia uno de los cuartos de baño, resoplando de alivio. Se duchó con el agua más fría que pudo. Entendía que Shirubei era un chico orgulloso y de carácter muy ácido…por lo que, conociéndolo, seguro que se tomaba como un cumplido que había estado toda la tarde masturbándose pensando en él, pero no quería decírselo…no sin acompañarlo de algún tipo de invitación…

. . .

Cuando por fin hubo salido de la ducha, Hagane apareció por la cocina.

¡Qué bien huele!-comentó-Y… ¡menuda pinta! ¿Eso es para nosotros? ¿No es un sueño?

¿Para quién va a ser?-preguntó Shirubei mientras terminaba de preparar los platos-¡Nos vamos a poner las botas! Ya que nos han dejado solos, que, por lo menos, podamos decir delante de sus narices cuando vuelvan lo que se han perdido… ¡JE!

¡Tengo una idea!-propuso Hagane-¿Por qué no comemos en mi habitación viendo una película?

¡Me parece una buena idea!-respondió Shirubei conforme-¿Qué película quieres que veamos? ¿No irás a ponerme cochinadas?

Lo dices como si fuera algo nuevo para ti…-respondió Hagane-…tranquilo, veremos alguna que nos guste a los dos. Divirtámonos, es nuestro día libre, ¿no es así?

¡Ya lo creo!-Shirubei se frotó las manos-Ve abriendo tu habitación, yo llevaré la comida.

Cuando el joven rubio entró en la habitación de su amigo vio que había abierto la ventana para evacuar el olor de sus mezclas de aceite. Una de las aficiones de Hagane era idear mezclas de aceites esenciales para crear aromas agradables y juntar propiedades beneficiosas para la salud. Era biólogo, pero dar masajes no se le daba nada mal, jugando con ventaja en tanto que conocía las propiedades medicinales de millares de especies naturales, lo que le daba gran versatilidad en el uso de los aceites que tanto le apasionaban. La habitación daba buena constancia de ello, habiendo una vitrina grande en ella llena de frascos de aceites esenciales con instrumental para manejarlos. También tenía una estantería enorme llena de libros, casi todos sobre Biología sin obviar la parte de las lecturas de placer. Entre la decoración, había una hilera perfectamente colocada de bolas de bolos, otra de sus grandes aficiones, de todos los colores, así como muchos pósteres de grupos de música de aspecto gótico. Además, había un armario de dimensiones generosas, una cama amplia con una colcha de color melocotón rosado, un escritorio con un ordenador de sobremesa y material de oficina y un tocador de aspecto retro con muchos productos cosméticos, especialmente relacionados con el maquillaje.

No tardaron en comerse toda la comida que Shirubei había preparado. Tras pausar la película unos minutos para cepillarse los dientes y fregar los platos, volvieron al cuarto. Esta vez, Hagane no sólo cerró la puerta, sino que volvió a colgar del picaporte exterior los calzoncillos negros que habían estado ahí toda la tarde.

¿Tan importante consideras ver una película que ya nos sabemos de memoria como para pedir que nadie se acerque en caso de que lleguen a casa?-preguntó Shirubei con una sonrisa.

Bueno…-dijo Hagane con una sonrisa cómplice-… ¿y si a la hora de que lleguen resulta que estamos haciendo otras cosas?

Shirubei entendió el mensaje.

Has estado toda la tarde machacándotela, ¿verdad?-preguntó con un aire de seriedad.

Como no te imaginas.-respondió Hagane con total sinceridad-Ese beso me dejó muy cachondo…

A mí también.-respondió Shirubei-Jamás lo habría imaginado.

¿Qué piensas hacer al respecto?-preguntó Hagane-Veo que lo llevas mejor que yo…

No te creas…-dijo Shirubei-…muchas veces se me levanta y no sé qué hacerle. Unas buenas pajas están muy bien, pero creo que necesito algo más ahora mismo…

¿Y bien?-insistió  Hagane.

¿Cómo que “¿Y bien?”?-se extrañó Shirubei-Bueno, lo cierto es que…ya sabes…nunca me había planteado que pudiera atraerme otro hombre. Desde niño he tenido mucho éxito con las chicas, e incluso perdí la virginidad con una de mis novias, como ya os conté en su día.

Bueno…-dijo Hagane-…ahora estás soltero…y yo siempre lo he estado. No pretendo moverme al mundo de los noviazgos, simplemente te recuerdo que no tenemos que rendir cuentas a nadie…ni tú, ni yo.

Ajá…-asintió Shirubei.

Y…-siguió Hagane-…en fin, ¿quién mejor que un amigo para divertirse? Al fin y al cabo, no vamos a hacer que nada cambie. Yamiyuki siempre nos lo recuerda con orgullo: somos mentes abiertas, cabezas pensantes, gente flexible y tolerante…si entendemos que no hay ningún problema en que hagamos lo que los dos llevamos tiempo imaginando…no hay problema en hacerlo.

Ajá…-Shirubei hizo como si estuviera estancado en esa palabra.

¿Qué me dices?-preguntó Hagane-¿Nos desfogamos juntos? ¡No puede pasar nada malo!


Shirubei sonrió y asintió. Colocó una mano en el muslo izquierdo de su amigo y éste se empezó a dejar llevar.

jueves, 27 de noviembre de 2014

[TY] Episodio 6: Cese

TAIMANIN YAMIYUKI
Episodio 6: Cese

Por la espaciosa entrada se introdujeron en el bar un hombre y una mujer. La mujer era de tez morena y tenía un color parecido al del chocolate, era alta, esbelta y voluptuosa. Vestía un traje de chaqueta y pantalón de color violeta intenso y zapatos de tacón alto de color negro. Su cabello era rubio y muy largo, recogido en una coleta alta peinada elegantemente, y sus ojos eran de color verde oliva. Su acompañante vestía un traje similar, pero con frac en lugar de chaqueta. Sus vestimentas negras se veían contrastadas por una camisa blanca y una corbata roja debajo del frac. Su cabello tenía la longitud de una media melena, y parecía lacio. Era de color rosa y estaba recogido en una coleta. Sus ojos rojos y su expresión imponente eran muy llamativos.

¡Queridos clientes, quiero presentaros a alguien!-exclamó Delphine con entusiasmo-Estos invitados de honor son Belladonna Rubidium, una noble entre los demonios, toda una fuerza política entre nosotros, y el doctor Karistus, un científico sin igual. Quería que los conocierais, pues han constituido el aval económico-financiero que ha sacado este negocio adelante.

Los asistentes empezaron a vitorear a los recién llegados. Hagane y Shirubei memorizaron el nombre de Belladonna Rubidium, pues parecía ser alguien importante y que podría dar pie a una investigación sustanciosa. También tenían presentes los nombres de Delphine, a quien ya habían visto, y del doctor Karistus, cuya cara acababan de conocer, pero del que ya habían visto una puerta con su nombre.

. . .

Yamiyuki, Rito, Aoi e Inuhito ya se habían reunido. Estaban en lo alto de un edificio al que todavía llegaban francotiradores de vez en cuando.

Hagane y Shirubei no son impuntuales.-comentó Yamiyuki-Si no han venido todavía, estoy seguro de que es porque han encontrado algo importante.

Aoi sacó unos prismáticos de su equipamiento, pero una mano le apretó el hombro.

Dime hacia dónde quieres observar…-dijo Inuhito-…y llegaré más lejos que esos prismáticos.

Otea los alrededores del local.-pidió Aoi-No creo que estén muy lejos…

Mientras hacía un sello ninja con las manos, Inuhito dirigió sus ojos a las inmediaciones del local en torno al cual giraba la misión de aquella noche.

Hay un vehículo.-dijo Inuhito-Un coche que parece ser de gama muy alta. Tal vez haya entrado alguien importante al bar…

¿Shirubei?-escribió Rito a través del canal de comunicación-Estamos reunidos Inuhito, Aoi, Yamiyuki y yo…sólo faltáis Hagane y tú. Como Aoi nos ha contado lo de las luces y Hagane, imagino que ahora estáis juntos. Estamos observando el edificio desde lo alto, ¿estáis dentro?

Estamos dentro.-respondió Shirubei-Los dos. Si estáis observando desde las alturas, seguro que habréis visto el cochazo que hay estacionado fuera, ¿verdad? Hemos entrado por eso, y hemos hecho muy bien…se han colado dos peces gordos del panorama Mazoku actual. Apuntad estos nombres: Belladonna Rubidium, supuesta noble demoníaca, doctor Karistus, demonio científico, y Delphine, el dueño del bar. Puede que aún no lo sepan, pero son nuestros enemigos ahora mismo.

Rito enseñó el mensaje al resto de los Taimanin.

Lo próximo será investigar sobre esto con ayuda del servicio de inteligencia de Gokuruma.-dijo Yamiyuki-Vamos a retirarnos antes de que la situación se complique.

Escucharon un golpe estruendoso.

¡Alguien ha volado la puerta en pedazos!-exclamó Inuhito-¡Shirubei y Hagane pueden estar en peligro!

Yamiyuki se puso serio.

Vamos a mantenernos en las sombras mientras nos acercamos progresivamente a ese sitio.-dijo-No podemos permitir que les pase nada a nuestros compañeros.

Desde la oscuridad, los cuatro Taimanin comenzaron a desplazarse ágilmente.  Finalmente, llegaron a la altura de la calle, escondidos cada uno en un punto. Mientras bajaban desde la azotea, habían decidido estratégicamente que Inuhito se escondería en el punto en el que su visibilidad hacia el interior del bar, cuya puerta ya no existía, fuera máxima para aprovechar sus grandes capacidades sensoriales. Así pues, el esbelto y estrambótico joven utilizó sus ojos sobrehumanos para observar el interior. Había un individuo comandando a una pequeña tropa, muchos clientes corriendo despavoridos y un demonio de piel gris que se enfrentaba al líder de la tropa con una espada azul. También vio a Shirubei y a Hagane vestidos como chicos normales y atados fuertemente espalda contra espalda con unas boleadoras. Si eran los únicos “clientes” del bar que estaban atados, estaba claro que el atacante desconocido sabía quiénes eran. Mientras observaba, sintió la presencia de Aoi detrás de él.

Están metidos en un pequeño lío.-dijo Inuhito-Hay una pelea ahí dentro y nuestros amigos son los únicos que están inmovilizados.

Yamiyuki y Rito, que parecían haber intuido lo que sucedía, se acercaron de manera imperceptible.

He enviado los nombres de esos tres individuos a Gokuruma.-dijo Yamiyuki-Inteligencia nos contactará en cuanto hayan sacado algo. Shirubei y Hagane están en un aprieto, ¿verdad? He podido leer los impulsos corporales de Inuhito desde aquí…entre que nos conocemos mucho y que he sido meticulosamente entrenado para ello, lo he hecho casi inconscientemente. Está claro que entrar y sacarlos de allí a golpes es abrumadoramente fácil, pero ya no podríamos aprovecharnos de que no nos conocen.

¿Y si entramos por otro sitio?-preguntó Rito-No debe de ser muy complicado para nosotros…

Según lo que he podido ver gracias a la cámara de Hagane, hay ventanas laterales y traseras en esta planta.-explicó Aoi- Otra opción sería colarnos por donde Shirubei y él hayan salido tras explorar el pasillo secreto y sorprenderlos a todos por la espalda.

Esa opción nos podrá dar más ventajas.-dijo Yamiyuki-¡Vamos a ponernos en marcha!

Según el rastreo de Hagane, el sitio para infiltrarnos por la retaguardia está a nuestra izquierda.-dijo Aoi tras consultar su terminal.

Los cuatro comenzaron a moverse.

. . .

Un pelotón de hombres con trajes de combate militares de alta tecnología mantenía quieta a la clientela del local apuntándoles con sus amenazadoras armas de fuego. Delphine hizo caer a uno de ellos con un golpe de su espada.

¡Largaos de mi local, saboteadores!-exclamó-¿Qué os he hecho para que tengáis que venir a arruinar la inauguración del negocio que llevaba años queriendo abrir? ¿Quiénes sois? ¿Unos Taimanin?

No.-terció Belladonna-Los Taimanin no tienen ese aspecto ni usan ese tipo de armas. No sé quiénes son…

Uno de los hombres disparó contra Delphine. De su arma salió un rayo de energía de color amarillo que el demonio esquivó. Vio entonces que impactaba contra una pared y dejaba un boquete considerable.

¡Belladonna! ¡Karistus!-exclamó Delphine mientras lanzaba una llave hacia las manos del científico-¡Poneos a salvo en la parte “reservada”! ¡Entrad por la trastienda!

Los elegantemente ataviados individuos se perdieron entre la multitud, esquivando los disparos que les lanzaban.

¡Vuestro oponente soy yo!-exclamó Delphine-¡Dejad a mis clientes en paz! Y, ¿por qué habéis atado a esos dos? … ¡Un momento! –se fijó en Hagane y en Shirubei- ¡Tú eres la chica de antes!

Digamos que…-dijo Hagane-…tengo un pequeño… ¿secreto…entre las piernas?

Delphine dio un pisotón en el suelo.

Ya ajustaré cuentas contigo.-dijo el enfurecido dueño del local-De momento, tengo que echar a estos maleantes…

Anuladlo.-susurró el que parecía el comandante, que también iba equipado con un traje especial que ocultaba toda seña de identidad.

¡Ya lo veremos!-bramó el gerente.

Agitó su espada en el aire. Se alargó y se curvó como si fuera un látigo. Con esta habilidad, Delphine mantuvo alejados a los hombres a base de latigazos y pudo desviar algunos disparos, revelando que su arma estaba hecha de un material con unas propiedades energéticas muy peculiares.

Vamos, vamos…-inquirió el comandante-…no podemos perder mucho más tiempo. Los otros dos demonios están escapando…voy a tener que intervenir…

De la espalda del traje del comandante brotaron seis cañones de pequeño tamaño que comenzaron a soltar descargas de energía de color naranja que ascendían hasta casi el techo, rompiendo las lámparas, y llovían como si fueran pequeños meteoritos.

Agh…-se quejó Shirubei-… ¡mierda!

La onda expansiva los había empujado hacia una dolorosa caída contra el suelo, pero no había roto las boleadoras. Por su parte, Delphine fue empujado contra una pared, quedando jadeante e indefenso.

Ahora.-ordenó el comandante-Matadlo.

Uno de los hombres se acercó mientras le apuntaba. Justo cuando iba a dispararle a quemarropa, Delphine sonrió y dejó florecer su último estertor: hizo que la espada atacase fieramente al hombre como si fuera una serpiente cazadora.  La punta atravesó el traje especial y se clavó en el cuerpo de su portador, que comenzó a sufrir espasmos.

Mátalos a todos…-susurró Delphine-…y te daré lo que ansías…

El hombre se giró, se desclavó el arma de Delphine y comenzó a disparar a bocajarro contra sus compañeros. A pesar de que cayeron dos, los demás no dudaron en acribillarlo. No obstante, el dueño del local había recuperado las suficientes fuerzas como para alejarse hacia la trastienda.

No pasa nada.-dijo el comandante antes de que los demás lo persiguieran-Tenemos a los Taimanin.

En ese momento, Shirubei y Hagane se habían quedado solos, pues los clientes habían huido aprovechando la conmoción creada por Delphine.

¿Cómo narices sabe que somos Taimanin?-susurró Shirubei.

Ni idea…-respondió Hagane-…pero, por lo menos, no se ha enterado ese demonio…

. . .

El cuarteto restante no podía saltar hacia el interior de la ventana porque había dos personas en su zona de aterrizaje deseado: un hombre y una mujer que vestían trajes elegantes.

¿Qué os jugáis a que esos dos son Belladonna Rubidium y el doctor Karistus?-preguntó Rito.

No me extrañaría.-respondió Aoi-Hagane estuvo aquí hace un rato y pude leer lo que ponía en esa puerta… “doctor Karistus”.

Espero que entren ya por la puerta y nos dejen vía libre…-suspiró Inuhito-…tenemos que sacar de allí a Hagane y a Shirubei cuanto antes.

¡Saltad!-exclamó Yamiyuki.

Mientras los dos individuos trajeados cerraban la puerta tras de sí, los cuatro Taimanin cayeron de pie sin ser vistos y sin hacer ruido alguno. No tardaron en oír pasos apresurados.

¡Viene alguien más!-señaló Aoi-¡Al techo!

Los cuatro jóvenes se encaramaron al techo y, cuando el desconocido pasó por debajo de ellos, se dejaron caer en sentido contrario para llegar a la parte que constituía el bar propiamente dicho.

Tienen cosas muy bien montadas aquí dentro.-observó Rito-Merecerá la pena que volvamos a investigarlas en otra ocasión…si es que el negocio sigue abierto, cosa que dudo tras este desastre de inauguración.

. . .

¡Cabrones tramposos!-bramó Shirubei-¡Estas boleadoras inhiben de alguna manera nuestros poderes! ¡Cobardes! ¿De qué están hechas? ¿De tecnología Mazoku?

Os vais a enterar en cuanto nos libremos de las ataduras…-amenazó Hagane.

Dejadlos inconscientes.-pidió el comandante en un susurro.

Uno de los hombres iba a disparar, pero algo flexible, alargado y de color negro se enroscó a su cuello. Acto seguido, tiró de él y lo lanzó por los aires hasta verse incrustado en el techo.

¡Vosotros!-bramó Aoi-¿Qué hacéis aquí en este día tan señalado?

Aoi, Rito, Yamiyuki e Inuhito habían llegado. El primero se había adelantado y tenía en sus manos un látigo negro de gran calidad y longitud y rigidez variables, su arma personal.

Así que habéis decidido dejaros ver…-Yamiyuki arqueó una ceja-…el lado positivo es que no necesitamos ocultarnos para pelear, pues ya nos conocéis tanto como nosotros a vosotros...

Apretó los puños.

…por contraparte…-continuó-…no es de recibo tener que vernos rodeados de…vestigios de los Fuuma, y menos esta noche.

No te permitiré que hables así de nuestro clan.-dijo el comandante-Taimanin Yamiyuki, tu carrera va a ser corta y fugaz…

Ya lo veremos.-dijo Yamiyuki con una sonrisa socarrona.

Asintió con la cabeza. Rito lanzó un kunai que cortó las boleadoras, permitiendo a Shirubei y a Hagane incorporarse. Con ágiles movimientos, volvieron a cambiarse a sus ropas de Taimanin y, armados con sus garras y sus abanicos respectivamente, cargaron contra los soldados que parecían provenir del clan Fuuma. En pocos minutos se formó  un intercambio de golpes colosal: los seis Taimanin contra decenas de hombres bajo la atenta mirada de su comandante.

¡Hwoaaaaaaaaaaaaaaaaaaargh!-gruñó Inuhito.

Blandió su aro fuertemente, cortando a varios soldados a la vez. A los pocos segundos , vio que sus compañeros se encontraban rodeados, así que lanzó el aro como si fuera un disco volador y embistió con él a varios hombres, descongestionando las inmediaciones de sus amigos. En agradecimiento, Hagane avanzó hacia los enemigos y comenzó a darles patadas mientras Rito daba buena cuenta de otros tantos con su mazo y sus puños. Desprovisto temporalmente de su arma, Inuhito comenzó a atacar con técnicas cuerpo a cuerpo, pero pronto fue agarrado e inmovilizado.

Parece que no eres tan bueno sin tu arma…-dijo el hombre que lo asía mientras le ponía un cuchillo en la garganta.

¡Inuhito!-exclamó Rito haciendo ademán de ir tras su amigo-¡AAAAAAAARGH!

Otro de los hombres le hizo un corte en un muslo con un puñal.

¡Desgraciado!-bramó Rito intentando contener las convulsiones de dolor.

Je…-rió Inuhito-…como si necesitara un arma para cortar…ilusos aficionados…

Se hizo el silencio.

Ninpô – Kiba no Jutsu!-exclamó Inuhito.
(¡Arte ninja de los colmillos!)

Inuhito dio un codazo hacia atrás y, lejos de empujar a su oponente, lo cortó por la mitad como si su codo fuera una guillotina. Acto seguido, recuperó su aro con una ágil maniobra y observó la herida de Rito: la sangre comenzó a brillar y a volver al interior del cuerpo de su amigo a la vez que la herida se cerraba sin dejar ningún vestigio ni ninguna cicatriz, ni siquiera dolor, como si nunca hubiera sucedido.

Gracias a los Yatsu por ser de nuestra familia y legarnos esta gran capacidad.-dijo Rito sonriendo-Y…ahora, tú…sí, tú, el valiente del cuchillo…acércate.

El tipo soltó el arma y levantó las manos ante la imponente y aterradora figura de Rito, quien no tuvo miramientos a la hora de agarrarlo del casco y estampar su cabeza contra la barra del bar en repetidas ocasiones. Tras romper el casco en varios trozos, dejó caer a su presa al suelo y le pisó el estómago.

Ya está bien de juegos.-dijo el comandante con serenidad.

Los cañones de su espalda se cargaron hasta brillar con una intensidad máxima. Liberó entonces una enorme e ininterrumpida ráfaga de proyectiles energéticos que asolaron, quemaron y destrozaron todo el local.

¡Que alguien corte esa cortina, rápido!-pidió Aoi-¡Nos freirán en caso contrario, confiad en mí!

Un kunai lanzado por Yamiyuki hizo caer la enorme cortina con un corte tan recto que parecía hecho con tiralíneas.  Shirubei y Hagane, que estaban cerca, la empujaron hacia Aoi, pues preveían lo que iba a hacer.

Ninpô – Kata no Jutsu!-exclamó Aoi.
(¡Arte ninja de la dureza!)

La cortina se convirtió en un muro tan sólido y duro como una piedra. Los seis Taimanin se parapetaron tras este improvisado escudo y evitaron la ráfaga. Por su parte, la mayoría de sus atacantes murieron en el intento. Cuando el arma del comandante se hubo sobrecalentado, los jóvenes salieron de detrás de la petrificada cortina, quedando prácticamente un combate de seis contra uno.

Volveremos a vernos.-susurró el comandante.

Tiró una bomba de humo y se retiró del local. Sin perder un segundo, los Taimanin volvieron a la puerta del doctor Karistus.

Ya ajustaremos cuentas con los Fuuma después.-dijo Yamiyuki-Es hora de hablar con los demonios y ponerlos contra las cuerdas.

Rito destrozó la puerta de una patada. Los seis se ocultaron a ambos lados de la misma antes de ser vistos.

¡Estáis arrestados!-exclamó Yamiyuki-¡Tenemos un certificado de autoridad temporal sobre Yomihara! ¡Sabemos que esperabais un cargamento de armas y drogas, sin mencionar que hay un laboratorio clandestino detrás de la puerta! ¡Salid con las manos en alto y mirando al frente!

Escucharon los pasos de tres individuos. Delphine, Belladonna y el doctor Karistus parecían estar contra las cuerdas. Yamiyuki asintió y los seis cayeron del techo sobre ellos, rodeándolos.

¡Taimanin!-exclamó la mujer.

¡Lo sabía!-bramó Delphine.

No es el momento de discutir, Delphine, pero te digo que éstos no tienen nada que ver con los de antes.-insistió Belladonna.

¿A qué habéis venido?-preguntó Karistus con cara de pocos amigos.

A poner fin a lo que podría haber sido el inicio de vuestras fechorías.-les espetó Shirubei-No queremos volver a la época de los Nómadas, basura Mazoku, no queremos, gracias.

¿Basura?-Karistus se indignó-Todos los Taimanin necesitáis una cura de humildad. Aunque seáis el doble en número, no creáis que podréis con nosotros… ¿verdad, Belladonna?

No saben con quién se están metiendo…-la mujer sonrió sádicamente.

Vosotros tampoco.-la provocó Hagane.

¡Tú otra vez!-se sorprendió Delphine-¿Cuántos disfraces te quedan?

Los que hagan falta.-Hagane le cortó-¿Os entregáis y os dejáis tomar declaración o vamos por las malas?

¿Entregarnos?-preguntó Karistus-¡JA! Vamos a hacerlo más difícil…para vosotros, claro está. ¡Nos largamos de aquí! ¡Temed el día de nuestro reencuentro, entrometidos y asquerosos Taimanin!

¡No vais a ir a ninguna parte!-saltó Yamiyuki-Es mi misión contener vuestras acciones. Si os atrevéis a poner un pie fuera de este edificio antes de que resolvamos todo lo que tenemos que resolver… ¡este edificio será historia!

Maldita sea…-susurró Delphine.

¡Delphine, maldita sea!-bramó Karistus-¡No es momento de que desfallezcas! ¡Es un farol!

Un farol es lo que va a parecer este edificio a kilómetros de distancia.-los ojos de Yamiyuki se clavaron amenazadoramente en Karistus y en Delphine-Vamos muy en serio.

Je…-Delphine se sonrió-… ¿sabéis qué ha fallado cuando han volado la puerta?

Nadie habló.

¡El portero!-exclamó Delphine.

Escucharon golpes que iban acompañados de temblores. La puerta por la que normalmente se accedía a ese lugar desde el pasillo secreto se convirtió en astillas con un fulminante impacto. La figura que Hagane reconoció como el portero de aquel lugar se manifestó.

La onda expansiva me ha noqueado temporalmente…-dijo, revelando con su voz que tras la capucha se encontraba una mujer-…perdonadme.

Ajustaremos cuentas después.-dijo Belladonna-Supe desde el principio que los Taimanin iban a meter las narices, así que podremos cerrar la estrategia que dejé establecida para este caso en cuanto lleguemos a nuestra guarida…si llegamos. ¿Nos proporcionas una vía de escape rápida?

La portera se quitó la capucha y dejó ver el cuerpo de una mujer alta, robusta y corpulenta, vestida con un traje gris claro de chaqueta y pantalón, camisa blanca y pajarita negra. En su cabeza había una ingente mata de rastas de colores recogidas con un coletero. Su piel era pálida y sus ojos parecían cambiar de color según sus expresiones faciales.

¡Como deseéis!-respondió la recién llegada.

Haciendo alarde de gran fuerza, agarró a sus tres compañeros y los abarcó con un único brazo. Se dispuso entonces a saltar.

No era ninguna amenaza vacua.-recordó Yamiyuki-No dejaremos piedra sobre piedra si os movéis…

Ignorándolo, la mujer del cabello de colores saltó tan alto que destrozó el techo y se llevó a sus aliados como si volara.

Maldita basura…-dijo Yamiyuki-…se van a enterar. ¡Salgamos de aquí!


Los seis chicos saltaron fuera del edificio. Desde el aire, Aoi asintió y sacó un pulsador.  Juntaron sus manos de él y apretaron el botón a la vez. Se activaron unas cargas que habían colocado durante su infiltración para rescatar a Shirubei y a Hagane, viendo desde sus altos vuelos cómo el edificio se venía abajo entre explosiones y abrazos de llamas.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

[TY] Episodio 5: Escaramuzas en Yomihara

TAIMANIN YAMIYUKI
Episodio 5: Escaramuzas en Yomihara

Sabía que tenía que guardar el más absoluto silencio, aunque sentía ganas de emitir un suspiro de alivio. Nada más escuchar la puerta, escondió al trabajador noqueado detrás de un armario y se colgó del techo para evitar ser visto. Su alivio venía porque se trataba de otro empleado de aspecto inofensivo. Para ahorrarse un posible encontronazo, Hagane esperó a que el recién llegado pasase por debajo de él y, justo en ese momento, le cayó encima y le pinzó el cuello con los muslos, haciendo que perdiera el conocimiento y se desplomara casi instantáneamente gracias a una ágil llave basada en puntos de presión. Aprovechó que su presa caía por su peso para bajar con él y, cuando sintió que sus hombros rozaban el suelo, el joven Taimanin usó sus piernas, con las que todavía sujetaba al empleado, para colocar al susodicho detrás de una columna.

Ese Delphine podrá ser algo más que mero espectáculo…-pensó Hagane-…sin embargo, sus empleados parecen no saber defenderse.

Volvió a conectarse al canal de comunicaciones. Aoi volvía a estar en línea. Sentía la necesidad de hablar con él, no sólo por la misión, sino porque, como amigo, se sentía preocupado. No obstante, primero decidió desaparecer de la vista del próximo individuo que tuviera pensado abrir la puerta, no sin antes echar el cerrojo desde dentro para que nadie sospechase que se había utilizado una ganzúa.

¡Aoi!-escribió Hagane tras ocultarse en una posición estratégica-¿Estás bien?

Perfectamente.-respondió el tecnólogo-Sólo he tenido que moverme varios metros porque unos francotiradores se me habían acercado. Son historia, así que no hay nada de lo que preocuparse. ¿Y a ti cómo te va?

Estoy dentro de la parte restringida.-comentó el chico vestido de mujer-Voy a buscar pruebas incriminatorias y…

Aguarda un momento, Hagane.-escribió Aoi-No creo que las encuentres. Te preguntarás por qué, ¿no es así? Verás…he seguido trazando los planos incluso después de que te inmiscuyeras en el sector en el que estás ahora mismo y, si bien no es seguro al cien por cien, intuyo una derivación oculta. En algún lugar cercano a tu posición tiene que haber un elemento que revele un hueco en la pared de la derecha…mi experiencia trabajando con planos me dice que hay un pasillo oculto cerca de tu posición.

Está bien.-respondió Hagane-Voy a buscar. Te escribiré cuando haya avanzado algo…ahora prefiero estar pendiente de todos los empleados del local, pues todos son susceptibles de cogerme con las manos en la masa. ¡Gracias, Aoi!

Obligado a no encender ninguna luz para evitar ser sorprendido, Hagane se dispuso a buscar la entrada secreta que parecía existir en aquella estancia.

. . .

Es hora de volver a centrarse en el camión…-dijo Aoi para sí.

Una de las cámaras más cercanas a la posición del camión en aquel instante revelaba la presencia de un almacén cerca. No tenía manera de saber si iban a dejar allí las mercancías o si iban a cargar más, pero el mero hecho de no estar ciego le bastaba para entender que el camión iba a entrar en la zona de aparcamiento del almacén.

¡Rito!-escribió a través de su portátil-¡Tenéis que dirigiros al almacén que está a vuestra izquierda antes de que llegue el camión! Evitad que logren lo que tengan que hacer allí… el cómo ya es cosa vuestra, según lo acordado en la última reunión estratégica. No te separes de Inuhito por lo que pueda pasar y… ¡buena suerte! Ah, se me olvidaba mencionar que esa nave no tiene vigilancia periférica y dispone de ventanas traseras…unos chicos inteligentes como vosotros sabréis aprovecharlo.

. . .

Rito cerró la ventana tras de sí y se dejó caer en el interior del almacén. No tenía nada fuera de lo común, sólo estanterías llenas de paquetes y otros tantos paquetes apilados unos sobre otros. Cajas y cajas los separaban de la puerta de entrada delantera. Inuhito olfateaba el aire.

Se acercan.-dijo-Esto será más divertido si no nos ven nada más entrar.

Rito y su amigo se miraron y asintieron. Se separaron, colocándose cada uno detrás de una estantería llena de cajas, uno pegado a la pared izquierda y otro pegado a la pared derecha. Inuhito era un luchador hábil y sagaz, como buen Taimanin, pero uno de sus verdaderos puntos fuertes era la agudeza de sus sentidos. Su porte, ciertos amaneramientos y sus sentidos e instintos más típicos de un animal depredador que de un hombre le habían hecho ganar el apodo de “sabueso de los Taimanin”, si bien a él le parecía demasiado políticamente correcto. Una vez más, su nariz no se equivocó: la puerta se abrió en menos de un minuto desde la ocultación de los chicos. Entraron varios orcos acompañados de algunos hombres que, si bien tenían un aspecto totalmente humano,  inspiraban tan poca confianza como los orcos.

Una línea recta horizontal cortó el aire. Sonora y violentamente, todos los recién llegados fueron cortados por la mitad, provocando una riada de sangre en el centro del almacén. En dicho punto central apareció, tras cesar su ágil maniobra de asedio, Inuhito. Asía su enorme aro metálico cortante y lo levantaba con orgullo mientras se regocijaba de las muertes que acababa de causar.

¡JAJAJAJA!-la risa de Inuhito bien podría pasar por la de una hiena-Ésa no os la esperabais, ¿eh, chusma?

Se escucharon disparos. Fuera del almacén se habían quedado varios refuerzos que, lejos de entrar al lugar, se dedicaban a disparar contra Inuhito con metralletas. El Taimanin era demasiado veloz para ellos y comenzó a trepar entre las cajas y a saltar de unas a otras para esquivar todas las ráfagas. Uno de los tiradores sintió que sus sentidos se perdían tras un golpe seco y doloroso. Los demás se giraron hacia él y en su lugar vieron a un chico muy musculoso con un uniforme verde: Rito había aparecido súbitamente entre ellos y había noqueado a uno de los tipos. Aprovechando el tumulto que había causado, el forzudo ninja asió fuertemente su arma, una maza metálica doble, a ambos lados de un largo mástil, con las dos terminaciones dotadas de peligrosos pinchos. En el centro del mástil tenía atado un lazo rojo bastante largo. Ante las expresiones de terror de los transportistas, Rito giró su arma con sus dos manos a gran velocidad, dando la sensación óptica de que sujetaba un disco cuyos giros mandaban por los aires a los enemigos con sangrantes heridas.

Demasiado fácil.-dijo Rito-O eso, o es que nosotros somos demasiado buenos.

Confío en la segunda.-Inuhito sonrió-Es hora de ver qué hay dentro del camión…

En el amplio remolque del camión vieron lo que se esperaban: cajas llenas de armas y de sustancias que desconocían y no les inspiraban ninguna confianza.

Voy a tomar muestras de estos productos.-dijo Inuhito-Tal vez pueda averiguar algo con ellas en el laboratorio. ¿Qué tal si descargamos todo el contenido del camión dentro del almacén?

Rito, que no tardó en entender las intenciones de su compañero y amigo, asintió y comenzó a sacar las enormes cajas para dejarlas dentro del almacén bien apiladas. Una vez hubieron terminado cada uno su tarea, Inuhito se conectó de nuevo al canal de comunicación.

Yamiyuki.-escribió-Buenas noticias: hemos interceptado el camión. Han estacionado el vehículo en un almacén y, por lo que parecía, venían al mismo para coger todavía más carga. Ahora está todo a nuestra disposición, por lo que solicitamos permiso para hacer una…limpieza.

Buen trabajo, chicos, no esperaba menos de vosotros.-respondió Yamiyuki-Dejadme a mí la limpieza, vosotros habéis cumplido.

¿Va a venir aquí?-preguntó Rito tras leer los mensajes.

Eso parece.-comentó Inuhito sin mucha sorpresa.

Minutos después, Yamiyuki aterrizó detrás de sus dos subordinados: había llegado hasta el lugar a base de saltos. Estaba ya ataviado con su uniforme de combate. Tras saludar a los otros dos chicos, entró al almacén y vio todo lo que había dentro, incluyendo la carga del camión, recién sacada del mismo.

Aoi.-escribió Yamiyuki desde su terminal de mano-¿No podrías causar un apagón cuando te envíe la correspondiente señal? No nos interesa que se vea el humo.

¿Qué humo?-preguntó Aoi.

Ya lo verás.-dijo Yamiyuki-Será la señal, al fin y al cabo.

El atractivo líder Taimanin hizo unos gestos con sus manos.

Ninpô – Katon no Jutsu!-exclamó.
(¡Arte ninja del fuego!)

Florecieron unas llamas que comenzaron a quemar el interior del almacén con todas las cajas que en él había. Poco a poco fueron extendiéndose hasta formar un virulento y hambriento fuego que devoró todas las cajas y muebles. Desde fuera del almacén vieron cómo ascendía un pilar de humo negro…no sin antes ver las luces de Yomihara apagándose: Aoi había hecho bien su trabajo.

 . . .

Hagane había conseguido descubrir el pasillo secreto y avanzaba por el mismo. Sólo había una posibilidad de avance: atravesar la puerta que se encontraba en el otro lado. A pesar de que la trastienda estaba bastante oscura y sólo encendían las luces cuando los empleados lo precisaban, aquel pasillo estaba totalmente bien iluminado, y su constitución rompía con la estética del bar: parecía más bien un pasillo de hospital o de complejo de laboratorios. Todavía vestido como una mujer, el chico llegó a la puerta y, sorprendentemente, se la encontró abierta. Al atravesarla, se horrorizó al ver a la enorme criatura a la que acababa de despertar. No tardó ni dos segundos en tener que saltar para salvar su vida: un enorme puño se había clavado en el suelo. En aquella sala residía un cíclope de grandes dimensiones: hasta el techo de la sala era más alto que el del resto del edificio para tal fin. Mientras esquivaba puñetazos y pisotones, Hagane observó que aquel pasillo tenía ventanas que daban a la calle pero que estaban bloqueadas por barrotes metálicos. Vio ascender algo de humo por el horizonte e inmediatamente pensó en sus compañeros. No obstante, todas las imágenes de su mente se borraron cuando, horrorizado, vio que todas las luces se apagaban. Al ser de noche, no entraba luz por las ventanas y el resto del barrio se había quedado a oscuras. El humo ya no se distinguía, pero tampoco se distinguía el cíclope furioso que lo estaba atacando.

¡Mierda!-exclamó Hagane-¡Si esta cosa no deja de hacer ruido, ese tal Delphine va a venir!

La piel del gigantesco ser era lo suficientemente oscura como para casi mimetizarse con el entorno. Tras esquivar varios golpes más, decidió que tendría que pelear a ciegas. Tenía una vista muy aguda, pero la oscuridad no entendía de esos temas. Pensó que le vendría bien tener a Inuhito cerca, pero, por desgracia, no estaba allí. Tras varios segundos de sudor y suspense, las luces volvieron a encenderse. El exterior estaba apagado todavía, por lo que pensó que se trataría de algún generador de emergencia, lo cual lo alivió para luchar contra el cíclope, pero, a la vez, le hizo temer la llegada de Delphine. Tras la circulación de estas ideas por su cabeza, Hagane decidió que ya era hora de dejar de titubear y pasar a la acción. Se puso en guardia y apretó los puños. No obstante, en unos segundos…

¡GRRRRRRAAAAAAAAAAAH!-el cíclope bramó mientras miraba hacia arriba.

Hagane se fijó en la ventana más alta. Los barrotes saltaron cortados en rodajas como si fueran comida y por el hueco resultante entró en escena Shirubei con su uniforme de Taimanin puesto. En mitad de su caída desplegó las garras que constituían su arma personal y arañó diagonalmente el pecho descubierto del corpulento cíclope, alejándolo de Hagane para ponerlo a salvo.

¿Qué hace una tía tan buena como tú en un sitio como éste?-Shirubei se giró hacia Hagane y le sonrió tras aterrizar-¿No te interesa mejor tomar algo conmigo?

¡Disculpe, caballero!-Hagane le siguió el juego con aire jocoso-Se está equivocando usted… ¡soy todo un hombre!

Hagane giró salvajemente sobre sí mismo y se despojó de sus ropas de mujer, cambiándose rápidamente al uniforme de Taimanin.  Rápidamente sacó lo que parecían dos espadines de color rosa, pero no tardó en abrirlos y revelar que eran unos abanicos cortantes metálicos de color violeta por dentro. Con su arma personal en las manos, Hagane se lanzó hacia el enfurecido cíclope. Shirubei lo respaldó rápidamente: con los abanicos del primero y las garras del segundo, el enorme monstruo recibió los suficientes cortes como para caer postrado.

¡El dueño del local podría venir de un momento a otro!-exclamó Hagane-¡Tenemos que darnos prisa!

Shirubei asintió y se lanzó como un torpedo hacia el vientre del cíclope, el cual lo desvió de un fortísimo manotazo y lo estampó contra una pared.

¡Ah!-el joven rubio emitió un quejido.

¡Shirubei!-exclamó Hagane, tras lo cual encaró al cíclope girándose hacia él-¡Maldito pedazo de mierda gigante! ¡Voy a acabar contigo!

Un puñetazo del cíclope barrió a Hagane, pero Shirubei, que ya se había levantado, interceptó su cuerpo e impidió que cayera sujetándolo con ambos brazos. Tras separarse, el chico del uniforme rosa se adelantó de nuevo hacia el cíclope y preparó una técnica especial.

Ninpô – Fûton no Jutsu! Kamaitachi!-exclamó Hagane.
(¡Arte ninja del viento! ¡Viento Cortante!)

El andrógino joven agitó sus abanicos y liberó una brisa muy atípica. El aire se concentró formando cuchillas transparentes que atravesaron al cíclope por todos los puntos de su cuerpo, haciendo que cayera muerto en medio de un charco de sangre.

Gracias por venir, Shirubei…-dijo Hagane mientras se retiraba el sudor de la frente.

Siempre es un placer, amigo mío.-respondió éste-Aoi no tardó en darse cuenta de que el apagón te perjudicaría, así que me mandó hasta aquí a la vez que trataba de activar remotamente los generadores de emergencia.

Eso significa…-infirió Hagane-…que no necesariamente tiene que estar viniendo nadie hacia este sitio. Pensaba que el dueño del local había dado las luces de emergencia y vendría a investigar, lo que habría acabado probablemente en que me detectase…

Digamos que así es.-concluyó Shirubei-El hecho de que esa cosa inmunda estuviese aquí y que tras él haya una puerta da a entender que hay algo importante tras la susodicha.

Se acercaron a la puerta. Tenía un rótulo informativo.

Doctor Karistus…-leyó Shirubei-…investigador científico. ¡Lo que nos faltaba! Si un demonio científico tiene un despacho en la trastienda de un bar, está clarísimo que dicho bar es una tapadera.

Vamos a avisar a Yamiyuki.-dijo Hagane-Pidámosle consejo, seguro que encontramos una buena vía de acción entre todos.

¡Hagane!-Aoi enviaba un mensaje-¡Sigue capturando imágenes de todo lo que encuentres en ese sitio! Inuhito y Rito han completado la interceptación del camión, tú has estudiado a fondo el local, Yamiyuki y Shirubei han dado la ayuda necesaria y yo he cumplido también con mi parte. ¡Misión cumplida! ¡Podremos entrar en las profundidades de este local próximamente!

La puerta está cerrada.-respondió Hagane-No vamos a poder entrar en esta sala, lo cual me da a entender que el supuesto doctor Karistus no está dentro. ¿Qué tal si nos largamos de aquí?

Está bien.-dijo Aoi-Le he preguntado a Yamiyuki antes de ponerme en contacto con vosotros y ha dicho que ya es suficiente por hoy, así que reunámonos fuera. Os espero tres azoteas al sur del antro en el que estáis.

Shirubei y Hagane saltaron a la calle por la ventana por la que el primero había entrado. Reptando entre las sombras, los dos Taimanin rodearon el perímetro del Moist Desire hasta que una imagen curiosa los obligó a parar: un coche de aspecto muy lujoso estaba buscando aparcamiento cerca del local. Para averiguar qué relación tenía con las actividades del sitio, Shirubei y Hagane se acercaron a la puerta del mismo. El encapuchado portero seguía en su sitio.

¡Vamos a hacernos pasar por invitados!-susurró Hagane-Esta vez me vestiré como un chico y nos haremos pasar por una pareja gay que quiere pasar una noche divertida. Será la mejor manera de pasar desapercibidos y colarnos.

¡De acuerdo!-asintió Shirubei.

Se cambiaron rápidamente y se acercaron a la puerta cogidos de la mano.

Buenas noches.-Shirubei arqueó una ceja-¿Podemos pasar?

El portero hizo un gesto con la cabeza. Volvieron a entrar en el local que acababan de abandonar y encontraron que, como el humo ya se había disipado y las luces habían vuelto, la diversión continuaba. Escucharon a Delphine hablar preocupado usando el teléfono de la barra.

Noqueados…-susurró-…y no sé por qué, pero el cíclope ha estado algo intranquilo…

¡Ajá!-susurró Hagane-Así que el cíclope era una mascota de este tío…

No, no hay problema…-continuaba Delphine-…pueden bajar del coche y entrar. Al fin y al cabo, son los invitados de honor que pondrán la guinda sobre el pastel.  (. . .) Sí, claro, gente con tanta influencia en estas inmediaciones será una bendición para el negocio…

En medio de la conversación, Delphine se giró para mirar hacia donde Hagane y Shirubei se situaban. Preocupado por si el demonio se daba cuenta de que la chica que se había esfumado se parecía sospechosamente a aquel cliente recién llegado, se escudó en Shirubei, que era más alto que él. Se abrazaron e hicieron ver que se estaban dando un beso para que el dueño del local no se diese cuenta de nada. Sin tener muy claro si se trataba de un error de cálculo o de algo intencionado, sus labios se encontraron de verdad. Lejos de asustarse, se dejaron llevar unos segundos que no parecieron disgustarles. Sus lenguas se chocaron y se acariciaron mutuamente hasta que sus juicios clavaron sus miradas por encima del éxtasis, momento en el que se separaron lentamente y con satisfacción.

Hay que ver…-dijo Shirubei-…lo bien que hacemos nuestro trabajo.

Sí…-dijo Hagane-...y qué satisfactorio es saber que has hecho un buen trabajo, ¿verdad? Te veo contento al respecto…

Hagane miró al suelo.  Una parte de él luchaba fuertemente contra su ropa, aunque no se sintió solo, pues su compañero también estaba en un estado similar.

¡Mira quién fue a hablar!-Shirubei picó varias veces la frente de su amigo con el dedo índice.

Delphine colgó el teléfono y se dirigió al público.

Damas y caballeros…-dijo cordialmente-… ¡os presento a los invitados de honor de esta noche!


Las puertas de entrada del Moist Desire se abrieron de par en par.